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-Perdón...¿El hostal de Margorie Meyers?- preguntó educadamente
Eddie Brock a un joven veinteañero que pasó a toda prisa por su lado.
-¡Ah! Perdone- el joven volvió la cara, visiblemente distraído
por la interrupción que le suponía Eddie y señaló dos manzanas por
donde había venido-. Una vez pasadas esa dos manzanas, gire a la derecha
y allí estará.
Tras recibir el agradecimiento de Eddie, el chaval siguió
corriendo hacia su destino, dejando en la calle a un cansado Eddie Brock
que deseaba ya acabar el día, a ser posible en una cama.
“Lo mejor será que procuremos descansar esta noche, mañana
desayunaremos bien, llamaremos a Beck para que nos aclaré lo que nos ha
dicho hoy y procurar irnos pronto del pueblo. No quiero problemas
innecesarios con la ley”, pensaba Eddie Brock mientras caminaba hacia el
hostal.
Se había pasado el resto de la mañana paseando por el pueblo, dándole
vueltas a las supuestas amenazas del sheriff, luego almorzó bien y había
pasado el resto de la tarde pensando en los sucesos de las ultimas
semanas. Una vez que se había sentido lo suficientemente cansado, se había
puesto en marcha para buscar el hostal propiedad de la madre de la joven
Nancy Meyers.
“Supongo que será este”.
Eddie había llegado a una especie de casa de varias plantas, con
aspecto de antigua y con un césped excelentemente cuidado. Se notaba la
afición que sentía Margorie Meyers por las flores. Una pequeña placa de
metal, confirmó que aquel era el lugar que buscaba. Eddie Brock apretó
el pequeño y blanquecino timbre.
Una mujer de unos cuarenta y tantos años le abrió la puerta.
-¿Sí?- preguntó extrañada la mujer mirando fijamente a aquel
hombre desconocido que aguardaba frente a su puerta.
-Buenas tardes, señora. Me llamo Eddie Brock. Su hija me dijo...-
Eddie no pudo acabar la frase ya que de un empujón, Margorie Meyers le
metió dentro de la casa.
THE
AMAZING VENOM
N°
14: PADRE E HIJO
Beck
vació el botellín de cerveza en el vaso transparente y recién lavado,
lo cogió una vez lleno y se lo llevó a su caro sofá junto con una bolsa
de patatas fritas. Era su noche de descanso, se había tirado desde las
siete de la mañana trabajando en un caso importante sobre una marido que
quería la custodia de sus hijos, a pesar de haberle sido infiel a su
mujer en tres ocasiones. La esposa le había pillado en las tres ocasiones
y solo a la tercera decidió divorciarse. Lo complicado del caso era que
el marido había firmado un contrato prematrimonial en el cual no salía
muy bien parado en caso de divorcio. Por supuesto, el contrato había sido
firmado hacía años, cuando el marido aun estaba enamorado de su esposa.
Además de los problemas propios de su trabajo y en especial de los
casos que aceptaba, Beck sufría cierto malestar mental y en parte,
emocional, por cierto hombre llamado Eddie Brock y aunque el que Brock la
hubiese llamado aquella mañana para avisarla de su buen estado, o al
menos eso esperaba ella, aún era otro problema que tendría que resolver.
La joven abogada estaba a punto de ponerse a ver una de sus películas
favoritas que repetían esa noche por enésima vez, cuando alguien pegó a
su puerta. Tras dos golpes más, sonó el timbre insistentemente, lo que
hizo levantarse a Beck, muy a su pesar. Cuando miró por la mirilla, se
encontró con el rostro preocupado de Sarah Conelly, la nueva
“protegida” de Veneno.
La presencia de la señorita Conelly no era una sorpresa para ella,
es más, ya la esperaba, pero no exactamente esa noche. Beck pensó que
podría no ser casualidad que ese mismo día la hubiese llamado Eddie y
ahora estuviera su amiguita delante de su puerta.
“Vamos, Beck. Acaba con esto cuanto antes”, pensó Beck
Matthews mientras dejaba la cerveza y las patatas en la mesita del salón
y se dirigía hacia la puerta, preparándose mentalmente para una larga
charla.
-¡Señor Brock! ¡No tiene que presentarse! ¡Mi hija me contó
esta misma mañana que se pasaría por aquí!- Eddie se fijó en que el
entusiasmo a la hora de hablar era algo de familia-. ¡Eso sí, no le
esperaba tan pronto!
Eddie retrocedió levemente hacia la puerta, dispuesto a salir.
-Si molesto o lo que sea, puedo buscar otro...
-¡No diga usted tonterías, hombre!- Margorie cerró de golpe la
puerta y prácticamente empujó a Eddie hacia el interior de la casa-. ¡Que
no le esperase tan pronto no quiere decir que no tenga yo una habitación
apropiada para el héroe del pueblo!
Margorie Meyers acompañó a Eddie hasta el pequeño saloncito de
la casa y le obligó a sentarse en el mullido sofá rojo que allí había
delante de un televisor.
-Usted puede esperar aquí mientras termino de preparar la cena.
Cuando coma, le enseñaré su habitación- la madre de Nancy Meyers le
puso el mando a distancia en las manos a Eddie Brock-. Si se aburre, puede
ver la televisión.
Eddie sonrió educadamente a Margorie, a pesar de que le trataba
como si fuese un niño.
-Seguro que sabré como distraerme, señora.
La mujer asintió y se fue rápidamente a la cocina. Después de
unos segundos, Eddie comenzó a escucharla trasteando con los utensilios
de la cocina. Evitó poner la televisión por si daban noticias de su
desaparición. No quería correr riesgos.
-¿Le gustan las albóndigas, señor Brock?- Eddie se volvió de
donde procedía la pregunta.
-Muchísimo, señora Meyers.
-Entonces, ya sabe lo que tendremos de cenar- Margorie Meyers rió
por lo bajo, aunque no lo suficientemente bajo-. Albóndigas y sopa de
tomate.
Eddie asintió, observando la pequeña estancia, cuando de repente,
escuchó de abrirse la puerta.
-¡Madre, ya he llegado!- era Nancy Meyers-. ¡He vuelto pronto,
por si llega el señor...! ¡Hola!
Nancy corrió a saludar a Eddie antes de que este pudiera siquiera
levantarse.
-No creía que vendría tan pronto, señor Brock. Pensé que estaría
por ahí dando una vuelta o charlando con el sheriff- Nancy miró de reojo
la puerta de la cocina por si venía su madre-. Por el pueblo corren
rumores de que no ha hecho muchas migas con Jacobson.
-Las noticias vuelan- Eddie sonrió-. Y llámame Eddie, por favor.
Nancy sonrió, iluminando el salón con su sonrisa habitual.
-Por supuesto Eddie, es que...bueno, inspiras bastante respeto y más
siendo un héroe- Nancy agarró con más fuerza la mochila que tenía
agarrada-. Perdona, suelto esto y en un momento estoy aquí.
-De acuerdo- dijo Eddie viendo subir rápidamente a Nancy por las
escaleras que se encontraban al fondo del pasillo.
-¡La cena está lista!- Eddie se levantó al instante avisado por
la fuerte voz de la señora Meyers, cuando se encontró en la puerta de la
cocina a un hombre con unas grandes gafas que le conferían cierto aspecto
de búho.
-¿Quién es usted?
“Bueno, al menos ya hay alguien en este pueblo que no ha oído
aun hablar de mi”, pensó Eddie dispuesto a poner al día a aquel
hombre.
-¿Quieres algo de beber?- Beck Matthews se volvió hacia la cocina
dispuesta a servirle algo a su inesperada invitada.
-No, muchas gracias- Sarah Conelly se revolvía nerviosa en el sillón-.
Beck, ¿verdad?
-Sí- Beck decidio no hacer el viaje en balde y se sirvió una
coca-cola bien fría-. ¿Y a que se debe tu visita, Sarah?
Beck ya lo sabía, pero era la mejor forma de que aquella mujer se
tranquilizara y lo contara todo.
-La verdad es que exactamente no lo sé, pero supongo que todo
tiene que ver con Eddie Brock- Sarah miró fijamente a Beck cuando ésta
se sentó en el sofá-. Veneno.
Beck se estremeció a oír el “nombre de guerra” de su
ex-novio. A pesar de que al principio de su relación con Eddie había
aceptado de buen grado su personalidad como Veneno, después se dio cuenta
de que si querían llegar a algún lado, debería prescindir de su raje
viviente. La actual situación tanto de Eddie como la suya propia, daban a
entender que había elegido finalmente a su novio. Lo que más le sorprendía
era ver que el nombre de aquella cosa en la que se convertía su ex, no
provocaba ninguna reacción en aquella mujer.
-Dime entonces que sucede.
Sarah rió levemente.
-Parece sorprendente que yo, una psicóloga, esté aquí sentada
contándole mis problemas a una extraña- Sarah bajó la vista-. En
realidad no son realmente problemas, pero...
-¿Te hizo algo Ve... Eddie?
Sarah miró extrañada e incluso ofendida a Beck.
-No, él me salvó la vida. Es un hombre simpático, agradable,
educado...no es que esté enamorada de él, eso lo sé seguro, pero me
preocupa que aún no lo hayan encontrado.
Beck miró a Sarah y sintió algo que solo se podría definir con
una palabra: celos. Fue por unos segundos, cuando dijo “...enamorada de
él...” pero eso bastó para hacer sentir a Beck de una manera que creía
que nunca más se sentiría.
-Eddie me dijo que si alguna vez necesitara algo y él no estaba,
acudiera a ti. Habla mucho de ti, te considera su mejor amiga, su apoyo,
su...
-Vale de charla psicotécnica- Beck no se sentía muy cómoda.
-Sólo quiero decirte que a Eddie le importas y que... bueno, pensé
que podríamos hablar...ser...no sé- Sarah se levantó de repente-.
Perdona por las molestias, ya me voy, pero antes me gustaría saber si has
tenido noticias de Eddie.
Beck se levantó, más despacio que su invitada, dejando la lata de
refresco en la mesa, junto al vaso vacío de cerveza.
-¿Por qué piensas que sé algo de Eddie?
-Bueno, con lo que le importas y el tiempo que hace que le conoces,
si le ha pasado algo o pudiese llamar a alguien, te llamaría a ti
primero, de eso no tengo dudas- Sarah se quedo mirando fijamente a Beck,
buscando una respuesta.
-La verdad es que...no- Beck sonrió levemente para dar veracidad a
lo que iba a decir-. No sé nada de Eddie, pero un amigo se está
encargando de que lo encuentren.
Beck vio claramente la mirada acusadora de Sarah y decidió ir
hacia la puerta para indicarle cortésmente que debía irse.
-De acuerdo- Sarah se dirigió también a la puerta-. Supongo que
si tienes noticias de él me lo dirás.¿No?
-Por supuesto, pero tranquila- Beck agarró las manos de Sarah en
señal de cariño-. En cuanto sepa algo te lo
haré saber. Y ven cuando quieras, ¿vale?
Sarah asintió y entró en el caro ascensor del edificio, al tiempo
que Beck cerraba la puerta tras ella.
“Si no te gusta Eddie Brock, si no aguantas a Veneno, veremos
como explicas el hecho de que hayas mentido a esa chica que a ciencia
cierta sabe ya que le has mentido”, se decía Beck a si misma mientras
se dirigía al teléfono.
Beck miró la pequeña tarjeta y marcó por enésima vez aquel día,
el número que allí había. Una voz de mujer, que no parecía estar de
muy buen humor le contestó.
-¿Sí?
-Perdone. ¿Investigaciones Alias?
El otro lado del teléfono se quedó mudo.
-¿Oiga?
-Sí, sigo aquí- la mujer ya parecía estar de mejor humor.
-¿Investigaciones Alias? ¿Hablo con Jessica Jones?
-Sí, soy Jessica Jones, pero Investigaciones Alias... ya no me
dedico a eso.
Beck había oído rumores sobre el nuevo trabajo de Jones, pero había
pensado en probar de todos modos. No perdía nada.
-¿Ya no es detective?
-No. Ahora trabajo en el...
-¿Ya no ayuda a la gente a encontrar a otra gente?- Beck intentó
apelar a la bondad de aquella mujer.
-Ya le he dicho que no. Ya no trabajo en...-la voz se tornó
fuerte-. ¿Quién es usted?
-Me
llamo Beck Matthews. Si
ve las noticias seguro que habrá oído hablar de mí. En las ultimas
semanas se ha hablado bastante de mí.
-¿Beck Matthews? Joder, es usted...me cago en...usted es la
abogada del jodido Veneno.
Beck no conseguía entender como metía aquella mujer tantas
palabras mal sonantes en una sola frase.
-Ha dado en la clavo. He estado intentando localizarla durante todo
el día, digamos que porque tengo una oferta que no podrá rechazar- Beck
encendió el televisor y bajó el volumen-. Debo pedirle que vaya a
recoger a una persona.
Eddie Brock soltó su plato en el fregadero y se volvió hacia
Margorie Meyers.
-Muchas gracias por la comida. Estaba todo buenísimo.
Margorie y su hija sonrieron y asintieron ante los cumplidos de
aquel forastero que estaba de paso. No pasó lo mismo con James Duvall,
vendedor ambulante de enciclopedias que había parado de camino a Las
Vegas desde New York, según lo que había contado durante la cena.
-Nancy, enseña al señor Brock su habitación, mientras yo acabo
de fregar los platos.
-De acuerdo, madre- dijo Nancy agarrando de un brazo a Eddie.
-¿Necesita que la ayude, señora?
-¡Tranquilo, señor Brock! ¡Puedo yo sola con estos platos, no
serán un problema!- Margorie saludo efusivamente con una mano-. ¡Que
descanse, señor Brock!
-Muchas gracias- Eddie se dejo guiar por Nancy-. ¡Hasta mañana!
Se había hecho de noche mientras Eddie Brock, James Duvall, Nancy
y su madre cenaban y charlaban. Los únicos huéspedes de Margorie Meyers
eran James y Eddie, pero según había contado no le preocupaba mucho.
Aquel no era un negocio para hacerse millonaria y había pocas
habitaciones, por lo que la poca afluencia de clientes era lo que menos le
quitaba el sueño.
Nancy y Eddie llegaron a un largo pasillo lleno de habitaciones.
-Este es tu cuarto- Nancy abrió con una pequeña llave-. Toma, por
si quieres cerrar con llave.
Eddie cogió la pequeña llave con cuidado y al instante se la
guardó en un bolsillo.
-Al final a la izquierda está el cuarto de baño- Nancy señaló
dos habitaciones cerca de la de Eddie-. Esa es mi habitación y esa la de
mi madre, por si necesitas algo por la noche. Ahora estaremos abajo viendo
la tele, por si te apetece unirte.
-No creo, estamos... estoy muy cansado.
Nancy miró extrañada durante un instante a Brock.
-De acuerdo- se dirigió a las escaleras-. Levántate temprano, el
desayuno estará preparado a primera hora. ¡Que duermas bien!
-Gracias. Igualmente- dijo Eddie entrando en su habitación y
soltando al instante su mochila. Antes de eso, cerró la puerta con llave.
“Bueno, supongo que ahora solo nos queda descansar. Tendremos que
llamar a Beck mañana, después de desayunar”.
Eddie Brock escuchó atentamente al simbionte. Le hablaba del
sheriff.
“¿El sheriff? No creo que nos dé problemas, sobre todo si nos
vamos pronto de aquí. De todas formas, será mejor que no nos hagamos
notar a no ser que sea absolutamente necesario. ¿Entendido?”
El simbionte se revolvió en la mente de Brock, dando confirmación
a lo dicho por su compañero humano.
-Ahora, lo mejor será descansar- murmuró Brock para si mismo,
minutos antes de meterse en la cama y quedar dormido.
A pocas manzanas de allí, en el hogar de los West.
Bobby West se dirigió al cuarto de baño, atraído por unos extraños
y sonoros sollozos. Se encontró con su madre, inclinada en la bañera y
lavándose la cara. Los sollozos eran suyos.
-¿Mami?- Bobby West se rascó los ojos, aun medio cerrados. Los
sollozos le habían despertado.
Su madre se lavó los ojos con vehemencia y se volvió hacia su
hijo, el cual pudo observar un gran moratón aun rojizo en uno de los pómulos
de la preciosa cara de su querida madre.
-¿Qué haces despierto a estas horas, hijo?- su madre tomó aire.
-¿Mami? ¿Qué te ha pasado en la cara, mami?- una idea increíble
pero probable le pasó por la mente a Bobby-. ¿Ha sido papi?
Su madre se derrumbó y le abrazó mientras lloraba abiertamente.
Mientras el pequeño Bobby West sentía las lagrimas saladas de su madre
en la cara y sus frágiles brazos, una idea comenzó a formarse
fuertemente en su mente. Su padre había sobrepasado lo que él mismo
llamaba “el limite” y cuando alguien sobrepasaba en la casa ese
limite, debía recibir un castigo. Además, alguien capaz de pegarle a su
querida madre debía ser en realidad muy malo, un supervillano.
“Como los que detiene Spider-Man. Él ayuda a la gente, las
protege de los malos. Yo puedo hacer lo mismo”, pensaba Bobby.
De repente, Bobby sintió algo raro en su mente. En un instante y
sin verlo, podía saber que su padre estaba dormido, acababa de
dormirse... él y los vecinos...y sus vecinos...y sus vecinos. Bobby sentía
en su mente sus gruñidos, los ronquidos y las respiraciones entrecortadas
al dormir.
Bobby acarició el pelo lacio de su madre y sonrió. Su poder
especial estaba aumentando y acababa de llegar a la simple conclusión que
le podría proporcionar su joven mente, de que su padre debía ser
castigado.
Eddie Brock cargó su mochila con las provisiones que le había
dado Margorie Meyers y salió de la casa tras desayunar y agradecer todo
lo que había hecho por él a la madre de Nancy.
-¿Te vienes conmigo, Eddie?- preguntó Nancy alegremente en la
puerta de su casa-. Voy a la cafetería. Allí nos podremos despedir. Podría
prepararte algo para el camino, como recompensa por acompañarme.
-Si insistes- Eddie sonrió y dejo pasó a su joven acompañante.
-Insisto.
Mientras caminaban y hablaban, ninguno de ellos se percató de que
el sheriff les seguí desde una corta distancia en su coche. Sin embargo,
quien se dio cuenta no era precisamente... humano.
“Humano extraño”
Eddie Brock volvió la cabeza a tiempo de ver como el sheriff
paraba su coche patrulla a su lado.
-¡Buenos días, señor Brock!- con un leve gesto saludó a Nancy-.
¿Qué tal la noche?
-Muy bien, señor Jacobson. Gracias por preguntar.
-¿Qué hacéis tan temprano por aquí?
-Íbamos a la cafetería- Nancy fue la que contesto antes de Brock-.
Y creo que llego tarde.
Con toda la tranquilidad del mundo, Jacobson miró fijamente su
reloj y asintió ante las palabras de Nancy.
-Si queréis os llevo.
Ante el ofrecimiento, Nancy entró rápidamente en el asiento del
copiloto. Eddie Brock sin embargo no hizo ademán de moverse.
-¿Usted no viene, señor Brock?
-No, gracias. Iré andando- Eddie se tocó el estomago levemente-.
Así, además de bajar el desayuno podré llamar para que me recojan.
Jacobson sonrió de oreja a oreja.
-Me parece muy buena idea, señor Brock- el sheriff miró al frente
y puso en marcha el coche-. Muy buena idea.
Eddie Brock saludó al sheriff y a Nancy mientras los veía
alejarse. Solo Nancy le devolvió el saludo.
“Empieza bien el día”, pensó Jacobson sonriendo de nuevo.
Poco sabía él cómo iba a terminar.
-Papi, ¿los supermalos existen?- preguntó Bobby West mirando por
la ventanilla del coche.
Su padre hizo caso omiso de la pregunta inocente de su hijo y
continuo mirando fijamente al frente mientras conducía.
-Espero que no lleguemos tarde, Robert. Te he dicho siempre que no
te entretengas desayunando. Comes demasiado. Mocoso...
Bobby estaba acostumbrado a los insultos y las malas maneras que su
padre presentaba las mañanas que llegaban tarde, él al colegio y su
padre al trabajo. En realidad, siempre que llegaban tarde era únicamente
porque su padre tardaba en despertarse... debido a la borrachera de la
noche anterior.
-Papi, ¿la gente mala está en cualquier lado o solo en la
ciudad?- Bobby se volvió para mirar a su padre-. ¿Eh,
papi? ¿Papi? ¿Papi?
Murphy
West se revolvió en su asiento claramente exasperado por las inocentes e
insistentes preguntas de su hijo.
-¿Por qué no me contestas, papi?- Bobby no apartaba la vista de
los ojos de su padre, el cual seguía sin prestarle atención.
-Porque no me da la gana, Robert. ¿Eres retrasado o que te pasa
esta mañana?
Bobby no dijo nada, pero pensaba en muchas cosas...al igual que su
padre.
-¿Pegaste a mami anoche, papi?- Bobby hizo la pregunta con la
mayor normalidad que le daba su edad-. Porque eso solo lo hacen los
hombres malos. Max, el de la cafetería dice que solo los cobardes y los
mariquitas pegan a las mujeres. ¿Qué es un mariquita, papi?
Finalmente, Murphy West, miró a su hijo con una mezcla de enfado,
sorpresa y confusión. Inmediatamente paró el coche, dispuesto a pegar a
su hijo lo bastante fuerte como para no poder ir ese día al colegio.
-Tu madre se la buscó anoche, por eso la castigué- Murphy West se
acercó lentamente a su hijo-. Y tu también te la has buscado, mocoso.
-¿Me vas a pegar por qué te molesta que te llamen mariquita?- la
mirada de Bobby West era perturbadora-. Eso es lo que oigo aquí.
Bobby señaló con uno de sus pequeños dedos su cabeza.
-Puedo hacer cosas, papi- Bobby sonrió maliciosamente-. ¿Quieres
verlas, papi?
Justo cuando estaba a punto de sacudir a su hijo, un pie invisible
apretó el pedal del acelerador... mientras unas manos igual de invisibles
agarraron fuertemente a Murphy West, tan fuertemente que le era imposible
moverse.
-¡¿Qué coño está pasando?!- Murphy veía horrorizado como su
coche llegaba en pocos segundos a los cien
kilómetros y seguía subiendo.
-Tienes miedo, papi- Bobby rió abiertamente-. Lo estoy escuchando.
“¿Cómo sabias que el sheriff estaba detrás nuestra?”,
preguntó Eddie Brock mentalmente a su simbionte mientras caminaba calle
arriba.
“Era fácil. El humano estaba cerca”
“Relativamente cerca, yo no me di cuenta”
“Te hubieras dado cuenta si no hubieras estado distraído”
Eddie Brock se paró de golpe para contestarle en voz alta cuando
escuchó como un coche venía hacia él... a mucha velocidad.
En pocos segundos, el coche pasó justo a su lado a una velocidad
de más de cien kilómetros, tropezó con una farola, dio varias vueltas
de campana y acabó boca abajo al lado de otra farola.
El ex-periodista y varios vecinos se acercaron rápidamente donde
se encontraba el coche, pero muchos se retiraron al ver lo que estaba a
punto de pasar: había gasolina por todos lados y la farola que había al
lado del coche se encontraba doblada y a punto de caer encima del gran
charco de gasolina.
-¡Retiraos, va a explotar!
-Parece el coche de Murphy West...¡Que alguien le ayude!
-¿Iba solo?
-¡Que alguien llame a Jacobson!
Eddie Brock se retiró junto con los vecinos, pero se dio cuenta de
que había una persona atrapada en el coche, en el asiento delantero del
piloto.
“Si esa farola cae ahí, esto se convertirá en un infierno y al
menos ese hombre morirá”
Desde su posición pudo observar como el hombre, a pesar de estar
visiblemente herido, intentaba salir, pero el metal retorcido y el peso
del vehículo se lo impedían. Sorprendentemente parecía pedir ayuda en
voz baja. Estaba claramente bajo un shock.
En un instante, Eddie Brock decidió que para bien o para mal, debía
actuar. Sus ropas se fundieron sobre su cuerpo y ante la atónita mirada
de los vecinos del lugar, se transformó en Veneno.
En un momento, se dirigió hacia la farola, la arrancó del todo y
la soltó cerca del lugar, levantó el coche, lo puso en la posición que
le correspondía y arrancó la puerta.
-¿Se encuentra bien?- preguntó Veneno mientras volvía a ser
Eddie Brock. La visión de un gran monstruo de ojos blancos y lengua
babeante no ayudaría a recuperarse a aquel hombre.
-Mi hijo...Bobby...mi...él me hizo...-murmuraba aquel hombre,
visiblemente afectado.
Eddie no entendía nada, pensaba que el shock de aquel hombre era
mucho más fuerte de lo que pensaba, ya que hablaba continuamente de su
hijo, a pesar de que no había nadie más con él en el coche, pero a
pesar de ello, le pareció ver a un chaval de unos diez años entre la
multitud.
Mientras intentaba tranquilizar a aquel hombre, Brock notaba como
la multitud se alejaba del lugar...o más concretamente de él y entre la
multitud, el sheriff junto con Nancy Meyers y por sus miradas, Brock
dedujo que lo habían visto todo.
-Todo esto tiene una explicación- dijo Brock intentado pensar en
una buena para poder contarla.
CONTINUARA...
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