RESEÑA U.S.A

 
         
por Julian M! Clemente


Norma Editorial

Guión: Brian K. Vaughan
Dibujo: Pia Guerra
Tinta: Jose Marzan, Jr.
Portada: J.G. Jones

110 págs.  12.95 €


Y, El último Hombre

Un virus acaba con la vida de todos los individuos masculinos sobre la faz de la tierra. ¿Todos? No, todos no. Misteriosamente, un escapista sin trabajo llamado Yorick (Y, igual que el cromosoma masculino) Brown ha sobrevivido, lo que le convierte en el máximo objeto de deseo, odio o interés de un planeta ahora dominado por las mujeres. Este es el interesante comienzo de la que se ha convertido en la serie Vertigo de moda, ocupando la plaza que antes disfrutaron Sandman, Predicador, Transmetropolitan y 100 balas.

            Y, el último hombre es la creación de Brian K. Vaughan, un guionista al que todavía no le he visto un tebeo que baje de interesante. Debutó en un par de historias de Ka-Zar, y desde entonces nos ha dejado algunos llamativos episodios de Batman, una curiosa etapa de La Cosa del Pantano, y ya más recientemente la colección regular protagonizada por Mística y Runaways, una serie de la línea Tsunami de Marvel que no vende un pimiento pero le encanta a quien la lee. Y, el último hombre es el título que le propusieron los editores de Vertigo después de que los de contabilidad echaran el cierre a La Cosa del Pantano, conscientes de que Vaughan necesitaba su propio título para eclosionar en toda su magnitud.

            El argumento que ha elegido no puede por menos que resultar familiar a los seguidores del género post-apocalíptico. Hay partes de la historia que recuerdan inmediatamente a La danza de la muerte de Stephen King, al Soy leyenda de Richard Matheson o, si me apuran, a la película 28 días después. Lo sorprendente es que esta cinta se estrenó posteriormente a la publicación del cómic de Vaughan, lo que revela, más allá de casualidades, que a la hora de construir este tipo de historias hay unos lugares comunes ineludibles. Lo que cuenta pues es el ingenio para atrapar al lector, más que la originalidad. Porque, reconozcámoslo, más allá de la idea de un mundo en el que mueren todos los hombres (menos uno) y sobreviven todas las mujeres, las novedades de Y son más bien escasas. Sin embargo, y aunque suene todo a ya conocido, el cómic consigue atrapar con buenos diálogos, situaciones divertidas y algunas gotas de política ficción que dan mucho que pensar, como por ejemplo las reflexiones sobre las esposas de los congresistas republicanos. El dibujo es de la desconocida Pía Reyes. Es mediocre, pero no malo. La chica narra bien y no molesta, y es lo que suele pedírsele a un dibujante de Vertigo que no se llame Darick Robertson o Phil Jiménez.

            Norma Editorial acierta con el formato elegido, y hay que decirlo porque es algo que sucede pocas veces. Ese acierto consiste, ni más ni menos, en coger el primer recopilatorio americano de la serie y publicarlo tal cual a un precio equivalente (algo más de doce euros). En definitiva, el lector tiene todo un arco argumental en un único tomo, en lugar de las dichosas miniseries de dos o tres números a siete euros en formato téoricamente prestigio que vienen muy bien a la hora de sajar al aficionado, pero muy mal a la hora de crear afición. ¿Tan difícil es comprender esto? ¿Tanto les cuesta entender a los de Norma que ya no cuela más eso de que “como somos pequeños tenemos que poner los precios por las nubes”? A estas alturas, los lectores de DC casi han renunciado a una edición lejánamente equiparable a la que hace Planeta de Marvel, pero sería bonito pensar que sí cabe la posibilidad de una línea de tomos semejante a la que lleva a cabo DC en Estados Unidos. Ojalá sea así y no tardemos en ver en la calle el segundo tomo de Y, que por algo acaba de salir en su país de origen.