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| Tras el viaje a Las Tumbas del Tiempo los peregrinos deberán enfrentarse cada uno por separado al Alcaudón, inconscientes de la guerra que se está desatando en el resto de La Red y del papel que juega cada uno de ellos en la resolución de la misma. | ||||||||||||||||
Desafortunadamente Simmons se pierde al resolver la madeja del Alcaudón, personaje que roza la divinidad y cuyo interés mengua según se explican su finalidad y origen. Lo que en la primera novela funcionaba como un excelente McGuffin que tiraba de las vidas de los protagonistas en la dirección deseada se vuelve en la segunda en un problema irresoluble. Es tal la magnitud de los cabos sueltos que el autor huye hacia adelante, resolviendo atarlos a golpe de fantasía, escapándose del marco lógico de la CF por la puerta trasera del misticismo de salón, la new age, las analogías religiosas autocomplacientes y el salto al vacío de las extrapolaciones hacia el infinito. Simmons, tras haber planteado un interesante universo en el que se produce un choque cultural entre tres civilizaciones, dos antagónicas y expansionistas, una decadente, otra aún creativa, y una tercera que es durante la mayor parte de la narración una incógnita, fracasa al desviar la trama hacia la discusión (pueril) acerca de la creación de entidades superiores. Consideradas Hyperion y su secuela como dos partes de la misma historia se puede afirmar sin temor que la segunda es totalmente innecesaria, puesto que no mejora la primera: apenas si aporta los mismos defectos y ninguno de sus logros. | ||||||||||||||||
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Libro enviado por NARANJAS el 21 de Octubre de 2005 | ||||||||||||||||
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