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De vuelta en su habitación, el ladrón se despojó por completo de la identidad de Murphy. Se deshizo del maquillaje, se quitó la peluca, se despegó las cejas postizas y depositó la falsa dentadura en su estuche. Se miró en el espejo. Nunca dejaba de sorprenderle el milagro que obraban sus disfraces. En una ocasión tuvo que mantener la falsa identidad del detective McTheodore durante un mes y medio, sin la posibilidad de abandonar el disfraz ni por un segundo. Cuando finalmente se desprendió de maquillajes y postizos, le costó trabajo reconocerse. En fin. Su cliente se pondría en contacto con él por la mañana. Al mediodía empezaría la siguiente etapa de su plan. El cebo para uno de los objetivos ya había sido dispuesto. Iba siendo hora de seguirle el rastro al segundo. Cogió el periódico y le echó un vistazo rápido. El circo llegaría a Gotham al día siguiente. Tal vez podría acercarse a hacerle una visita a Lee… pero no antes de asegurarse de que se había quitado de encima a Batman. Lo último que quería era poner en peligro a su amigo. Después de todo, pensó, aún le debía la vida.
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