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Cuando íbamos a la luna ( I ) .

Artículos de Dreamers


- "Antes de que los chicos de la NASA se paseasen por la luna, los escritores clásicos llevaron a sus héroes a visitar nuestro astro vecino de azafrán".

imagen de Cuando íbamos a la luna ( I ) .
Domingo González rumbo a la luna.

     

     - “En el siglo XXI, el hombre podrá volar, montado en un cohete la luna irá a habitar”. Son las primeras estrofas de una vieja canción popular, de la que desafortunadamente no recuerdo más que estas primeras palabras. La letra es uno más de los miles de referentes populares, de cómo los viajes a nuestro vecino astro de azafrán, como lo bautizó Edmod Rostand en boca de Cyrano de Bergerac, desde el pasado más remoto. ¿Qué hombres vivirán allí? Y digo hombres, porque nuestro tradicional antropoformismo hacía inviable a los soñadores de siglos pasados imaginar que hubiese en la luna otra criatura que no fuese el hombre, ¿Qué sistema de gobierno regirá a sus habitantes? ¿Es una quimera o en las noches estrelladas parecen entreverse canales y construcciones? Y ya según la condición del observador y su “modus vivendi” ¿Es conquistable? ¿Qué riquezas minerales contiene?.Añadir Anotación
     En este primer artículo iniciaremos una serie, todavía por determinar, dedicada a las utopías que la mayoría de los escritores, a partir del Renacimiento, hasta la culminación científica del siglo XIX, desarrollaron sobre posibles y fantásticos viajes aéreos con destino a la luna. A partir del siglo XVII, los intelectuales surgidos tras el oscurantismo medieval buscan la construcción de un nuevo mundo más perfecto, una sociedad mejor donde el hombre sea la medida de todas las cosas, empleando el canon renacentista. Un mundo más allá del nuestro, dándole la vuelta a la máxima de Paul Vàlery, que indicaba que hay otros mundos, pero que están en éste. El primer objetivo de sus plumas será el satélite que cada noche contemplan desde sus ventanas y que enciende su imaginación hasta límites insospechados... El hombre del Renacimiento, que todo lo sabe y lo puede, no se va a limitar a volar sobre la tierra. Eso queda para gentes “sin ambición” como Leonardo da Vinci, que en el colmo de su ingenuidad aeronáutica sólo piensa en surcar el cielo, sin pasar de las estrellas ¡Hombre de poca fé!.Añadir Anotación
     Una de las primeras fantasías festivo-científicas, que a pesar de partir de puntos de vista ajenos totalmente a la ciencia metódica, ayudaron a encender la llama de los futuros itinerarios a la luna, la encontramos en la pluma de Francis Godwin, obispo de Hereford (1562-1633) y que no fue publicada hasta su muerte, en 1638, tal vez porque la Iglesia de la época no hubiera visto con demasiada simpatía “aperturista”, la trama que un estricto miembro del clero ideó del héroe y aeronauta ocasional (las dos condiciones en idéntica proporción) Domingo González, el protagonista español de la historia de Godwin. Este antecesor de Robinson Crusoe, que igualaba en imaginación quijotesca a la imagen disparatada que en la época se tenía del español medio, ni corto ni perezoso, tras naufragar en una isla remota, resuelve los inconvenientes de los viajes interplanetarios a bordo de una suerte de sencillo columpio o trapecio volante, izado por veinticinco gansos salvajes encontrados en el paraje, a donde las olas le habían arrastrado. Equilibrado por un sistema de pesas y poleas, para distribuir equitativamente el peso, se aventuró a intentar alcanzar, no un continente austral escondido, como era más habitual en la literatura de la época, sino el satélite vecino de la Tierra.Añadir Anotación
     El territorio descubierto por el aventurero resulta ser feliz tierra de gigantes, que moran en paz y armonía, puesto que no hay leyes que les molesten ni les lleven a pleitear entre sí. Argumento frecuentemente utilizado en aquellos tiempos como crítica a la artificiosa y mezquina sociedad humana.Añadir Anotación
     “El hombre en la luna”, también conocida como “Aventura de Domingo González en su extraño viaje al mundo lunar” es una breve novela de apenas 68 páginas en su edición española, de principios del siglo XX, más un curioso e imprescindible mapa complementario del recorrido aéreo del improvisado aeronauta. Como se desprende de sus páginas, aunque Godwin tiene especial cuidado en sus palabras, consciente de lo comprometido de su condición eclesiástica, demuestra conocer, siquiera indirectamente los escritos de Copérnico, ya que adopta sus principios de gravitatorios, indicando en una prosa altamente descriptiva, cómo a medida que avanza el particular “vehículo” hacia la luna, disminuye gradualmente la atracción de la Tierra.Añadir Anotación
     El siguiente "lunático universal" que vendrá a visitarnos es el genial espadachín y literato francés Cyrano de Bergerac, popularizado por el teatro, aunque perfectamente enclavado en la realidad. Aunque este ilustre esgrimista del estoque y la palabra será el protagonista de nuestro próximo artículo lunar. Paciencia, dentro de unos días le tendremos por aquí...Añadir Anotación


- Fred Porlock.

Artículo enviado por Fred Porlock. el 31 de Agosto de 2003
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