La furgoneta del ladrón estaba llena de instrumental. Todo lo que necesitaba para esa etapa del plan estaba allí. Se sentó frente al receptor, se colocó los auriculares y empezó a grabar. Si no alcanzaba su objetivo por un camino, acababa de dejar abierto el otro. Aún no había conseguido quitarse de la cabeza la llamada de su cliente. Aquella violación de su contrato… El cliente ya debería saber cuál era su política de cobro. Desde luego, si aún no le había quedado clara, en poco tiempo estaría resuelto. Si tenía suerte, esa misma noche. Bruce Wayne… Acababa de conocer en persona a Bruce Wayne… Desde luego él sería un buen cliente. Demasiado rico como para dejarlo escapar, demasiado tonto como para intentar traicionarlo. El cliente perfecto, definitivamente.
(y digo yo, si tan rico es, ¿no podía darme una ayudita para poder pagar los derechos de autor?