El ladrón había desarrollado su propio sistema de maquillaje. Unos cuantos puntos estratégicos en común entre varios disfraces, y el cambio de rostro le resultaba más fácil y rápido. Faltaba media hora para la rueda de prensa de Bruce Wayne en el museo. La tentación de presentarse con las joyas en el bolsillo era demasiado fuerte, pero el ladrón sabía que no tenía que arriesgar ningún eslabón de su cadena. Y menos ahora que los planes habían cambiado. Se terminó de adherir el bigote al labio superior y se cambió las gafas por las de montura cuadrada. Prácticamente ya estaba listo. Lo único que le faltaba del disfraz era la voz. Ensayó durante diez minutos el acento de Chicago. Luego escogió uno de sus maletines, comprobó que llevaba la documentación en regla y salió del hotel con tranquilidad. Aún no podía creer que nadie hubiese preguntado por esas personas tan extrañas que salían de su habitación. Esto estaba resultando demasiado fácil.
(y como el ladrón es mío, los derechos de autor son míos, y por tanto el dinero es vuestro ya que no me pagáis, por lo cual el hambre es mía. ¿Veis? ¡Todos contentos!)