Simplemente, hay un sitio a donde pertenezco. El hogar. El cuartel general al que volver después de cada misión. Un buen lugar para reparar motores y curar las heridas como buenos perdedores. Y casualmente ese sitio está en Zaragoza
Aparte, claro, está la propia ciudad: no es demasiado pequeña ni excesivamente grande, hay de todo pero sin agobios, tardas nada en recorrertela andando o en una red de transporte público que funciona razonablemente, hay cosas que ver y sitios a donde ir, calor en verano y frío en invierno, y ese cierzo que aleja la contaminación. ¡Mola mogollón!