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Lluvia amarga

Relatos Dreamers

Dômyoji había quedado allí, de pie, sin saber qué hacer. Sus piernas no respondían, y su cuerpo, laso, empezaba a dolerle terriblemente.

Su mente, llena de las palabras que Makino había pronunciado casi como si a ella no le hubieran destrozado, estaba a punto de estallar.

"Pero, ¿qué dices?" - pensó, aún aturdido. - "No te creo."

- ¿¿¡¡Me oyes? ¡¡NO TE CREOOOO! - gritó con todas sus fuerzas, aullando ferozmente, mientras daba media vuelta y se lanzaba sobre la chica, que seguía de pie, dándole la espalda, hablando con la anciana ama de llaves.

La abrazó con fuerza, sin darle posibilidad de escapar, casi como si quisiera romperla entre sus brazos.

- No puedes dejarme así... Makino... - sollozó, escondido en el hombro de la chica, sin pretender parar las lágrimas que vertían sus oscuros ojos. La debilidad del chico había aflorado por un instante, y no se sentía ridículo en absoluto.

Apretó los ojos y la mandíbula con fuerza, y deshizo el apretado abrazo, cogiendola por los hombros y dándole la vuelta para encararsela.

- No soy un perro. No puedes abandonarme así. Además... - la miró, desconcertado, mudando su expresión - ¡¡estás llorando!

La lluvia arreció, calandoles hasta los huesos, y Makino, a pesar de querer echar a correr, a pesar de todo lo que le había dicho y de tener la esperanza de ser capaz de romper con aquellos lazos... a pesar de todo aquello, se abandonó a sus lagrimas, perdiendose en aquella mirada dura y a la vez tierna, que se había clavado en su ser sin apenas saberlo.Añadir Anotación

- Dô... Dômyoji... su... sueltame! ¡¡Tengo que... irme! - el corazón se rompía en pedazos, e intentó buscar un manera de rehuirle, sacudiendose como podía entre sus manos.

Él la miró, tan serio que la aterraba, y la cogió en brazos, obviando lo que ella pudiera objetar, dando rápidas zancadas hacia la casa, agarrando con fuerza a la chica.

- No tengo intención de dejarte escapar, Makino. Eres mía. - la miró fugazmente, y la entró en la casa, arrancando murmullos y gritos de excitación de las muchachas del servicio, que suspiraban y cuchicheaban entre ellas.

- Pe... pero, ¡¡suéltame! ¡¡he dicho que me sueltes, monstruo! - gritó, golpeandole con los nudillos en el pecho, a pesar de que se sentía terriblemente feliz por estar otra vez entre sus brazos.

Ni siquiera se inmutó, y cruzó el marco de la puerta de la habitación, sin soltarla.

Makino se ruborizó, al imaginar por un momento una noche en la que hicieran lo mismo, pero enfundados en ropajes blancos de satén.

"¿¿¿En QUÉ estas pensando?" - se reprendió a sí misma, arrancandose la idea de la cabeza.

Abrió de una patada la puerta, y la cerró del mismo modo.

Suavemente la dejó caer en la cama, y se estiró a su lado, pasando parte de su cuerpo sobre Makino.

Mirandola a los ojos, hambriento de besos y caricias, chorreando agua y sin atreverse a separarse de ella por si desaparecía de su lado, susurró, con su voz siempre grave.

- Te amo, y no voy a perderte. No me importa lo que tenga que hacer, pero tú te quedas conmigo. Es lo único que quiero en este mundo... - y se dejó caer sobre su pecho, abstrayendose con los latidos de su amor...Añadir Anotación


Eldaya

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Lluvia amarga
Nobuchan, 15 de Agosto de 2012
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