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Sendero de Sangre

Relatos Dreamers

     -Exacto. La Orden de los Últimos Caminantes informó a Melkaia sobre su existencia –el extraño suspiró--. Me temo que deposité demasiada fe en ellos. Puesto que ya posee el medio para beber la sangre que la Urna contiene sin perecer en el intento, sólo debe encontrarla para tener acceso a una terrible e infinita omnipotencia. Obtendrá mucho más poder del que antaño poseyó. Arrasará el planeta entero sin que nadie pueda detenerlo. Maerlyn fue el más poderoso hechicero de todos los tiempos, pero era mortal, por lo que hace milenios que dejó de existir. Y en cuanto a Yhelseath, el hermano de Melkaia superviviente, siguió el mismo camino que su padre Abad, ya que hace mucho que desapareció sin dejar rastro. Nadie queda ya con el suficiente poder como para plantar cara a Melkaia, ni siquiera ahora que su fuerza está mermada.Añadir Anotación
     -¿Entonces por qué no ataca?
     -Porque aún existe en su interior el temor de que algún día su padre vuelva a hacer acto de presencia. Esa es la razón por la que quiere hallar la Urna. Entonces ni siquiera Abad podrá enfrentarse a él... Ha construido una inmensa torre cerca de las tierras de Judea a la que llama Babel, en referencia sin duda a la antigua Babilonia, y desde ella se prepara para llevar a cabo su principal objetivo: encontrar la Urna que guarda en su interior la sangre de Cristo.Añadir Anotación
     A continuación los dos mantuvieron silencio, perdidos en sus propios pensamientos. En el cielo, el Sol había alcanzado su punto álgido.
     En su etapa de instrucción, Stern había tenido la fortuna de acceder a la gran biblioteca de Sajonia, el más grande templo del saber existente en la actualidad. Permaneció allí un total de tres años, durante los cuales leyó sin parar un libro tras otro. Tenía preferencia por la historia y la mitología, así que todo lo que el extraño le estaba contando debería serle familiar. Por desgracia no era así, ya que los documentos más antiguos que la biblioteca poseía databan de unos cuatro milenios atrás. Antes de eso no había nada. Según el bibliotecario le había explicado, la biblioteca fue completamente destruida durante un gran conflicto –seguramente el ataque de Melkaia a Sajonia-, el cual tuvo lugar unos siglos antes de que en Egipto se levantara la primera pirámide. Todo lo anterior a esa época, documentos que incluso pudieron remontarse a un período preliminar a la Guerra de las Brujas, se habían perdido para siempre.Añadir Anotación
     ¿Era cierto lo que el extraño decía? Y si era así, ¿cómo podía saber aquello? ¿Cómo podía relatar acontecimientos que habían tenido lugar desde el mismísimo momento de la creación? Stern apartó esas preguntas de su cabeza, pues el extraño retomó su narración...Añadir Anotación
     -Melkaia ha reunido un gran ejército. Los vampiros orientales se han unido a él, pues les ha prometido la supremacía de la especie vampírica sobre todo lo demás. Así mismo, cada vez más humanos llegados de todos los pueblos islámicos engrosan sus filas y aceptan su liderazgo. Melkaia ha dominado todas las tierras orientales sin derramar una sola gota de sangre, excepto la de los cristianos que ocuparon Tierra Santa durante las Cruzadas. Ahora pretende usar ese ejército para asaltar Europa. Seguramente posee evidencias que apuntan a que la Urna podría encontrarse allí. Como puedes ver la última Cruzada está a punto de comenzar, y en ella se decidirá el destino de la humanidad. Debes encontrar la Urna antes que los sicarios de Melkaia, joven Stern, y destruir inmediatamente la sangre contenida en su interior. Solo así existirá alguna posibilidad de vencer en la guerra que se avecina.Añadir Anotación
     -Espere un momento, ¿por qué yo? ¿Por qué me ha elegido a mí? —Stern se levantó, incapaz de seguir sentado por más tiempo--. Escuche..., yo no soy nadie. Yo —El vampiro negó con la cabeza--... Yo no estoy capacitado para embarcarme en una gesta de tales dimensiones. Ni siquiera puedo encauzar mi propia vida. Además, he cometido crímenes imperdonables. Existen personas mucho más preparadas para sobrellevar todo esto —la voz de Stern adquirió un marcado tono de amargura--. He pasado la mitad de mi existencia vagando sin rumbo fijo, he llevado a la perdición a mucha gente... ¿Cree que alguien así es digno de llevar sobre sus espaldas la responsabilidad que usted me ofrece? Lo siento, señor, pero no puedo hacerlo.Añadir Anotación
     -¿Has terminado ya? —Stern volvió a abrir la boca, pero el extraño hizo un ademán con la mano para interrumpirle— Has terminado... Escucha, joven Stern —Ahora fue el extraño quien, trabajosamente, se incorporó para estirar las piernas--. Sé por lo que has pasado, lo que te sucedió en Zhiev, pero esas palabras...Añadir Anotación
     -¿Lo que sucedió? ¿Cómo sabe lo que sucedió en Zhiev? —Stern se puso inmediatamente en tensión al escuchar ese nombre de una boca que no había sido la suya-- Jamás se lo he contado a nadie. Si usted tiene algo que ver con...
     Stern se quedó petrificado. N’Ahzhir, el malnacido de N’Ahzhir. Siempre había tenido la sensación de que no consiguió acabar con él en Zhiev. ¿Era esto obra suya? Un odio infinito se apoderó de él. Apretó los dientes con furia y se abalanzó sobre el extraño, le propinó un fuerte puñetazo en pleno rostro que arrojó al anciano al suelo, después se echó sobre él y comenzó a apretar su cuello con todas las fuerzas de las que disponía.Añadir Anotación
     -Tienes menos de un segundo para explicarte –susurró Stern con tono amenazador--. Si no me convencen tus argumentos, te arrancaré la cabeza en un suspiro.
     El extraño trató de hablar, pero la presión que Stern ejercía sobre su garganta le impedía articular palabra alguna. El vampiro se percató de esto y relajó su presa lo imprescindible para que el extraño pudiera tomar aire.Añadir Anotación
     -Tranq... Tranquilízate. He sacado esa información de tu mente.
     -¡No le he dado permiso, maldita sea! —exclamó Stern consternado— No quiero que vuelva a entrar en mi cabeza, ¿está claro?
     El extraño asintió con la cabeza. Stern se apartó de él, sus músculos aún estaban en tensión, su rostro reflejaba una profunda ira. El extraño se incorporó hasta quedar sentado mientras trataba de recuperar el aliento. Tenía el labio partido y la espalda le dolía horriblemente, pero no era nada preocupante. El joven vampiro había conseguido sorprenderle, ni siquiera vio venir su ataque; su fuerza le pilló por sorpresa, si el extraño hubiera sido un simple humano seguramente ese puñetazo le habría arrancado la parte inferior de la cabeza. De todas maneras sus reflejos habían fallado, se estaba haciendo demasiado viejo, su cuerpo sufría los estragos de la edad de manera cada vez más alarmante.Añadir Anotación
     -¿Se encuentra mejor? –le preguntó Stern cuando consiguió calmarse un poco-- ¿Le he hecho algún daño? Creía que estaba poseído por ese bastardo de N’Ahzhir, o incluso que era el mismo N’Ahzhir transformado. Maté a ese indeseable, incineré su cadáver y esparcí las cenizas a los cuatro vientos, pero siempre he tenido la sensación de que ni siquiera así logré acabar con él...Añadir Anotación
     -Escucha, he sentido en ti un profundo pesar y quería comprender de donde provenía. Te pido disculpas, es un mal habito que padecemos los poseedores de poderes psiquicos, los usamos prácticamente sin darnos cuenta –El extraño hizo una mueca de dolor al arquear la espalda. Stern le tendió la mano para ayudarle a levantarse--. Debes confiar en mi, pero sobre todo debes volver a confiar en ti mismo. Si te he elegido ha sido principalmente por dos razones: has recibido adiestramiento, tanto físico como mental, de uno de los más antiguos, sabios y capacitados vampiros que existen; y posees un corazón noble, tengo la certeza de que no te verás corrompido por el poder que debes destruir —El extraño se dirigió al lugar donde había estado sentado y se agachó para coger una de las armas situadas allí. Era una espada envainada, delgada y ligeramente curvada. Se la arrojó a Stern, este la cogió al vuelo--. No puedes seguir compadeciéndote de ti mismo, Stern Battler. Debes dejar atrás tu pasado. Si no lo haces, ese pasado acabará destruyéndote.Añadir Anotación
     Stern desenvainó el arma. La reconoció al instante, ya que su maestro era japonés y le había instruido en su manejo: una katana. Pero una katana de una perfección y belleza como nunca antes había visto. Su peso y equilibrio eran perfectos y estaba increíblemente afilada. La empuñadura tenía la forma de la cabeza de un dragón blanco con la boca ligeramente entreabierta. Stern se fijó que en la base de la empuñadura –justo entre las fauces del dragón- se encontraba grabado un pequeño símbolo, el cual emitía un misterioso fulgor rojizo. El símbolo tenía la forma de una llama.Añadir Anotación
     -Es... Es preciosa. Nunca había visto nada igual —dijo Stern boquiabierto.
     -Esta espada es para ti, las otras cuatro armas se las darás a tus compañeros en el orden que está especificado en el pergamino. Son mías, pero hace tiempo que dejé de necesitarlas —el extraño miró hacia el cielo--. Se hace tarde. Debo partir. Lo dejo todo en tus manos, joven Stern. Estoy seguro de que estarás a la altura de las circunstancias.Añadir Anotación
     -¡Espere un momento!... ¿Usted no viene conmigo? —preguntó Stern.
     -Me temo que no puedo...
     -¿Y eso por qué?
     -Porque debo reservar mi poder. Llegarán tiempos aún más oscuros que los actuales y será entonces cuando tomaré parte activa en los acontecimientos... Ya gasté demasiada energía en el pasado. No puedo permitirme el lujo de usar más hasta que llegue el momento —El extraño posó su mano en el hombro de Stern--. Cumple tu cometido, joven Stern. Destruye la sangre de Cristo, pues su mera existencia pone en peligro toda forma de vida. Dos de las armas que he dejado a tu cargo son un par de dagas. Pueden absorber sangre. Utilízalas para hacer desaparecer el fluido vital del hijo de Dios. Buena suerte, nuestros senderos transcurren a partir de ahora por lugares muy distintos, pero estoy seguro de que cuando todo acabe nos volveremos a encontrar —el extraño se desprendió del frasquito que llevaba colgado al cuello, el cual contenía sangre suya. Se lo dio al vampiro y acto seguido se desvaneció sin mediar palabra.Añadir Anotación


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Quino-Wan, 18 de Febrero de 2005
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