Los Fragmentos de Isis
En este texto se resume los orígenes de varios mitos: La creación
de las Momias, los orígenes de los Setitas, la intervención
de Tifón (Kaos según algunas fuentes) en dichos actos... No
se sabe a ciencia cierta el origen de este texto. Algunos se la atribuyen
a la mismísima Isis, aunque es más probable que alguien del
Culto de Isis transmitiese la historia de Isis y Osiris a través de
las generaciones, registrándolo para que no se perdiese. Cuantas alteraciones
puede haber sufrido es un misterio.
Los fragmentos de Isis
Hablo de los inicios del tiempo, cuando los Dioses caminaban
sobre la Tierra. Soy Eset, también conocida como Isis, también
conocida como Wret-Hekau, la grande de la magia, y Mut-Netjer, la madre de
los Dioses. Soy testigo de los primeros días, del sacrificio de un
caudillo por su pueblo, de la traición de un hermano a su hermano,
y de la lealtad de un hijo a su padre. He visto el mal creciente que arraiga
en nuestro mundo, y he luchado contra ese mal. Que otros lean mis palabras
y sigan su ejemplo.
Vengo de una familia de Dioses. Se dice que nuestro antepasado era Ra, el
sol eterno, y he hablado con Él en mis sueños, y a través
de esos sueños gané poder. Ra luchó contra la serpiente
Apofis, que pretendía tragarse el Sol, y sumir nuestras tierras en
una total oscuridad, y cada día ambos luchaban en los cielos.
Mi marido-hermano era Osiris, también llamado Wen-Nefer, el hermoso.
Osiris era como un Dios. Fuerte, bello y sabio. No había nadie en la
Tierra que pudiera comparársele. Vivíamos con nuestra gente
en la Tierra llamada Khem, donde el rostro de Ra ardía brillantemente
en los cielos. Khem fue la primera tierra creada por los Dioses, y nuestra
cultura fue la primera y la que mejor honró la tierra. Osiris y yo
nos encargamos de proteger a la Tierra y sus gentes.
Osiris era un gran líder, cuya voz llevaba a la gente a realizar actos
de grandeza, y bajo su égida quedaron unidas las regiones de Egipto,
y plantadas las semillas de una gran civilización. Así se convirtió
Osiris en Señor de las Dos Tierras, el primer Rey. Algunas regiones
se mantuvieron independientes de este nuevo estado, pero fueron muchas más
las que se unieron. Todos se inclinaban gozosamente ante Osiris, y juntos
contemplábamos un brillante futuro.
Maat
Esencial en nuestro bienestar era la adhesión a la armonía y el orden del Cosmos. Conocíamos este principio como Maat, y en los antiguos días apareció ante nosotros en la forma de una mujer, que nos instruyó en sus modos. Sabíamos entonces lo que ahora se ha olvidado: mantener el Maat era vivir en paz y armonía celestial, y abandonarlo era hundirse en la oscuridad y el desorden. Osiris era un campeón del Maat, y bajo su liderazgo y guía las gentes de Khem vivieron de acuerdo con el Maat, asegurando la paz y la prosperidad para el futuro.
Set
Pero una víbora anidaba en la corte de Osiris: su hermano
menor Set, que era astuto y un maestro de la intriga. Set codiciaba el poder
de su hermano, y puso su mente a la tarea de usurpar todo cuanto era de Osiris.
Pero los deseos de Set se oponían al Maat, pues no buscaba gobernar
en beneficio de su pueblo, sino que este le sirviese. Los deseos de Set por
el trono se hicieron claros, y con el tiempo, otros descubrieron sus traicioneros
planes. La represalia de nuestro hermano fue dura, pero justa: desterró
a Set más allá de las fronteras de la nación, nunca más,
dijo mi esposo, verá tu rostro el Sol de nuestra patria. Y de nuevo
el pueblo de Egipto vio el futuro con esperanza, pues el Maat había
sido restaurado. Fue la época de los Dioses y los Reyes, y nada en
la Tierra podía arrebatárnoslo.
Pero entonces llegó el extranjero.
Tifon
Nunca supe su verdadero nombre: Si alguien lo descubre alguna
vez, ruego por que el extranjero sufra por el dolor que nos causó.
Pero en esos días se hacía llamar Tifón.
Llegó una noche de luna llena, presentándose en nuestra corte
y pidiendo una audiencia con mi hermano-esposo. Tifón era un hombre
frío: no solo en sus maneras, sino también de cuerpo: se decía
que tocar su piel era como tocar piedra fría o agua helada. Su belleza
era arrebatadora, más la única emoción que cruzaba sus
finos y pálidos rasgos era un cruel humor. Algunos pensaban que era
un Dios, llegado en ayuda de nuestro caudillo; pero otros ponían en
duda la clase de deidad que podía ser aquel desconocido de ojos helados.
Pero no conocíamos su naturaleza, y Osiris accedió a una audiencia
con Tifón. Saludó aduladoramente a nuestro amo, y habló
de una creciente manera de oscuridad y guerra que podía devorar Egipto
si Osiris no estaba preparado. Contra mi consejo y las peticiones de sus asesores,
Osiris mantuvo una audiencia en privado con el llamado Tifón, y hablaron
durante toda la noche. Nuestro visitante partió justo antes del amanecer,
y Osiris se quedó solo, meditando.
Todo continuó así durante cuatro lunas. En la víspera
de una luna llena, Tifón reaparecía para hablar con Osiris y
siempre lo hacían en privado. Cuando Tifón se marchaba, Osiris
quedaba lleno de un silencioso miedo. Aunque me hablaba poco de sus charlas,
yo sabía que lo que había aprendido pesaba mucho sobre su espíritu.
Pero el día siguiente a la cuarta y última partida de Tifón,
mi amado fue encontrado enfermo y próximo a la muerte, pálido
y sin sangre en el suelo de su dormitorio.
El Rey-Dios
Parecía haber sufrido la verdadera muerte... pues tras
su aparente recuperación, estaba tan frío y pálido como
Tifón. Osiris mostró varios dones divinos tras esto: ya fuerte
entre los hombres, ahora lo era tanto como muchos toros; ya un elocuente orador,
ahora su discurso era irresistible. Afirmo que sus poderes se extendían
sobre el mismo Nilo, y durante muchas estaciones tuvimos campos fértiles.
Así se convirtió nuestro caudillo en Dios de la Agricultura
y el Campo. Una poderosa lluvia cayó sobre nuestra Tierra, y muchos
la vieron como una muestra de la divinidad de Osiris.
Pero la primera lluvia del día no fue un signo de prosperidad: no,
los cielos lloraron porque con la transformación de Osiris, el Maat
se había alterado, nunca volvería a su estado anterior.
Hasta el día de hoy, nadie sabe si Osiris escogió la No-vida,
o si ésta cayó sobre él. Ni siquiera yo sé la
verdad, pues aquella noche mi marido murió. Lo que gobernaba en su
puesto, era frío y distante conmigo. Y aunque cuidaba de mí
y de su pueblo, lo hacía de forma distinta al Osiris que yo amaba.
Estaba claro que vivía en un mundo aparte del nuestro.
Osiris reinó así durante tres años. Empezó a construir
en torno suyo una reserva de soldados que bebían de su sangre y ganaban
así su fuerza. Algunos incluso se convirtieron en criaturas como él,
aunque de menos poder. Siempre hablaba de la inminente oscuridad, y con el
tiempo se convirtió en un rey absorto y triste. Nunca volvería
a ver la luz de Ra, nuestro abuelo el Sol. Y en un raro momento de intimidad
me habló de la horrible bestia que se enroscaba en el interior de su
espíritu, no deseando nada más que sangre. Osiris se encerró
en si mismo, buscando un medio de superar a la bestia, pero no llegó
ninguna respuesta. Solo la fuerza de voluntad le impidió sucumbir,
y así se volvió frío y severo, incluso rígido
e inflexible... pues si alguna vez perdía el control, La bestia se
impondría.
Thoth
En estos tiempos llegó Thoth: el hermoso de la noche,
el ser silencioso. Como Tifón apareció misteriosamente, también
mostró muchas facultades asombrosas, y solo se presentaba de noche,
cuando más radiante era su belleza. Pero donde la hermosura de Tifón
ocultaba una maldad sin vida, Toth era gentil y sabio. Nunca buscó
una audiencia con Osiris, afirmando que lo que tenía para ofrecer no
podía ser aceptado por alguien como nuestro amo.
En lugar de ello, Thoth vino a mi y a Nephthys, que era mi hermana y la hermana-esposa
de Set. Las dos habíamos aprendido los caminos del Hekau, magia que
usábamos para ayudar a nuestro pueblo, pero Thoth nos aleccionó
a más altos niveles, aconsejándonos en los caminos de la sabiduría.
Era una persona justa, que aborrecía la abominación. Pasó
muchas lunas con nosotras, y se marchó de pronto.
Pero nos explicó muchas cosas antes de irse: aprendimos los caminos
de la sangre, y de los Espíritus, y de las fuerzas Elementales. Nephthys
aprendió los caminos de la muerte y los de la vida, y nuestra voluntad
obró milagros para nuestra gente. En una visión descubrí
el verdadero nombre de Ra, que reinaba supremo en el firmamento, y por lo
tanto pude controlar el mundo que me rodeaba. Pero seguía siendo humana,
y no escogí el manto de la divinidad como había echo mi esposo.
Set
Entonces volvió Set.
No sé qué le ocurrió en su exilio, pero estaba claro
que se había convertido. Había cambiado, como Osiris, pero no
temía a la bestia en su interior. De hecho, se regocijaba en ella,
y ella daba fuerzas a sus siniestros deseos y vanas aspiraciones. La condena
de Osiris había sido profética, pues Set no podía permanecer
bajo el Sol, y era también una criatura de la oscuridad. Servía
sin saberlo a Apofis, creyendo en su vanidad que era su propio amo.
Una noche, mientras Osiris regresaba a solas de uno de sus muchos viajes al
desierto, sus criados le entregaron un nuevo sarcófago, hecho de oro
y maderas aromáticas. Mi esposo se tendió en él para
descansar, y los criados corrompidos por Set pusieron la tapa y la cerraron.
El sarcófago estaba elaborado con una poderosa magia, y antes de que
Osiris pudiese liberarse, Set apareció de entre las sombras y lo selló,
para después lastrarlo y arrojarlo al Nilo. Así consiguió
Set lo que siempre había deseado: Destruir a su hermano y el trono
de nuestra nación.
Con mi hijo Horus y mi hermana huí de Set, escondiéndome entre
los cañaverales del Nilo, en la isla de Chemmis. Venía con nosotros
Wadiet, que había sido una leal sirviente de Osiris hasta ser seducida
por Set. Compartía la naturaleza maldita de éste, pero en un
momento de honestidad había desobedecido las órdenes de Set
para huir con nosotros. Y también estábamos protegidos por Sebek,
el caudillo del pueblo Cocodrilo que vivía en el Nilo. Y por los hijos
de Bubastis, la ligera y morena gente Gato, todos los cuales odiaban a Set.
Con el tiempo, usando mi magia, encontré el ataúd de mi hermano-esposo.
Osiris estaba allí, marchito y decaído, pero aun vivo... o tan
vivo como podía estarlo, pero Set nos descubrió y antes de que
yo pudiese devolverle su fuerza a Osiris, partió el inmóvil
cuerpo de nuestro hermano en 13 piezas que dispersó por la Tierra.
Parte de la oscura sangre de Osiris sigue mezclada con las arenas egipcias.
Y es por esto por lo que Egipto tiene una conexión tan fuerte con el
mundo subterráneo.
Set me tomó cautiva, con mi hermana y mi hijo, encarcelándonos
por haber osado oponernos a él. Nos torturaba cada noche, para que
nuestros sufrimientos le procurasen algún placer. Le sacó un
ojo a Horus y con el le arrebató su Ba o fuerza vital. Así mi
hijo se marchitó, sobreviviendo sólo gracias a mi magia... y
ni siquiera ella podía curarle del todo. Al final fuimos rescatados
por las fuerzas leales a Osiris en una incursión matutina, cuando Set
dormía y más débiles eran sus seguidores: Un oficial
nos llevó a la granja de su padre, Mestha, y partió para luchar
contra las fuerzas de Set, muriendo como un héroe.
La familia de Mestha nos escondió y cuidó de nosotros durante
muchos días, hasta que mi hermana y yo nos recuperamos. Pero Horus
seguía languideciendo y su cuenca vacía sangraba sin cesar,
a pesar de nuestra magia. La herida era muy grave, y Horus nunca pudo curarse.
Si muriese, con su ojo en poder de Set, mi hijo no podría alcanzar
los campos de A'aru, donde descansan los muertos.
La resurrección de Osiris
Durante muchos días, Nephthys y yo conspiramos para derrocar
a Set. Nuestra magia era poderosa, pero Set era astuto, y tenía muchos
seguidores a los que sabíamos que no podíamos derrotar. Suplicamos
una respuesta a los Dioses, y finalmente Thoth se nos apareció en un
sueño, y en un sueño nos instruyó.
Y así dio comienzo nuestro plan. Mi magia invocó a numerosas
criaturas volantes, a las que ordené buscar y recuperar hasta la médula
y el cartílago del cadáver de mi marido. Al caer la noche, las
aves volvieron, algunas con los restos del desmembrado Osiris, que dejaron
caer en una pila. Con las aves llegaron los hijos de Osiris que habían
estado ocultos por miedo a la ira de Set. Estos seguidores eran cuanto quedaba
del cuerpo de élite de Osiris, gran parte del cual había sido
destruido o reclutado por Set.
Nephthys y yo volvimos a unir el cadáver de Osiris con cuero sin curtir,
y juntas nos pusimos de pie sobre él mientras entonábamos el
rito que nos había explicado Thoth. Los seguidores de Osiris escupieron
su propia sangre sobre los restos del Dios muerto. El anciano granjero Mestha
sacrificó un buey, y su sangre fue derramada también sobre los
restos de Osiris. De la deformada pila emergió una cosa negruzca y
enfermiza, gimiendo y lamentándose del robo de las tierras de los Duat,
el mundo subterráneo. Mediante magias curativas y el sacrificio de
sangre, la negra criatura creció rápidamente hasta asumir la
magnífica estatura del hermoso. Su lamento cesó y el restaurado
Dios-hombre nos miró y sonrió.
Osiris había vuelto de las costas de los muertos y había vuelto
con sabiduría. A su muerte había conocido a un barquero llamado
Anubis, también conocido como el señor de los ritos mortuorios,
que le llevó con él a los campos benditos. Durante su viaje,
Anubis habló con Osiris y le mostró muchos secretos de los mundos
de los vivos y los muertos... secretos que ahora conocía Osiris. A
su vuelta del Duat sabía al menos como contener a la bestia que había
acechado en su interior desde que cambió este conocimiento con sus
seguidores, para que ellos pudiesen encontrar también la paz, e impartirlo
a otros que compartiesen su estado. Ya no iban a ser guerreros de la carne,
sino guerreros del espíritu. Combatiendo la corrupción que siniestras
criaturas como Set extendían como la peste.
Cuando Osiris empezó a instruir a sus hijos, la llamada se extendió,
y todos los que se oponían a Set comenzaron a congregarse en la granja
de Mestha incluyendo los cambiapieles del pueblo Gato y el pueblo Cocodrilo.
El gran rito
Anubis había compartido muchos secretos con Osiris, y
el Rey renacido sabía también como salvar a su hijo. Pero para
salvar a Horus, primero este debía morir, para que su Ka pudiese salir
de su cuerpo como ya lo había hecho el Ba: con los grandes ritos que
Anubis le había dado a Osiris, el Ba y el Ka de Horus harían
renacer más tarde su cuerpo muerto, dándole vida eterna. Y así
compartido Osiris su conocimiento con sus hermanas, con su saber y nuestra
propia sabiduría arcana, creamos el rito del Renacer.
Pero no estábamos seguros de este conocimiento y buscamos una prueba.
Finalmente, Mestha, nuestro anciano anfitrión, se ofreció a
morir para ayudarnos, así que con su bendición, embotamos sus
sentidos y le envenenamos.
Celebramos los grandes ritos sobre su cuerpo muerto, y Nephthys acudió
al mundo subterráneo y volvió a poner su espíritu en
el cuerpo. Cuando Mestha se agitó, Nephthys y yo nos regocijamos, pues
habíamos encontrado un medio de salvar a mi hijo.
Convencida de nuestro éxito, retiré mis magias curativas de
mi hijo y Horus exhaló su último y doloroso aliento. Le lavamos
y le ungimos, y envolvimos su cuerpo en lino y lo pusimos a descansar en un
sarcófago que será seguro hasta que su Ba y su Ka se reuniesen,
pues no sabíamos cuanto tardaría su Ba en ser liberado. Celebramos
los ritos sobre él como habíamos hecho sobre Mestha, pero el
proceso fue arduo y lento. Al fin, con la puesta de Sol, terminamos y nos
retiramos a descansar.
Cuando los Dioses chocan
Entonces llegó Set con sus fuerzas, alertado de nuestras
actividades. Estábamos cansadas y nuestra magia se encontraba débil.
En nuestro mejor momento no hubiésemos podido superar aquellas fuerzas,
y sabíamos que estábamos condenadas. La primera en morir fue
mi hermana, cuando un celoso Set le arrancó el corazón aplastándolo
con una sonora risa. Yo me quedé en pie, intentando reunir todo el
poder que pudiese y preparada para lo peor.
Pero el rey renacido atacó, y los dos hermanos lucharon con todo su
poder. Sus seguidores entraron también en la liza. Algunos de los seguidores
de Set, al ver al magnífico Osiris huyeron aterrados, nuestros camaradas
cambiantes lucharon con bravura y fiereza atacando a los chiquillos de Set.
La Tierra se estremeció bajo el conflicto, y los chiquillos lloraron
y los perros aullaron en varias millas a la redonda.
Y de nuevo prevaleció Set. Osiris murió otra vez, su forma consumida
por fuego mágico. Sus pocos seguidores supervivientes fueron derrotados
por el número superior de los Setitas y los cambiapieles murieron casi
hasta el último de ellos. Me quedé con los últimos supervivientes
de los hijos de Osiris desafiando la vengativa serpiente que se burlaba con
el ojo robado a mi hijo. Invocando el nombre de Ra ataqué a Set con
toda la magia que conocía. Fuerzas Elementales convergieron sobre él
y los espíritus le desgarraron, y su sangre se derramó en torrentes.
Pero se rió de mi poder y me derribó al suelo.
Horus, el vengador
Pero la salvación llegó en el último momento.
En pie frente a Set, desafiándole, estaba mi hijo, Her-Nedi-Tef-Ef:
Horus, el vengador de su padre. Su cuerpo yacía todavía envuelto
en lino, pero su Ka, liberado por obra del gran rito, se mostraba equipado
para la batalla, armado con un gran cuchillo, y brillando como ascuas. Horus
golpeó a su tío con el cuchillo repetidamente, hasta acabar
castrándole: después, cuando el debilitado y sangrante Set se
retorcía en el suelo y muchos de sus seguidores huían cobardemente,
Horus cogió su ojo, aun en la mano de Set. Abrió el órgano
con un gesto y liberó su Ba: en ese momento, su Ka empezó a
desvanecerse. Y Set yacía allí, retorciéndose. Pero pudimos
ver que ya se estaba curando, así que los pocos supervivientes aprovechamos
la oportunidad para huir. Los hijos de Osiris usaron su preternatural velocidad,
yo recurrí a la poca magia que me quedaba, y Mestha se llevó
el cuerpo de Horus. Set se curó rápidamente y mató a
todos sus chiquillos para que ninguno pudieran contar la historia de su derrota...
pero un bubasti sobrevivió escondiéndose entre los cañaverales,
para referir más tarde la cobardía de Set.
Pasé días oculta con el cuerpo de mi hijo, en el desierto conocido
ahora como el Sinaí. Estábamos protegidos por el pueblo chacal,
llamado también se mueve en silencio, pues yo era amiga suya y Thoth
les había avisado de nuestra llegada. Mestha volvió a su granja,
pues aunque era un renacido, pocos conocían su secreto, y no era probable
que Set reparase en el granjero inmortal.
Con el paso de los días observé como se curaba la retorcida
forma de mi hijo, amenazando con reventar su envoltura de lino al restaurarse
su cuerpo. Horus se parecía mucho a su padre, y pronto recuperó
su majestuosa estatura. Entonces, una noche, mientras yo buscaba el consejo
de los caminantes silenciosos mi hijo renacido entró en nuestra tienda,
con sus vendajes funerarios colgando del cuerpo completamente restaurado.
Aquella noche volvimos a hablar de venganza, y juramos que lo que no habíamos
conseguido todavía, la destrucción de Set, sería conseguido
finalmente. Si no entonces, algún día en el futuro. Pero no
era una simple revancha política, combatíamos a un poder de
las tinieblas, un general en el ejercito de Apofis.
Horus había dejado de ser el infante que seguía las palabras
de su madre y su tía. Era un verdadero caudillo, alto y fuerte como
su padre y dotado de vida eterna. Había muerto como un muchacho y volvía
como un hombre.
Yo hice mi parte. Reuní en torno mío a hombres y mujeres con
talento para la magia y me convertí en su mentora como Thoth hizo conmigo.
Algunos de ellos, según vi, solo podían aprender los rudimentos
del poder: aprendieron Ren-hekau, la magia de los nombres, junto con la artesanía
de los talismanes y amuletos, y las pociones alquímicas. Otros pocos
despertaron de veras, como habíamos hecho Nephthys y yo. En ellos desperté
el amor y el conocimiento de Ra, que ardía brillantemente en su interior.
Les di el hechizo de la vida, para que no fuese olvidado y para que Horus
tuviese aliados y amigos en caso de que alguna vez tuviese problemas para
resucitar.
Yo, Isis, soy ahora una anciana: hace mucho tiempo escogí no recibir
los grandes ritos, para unirme cuando muriese a mi esposo y mi hermana en
el Duat, y dar consejo y ayuda a mi amado tal y como lo hice tanto hace tanto.
Rezo porque Ra conceda éxito a mi hijo y que este libere nuestra Tierra
de la sucia mancha de Set.
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aportado por: Rodrigo de Luca - Vitae Oscura
Para: La Biblioteca Vampiro
Bibliotecario: Santiago Giovanni