Historia de Amor

No sabía por qué, pero esa mañana se había levantado antes de lo normal. Eran las nueve y no comprendía como podía estar nublado un día de Agosto. Fue a ver la televisión y solo encontró dibujos animados y alguna telenovela que seguramente estaban reponiendo. Pensó en aquel tiempo que le gustaban los dibujos como a nadie, hasta tal punto que se sabia todos los horarios, y comprendió que había crecido. He cambiado, se dijo sintiéndose más maduro por el hecho de decirlo. Apago la televisión y se dispuso a dormir, pero no podía. No sabia que hacer, hasta que decidió pasear. Nunca antes había paseado una mañana de Agosto mientras las minúsculas gotas de la leve lluvia cubrían su rostro como si fuera polvo mágico sacado del país de Nunca Jamás. Se sentía feliz, lloraba, pero sus propias lagrimas le decían que debía ser feliz. ソQué me pasará hoy?, se dijo mientras esbozaba una sonrisa. Extendió los brazos, y mirando hacia el cielo rió abiertamente.

-ソTe pasa algo?- una voz rompió su estado de Nirvana y lo devolvió a la tierra demasiado rápido, por lo que estuvo perplejo unos segundos, segundos que permaneció bajo la mirada de una extraña.

-No- contestó secamente- ソQuien eres tu?

-ソPara qué sirven los nombres? -dijo la extraña mientras giraba sobre si misma- El alma no está ahí.

-Para llamarnos y saber como pedir cosas a la gente. Además no te he preguntado el nombre, te he dicho quien eres.

-Me llamo Eva- contestó sin perder su sonrisa- ソY tu?

-Alberto- Se fijó en sus ojos que no le dejaban ni un momento y vio que eran preciosos. Eran unos ojos que parecían de cristal con un color verde al fondo que te dejaban embobado. Su pelo de color negro hasta los hombros le daban el aspecto de una pobre chica de pueblo que no había roto un plato en su vida. Llevaba vaqueros y zapatillas de deporte, y una camisa de color blanco de manga larga.

Alberto se sintió estúpido con su camiseta de la NBA de Michael Jordan, vaya ya no soy tan maduro como creía, debió pensar, porque al momento invitó a Eva a pasear como para defenderse de la injusta acusación de que aún era un niño. Ya llevaban un buen rato paseando cuando llegó un brusco silencio. Alberto se puso nerviosísimo ya que estos momentos de silencio le resultaban incomodísimos, y encima con ella, pensaría que es un infantil y que no sabia llevar una conservación madura. Los segundos se le hacían eternos así que se decidió:

-ソViste la película de anoche?-

-No, no veo la televisión, no me gusta- Otro batacazo para el ego de Alberto, pero que ocurrencia que alguien tan inteligente como Eva pudiera haber visto una película de acción, sin un argumento considerable y con la violencia y el sexo como únicos ingredientes. Ya perdía dos a cero y tenía que remontar. Seguramente estuvo leyendo un libro sobre el alma y la filosofía, o algo así. Pero el último libro que leyó fue uno que le mandaron en clase y del cual no recordaba el libro, por lo que eso no valía.

-ソHas leído algún libro últimamente? -preguntó Eva, siempre con la sonrisa que le dejaba fuera de combate.

-No, bueno si... uno de ecología que me mandaron en el colegio, pero no recuerdo el nombre. ソY tu?- Estaba mejorando, tenía que llevar la conversación. Ese "ソY tu?" haría que no se hablase de lo que él había leído, sino de lo que ella leía. Pero ella hizo caso omiso a la pregunta y dijo:

-ソEcología...? no tienes pinta de estar concienciado ,pero bueno, las apariencias engañan. - En ese momento estalló una tormenta. Los dos se quedaron mirándose mutuamente, sin moverse lo más mínimo. A medida que se acercaban sus rostros, la tormenta se hacía cada vez más fuerte. Sus labios se fundieron en un alma y Alberto se estremeció, la piel se le quedó de gallina pero ni el mismo lo notaba. No tenía ni idea del tiempo que había durado el beso, le parecía una eternidad, pero una eternidad que había durado una vida. No entendía como había sucedido aquello, durante unos momentos se había sentido en otro mundo y ahora, tras el beso, se sentía otro. ソQué sería esto?

-ソCrees en el amor?- Preguntó Eva sin dejar de mirarle. Ahora lo comprendía todo.

-Si, te quiero, estoy seguro. Te quiero.- la voz de Alberto era increíblemente convincente. Volvieron a besarse. La sensación fue la misma.

Se sentaron en un portal. Los dos juntos, abrazados, miraban el parque inundado por la lluvia. Parecía que mirasen otro mundo. El mundo de los demás. El suyo era mucho mejor que el del resto de las personas. Ahora contemplaban, tras una capa de agua cristalina, un paisaje que les había acompañado durante muchos años. El parque, que ya era en su mayoría una gigantesca charca, les daba la despedida. Los columpios se balanceaban diciendo adiós.

Eva salió disparada hacía los columpios. Alberto sintió durante un segundo que se escapaba para volver a su antiguo mundo, pero comprendió que solo estaba celebrando la victoria. Salió detrás de ella y riendo abiertamente, soltando carcajadas, corrió tras su amor. Se abrazaron y cayeron en el barro del parque.

Se besaron y estuvieron allí un buen rato. Pero su antiguo mundo no podía dejarles en paz. Una voz llegó con potencia del otro lado del parque. Digirieron sus miradas, hasta ahora solo utilizadas para mirarse el uno al otro, hacia la procedencia de la voz. Una figura venía rápidamente hasta estar sobre sus cabezas. Llevaba un chubasquero amarillo canario que solo dejaba al descubierto una cara vieja y arrugada pero con mucha vitalidad aún.

-Pero chavales... ソCómo se os ocurre revolcaros por el barro con esta lluvia? - una mano se les acercó invitándoles a volver a su antiguo mundo.

No es cuestión de ser un extraño para los demás, pensó Alberto. Le cogió la mano y ayudó a levantarse a Eva.

-ソAlberto?- La voz parecía extrañada- Nunca me hubiera imaginado que fueras tu.- Una carcajada salida de la vieja dentadura de aquel personaje, desconcertó a Eva. Pero si la carcajada no le afectó, casi ni se percató, a Alberto le hizo explotar, se estaba atreviendo a tocar su mundo y encima le trataba como un chico de lo más normal, él ya no era normal, al menos desde esta mañana.

-Lo siento- Respondió de forma seca. E inmediatamente se volvió y se fue con Eva de la mano dando grandes pasos y con la mirada fija. Le había estropeado la aventura. Ese viejo metesentodo.

-Oye Alberto, ソDónde vamos?- esas cuatro palabras le hicieron frenar en seco.

-No lo se, me he puesto nervioso.- Alberto dio la sensación de rendirse pero Eva estaba allí para que volviera a levantar cabeza.

Mira- dijo Eva con su voz tan suave como siempre.- nos hemos pasado. ソQué te parece si nos duchamos y nos vemos de aquí media hora en el bar?

-Te quiero- Cada uno se fue a su casa.

Llegó a su casa y comprobó que su madre ya se había ido. "Menos mal" pensó "Si le tengo que explicar que he hecho desde las nueve por ahí, me da algo" Entró al cuarto de baño y se vio en el espejo. Se sentía como un guerrero que vuelve a casa tras muchos años, y ahora es mucho más fuerte e inteligente. Cuando se desnudó ya no veía el cuerpo de un adolescente sino el de un hombre. Miró el reloj y pensó que estaría haciendo Eva. Ni se imaginaba que Eva estaría sintiendo lo mismo que Alberto. Les parecía un amor eterno, un amor de verdad, pero no sabían que aún eran jóvenes, y el suyo era un amor de jóvenes, caprichoso e inestable como una pluma en caída libre, que no sabes hacía donde va a ir ni donde caerá.

Pero nada de eso sabían, al menos no querían saberlo. Eran

felices, entonces, porque estropearlo siendo racional. Vivían en el Carpe Diem, vive el momento, aprovecha la vida.

La extraña sensación que habitaba en Alberto le estaba dejando sin espacio para los sentimientos anteriores a Eva. Le estaba comiendo todos sus pensamientos y ocupando su corazón.

Volvió a mirar el reloj y a pensar en ella, ソQué estaría haciendo? ソEstaría pensando en él? Quiso pensar que si, y se sintió mucho mejor, que grata la sensación de sentirse querido. Pensó en lo afortunado que era, y por un momento fue la persona más feliz del mundo, estaba por encima del resto de la gente. Pero le llegó una nube sobre sus pensamientos: esto no podía durar siempre, era imposible, no podía sentirse toda la vida tan feliz, algo pasaría. Se tenía que marchar, ya era la hora.

Capítulo 2

Carlos estaba interesado en lo que cualquier chico de su edad está interesado: fútbol, diversión, chicas,... todo en lo que piensan los adolescentes de medio mundo, solo que a él le interesaba mucho más, era su vida. Con un interés de tal magnitud pronto buscaría nuevas metas, lamentablemente equivocadas.

Era finales de Agosto y el día era soleado.

-Carlos, esta noche nos vamos de fiesta. ソQué dices?ソ Te apuntas?. -La voz de su amigo Andrés expresaba ansiedad, daba la sensación de que en cualquier momento pudiera explotar.

-Pero si hoy es jueves, tío. -Contestó Carlos- Mañana hay que venir a recuperar.

-Ya, pero tenemos descuentos para hoy. Además hacen desfile de tías en bañador. Yo no voy a ir al examen. De todas formas no tengo ni zorra. -Replicó Andrés.

-La verdad es que es un buen plan. Me apuntó. -Dijo Carlos- Ya veré lo que le cuento a mi vieja.

Durante el camino a casa se preguntó que decir. El examen de física y química ya lo había dado por perdido hace mucho tiempo, pero su madre creía que lo iba a aprobar. Pensó en decirle que se iba, que el examen era imposible de aprobar y que daba igual, pero se podía ganar un castigo por decir esas "irreverencias" a sus padres. Se decidió por lo típico: iría a estudiar a casa de un amigo y se quedaría a dormir. Deseó que su madre no le pidiera el número de teléfono de la casa donde iba a ir, aunque, ya pensaría algo.

Durante la cena, Carlos estuvo callado, no pensaba en esa noche de alocada juventud que se le venia encima, sino en todas las mentiras que le había dicho a su madre, se dio cuenta de que ya estaba haciéndose un hombre pero ni quiso reconocerlo, así que se fue a "estudiar":

-Hasta luego mamá- y salió con su bolsa de la escuela llena de ropa y gomina. Llegó a casa de Andrés para cambiarse, era una suerte que sus padres hubiesen salido. Habían quedado con los demás en la puerta de un bar. Cuando llegaron todos se subieron a las motos y se dirigieron hacia la discoteca. Carlos iba de pasajero en la moto ya que se quedaba a estudiar supuestamente en casa de Andrés, y gracias a esto pudo ver el paisaje, cuando llegó a la discoteca estaba en estado de depresión adolescente.

"Vaya mierda"- pensó- "Una vez que vengo aquí, y tengo que pillar una depresión"

La noche empezó bastante bien, vieron un bar donde la bebida iba bastante barata y entraron a la discoteca algo contentos. Algunos de sus amigos iban dispuestos a dar la nota: cantaban todas las canciones chillando a pleno pulmón, corrían de un lado a otro y aullaban a las chicas que pasaban por delante. Carlos se iba separando del grupo a medida que transcurrían los minutos. Acabó sentado en un banco con una botella de licor que había colado dentro. Cuando solo quedaban dos dedos de licor se le acercó alguien y se sentó a su lado. Carlos tardó un poco en reaccionar, cuando consiguió mirar a los ojos de esa persona dudó si estaba borracho del todo o eso era real. No se le ocurría nada que decir, tampoco lo intentó, estaba en el momento más feliz de su vida. Hasta que fue ella quien dijo:

-Si sigues mirándome así creeré que quieres algo conmigo- Carlos despertó de su propio nirvana y dijo simplemente:

-Sí- Ella le miró a los ojos de igual forma que él y le besó. Carlos no sabía que hacer, no se imaginaba que una tía así pudiera sentirse atraído por él, sus amigos chillaban y de alguna forma se sentían envidiosos de Carlos. ソCómo era posible?

Durante toda la noche Carlos no pensó en nada más que en aquella chica. Estaba tan seguro de que ella era su amor que ni siquiera le preguntó su nombre, sólo a la hora de despedirse se le ocurrió preguntárselo: Aquella noche había conocido a Eva.

Vaya semana que llevaba, había conocido a dos chicos y estaba tan confuso como el que más. Estaba tumbada en su habitación con música alta, tenía miedo de que alguien oyera sus pensamientos y así de paso no podría oír ni el teléfono ni la puerta, no tenía ganas de hablar con nadie. Su habitación, como a todos los jóvenes, le parecía un refugio infranqueable y de ahí sus enfados cuando alguien entraba sin permiso. Sostenía los peluches sobre su cuerpo mientras recordaba las caras de Alberto y Carlos. -"ソQué he hecho?- pensaba, y cada vez que pensaba en ello, apretaba sus peluches con más fuerza. Miró la cara de ese gato con ojos de plástico y pensó en su infancia.- "Qué fácil era toso entonces"- se dijo, y quiso volver una semana atrás, bueno, mejor unos ocho años. Tendría once años y podría volver a empezar y cambiar decisiones que en su momento había hecho y de las cuales no estaba orgullosa. Pensó en todas las cosas que había hecho en su adolescencia y lo que hubiera pasado si no lo hubiera hecho así, hasta que llegó a la semana pasada y no supo si lo que había hecho estaba bien o no. Pensó que si solo hubiera conocido a un chico sería la más feliz del mundo, no sabía cual de los dos era ese chico pero sería feliz. Los dos la habían conquistado con una mirada y, pese a la diferencia de personalidades, esa mirada era la misma: los ojos de Alberto y Carlos, cuando la miraron por primera vez, miraron igual, daban la sensación de una pureza sin igual, Eva pudo ver su alma a través de ellos. Tardaría en descubrir cual de los dos era el verdadero amor de su vida, si es que lo descubría. Estuvo tanto tiempo pensado en ellos que acabó dudando de si todo había sido un sueño, para cuando decidió que era real ya habían pasado dos horas desde que se tumbó a meditar. Cuando se levantó parecía que caminara en sueños.

Eva se había considerado una chica bastante corriente hasta que conoció a Alberto, después de ese día, se sentía la más feliz del mundo, pero conoció a Carlos tres días después y todo se complicó. No sabia que hacer, no sabía si decir algo pero lo normal era estar solo con uno de los dos. Lo pensó desde todos los puntos de vista posibles, hasta que se dio cuenta de que el corazón no admitía soluciones lógicas, así que decidió posponer la decisión, pero no podría aguantar sin ver a ninguno de los dos, saldría con Alberto y con Carlos. "Que sea lo que Dios quiera"- pensó.

Llamó a Alberto y quedó con él en el parque donde se conocieron. Mientras se arreglaba pensó lo que pasaría, normalmente llevaba ella la conversación y en esta situación no sabía si sería capaz de ello. Llegó a la cita cuando Alberto llevaba cinco minutos esperando. Él se fue hacía ella y la besó, Eva sintió una sensación extraña, como si no se mereciera ese beso y estuviera escondiendo ese hecho, el ser besada cuando ella creía no merecérselo le hizo querer más a Alberto, poco a poco se acostumbró a guardar ese secreto y lo más difícil, a vivir con él. Pero recordaba cuando le dijo que nunca habría secretos entre los dos, cada vez que pensaba en ello se le ponía la carne de gallina. Era más difícil de lo que parecía. Al rato de estar hablando se quedaron mirando el parque desde el mismo portal desde donde Alberto creía ver el otro mundo. La imagen era visiblemente diferente, si bien la actitud de ellos era diferente de la primera vez, ya que ahora el que estaba tenso era ella y no él, la del parque también lo era: no había llovido desde entonces y la tierra rojiza estaba seca, los niños que jugaban, alegraban el viejo color gastado de los columpios, bastante triste cuando el parque estaba vacío. El sonido de la gente hablando en un tono alegre no hacía más que provocar el odio en Eva, pensaba en lo que equivocado que estaba el resto del mundo, eso no era la felicidad, era un sentimiento parecido al de Alberto en su primera cita. Se fijó en el pequeño bosque que había detrás del parque, le parecía más tenebroso que nunca, en lugar de admirar su oscura profundidad como algo misteriosamente bello lo veía como un bosque a punto de morir, le parecía viejo y horrible. Los abetos con ardillas y los chopos no creaban esa sensación de campo que el alcalde potenciaba tanto.

La tarde llegó a su fin y Eva se tumbó en su cama y sintió la necesidad de masturbarse, no sabía el por qué, pero aquella situación la excitaba, así que cerró la puerta e introdujo la mano por debajo de sus bragas. Con la otra mano se acariciaba el pecho, cuando se metió el dedo y empezó a frotar el clítoris se sintió mejor que nunca. Aceleró el ritmo y empezó a jadear más fuerte de lo normal, estaba disfrutando mucho más que las anteriores veces. No quería que acabará ese placer así que hizo que durase lo más posible. Finalmente acabó, pero no se movió de la cama ni apartó las manos de su lugar. ソPor qué acabar con esa sensación que la relajaba tanto?

Al rato decidió levantarse y ver la televisión un rato hasta que llegasen sus padres.

Capítulo 3:

Alberto se estaba mirando al espejo fijándose más que nunca en sus rasgos. "Estoy cambiando" pensó, nunca antes se había visto objetivamente, esta vez creía ver a un hombre en el espejo, un hombre enamorado. Su cuerpo desnudo derrochaba inocencia, pero él se veía como un hombre. Decidió vestirse y dedicarse a hacer lo que solía hacer desde hace unos días: pensar en Eva mientras el tiempo hacía su trabajo. Pasó más de media hora sin imaginarse que la persona en la cual pensaba estaba pensando en él, pero no de la misma forma sino sufriendo, ella sufría por sentir demasiado amor. ソCómo puede doler el enamorarse? Eva estaba segura de que podría aguantar unos días, pero ソY después? No lo sabía, el destino decidiría por ella.

Mientras tanto Carlos tenía su propia discusión: ソEra ella especial o no? Cada vez que sus amigos le hacían bromas sobre su forma de haber ligado, estos les parecían más infantiles y ella mejor. Aunque por supuesto, él seguía las bromas de sus amigos; no podía evitarlo, era la fachada que cada uno tiene para protegerse.

Aquella tarde se la pasaron pensando en la personas de las que se creían enamoradas pero sin pensar siquiera en llamarse.

La noche estaba sustituyendo al día, y en aquel crepúsculo tres corazones no daban cabida a más sentimientos, corazones llenos de alma de otras personas se sentían impotentes ante tal envergadura de pasión.

Mientras el cielo se teñía de rojo antes de hacerlo de negro, los árboles que cortaban el horizonte con sus copas se oscurecían y formaban un único cuerpo que cubría la tierra bajo su manto. El viento soplaba produciendo un silbido agudo y penetrante. Agudo y penetrante como el proyectil lanzado por el amor, clavado en el corazón de tres jóvenes sin defensa alguna para esta arma tan potente y generalmente efectiva. Las nubes tomaban el cielo en toda su extensión dejando un color grisáceo a su paso. Sin duda iba a llover, un clima perfecto para poder pensar.

La noche pasó y al llegar el día, el sol brillaba con poca fuerza pero con nitidez. Un clima perfecto para actuar.

La noche había borrado, por el momento, los pensamientos de los tres con un sueño renovador en todos los casos. Alberto se levantó con ganas de vivir, decidió llamar a Eva para quedar, y aunque era bastante pronto ella ni siquiera se sorprendió; quería verle y autoprobarse de nuevo. Llegaron a la cafetería casi al mismo tiempo y pasaron una mañana bastante relajada en la cal Eva empezaba a sentirse mejor, sin tanto temor y eso le daba miedo; ella no quería ser así. Cuando llegó a casa, Eva pensó en Carlos, y él creía que fue solamente un rollo de una noche, eso sería perfecto, pero ella no pensaba eso y sabía que tenía que verle.

Mientras tanto Carlos pensaba lo mismo que ella, quería verla pero no se atrevía a contactar con ella. Todo cambiaría después de su segundo encuentro.

No solía estar mucho tiempo sin hacer nada específico, ahora estaba tumbado en la cama pensando: sin música ni televisión, eso no era muy normal y él lo sabía.

Carlos decidió que ya era hora de despejar la duda y en una acción totalmente contraria a sus sentimientos se dirigió a casa de Eva, sabía más o menos por donde vivía. Cuando encontró la casa se paró en seco y recapacitó: "ソQuien soy yo para exigir nada a nadie? ソY si me envía a la mierda?" Se pasó unos minutos mirando la puerta y se decidió a llamar cuando oyó ruido dentro de la casa y como si de una señal se tratara se puso firme como un soldado en su primer día de reclutamiento: tembloroso aunque tratándolo de evitar mirando fijamente un punto concreto, en este caso la mirilla de la puerta de la casa de Eva. La imagen debía ser realmente cómica ya que cuando la madre de Eva abrió la puerta le estaba mirando con ojos de no haber visto nunca a un chaval de dieciséis años.

-ソQuerías algo?- preguntó la madre sin quitar esa mirada tan extrañada. Carlos se dio cuenta y se puso tan nervioso que no le salían las palabras y tras tragar saliva contestó:

ソEstá Eva en casa?- y como tratándose de disculparse agregó- Es que tenía que decirle una cosa ソSabe? - La madre de Eva estaba disfrutando con ese espectáculo gratuito e improvisado. Carlos no cesó de mover las manos ni un momento y se rascaba constantemente con tal de no estar quieto. El nerviosismo no fue menor cuando la madre le dijo que si estaba, que pasara a su cuarto. Carlos avanzó con cautela, caminando lentamente para no parecer ansioso pero justo antes de llegar a la habitación pensó en que si ella estaría con alguien o si se enfadaría por entrar en su casa por la cara. Llamó a la puerta y cerró los ojos mientras esperaba oír la contestación, por fin la oyó y su voz sonó angelical, se sentía como si hubiera pasado de pantalla y hubiese llegado a la final. Entró y vio como Eva se sorprendía, él se alegró al darse cuenta de que ella parecía contenta de verle.

-ソCarlos? No esperaba verte tan pronto- su voz seguía sonando igual de bella, pero mucho mejor acompañada de aquel rostro tan maravilloso.

-Tenía ganas de verte- Carlos ya estaba más tranquilo y se sentó junto a ella tras el gesto que le hizo.

-Yo también- dijo ella. De repente sin dirigirse una sola palabra se quedaron mirándose a los ojos y los dos sintieron el mismo deseo de amor que cuando se conocieron. Cerraron los ojos y se besaron durante largo tiempo, ella se tumbó sobre la cama y él, encima de ella, no paraba de besar sobre su cuello y cara. Eva empezó a desabrocharle los botones de la camisa besando su pecho, él hizo lo propio con la camisa de ella, inmediatamente después le quitó el sujetador y observó su pecho firme y juvenil. Los pezones de Eva eran rosados y Carlos los notó irresistibles, empezó a besar y lamer con la lengua mientras ella suspiraba cada vez más rápidamente y se mordía los labios. Eva se incorporó y se quitó la camisa por completo, Carlos se quitó la suya justo antes de que ella le empezara a desabrochar los pantalones, él nunca había hecho esto pero se dejó llevar y acabó de quitarse los pantalones, mientras ella se desnudaba por completo él se colocó el condón y siguió acariciando los suaves pechos de Eva, bajó un poco más y frotó la pelvis introduciendo poco a poco el dedo. No estaba seguro de cuando sería el momento adecuado así que se dispuso a llegar hasta el final en ese instante. Eva abrió las piernas y él lentamente introdujo el pene cada vez con más fuerza hasta que llegó a un movimiento continuo. A medida que se acercaba al orgasmo aceleró el ritmo hasta la explosión final. Se dejó caer al lado de Eva sin nada que decir, no se le ocurría nada digno que decir ante algo tan maravilloso. Eva rompió el silencio-

-ソEs tu primera vez?-

-Sí, ソy la tuya?- estaba relajado y se sentía a gusto.

-Sí, también. ソQué te ha parecido?- la voz de Eva expresaba su propia respuesta, al igual que su rostro, el cual parecía iluminado.

-Ha sido maravilloso, ソVerdad?- Eva asintió con la cabeza y le besó en la mejilla. Carlos estaba pletórico de felicidad.

-Quisiera estar aquí toda la vida- Carlos empezaba a disculparse por tener que irse- pero, tengo que irme . Lo siento.

-No te preocupes- dijo Eva- yo también me tenía que ir.

Se despidieron sin nisiquiera quedar para una próxima vez. Carlos no lo necesitaba, esperaría lo que fuese. Eva no quería, volvía a tener miedo.

Los planes de Eva no eran ni eso. Quería estar sola, lo necesitaba. Era paradójico pero a medida que se enamoraba más y más de dos personas a la vez, necesitaba más tiempo para ella misma. Así que como de costumbre se fue a pasear por lugares donde nunca había estado. Se sentía mejor si actuaba como otra persona e irse lejos la hacía sentirse así.

Ya llevaba un rato paseando cuando oyó una voz lejana y ahogada. Alberto venía corriendo con una gran sonrisa en la cara. Sonrisa que daba a entender la ingenuidad de la que tanto él como Carlos pecaban.

-。Eva! Espera. Quiero hablar contigo- su voz sonaba ahogada pero irremediablemente feliz. Pero cuanta mayor era la felicidad de él, mayor era la sensación de culpable de ella.

-ソAlberto?-de nuevo la careta de felicidad completa- ソQué haces tú por aquí?-Alberto la cogió por la cintura e, intentando imitar un paso de Tango, se inclinó sobre ella con torpeza.

-Te quiero. Estoy seguro- Alberto había aprendido a decirlo sin pestañear y estaba orgulloso de ello. Se lo decía a cada momento y Eva se sentía peor que antes.-ソPaseamos?- ya había recuperado el aliento.

-Claro- contestó ella. Ya estaba acostumbrada a estas situaciones, siempre que la conversación no tuviera direcciones poco convenientes.

Capítulo 4:

Era sábado por la mañana y Carlos era feliz, simplemente feliz. Miró por la ventana y vió un típico sábado. La gente iba de un lado para otro llevando la compra, los niños y hablando de todo lo acontecido por la mañana, la bulliciosa actividad estaba presente allá donde miraras. Los abuelos de todos esos niños que correteaban por ahí con cualquier excusa se limitaban a estar sentados en en banco dejando que el Sol les acariciara la cara, Carlos, que hasta entonces los había visto como molestos viejos, comprendió que las cosas sencillas pueden tener más valor de lo que se cree. Sintió una repentina necesidad de notar el Sol en la cara. Era feliz.

De repente sonó el timbre. Andrés le estaba buscando para jugar un partido de fútbol esa misma mañana, tendrían que jugar contra unos amigos de su primo. Rápidamente se cambió y bajó. Una vez en el portal vio a bastante gente que no conocía, pero no le importó, un partido de fútbol sirve para hacer amigos fácilmente. Lo que no sabía era que entre esas personas se encontraba alguien con el que tendría una relación especial, su nombre era Alberto.

Después del partido, donde ni Alberto ni Carlos se fijaron el uno en el otro, se fueron al bar a tomarse unas Coca-Colas y hacer tiempo para la hora de comer.

Alberto estaba cansado después del partido, así que después de comer decidió hacer la siesta. Se puso un poco de música y se tumbó en la cama. Se durmió mientras oía una canción en inglés que decía:

"Quédate conmigo toda la noche y te haré libre. Porque puedo decirte que una vez fuiste hermosa. Triste rosa has perdido tus pétalos y el brillo de tu tallo. Necesito un amor que me ayude a encontrar mi camino, necesito una fuerza que no pueda traicionar, necesito una palabra para decir lo que no puedo decir, necesito un amante. ソA Qué estamos esperando?"

ソRealmente necesitaba él un amor? Si, estaba seguro y ya lo tenía. Se llamaba Eva. Como venía haciendo últimamente después de comer se asomó a la ventana. Notó que se había levantado una pequeña brisa, miró al cielo y lo vio encapotado, a punto de explotar. Se veía que iba a llover. "Vaya, con el día tan bueno que hacía esta mañana" pensó Alberto, así que decidió no desaprovechar la tarde y salió fuera de casa. Como si de una carrera se tratase se dirigió al parque donde estuvo con Eva el primer día. En un pretendido acto de regresar el pasado, aprovechó el día lluvioso que se avecinaba para simular aquel día, aunque ni él mismo lo sabía, simplemente quería estar allí.

Llegó con las primeras gotas de lluvia al tiempo que vio una pareja entrando en el portal donde estuvo con Eva. No le dio tiempo a ver quien era pero fue allí porque se estaba mojando. Cuando llegó vio una mano cerrando la puerta. No vio más porque el cristal era negro. Pero al otro lado del cristal si que se veía el exterior, y lo que vio Eva era algo que la dejó sin aliento. Había estado a un segundo de coincidir con Carlos y Alberto. Se quedó paralizada un momento mientras Alberto se sentaba en el portal y se cogía de las rodillas.

La tormenta estaba aumentando su intensidad y empezaba a ser más que tormenta, diluvio. Cuando Eva se estaba girando para subir a casa de Carlos oyó un gran estallido detrás de ella, se giró y vio el tobogán de los columpios totalmente chamuscado. En las décimas de segundo que tardó en decidir que debía dejar entrar a Alberto otro rayo cayó en los columpios. Los tres vieron un hierro con fuego en su punta acercarse hacía ellos. Era una visión a cámara lenta hasta que chocó violentamente con el cristal del portal haciendo este añicos. Durante un segundo nadie reaccionó. Alberto miró lentamente hacia la puerta , al mismo tiempo que observaba de abajo a arriba a las personas que acababan de entrar. Cuando llegó a ver las caras se quedó de piedra.

-Eva , ソQué haces aquí?- su tono no era de sospecha sino de curiosidad y trató de que su respuesta no fuera sospechosa para ninguno de los dos, aunque solo tenía unos segundos para contestar pudo evitar crear la confusión.

-Carlos ソestás bien? ソTe has hecho daño?-se agachó para ayudarle a levantarse, y sin un momento para reaccionar dijo:

-Vamos que te llevo a tu casa- rápidamente se fue corriendo con Alberto mientras decía a Carlos que ya le llamaría. Otro rayo devolvió a Carlos a la realidad, aún estaba pensando en la forma de mirar que tenía ese chico a Eva. Entró en casa.

El incidente pasó y Eva se explicó que era hijo de unos amigos de sus padres y que era muy propenso a las enfermedades. Carlos se lo creyó y no pasó de ahí la cosa. Pero a Eva le dio mucho que pensar, más de lo normal.

La tormenta siguió durante días y los más escépticos empezaban a pensar, casi en el S.XX, que había llegado otro diluvio universal. Algunos brujos vendían relativamente barata la salvación al otro mundo.

Después de seis días en el pueblo no quedaba nadie; habían desalojado a todos y estaban distribuidos en hoteles y casas en la ciudad, a diez kilómetros de allí donde solo había llovido dos días.

Después de unos cuantos días, en los pueblos de alrededor dejaba de llover y tras una semana más solo quedaba un pueblo en el que seguía lloviendo. Alberto miraba la televisión en casa de sus tíos, preguntándose por qué estaría pasando eso en su pueblo.

El caso atrajo a mucha gente: científicos, meteorólogos y toda clase de técnicos se acercaron al pueblo para establecer su teoría. Había teorías de todo tipo: efectos térmicos, vientos, el ozono, incluso había gente que aseguraba haber visto una imagen de la Virgen María, se la bautizó como la Virgen del diluvio.

El pueblo prácticamente no se veía, inundado por el agua no era ya más que techos de las casas más altas y medio campanario que resistía la corriente pese a sus seis siglos de antigüedad.

Eva, sentada en la cama excesivamente blanda del hotel, no hacía más que darle vueltas a la situación del portal . Estaba segura de que ella hubiera sospechado, pero su juicio no era objetivo, ella lo sabía. Ellos no, al menos eso creía.

Viendo una de esas películas antiguas y subtituladas se sentía más inteligente e intentaba evadirse de la realidad. Realidad que no volvería hasta que no volvieran al pueblo. Ella no sabía donde estaban Carlos y Alberto, al igual que ellos no conocían su paradero. Por eso precisamente disfrutaba de esos momentos de soledad, era maravilloso. Incluso notaba en su corazón que no quería que el diluvio acabara jamás. Pero estaba segura de que acabaría igual que su secreto, y más después del encuentro.

Después de la película salió al enigmático bar del hotel. Parecía sacado de una película como la que acababa de ver, es posible que sea fuera la razón de su repentino interés por ir. La luz roja junto al humo del tabaco daban una sensación de relajación como en pocos sitios. Apenas se oía otra cosa que la suave música de blues que llenaba todos los rincones del local. La gente parecía disfrutar con ese silencio y solo se oía de vez en cuando algún comentario algo más elevado. Realmente se respiraba armonía entre la gente y el bar. Era el lugar ideal para Eva.

Se sentó en la barra y cuando aún no se había pensado que pedir acorde al ambiente, el camarero se le acercó y le preguntó que quería.

-ソQué me recomiendas?- La sonrisa de Eva dio a entender algo al camarero que Eva no tenía la más mínima intención de dar a entender. Así que mientras le ponía un combinado de extraño nombre a Eva, el camarero le dedicó una de sus mejores sonrisas. Inmediatamente le preguntó de donde era y a partir de ahí surgió una conversación que duró casi una hora y que solo era interrumpida por algún cliente, no muchos.

Después de servir un Wodka con limón a un ejecutivo engominado el camarero anunció que su turno había acabado y le sugirió la idea de seguir la conversación en otro sitio. A Eva le caía bien ese tipo y no pudo imaginarse ninguna mala intención por parte de este. El camarero la invitó a seguir la charla en su casa y Eva sacó la vieja excusa de sus padres. Pero no lo hacía por librarse de él -aún no quería irse- sino porque era verdad. Una sonrisa más y Eva cedió. Pese a ser bastante inteligente no pensó en la idea que tenía un camarero de hotel de lo que era tomar unas copas en su casa. Pronto lo descubriría.

Al momento llegó el otro camarero y saludo con una leve risa mirando a Eva. Los dos camareros parecían que entendían de que iba el asunto, Eva siguió la corriente, no sabía si fue los Martinis o que no quería saber de que iba el tema. Salieron del bar mientras que Eva observó como el ambiente del bar no había variado lo más mínimo durante toda la conversación, le parecía que el tiempo apenas había avanzado. Subió a un Ford Fiesta azul marino.

Capítulo 5:

La portada del compacto era verdaderamente extraña, una foto en blanco y negro de un vagabundo bebiendo de una botella de alcohol. En la botella había una etiqueta que mostraba la bandera americana. Le encantaba ver esa portada y leer las letras de las canciones se las había copiado y traducido todas, pero nunca había oído el disco.

Alberto estaba a gusto en casa de sus tíos, sobretodo porque se llevaba muy bien con su primo, con el que no había hablado mucho hasta entonces. Una de las mayores aficiones de este era la música y Alberto poco a poco iba entrando en ese mundo de guitarras estridentes que le fascinaba cada vez más.

Cogió el disco y lo puso en la cadena de su primo y eligió la canción que más le gustaba: Otro Nosferatu. Se tumbó en la cama mientras oía la letra fluir entre guitarras y golpes de batería:

Mientras te ves en el espejo, ソNo ves que eres como siempre has sido? ソNo ves que no has cambiado en nada? Te crees que dominas todo y que todo te pertenece pero no es así, tú eres solo otro más. Eres solo uno de esos mortales. Pero tu te crees otro Nosferatu. Vamos despierta, morirás y todos se olvidarán de tu nombre y será como si nunca hubieras nacido.

Observa a los demás y comprobarás que nunca los superaras si sigues creyéndote otro Nosferatu. Eres solo uno de esos mortales. Pero tú te crees otro Nosferatu. Vamos despierta, morirás y todos se olvidarán de tu nombre y será como si nunca hubieras nacido. No puedes ser lo que quieres. Nunca.

Alberto disfrutaba pensando en la gente que se creía superior y que tenían una canción dedicada a ellos sin saberlo.

Poco a poco se estaba aficionando a la música y en parte se debía a que no quería pensar en Eva. Estaba preocupado por ella, no sabía nada de ella desde que le dejó en casa después de lo del rayo. La última vez que la vio estaba demasiado alterada; era normal habiendo pasado lo que pasó, pero Alberto veía algo más. En los ojos de Eva había algo que no era preocupación pero que él no alcanzaba a comprender. Con el tiempo lo olvidaría y con más tiempo aún lo recordaría.

El tiempo pasaba lento cuando su primo no estaba y Alberto no tenía más remedio que pensar en Eva.

Pese al sol que presidía todo rincón de la ciudad, el viento golpeaba fuertemente los árboles, que luchaban por no ceder ante tal fuerza. La gente conseguía avanzar contra el viento pero los árboles solo podían resistir los golpes sabiendo que en un momento determinado cederán y toda esperanza de vida se habrá marchado para siempre. Alberto se sentía como uno de esos árboles, no sabía cuanto tiempo duraría en semejante situación. Quería caminar, incluso retroceder, pero no seguir así.

Una rama se desprendió de un árbol y Alberto sintió el dolor dentro de su corazón creyéndolo un dolor físico.

Era extraño notar como el cuerpo se vaciaba. Eso era lo que notaba Alberto dentro de si. Se levantaba cansado, por las noches no dormía y durante todo el día se sentía como un montón de carne inútil. Cada cosa que hacía le suponía un esfuerzo enorme, por eso cada vez más frecuentemente solía pasar cada vez más horas tumbado en la cama sin hacer nada. Se notaba pesado y vacío al mismo tiempo.

Ya no veía el paisaje al que estaba acostumbrado, aquellos árboles que tantos sentimientos le habían inspirado, esa línea de copas que cortaban al sol en su atardecer.. ahora solo veía uno pocos arboles finos como palillos situados en la acera para que los perros puedan mear, era detestable.

Carlos se volvió a asomar a la ventana, nunca había estado en un quinto piso. Le gustaba esa altura y se pasaba bastante tiempo mirando abajo. Se preguntó cuantos metros habrían hasta el suelo.

-Carlos- una voz potente vino de la cocina- ソQuieres merendar algo?

-No gracias- Carlos no se podía quejar, estaba en casa de unos amigos de sus padres. Tenía al hijo de esos amigos que era de su edad y con el que se llevaba muy bien y la casa era de película. Eran los amigos ricos de papá.

Carlos no tenía tanto tiempo como Alberto para pensar, por eso no le dolía tanto que Eva no estuviera. Sin embargo al llegar la noche descargaba todos sus sentimientos mientras trataba de dormir.

Mientras la luna entraba insinuante por la ventana y acariciaba el rostro relajado de Carlos, este soñaba como nunca lo había hecho, un sueño entre la fantasía y la realidad. Muchos días después aún dudaría sobre él y sobre su condición de sueño.

Una noche oscura sin estrellas ni luna, una noche negra. Carlos descansaba apoyado en un árbol sin hojas, probablemente muerto. Estaba esperando a Eva. El viento era frio y llegaba facilmente hasta los huesos, como si se colara por los poros de su piel, el viento atravesaba a Carlos el cual no sentía su corazón latir. A lo lejos oyó el crujido de hojas secas al ser pisadas. El sonido era de dos personas. De repente uno de los dos pasos se detuvo y la otra persona siguió andando. Carlos no podía ver quien venía, incluso cuando oyó una voz no logró interpretar su procedencia. La voz venía de detrás, delante, de los lados; venía de todo lugar y de ninguno al mismo tiempo.

-Carlos- repetió la voz. Seguía sin poder ver al que hablaba.

-ソEva? ソEres tú?- la voz de Carlos temblaba mientras otra ráfaga de viento le atravesaba.

Una nube dejó pasar a la luna y esta iluminó la escena con una luz ténue que solo mostraba sombras. Carlos vió la silueta de Eva con el pelo ondulando por el viento. Detrás de ella había una figura a unos cinco metros. Miraba hacia abajo con la manos en los bolsillos como si la cosa no fuera con él.

-ソQuien és?- preguntó Carlos.

Su espalda, extendida horizontalmente hasta ese momento, se dobló repentinamente mientras Carlos respiraba forzosamente. Estaba empapado en sudor y sus ojos miraban el vacio, aún veía esa imagen de su sueño. Mientras su cuerpo trataba de devolverle a la realidad su alma seguía en el sueño.

Volvió a la realidad y vió como en ese preciso instante la luna se escondía detras de una nube. El sueño empezó cuando salió y terminó cuando se fué.

La noche era fria y daba la espalda a cualquier tipo de amor. Distante como la luna, la noche miraba con indiferencia el débil corazón de Carlos. El mismo corazón que había descubierto el amor en manos del alcohol, que había vivido su primera experiencia sexual y había sido roto por un sueño. Todo con la misma mujer.

Carlos se levantó de la cama y se dirigió hacia el cuarto de baño. Sus pasos eran pesados y arrastraba los pies por el frio pasillo de baldosas de aburrido diseño.

Entró y encendió la luz para darse cuenta entonces de que estaba llorando. Se acercó al espejo y a menos de tres dedos de él intentaba convencerse de que solo era un sueño. Todos sus intentos fueron en vano. Él lo había vivido y sabía que los sueños no son así. Estuvo a punto de gritar pero en el último momento paró y expulsó todo el aire destinado al grito en un largo suspiro. Entonces dijo:

- Es una pesadilla.- sus palabras no resultaron convincentes y se dejó caer en el suelo abrazándose a sus rodillas para llorar cuanto hiciera falta.

Se durmió en esa posición y hacia las siete y media se despertó. Carlos se asomó a la ventana y vió la luz del Sol abrazando a todo lo que encontraba a su paso. Carlos vió en ese momento al Sol como la antítesis de la luna, el Yin y el Yan celestes. Mientras la luna le dió la espalda el Sol le abrazaba y le daba la enhorabuena por vivir en ese planeta al que alumbraba y daba calor cada día.

No tenía sueño así que estuvo tumbado en la cama hasta las nueve intentado encontrar la relajación que no encontraba desde esa noche. A pesar de la ayuda del Sol tampoco pudo encontrarla esta vez. Su corazón seguía roto y el seguía buscando ese pegamento que podría curarlo. Ese pegamento tenía un nombre: Eva.

A las nueve se levantó y fue a desayunar algo.

-ソCarlos?- la voz de su tio sonaba irónica- 。Qué tarde te has levantado hoy! ソNo?

-Ya ves- contestó Carlos- uno, que no puede parar de trabajar. Los dos rieron. Después su tio se fue a trabajar. Carlos esperó a que bajara su primo.

Por unos momentos estuvo bien pero tenía una imagen en su cabeza que no abandonaría por mucho tiempo. Por fin se despertó su primo.

Capítulo 6:

Tras un periodo de tiempo, difícil de comprender, en el cual había llovido incesantemente sobre el pueblo, la lluvia cesó de repente. El Sol salió e iluminó todo. Se reflejaba por todo el pueblo ya que este era un gran pantano con algunas fincas asomadas timidamente y mostrando como mucho uno o dos metros.

La noticia empezó a oirse en todos los sitiso donde estaban refugiados sus habitantes.

Eva se enteró de la noticia en el periódico justo despues de leer un artículo de opinión en el cual aparecía una historia como metafora de algun tema de actualidad. La historia contaba con una poesia para darle mayor fuerza:

El sueño ya no vendrá a este cuerpo cansado.

La paz no vendrá a este corazón solitario.

Hay ciertas cosas sin las que viviré

pero quiero que sepas que te necesito

te necesito esta noche...

...necesito a alguien que haga fácil pensar

pero a veces ese alguien es difícil de hallar

y haría cualquier cosa por mantenerla aquí hoy

y haría cualquier cosa para hacerla sentir bien..

Eva se sentía fuertemente conmocionada. Pensaba en Alberto y Carlos y se imaginaba esas palabras en boca de ambos y lloraba. Quería llorar y quería sentirse mal, se lo merecía. Se puso a escribir:

Querido Alberto:

Te quiero, ya lo sabes. Tú tambien me quieres y por eso tengo que escribirte esta carta. Mi corazón se siente corroido por algo que no quiero conocer, que no quiero tener cerca y mucho menos que esté en tí. Por eso, porque te quiero, necesito que leas esto y olvida si tuvimos algun futuro, pero no olvides el pasado que sí tuvimos. Eso no lo olvides, por favor.

Te quiere:

Eva.

Después escribió otra carta similar a Carlos. Permaneció sentada en la cama del hotel mirando las dos cartas escritas sobre papel reciclado con propaganda del hotel.

En su mente millones de imagenes se amontonaban y cada una de ellas provocaba más dolor que la anterior. Veía a Alberto bajo la lluvia, mojado y asustado era capaz de entenercer a cualquiera. También vió a Carlos sentado enb la discoteca borracho y con unos ojos que decían: "Esta vida es una mierda" al mismo tiempo que se perdían en el infinito. Vió a Alberto y Carlos en un portal con un trozo de hierro en la puerta y los dos llenos de cristales mirándose extrañados.

Eva cogió un mechero y prendió fuego a las dos cartas. Luego las lanzó por la ventana y pensó en olvidar ella.

Alberto se enteró de la noticia y todas sus preocupaciones desaparecieron, se sintió féliz. Por unos momentos pensó que tenía a Eva a su lado. Cerró los ojos y respiró profundamente.

Siguió leyendo, no prestaba mucha atención a lo que leía hasta que se encontró con la parte que decía que dificilmente podría recuperarse el pueblo que estaba en su mayoría destrozado. La mayoría de las casas eran viejas y solo han quedado unos pocos edificios y casas. El momento de extásis que vivía Alberto acabó en un segundo. Soltó el periódico y se levantó cabreado. No era posible que después de lo cerca que había estado le hicieran esto . no sabía donde iba a vivir y lo que era peor no sabía si vería a Eva otra vez en su vida.

Un nudo en su pecho se lo recordaba en todo momento, le recordaba que estaba solo. Alberto tragaba saliva con brusquedad, los ojos se le empezaban a empañar y finalmente cayó de rodillas. La sola idea de no ver a Eva se le hacía insoportable.

"Si ella supiera lo que estoy sufriendo seguro que vendría aquí" pensó Alberto ya llorando. Luego pensó en otra cosa que le hizo sufrir más, pensó que si Eva se había enterado ya, también estaría sufriendo.Y eso le entristeció de tal forma que deseó que Eva no le quisiera como la amaba él.

Alberto se acurrucó y permaneció llorando un buen rato. Pensó en ella, en sus ojos grandes y oscuros y en su pelo moreno, todo ello contrastaba con su palida piel. La recordó riendo, enfadada. La recordó cuando hablaban en tono irónico hasta que acababan riéndose. Y siguió llorando.

Pensó en toda la vida que tenía por delante y que no la podría vivir sin ella. Quiso levantarse y salir corriendo a buscarla esperando encontrarla buscándolo a él. Pero no podía levantarse, no tenía fuerzas. El corazón, roto por un estúpido trozo de papel de periódico, le pesaba demasiado. Notaba que el pecho le iba a explotar y que su tristeza escaparía de su cuerpo cansado para siempre si así ocurría. Pero no podía ni siquiera explicar lo que sentía con palabras, así que mucho menos expulsar de si mismo esa tristeza exclavizadora de su alma.

Alberto recordó cuando el año anterior todo era mucho más fácil, sin ese metesentodo que es el amor. ソQuien le dió derecho a meterse en su vida? Su vida era suya y no tenía porque entrar en ella. Cabreado como estaba en ese momento se levantó de un salto y salió corriendo a la calle. Conforme a sus sentimientos el dia estaba oscureciendo.

Empezó a acelerar el paso. No podía estar cerca de nada conocido. Necesitaba estar donde no conociera nada como entrar en otra vida totalmente diferente. Le hubiera encantado coger un avión e irse fuera del país, a una ciudad donde nadie le conociera ni el conociera a nadie. Llegó a un parque bastante solitario y se sentó en un banco, después de un rato sentado con la cabeza mirando entre sus pies un balón de plástico le golpeó en la cabeza, sobresaltado miró quien había lanzado el balón.

-Lo siento, ソMe das la pelota? Por favor.- la voz de ese niño de unos seis años de edad, cargada de ternura, le hizo sonreir, tal vez buscando apoyo.

-Claro chaval- el niño, con el pelo despeinado y con el balón ocultando su pecho, dió gracias y se fue corriendo. Alberto se levantó y observó como corría dándole patadas al balón. Seguramente llegará tarde a casa, pensó Alberto mientras el niño salía del parque y lo perdía de vista.

El viento aumentaba a medida que la luz del Sol disminuía. Las nubes pasaban sobre su cabeza mientras se oía el sonido del viento atravesando la copa de los árboles. No parecía que fuera a llover así que Alberto prolongó su escapada dando un paseo por la ciudad, por las zonas por donde nunca había estado y por donde no volvería más. La visión de basura, charcos y suciedad junto al olor de los suburbios hacía sentir a Alberto una persona distinta y por tanto ajena al dolor que sentía. De vez en cuando un vagabundo se le dirigía por dinero, pero Alberto estaba totalmente desconectado de la realidad, solo necesitaba el ambiente triste y desolador de esa zona, y los vagabundos simplememte formaban parte de él.

A medida que avanzaba la ciudad perdía su estructura de ciudad convirtiéndose en casas de un piso, casi chabolas.

Se había hecho de noche y Alberto notó un escalofrío de pies a cabeza. Empezaba a hacer frio y tendría que tomar una decisión. El frio le obligaba a volver a casa pero su corazón le exigía soledad para no poder volver a ser destrozado por nadie.

Una gota cayó sobre su mano, la miró fijamente, viendo como resbalaba. Una mujer vieja en la puerta de su casa mirándole con escepticismo en los ojos y esa gota anunciadora de lluvia le hicieron decidir volver a casa. A pesar del frio y de la llovizna su paso era lento y sus ojos perdidos en el infinito no indicaban ninguna señal de vida. El camino de vuelta a casa era fácil pese a ser esa su única visita.

Se metió las manos en los bolsillos y notó un objeto, lo sacó, era el walkman. Se lo puso y sono una canción:

love is a sentimental heart, life is a sentimental way

spy the fragile heart so cursed as he walks across the earth

i知 disconnected by your smile disconnect a million miles

and what you promised i hope will set you free

i知 disconnected by your smile

and all i gave to you is lost and all you took from me is lost

black wings carry me so high, up to meet you in the sky

i知 disconnected by your smile disconnect a million miles

and what you promised i hope will set you free

i知 disconnected by your smile

wishing you were real to me wishing you i could make believe

i値l take my secrets to the grave safely held beneth the waves

always knew i couldn稚 save, always knew i couldn稚 save you

Finalmente llegó a casa, cenó y se fue a su cuarto. Sabía que debía olvidar.

Capítulo 7:

"No puede ser, no puede estar sucediendo" Carlos veía como todos sus papeles caían de la mesa y alfombraban el suelo de su habitación. "Mierda" se tumbó en la cama e intento relajarse. Su respiración era larga y suave. Se levantó y arregló la habitación.

Despues de la noticia de que el pueblo había quedado destruido, sus padres tuvieron que buscar casa para vivir de modo definitivo. Carlos tenía las maletas hechas y tras guardar los apuntes de Biología en la carpeta. Se quedó mirando por la ventana de pie con un papel en la mano. Lo sujetaba fuertemente.

"Calle de La Independencia número 3 puerta 6" volvió a leer esa dirección ahora en voz alta. Deseaba no haber conseguido la dirección de Eva, pero ahora ya la tenía y no podía tirarla, sería un asesinato.

En su mente fluian frases, palabras de amor e imágenes, todo lo necesario para escribir a Eva. El problema era traducirlo todo al lenguaje escrito. Carlos no sabia como decir todo lo que la necesitaba y lo importante que era tenerla a su lado. Solo le salían frases típicas de las que se había reido pensando que eran tonterías. Ahora no podía evitar sentirse impotente ante ella. Cuando estaba con Eva una mirada o un gesto bastaba, por carta no podía expresar su amor.

Finalmente decidió escribirle una carta de despedida. Dudó si ponerle el remite o no, finalmente no lo puso: establecer una relación de distancia no era buena idea, él en Madrid, donde su padre tenía un nuevo trabajo, y ella no se donde, porque seguro que se mudaba también.

"Querida Eva:

No puedo decir todo lo que siento en esta carta, por eso no voy a escribir cualquie frase chorra que no sea ni una milésima parte de lo mucho que te quiero.

Realmente hemos pasado dias fantásticos tu y yo y quiero recordarlos todos, no dejaré atras ni uno de esos minutos que nos unieron por primera vez y cuando cierre los ojos seguiré viendo tu mirada suave y dulce a un tiempo. Y me perderé dentro de esos ojos oscuros como lo hacía cuando te miraba: perdido en ti.

Me despido deseándote lo mejor:

Carlos"

La carta sujetada minimamente por los dedos se mantenía en vilo dentro del buzón, Carlos no la quería soltar de golpe y suavemente la carta se deslizaba entro sus dedos hasta que en un instante pasó a pertenecer al buzón.

Carlos abrió los ojos y se fue a casa sabiendo que debía empezar otra vez a ser escrito. Era un folio en blanco que tenía escrito en tinta china, la que se ve solo con una llama calentándola, una historia de amor imposible de borrar porque el folio es siempre el mismo.

Fin

 


Para: La Biblioteca Vampiro

Bibliotecario: Santiago Giovanni

De: La Biblioteca Oscura