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La primera vez que se vieron era Diciembre aunque no había nieve y de hecho hacía calor, era un día de fin de semana, ella estaba con sus amigas divirtiéndose y el estaba trabajando, hablaron un par de veces, más tarde se miraron y sonrieron y después, simplemente, se despidieron.
- ¿conocéis a ese chico? – preguntó a sus amigas - Yo si, de alguna otra vez ¿porqué? – respondió una de ellas. - Es simpático – dijo mientras se ponía la chaqueta.
Ese día ella llevaba un vestido blanco, un colgante plateado en el cuello y el pelo suelto. Ese día el llevaba una camiseta gris, unos pantalones vaqueros y una pulsera marrón.
Pasó el tiempo y como suele pasar en estos casos volvieron a verse sin querer y sin planearlo. ella había quedado con unas amigas y el con sus amigos pero resultó que se conocían.
- Vaya, pensé que no te iba a volver a ver – le dijo ella sonriendo - Ya somos dos, yo pensaba lo mismo – contestó subiéndose las gafas
No hablaron mucho más ese día, cruzaron alguna palabra más, una sonrisa seguida de una risa, dos besos al verse y otros dos al irse y se llamaron por sus nombres.
Ella se llamaba Alicia.
El se llamaba Pablo.
Pasó el tiempo y como suele pasar en estos casos volvieron a verse sin querer y sin planearlo.
El salía del cine con sus amigos cuando una voz le llamó, se giró, vió a una chica que conocía y a su lado estaba ella, estaba Alicia con una camiseta negra, una chaqueta vaquera y su eterna sonrisa, hablaron como ya había pasado y se despidieron pero esta vez todo fue distinto por un detalle, por algo tan pequeño que nadie más vio, ni siquiera ellos.
El llevaba un jersey verde y una cazadora marrón.
Al alejarse el se giró y la buscó entre la gente, ella hizo lo mismo.
- Pablo ¿se puede saber qué miras? – preguntó un amigo - No nada, nada, ya voy –
Pero esa vez todo era distinto.
- Alicia ¿buscas a alguién? – le preguntó su amiga. - No, no, ya voy –
Pero esa vez todo era distinto.
No pasó el tiempo y como pasa siempre en estos casos se volvieron a ver queriendo y planeándolo.
Pasaron un tiempo genial, se veían y hablaban, se reían y cuanto más estaban juntos más querían estar y cuanto más sabían el uno del otro más querían saber.
A ella le gustaban sus ojos, el adoraba su sonrisa, hablaban de todo y de nada y a sus amigos de ellos.
Un día de primavera estuvieron en un parque; Alicia estaba sentada, Pablo tumbado apoyaba su cabeza entre sus piernas.
Y un día el tuvo que marcharse.
- No es justo, no quiero que te vayas- le dijo ella mirando sus ojos - Lo sé, yo tampoco quiero irme – respondió acariciando su barbilla con los dedos - ¿y porqué te vas? Quédate Pablo, quédate conmigo – - Yo… quiero hacerlo, pero no puedo, pero volveré, te lo prometo Alicia-
Se quedaron callados sin decir nada mientras entrelazaban sus manos y se abrazaban.
- Promete que volverás, promete que me escribirás, promete que no te convertirás en un extraño- dijo ella mientras pensaba que quizá esa era la última vez que sentía sus brazos rodeándola. - ¿Me extrañarás? – fue lo único que dijo el. - Siempre – contestó ella mientras cerraba los ojos y sentía una pequeña lágrima cayendo por su mejilla – No quiero que me olvides- - Jamás podría olvidarte- le dijo a ella mientras pensaba en que quizá sería la última vez que sentía el olor de su cabello y sentía esa lágrima junto a su mejilla mientras intentaba que no salieran las suyas.
Pasó el tiempo, no sé cuanto, quizá menos del que pensaron y seguramente más del que querían, y como suele pasar en estos casos volvieron a verse, pero ya no eran los mismos de antes.
Ella no llevaba un vestido blanco y el no tenía una camiseta gris; el no había quedado con sus amigos y ella no estaba con sus amigas.
- Hola- dijo ella - Hola – contestó el
Ella miró sus ojos, esa mirada que tras tanto tiempo (quizá menos del que pensaron y más del que querían) seguía igual. El miró sus labios, una sonrisa que tras tanto tiempo (quizá menos del que pensaron y más del que querían) seguía igual.
A ella le gustaban sus ojos, el adoraba su sonrisa.
Y entonces el tiempo, simplemente, dejó de pasar.

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