Tabla : Miradas
Distraídamente, echaba ojo a Ôtani, que entrenaba. Las chicas que se arremolinaban en la entrada pegaban grititos cuando le veían algo más cerca, y gemían de emoción cuando entrenador le era brusco, y él se le enfrentaba sin rechistar. A
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Estaba rabioso. Todos la miraban, ¡¡todos!! ¡¡Y ella parecía no darse cuenta!! ¿¿Cómo podía ser tan tonta?? Se acercó más a ella, agarrándola de la cintura posesivamente mientras hacía que parase de andar ; necesitaba tomar alien
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Estaba rabioso. Todos la miraban, ¡¡todos!! ¡¡Y ella parecía no darse cuenta!! ¿¿Cómo podía ser tan tonta?? Se acercó más a ella, agarrándola de la cintura posesivamente mientras hacía que parase de andar ; necesitaba tomar alien
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Se le caía la baba cuando la veía de aquella forma. Le había costado mucho, porque a ella no le gustaba ir así, se veía demasiado extraña. Pero, por hacerle feliz, lo que fuera. "Madre mía, ¡¡cómo está!!" -
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Ya había pasado un tiempo, y tras darse muchas veces de cabezazos contra la pared de su habitación, idear hechizos y comprar amuletos.... se dió por rendida, porque ya empezaba a llegar a un momento estúpido, sino patético. Le rechinaban los di
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No tenía ni idea de qué le sucedía, ni de cuando había empezado, pero sentía siempre algo revolviendose en su vientre ; nervios, mariposas o lo que fueran... ¡¡No se lo podía permitir!! Jugueteó con un lápiz, mordisqueandol
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Ôtani estaba, como siempre, sentado a desgana al lado de Risa. Parecía que lo hubieran embrujado para que no saliera nunca de esa situación, ya que año tras año habían acabado por H o por B uno al lado del otro. Sintió un escalofrí
Hitomi no podía olvidar a Van Fanel. Le veía asiduamente en cualquier parte, y, aunque le había prometido no volver a su mundo, deseaba totalmente lo contrario. Casi siempre se quedaba dormida con la almohada empapada en lágrimas, y se levantaba con
Hitomi sentía su corazón romperse en mil pedazos. La guerra había acabado, saldandose muchas muertes, pero por fín Fanelia podía volver a ser feliz. Se alegraba por ello, y sabía que su labor había acabado en el mismo momento en
Dômyoji había quedado allí, de pie, sin saber qué hacer. Sus piernas no respondían, y su cuerpo, laso, empezaba a dolerle terriblemente. Su mente, llena de las palabras que Makino había pronunciado casi como si a ella no le hubieran destrozado,