Las siguientes líneas, tratan de la vida del misterioso
Conde Saint Germain (Antiguo Brujah). Es la visión que sobre él
tienen los humanos, más concretamente un grupo de gnósticos, cuyas
principales creencias son esotéricas. En ningún momento de la
narración se le tratará como un Vástago (esto ni siquiera
lo tienen en cuenta los humanos, lo que es un punto a favor para la Camarilla).
Debido a su inquietante vida y a sus palabras y las de los que lo conocieron,
los gnósticos los consideran un Maestro, un Iniciado, para mayor información
sobre lo que esto significa, sería mejor estudiar las creencias esotéricas.
Simplemente decir que para ellos Jesús de Nazaret fue un iniciado, un
Gran Maestro que debido a su gran evolución vida tras vida (creen en
la reencarnación), se Cristificó, y vino a darnos sus enseñanzas,
como a él también consideran Grandes Maestros a Buda, Hermes,
Mahoma, Samael Aun Weor (al que aquí se nombra)...
Para quien le interese el autor de este relato es Emilio Beviá, y está
publicado en una revista llamada "El Aureo Florecer" (Año XXXIV del ACUARIO
- Núm. III-9), que dirige el Instituto Gnóstico de Antropología
(I.G.A.).
Mi opinión es que este relato no hace nada más que evidenciar
la existencia del Vástago Brujah, Conde Germaine.
Degren 20-VI-1999
joruigar@arq.upv.es
Las hipótesis históricas sobre sus orígenes son numerosas,
pues, los escritores modernos hablan de él como un personaje enigmático.
Federico II de Prusia (amigo íntimo suyo) solía decir de él
que era un hombre a quien nadie había podido llegar a comprender.
Este famoso personaje apareció en Francia a mediados del siglo XVII.
Llegó como acompañante del señor de BelleIsle embajador
de Luis XV en Alemania. Derrochaba sumas de dinero en medio de una existencia
sin igual, poseía magníficas piedras preciosas de un tamaño
realmente prodigioso y en tan gran cantidad, que regalaba sin esfuerzo ejemplares
bellísimos.
Este enigmático ser, era uno de esos hombres de los que se dice que no
tiene edad. De físico normal, era sin embargo sumamente atractivo. Casanova
nos dice: "Era difícil hablar mejor que él... Empleaba un tono
decisivo, pero tan estudiado, que gustaba a todos. Era un sabio, hablaba a la
perfección la mayoría de las lenguas, gran músico, gran
químico, de rostro agradable y de gran habilidad para conquistar el corazón
de las mujeres".
Daba la impresión de haber viajado por el mundo entero y, sobre todo,
de haber asistido personalmente a todo cuanto ha existido en nuestro planeta.
Practicaba todas las artes; era prodigioso con el clavicordio y en el violín
con el cual rivalizaba con Paganini, que era un excelente músico y compositor.
En Londres, en el año 1740, el Conde publicó varias composiciones,
llegando a nosotros solo un aria de su pequeña Opera "L´inconstanza Delusa"
(La Pérfida Inconstacia), compuesta en el estilo rococó del siglo
XVIII. Cantaba con una lindísima voz de barítono, y también
pintaba y esculpía como los más grandes artistas.
El mundo veía en él a un joven y noble señor de modales
exquisitos, de gran dignidad, de impecable cortesía. Su porte era militar,
delgado y de mediana estatura. Sus manos delicadas, sus pies pequeños,
sus movimientos elegantes, su cabello era oscuro y fino, sus ojos pardos.
A Saint Germain le rodeaban dos corrientes, una era la formada por aquellos
que le tenían celos y envidiaban porque gozaba de la confianza y la admiración
de reyes, sabios y estadistas más destacados de Europa, y la otra formada
por aquellos quienes le respetaban profundamente, en la cual participaban las
órdenes esotéricas y las asociaciones secretas de todo el mundo.
Los intentos por apresarlo, hundirlo, encarcelarlo de los primeros, fracasaron,
pues el Conde se deslizaba y desaparecía misteriosamente, para reaparecer
de inmediato en un país diferente.
¿Quién era Saint Germain? Nadie lo supo nunca. El mismo cuidaba de tener
intrigada a la gente. Su enemigo, el ministro Choiseul, decía de él:
"Es hijo de un judío portugués". Otros han creído ver en
él al hijo de un médico judío de Estrasburgo. En realidad
tenía varios nombres, puesto que por sus amigos fue conocido, a través
del tiempo, como Marqués de Montferrat (seguramente era Montserrat),
Conde de Belmar, Caballero Schoenning, Marqués de Aymar, Conde Tssarogy
o Zarasky, Conde Weldons, y Conde Saint Germain.
Wittemans, en su "Historia de los Rosa Cruz" estima que Saint Germain podía
ser el primogénito de Federico II (Rackoczi) y la Princesa Carlota Amadea
de Hesse Rhinfets descendiente de los soberanos de Transilvania, a quien se
había dado por muerto a poco de nacer, para que no compartiese la peligrosa
existencia de proscrito que llevaba su padre, destronado y perseguido por Carlos
VI. Según eso, el niño había sido confiado a los Médicis
de Italia, y se le habría puesto el nombre de Saint Germain porque su
padre tenía posesiones en aquella ciudad de Florencia. Esta hipótesis,
la más halagüeña, pudiera estar cerca de la verdad pues Madame
de Genlis, en sus "Memorias", la hace suya.
Cuando muere Federico II, el Príncipe fue visto en Holanda, donde estableció
contacto con Sir Loane, Gnóstico Rosacruz prominente.
En Turquía o Transilvania, según qué versión, muere
históricamente, cuando los acontecimientos lo iban a atar a una vida
oficial en Hungría, aunque después de su aparente muerte, aparece
en Escocia, donde vive misteriosamente hasta el año 1745. De allí
se traslada a Alemania y Austria con misiones industriales, de donde sale a
estudiar Alquimia en la India. No vuelve a aparecer hasta el año 1758,
donde establece contacto con el Mariscal Belle Isle del ejército francés,
que era embajador en Alemania. Es el momento de comenzar su misión en
París y se da a conocer con el nombre de Conde de Saint Germain, el Mariscal
lo presenta a Mme. Pompadur, quien a su vez lo presenta al Rey de Francia Luis
XV, y comienza a desplegarse la magia desconcertante del Conde.
Así como se ignoraba su nacimiento, también se ignoraba su edad.
Habiendo nacido en 1696, cuando en 1758 llegó a París contaba
sesenta y dos años. Sin embargo, representaba sólo treinta años
de edad. Rameau, ya viejo, declaraba haberle visto en 1710, y afirmaba que el
conde en aquella época, tenía cincuenta años, o sea, la
edad que representaba todavía.
Se cuenta que el cardenal Luis de Rohan quiso conseguir algo cierto de lo que
dijera el criado de Saint Germain, que le seguía a todas partes y gozaba
ostensiblemente de gran favor cerca de su amo. Un día, el cardenal llamó
al servidor, ya muy entrado en años y con el pelo blanco, y le dijo:
"Por vos desearía enterarme de una cosa que me preocupa y que yo os
agradecería mucho, hasta el punto de que obtendríais mi amistad
y mi protección prometiéndoos, además, que lo que hablemos
aquí será siempre un secreto que nadie conocerá jamás."
"Si puedo serviros será un honor para mí, Ilustrísima"
- respondió el viejo servidor.
"Decidme, pues, amigo mío: ¿qué sabéis respecto a la edad
de vuestro amo? porque, la verdad, me cuesta creer que tenga tantos siglos como
él afirma tener."
"Cierto, señor Cardenal, también yo creo que exagera, y debo confesaros..."
"¿Qué, amigo mío? Decid, que nadie nos escucha."
"¿Me prometéis el secreto?"
"Oh, sí, os doy mi palabra de Cardenal. Bien, en confianza, que yo no
creo en la antigüedad de su vida.."
"Mirad, Ilustrísima, hace más de cuatrocientos años que
estoy a su servicio y sólo hace ciento que le oigo contar que tiene más
de dos mil. Puedo aseguraros que antes no hablaba de tal cosa."
El cardenal, estupefacto, despidió al criado sin ocultar su disgusto.
Saint Germain contaba a una joven que había sido compañero de
armas de su tatarabuelo en la batalla de Marignan, y que éste le había
encargado en el momento de morir que entregase a su mujer una cruz de oro. "Tuve
que cumplir el encargo por mediación de otra persona añadía
el conde y me gustaría saber si vuestra familia está en posesión
de la joya". La joven palideció, pues guardaba la joya como una reliquia,
y nadie, aparte de los miembros de su familia, conocía su existencia...
Todo en él era extraño. Por ejemplo, se le invitaba muy a menudo,
pero nunca probaba la comida. También se le veía adornado siempre
con alhajas fabulosas, como una noche que llegó a Versalles con un traje
adornado de diamantes.
Llegado a Francia en 1743, llevaba una vida de ostentación, y sin embargo
no había recibido ni una sola letra de cambio, según una investigación
policial ordenada por su enemigo Choiseul (ministro de Luis XV) en 1750.
Sea como fuere, el rey le mostraba un favor cada vez mayor, pidiéndole
que instalase un laboratorio en Versalles y otro en el Trianón, donde
Luis XV se entretenía con la alquimia. El rey y el conde permanecían
largas horas encerrados. Parece fuera de toda duda que Saint Germain representara
cerca de Luis XV el papel de consejero y agente.
Saint Germain no era solo un hombre divertido; su ciencia, su poder no solo
servían para maravillar a las gentes, hacia otras cosas en un plano bastante
más serio. Este gran alquimista trabajaba también para el rey
de Prusia. Saint Germain era gnóstico-rosacruz e intentó convencer
al rey para que estudiara sus enseñanzas.
El único libro que dejó escrito Saint Germain es "La Santísima
Trinosofia", de la que Grillot de Givry decía: "no es otra cosa, sino
un libro de alquimia cabalizado..."
Aunque jamás hizo alarde de sus poderes espirituales, Saint Germain actuaba
espontáneamente como un Mago, un Cabalista-Gnóstico, un Alquimista.
Tenía desarrolladas las facultades del Alma, (la clarividencia, la clariaudiencia,
etc), podía viajar en Jinas y astralmente. Solía pasar en un éxtasis
profundo de 37 a 49 horas sin despertar, y entonces sabía todo cuanto
tenía que saber, y demostraba el hecho vaticinando lo venidero sin equivocarse
jamás. Tenía el hábito desconcertante de entrar en la cámara
del Rey sin recurrir a las puertas, simplemente aparecía y desaparecía
sin disimular su facultad.
Poseía una maravillosa memoria podía leer una hoja de papel por
la mañana, y aunque no hacía más que pasar por ella apenas
ligeramente la vista, repetía su contenido sin equivocarse una sola palabra
algunos días después.
Escribía con ambas manos a la vez, redactando con la derecha una composición
poética y con la izquierda un documento diplomático de suma importancia.
Le avisó a María Antonieta de la inminente revolución:
de "una república ávida, cuyo cetro será el hacha del verdugo".
Al acabar la reina le hizo una pregunta personal:
"Señor, ¿dónde habéis nacido?"
"En Jerusalén, señora."
"¿Y hace cuánto?"
"La reina me permitirá tener una debilidad común a muchas personas,
no me gusta decir mi edad, trae mala suerte."
Al salir de hablar con la reina, fue a ver a Mme. Adhemar y la hizo participar
de su deseo de abandonar Francia lo antes posible. Algunos meses después
se supo que recorría Italia y Alemania, estableciéndose en la
corte de un protector de las ciencias herméticas, el landgrave Carlos
de Hesse Cassel. Lenótre pretende que Saint Germain, que había
envejecido mucho en poco tiempo, acusaba ahora sus ochenta años y se
quejaba de reuma. Durante una ausencia del landgrave, expiró en los brazos
de los criados, era el 4 de Febrero de 1784, y en la Gaceta de Brunswick apareció
la nota necrológica de su muerte el 6 de Abril de 1784. ¿Muerte o desaparición?
Si Saint Germain se ha hecho famoso, si su fama ha llegado hasta nuestros días,
se debe más que a sus hechos y sus obras, a este misterio de su inmortalidad.
De acuerdo con diversos testigos, fue cuatro años después de su
muerte oficial, embajador en Portugal para el gobierno de Italia; estuvo presente
en París en la ejecución de María Antonieta; fue testigo
del fin del Directorio y de los comienzos del Consulado. Hacia 1789 ó
90 se había entrevistado con unos iniciados en Viena. Un día se
corrió la voz de que Saint Germain estaba en la ciudad. Uno de esos iniciados,
Franz Grifer, junto con el barón Linden, guiados por un presentimiento
fueron a Fedalhofe, a la calle Land, y al entrar en el laboratorio, Saint Germain
estaba sentado, leyendo una obra de Paracelso, y se quedaron boquiabiertos.
Linden puso botellas en la mesa y ofreció al conde un refresco:
"Os pregunto -replicó éste- si alguna vez alguien me ha visto
comer o beber".
El conde pidió papel para escribir. Cortó en dos una cuartilla,
y, cogiendo dos plumas, se puso a escribir con las dos manos a la vez. Las dos
escrituras eran absolutamente semejantes.
Saint Germain anunció luego su marcha:
Os abandono. Me veréis otra vez aún. Me necesitan en Constantinopla.
Luego voy a Inglaterra para preparar dos inventos que tendréis en el
siglo próximo: los trenes y los barcos de vapor. Las estaciones cambiarán
poco a poco, la primavera primero, luego el verano. Los astrónomos y
los metereólogos no saben nada, creedme; hay que haber estudiado como
yo en las Pirámides. Hacia final de siglo desapareceré de Europa,
iré a la región del Himalaya. Reposaré... Me volverán
a ver dentro de ochenta y cinco años.
Los visitantes abandonaron el laboratorio, pero como estallara una tempestad
en aquellos momentos, volvieron para refugiarse. Saint Germain ya no estaba
allí.
Fue visto también en enero de 1815, después de la muerte del Duque
de Enghien y en la víspera de la muerte del Duque de Berry. Por algo
dijo Voltaire en una carta a Federico el Grande: "El Conde Saint Germain es
el hombre que nunca muere y todo lo sabe".
Como se ha podido apreciar son muchos los testigos, además de otros,
que harían la lista de hechos interminables. Este, junto con su discipulo
Cagliostro, es el personaje del que se tiene más "pruebas" de su Maestría,
y de que consiguió la Piedra Filosofal. Pero nadie mejor que un Maestro.
El V.M. Samael Aun Weor, dice de él que transmutaba el plomo en oro y
hacía diamantes de la mejor calidad. Saint Germain posee el mismo cuerpo
físico con el cual se le conoció durante los siglos XV, XVI, XVII,
XVIII, etc. en las regias Cortes de Europa, y que ahora está en el Tibet
Oriental y volverá a Europa en 1999. El es un Mutante, un Maestro Resurrecto.
Después de la resurrección, el cuerpo físico queda en estado
de "JINAS" (es decir, dentro de los mundos suprasensibles). Sin embargo, puede
entrar en el mundo físico cada vez que el Maestro así lo quiera.
En estas condiciones tan exaltadas los Maestros de Perfección solo viven
para guiar la corriente de vida de los innumerables siglos. Condenados por sí
mismos a vivir durante miles o millones de años, guiando la corriente
de los siglos, esos santos inefables son los silenciosos vigilantes de la muralla
guardiana, ese muro que protege a la Humanidad desde la Aurora de la Creación.
Los Santos Maestros de la muralla guardiana tienen el maravilloso Elíxir.
Cuando un Maestro de Compasión renuncia a la dicha inefable del Nirvana,
por amor a la pobre humanidad doliente, tiene derecho a pedir el regalo de Cupido,
el "Elixir de larga vida", un gas que queda depositado en el fondo vital del
organismo humano. Aquellos que reciben el Elixir de larga vida, mueren, pero
no mueren. El Conde de Saint Germain, Maestro de Cagliostro, se rejuvenecía
a voluntad y aparecía y desaparecía instantáneamente cuando
menos se esperaba, pudiendo pasar por muerto, y entrar al sepulcro, para escapar
luego con su cuerpo en estado de "Jinas". Por lo común, esos Maestros
que "tragaron tierra", cumplen su misión en algún país,
y luego, se dan el lujo de pasar por muertos, para cerrar un Capítulo
de su vida inmortal.
El Gran Maestro trabajó con el Alcano A.Z.F., es decir, practicó
el "Sahaja Maithuna", por eso recibió el "Elixir de Larga Vida", y se
cree que tenía una edad de más de dos mil años, pues según
él, conoció al mismísimo Jesucristo y a sus discípulos..
Este Maestro pertenece al rayo de la política mundial, por lo que trabajó
intensamente por evitar la Revolución Francesa, y su baño de sangre,
pero no le escucharon. También estuvo en Europa antes de la Segunda Guerra
Mundial. Giovani Papini lo vio por última vez en un transatlántico
camino de América, después de esa guerra. Ahora está con
su mismo cuerpo físico en el Tíbet, hasta que tenga que cumplir
otra misión política en Europa, en 1999.
Degren joruigar@arq.upv.es
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Para: La Biblioteca Vampiro
Bibliotecario: Santiago Giovanni