El director argentino Luis Puenzo regresa muchos años después para contarnos la crisis de una mujer madura, interpretada por Aitana Sánchez-Gijón, y la curiosa manera en la que el destino le hace enfrentar su realidad.
Un fotógrafo argentino une, a través del tiempo, a dos mujeres catalanas. Una corista en la Argentina de 1933 y una escritora en la Barcelona de hoy en día. La investigación que hará la segunda para preparar un libro sobre el fotógrafo la llevará a Buenos Aires y, de ahí, a la Patagonia, lugar donde una ballena varada hace de enlace entre ambas, cerrando un círculo que comenzó a dibujarse en el Hotel Suárez, casa de putas y boliche de tangos.
Crítica
Puntuación del crítico: 8
Viajar para huir de lo que tienes. Llegar hasta el fin del mundo cuando no encuentras otra salida al miedo de vivir. Un hombre desesperado y sin corazón; una mujer siempre apasionada; y las lágrima de dejar incluso a tu hijo detrás y marchar buscando ¿qué? Tal vez la soledad. Luis Puenzo irrumpió escandalosamente en el cine político de los años setenta con "La historia oficial", y tras sólo otras dos películas estrenadas en nuestro país, ahora ha escrito y dirigido "La puta y la ballena"; varias historias que convergen en la inóspita y maravillosamente hermosa tierra de la Patagonia argentina, donde Aitana Sánchez-Gijón se muestra espléndida. La aventura de escribir los textos de un libro de fotografías va introduciendo al personaje de Vera, interpretado por Aitana, en la vida de un incógnito Emilio (Leonardo Sbaraglia) cuyo rastro la lleva a un viaje traumático. A conocer a personas que conocieron a su personaje y a completar una historia, que finalmente se convertirá en una novela, cuya protagonista principal es una desconocida corista, Lola, interpretada por Mercé Llorenz Serra, a quien Vera se parece en su cuerpo y con quien comulga en su espíritu. En el fondo de la agreste Argentina de los años 30 sucede una historia que se desencadena con tristeza, que gira al ritmo del tango que sale del bandoleón de Suárez, el dueño del burdel. Buscándole un pero, pero sólo por buscárselo, los efectos especiales parecen un poquito de juguete. Las escenas de/desde el avión que lleva a los personajes hasta la Patagonia y, sobre todo, las imágenes de la ballena son sustancialmente mejorables. Estamos acostumbrados a grandes artificios en esta categoría, y cuando no se da la talla, se nota mucho. Un estupenda historia para mayores. De pensamiento, no sólo de edad.
En una palabra: mala. Esta pelicula es argumentalmente aburrida ya que la historia de Sbaraglia y Llorens no interesa a nadie y mucho menos al espectador, al igual que tampoco interesa a nadie la historia de Sanchez Gijon que ya sabemos por donde va a conducirnos, todo lo contrario que el personaje de Belén Blanco y su Matilde que es la verdadera alma de la pelicula y del que el espectador se queda con ganas de saber más de ella, y por cierto es Belén Blanco la única del reparto junto con Pep Munne que da la talla y algo de credibilidad a sus personajes. Aitana Sánchez-Gijón está muy forzada, sobretodo cuando llora tan falsamente que canta a la legua que está actuando; Mercè Llorens se limita a mostrar pierna y poco más ya que es bastante mala como actriz y de Leonardo Sbaraglia mejor no hablar ya que es obvio que sus dotes interpretativas son totalmente nulas. Lo único interesante es la dirección de Puenzo y la esmerada labor de fotografía y banda sonora. Por cierto, la mejor escena de la película, aquella en la que descubrimos que le ocurrió a Mercè Llorens, me recuerda bastante a el final de El gran azul.
Y por cierto, los efectos especiales son bellisimos, de los mejores que he visto en años, es cierto que se nota que son efectos especiales, pero ahí precisamente es donde radica su belleza.