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Unos labios. Se pone un cigarrillo y lo enciende. La joven Eva, de frágil aspecto, empieza a fumárselo, mientras habla :
-Estamos muertos desde el momento en que nacemos. Todos, nos falte mucho o poco para morir, tenemos los días contados. Buscamos la felicidad para tratar de olvidar que el día menos pensado estaremos muertos. La muerte no es una opción, es una obligación. A mi no me preocupa. La vida no es ningún sueño, es una pesadilla. La vida es una carretera llena de curvas en las que no hacemos más que chocar una y otra vez hasta que jodemos la carrocería y el motor se para. Y dicen que tenemos que aprender. No somos más que unos simples esclavos a los que nos atizan continuamente, y tenemos que afirmar con la cabeza cada vez que nos dan una mierda y nos piden que nos la comamos. Somos idiotas. La vida consiste en demostrarnos a nosotros mismos lo inútiles e ineficaces que somos. Lo peor de la vida es eso llamado amor. El amor es una forma bonita de decir “tengo miedo, no quiero estar solo”. Es una relación de dependencia total basada en expresiones inventadas por Bécquer y compañía como “te quiero, te amo, daría mi vida por ti...” Que alguien te diga “daría mi vida por ti” es repugnante. Te están diciendo, básicamente, que eres mejor que una esclavitud odiosa, una mierda de ilusión utópica que nos han metido entre las cejas para comérnosla, una pesadilla mucho más que nefasta. Que triste. No es difícil ser mejor que eso. En la vida no existe nada que valga la pena. Algunos carcas excéntricos se refugian en lo que llaman “arte”. El arte me provoca unas carcajadas increíbles. El arte se basa tan solo en mostrar lo repugnante que es nuestra vida y lo desgraciados que somos. Sus admiradores se regocijan en sus penas. Asqueroso. Otros cobardes se refugian en la religión. La religión es una inteligente manera de decirnos que no temamos a la muerte. No son más que mentiras para hacernos olvidar que la muerte nos escupe a la cara continuamente. Otro punto gracioso de la vida es la razón. Dios, si es que hay Dios, es un cachondo. Nos dio una vida llena de basura y una razón, para que seamos conscientes de la basura que nos ha regalado. ¡Y aún lo adoramos! Pero en el fondo, la vida y la muerte no son lo peor, no son lo que me repugna de la existencia. Lo que realmente convierte la vida en una asquerosa bazofia soy yo. Yo. Y tu. Y él. Y todo el mundo. Lo que convierte a este mundo en una basura es el ser humano. La civilización. Un gran avance. Sí señor. Un gran avance que consiste en joder al prójimo, en vivir para trabajar. Nos meten unas reglas silenciosas y pobre del que no las cumpla. No te salgas del rebaño o te cortarán la cabeza y te venderán como embutido barato. La vida es repugnante porque el ser humano, con su puta prepotencia, la ha infectado con su mierda. Resulta irónico. Irrisorio. Mi nombre es Eva. Soy autista. No hablo con nadie por motivos obvios. Excepto contigo. Tú eres la única persona que me entiende, lo cual tampoco me consuela.
Eva apaga el cigarro, ya consumido, se levanta, y sale del cuarto en el que estaba, dejando atrás la habitación vacía, solo con un espejo frente a donde ella estaba sentada.
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