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Sendero de Sangre

Relatos Dreamers

II: HIJO DEL SOL

     Cuando Stern recuperó la conciencia se dio cuenta de que no podía abrir los ojos, ya que una gran luminosidad le cegaba por completo cada vez que trataba de alzar los párpados. Esa sensación despertó en él un recuerdo lejano, una reminiscencia largo tiempo olvidada. También sentía calidez en su cuerpo... Después de unos segundos, el recuerdo surgió al fin, lo cual hizo crecer en él un terrible presentimiento. Intentó abrir los ojos, esta vez protegiéndolos con una mano...Añadir Anotación
     Era de día. El implacable Sol del desierto caía sobre él a través de unas palmeras.
     Stern gritó horrorizado; rápidamente se dio la vuelta, se puso de rodillas y empezó a cavar en la arena.
     -Eso ya no es necesario, niño --susurró una voz situada a sus espaldas.
     Stern dejó de cavar, dio media vuelta y se encontró con el hombre que había aparecido ante él poco antes de desmayarse. Estaba sentado en el suelo, a la sombra de una de las palmeras que atestaban el lugar. Le miraba fijamente, con una marcada expresión de seriedad en su rostro.Añadir Anotación
     -¿Quién es usted? –Stern se levantó al instante y se encaró con aquel extraño-- ¿Qué es esto, un sueño? ¿O es que ya estoy muerto y he llegado al infierno, o a donde quiera que vaya la gente como yo? --le preguntó nerviosamente mientras miraba y palpaba todo su cuerpo.Añadir Anotación
     No sentía dolor. Las quemaduras de su piel habían desaparecido al igual que la terrible sed de sangre, aunque aún tenía bastante calor. El extraño le contestó.
     -Aún es pronto para dar respuesta a tu primera pregunta. En cuanto a la segunda, esto no es un sueño. Y respecto a la tercera, no estás muerto... Y te agradecería que no nombraras al infierno en mi presencia. Es un lugar que no debe ser tomado a la ligera —el extraño dijo esto último con un marcado tono de pesar en su voz y su rostro adquirió una expresión aún más seria--. Ahora siéntate, cálmate y escucha. Ando escaso de tiempo y no puedo permitirme el lujo de perderlo en tonterías.Añadir Anotación
     Stern observó su entorno. Se encontraba en un oasis repleto de palmeras cargadas de dátiles, en el centro del lugar destacaba un pozo medio derruido. Fijó su atención de nuevo en el extraño y se dio cuenta de que, además de carecer de un brazo y de visión en uno de sus ojos, debía tener alguna clase de herida en la espalda, ya que cuando intentó apoyarse en el tronco de la palmera un gesto de dolor se reflejó en su rostro y se apartó al instante.Añadir Anotación
     -¿Se encuentra bien, señor? --le preguntó Stern.
     -Estoy perfectamente, ahora haz lo que te he dicho y siéntate. El tiempo apremia, aún queda mucho por hacer.
     Stern se sentó en una de las piedras desprendidas del pozo. Observó sus manos, contrajo sus dedos... Todo parecía ser real. ¡Estaba vivo y podía caminar a la luz del día! Cayó en la cuenta de que aquel hombre había hecho muchísimo por él y ni siquiera se lo había agradecido, así que decidió hacerlo.Añadir Anotación
     -Quisiera darle las gracias, señor. No solo me ha salvado la vida, sino que también me ha permitido volver a ver la luz del Sol. Estoy en deuda con usted, si hay algo que pueda hacer... Pero estoy confundido. Usted no es un vampiro, si lo fuera me habría dado cuenta. Entonces qué es, ¿un poderoso hechicero?Añadir Anotación
     Al acabar la pregunta surgió en Stern el temor de que todo aquello fuera otro ardid de Dalkorem, el perverso mago que estuvo apunto de acabar con él. Aquel extraño hombre frente al que se encontraba no parecía mostrar ninguna hostilidad, de todas formas el vampiro decidió no bajar la guardia y estar alerta.Añadir Anotación
     -No soy ningún hechicero. Ahora escúchame. En primer lugar, la luz del Sol jamás volverá a afectarte. Tampoco necesitarás beber sangre, pues tu cuerpo regenerará el fluido vital por si mismo.
     Al escuchar esas palabras el rostro de Stern se iluminó. No tener que esconderse de la luz del Sol, no verse obligado a beber sangre... Era como un sueño hecho realidad, un sueño del que deseaba no despertar. Pero todo aquello no tenía mucho sentido. Sólo los vampiros realmente ancianos, de muchos milenios de edad, caminaban a la luz del Sol. También podían subsistir con tan solo tomar una victima cada diez años. Pero Stern llevaba unas cuantas décadas siendo vampiro, aún era un novicio entre los de su especie.Añadir Anotación
     -¿Ha sido gracias a la sangre que me dio a beber antes de perder el conocimiento? –preguntó.
     -No exactamente. Digamos que poseías un poder latente en tu interior, mi sangre tan solo lo ha activado. Con el tiempo irás descubriendo tus nuevas habilidades.
     -¿Qué clase de habilidades? —preguntó Stern-- ¿Y cómo he conseguido ese poder latente?
     -Naciste con él... Ahora escucha, sé que tienes muchas preguntas, por desgracia no tengo el tiempo necesario para respondértelas. Además, te corresponde a ti mismo buscar las respuestas. No te preocupes, las conseguirás con el tiempo... Ahora, dime, ¿qué haces aquí, en mitad del desierto? Desde luego este no es lugar para un vampiro.Añadir Anotación
     -Es una larga historia. Digamos que me metí en los asuntos de un mago al que subestimé. Tenía mucho más poder del que imaginaba. Entablé un duro combate con él y al final acabó lanzándome un poderoso hechizo de teleportación... En fin, y ahora aquí estoy. Por cierto, ¿me podría decir donde estamos?Añadir Anotación
     -En el gran desierto de África --contestó el extraño.
     -¡¿África?! --exclamó Stern asombrado. Vaya si era poderoso el condenado mago.
     -Bueno, ahora debo pedirte un favor. Quiero que inicies una búsqueda.
     -¿Qué clase de búsqueda?
     -Una búsqueda que no podrás llevar a cabo en solitario. Primero deberás encontrar a los vampiros cuyos nombres se encuentran en esta lista —El extraño alzó la mano, separó ligeramente los dedos y, súbitamente, varias armas y un pergamino surgieron de la nada--. ¿Sabes leer? —le preguntó a Stern mientras cogía el pergamino y se lo tendía.Añadir Anotación
     -Sí —contestó el vampiro.
     Se levantó y caminó hacia el extraño. Observó las armas, parecían tener un acabado formidable. Despues concentró todos sus sentidos en el extraño, atento a cualquier movimiento sospechoso. Cogió el pergamino que éste le ofrecía, procurando mantener una distancia prudencial en todo momento. Luego lo desenrolló y le echó un vistazo. Había varios nombres de personas. Y al lado de esos nombres se encontraban datos de ciudades, bosques y otros lugares.Añadir Anotación
     -¿Y qué tengo que hacer cuando los encuentre?
     -A los cinco primeros nombres de la lista les darás a beber unas gotas de mi sangre —El extraño le mostró un pequeño frasco cerrado que llevaba colgado al cuello—. La sangre tendrá en ellos el mismo efecto que ha tenido en ti. Después les pedirás que te acompañen en tu búsqueda. El resto de nombres que aparecen en esa lista son los de personas a las que tendrás que sonsacar información... Por la fuerza, si es necesario.Añadir Anotación
     -¿Información sobre qué? --El calor no abandonaba a Stern. Estaba empezando a sudar abundantemente.
     -Sobre una urna. Una urna que contiene sangre --contestó el extraño--. La sangre que Jesucristo derramó en su crucifixión.Añadir Anotación


By Quino-Wan

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Quino-Wan, 18 de Noviembre de 2004
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