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Hoy me apetece escribir sobre la radio. Seguramente más de uno de vosotros escucha la radio en algún momento del día, y si no sois aficionados, segurísimo que alguna vez de vuestra vida la habéis escuchado. Personalmente, escucho la radio cuando estudio, cuando me levanto por la mañana, mientras me ducho, en la cama mientras intento dormir... Es algo que supongo que he heredado, ya que gran parte de mi familia es aficionada a este aparato parlanchín. Cuando era pequeño, me resultaba gracioso ver a mi padre cocinar y oír una voz que no sabía de donde venía. Cuando tenía 7 años encontré una radio por mi casa y empecé a buscar emisoras sin parar, y todavía no he parado. Entonces fue cuando descubrí el maravilloso mundo radiofónico.
El 24 de diciembre de 1906 la radio, que hasta entonces se usaba para transmitir secuencias de pitos cortos y pitos largos -en código morse- habló y cantó. Aquella caja balbuceante, llena de cables y tuercas, aprendió a hablar. Se lo debemos al inventor canadiense Reginald Fessenden. Desde un pequeño pueblo costero, Brant Rock, en el sur de Boston, Estados Unidos, Fessenden transmitió lo que la historia registra como el primer programa de radio. Fue una transmisión corta, que incluyó poco más que la lectura de un pasaje de la Biblia y su propia interpretación en violín del villancico "O Holy Night" (Noche de Paz). Pero fue suficiente para dejar boquiabierto a más de un operador espabilado, a bordo de barcos en el Atlántico. Algunos dicen que aquél fue también el primer programa musical, y que Fedessen es el primer "disc jockey" de la historia, ya que llevó su fonógrafo y sus discos a aquella primera transmisión. Años más tarde este aparato sería conocido por todo el mundo.
Si estás de viaje, lejos de tu casa, si estás en la cama intentado dormir, o despertándote por la mañana, sea la hora que sea, si te apetece escuchar noticias, música, comentarios, o simplemente escuchar la voz del locutor, la radio es la mejor opción, ya que siempre habrá alguien detrás del micrófono dispuesto a hablar y entretenerte.
Ahora si me disculpáis, me voy a escuchar la radio que empieza mi programa favorito. Adiós.
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