La accidentada edición en España de
Los Invisibles se ha
convertido en una peripecia que nada
tiene que envidiar a la del grupo
protagonista. Norma tardó la
friolera de seis años en publicar
los 25 números del primer volumen de
la serie repartidos en ocho entregas
en formato prestigio. Tras adquirir
a primeros de año los derechos de
todo el material DC, línea Vertigo
incluida, Planeta ha tomado el
relevo y ha sacado al mercado dos
tomos que abarcan en total más de la
mitad del segundo volumen:
Infierno en América y
Contando hacia la Nada.
Cuando comienza Infierno en
América estamos en 1996 y el
grupo de Invisibles liderado por
King Mob lleva un año en algún lugar
indeterminado de la costa este de
los Estados Unidos, confortablemente
instalado en la mansión del
multimillonario Mason Lang, un
magnate excéntrico que simpatiza con
su causa. Allí va a buscarles Jolly
Roger, jefa de otra célula Invisible
y vieja conocida de King Mob, para
pedirles que le ayuden a rescatar a
sus compañeras apresadas durante una
incursión en una base militar
secreta en busca de una presunta
vacuna contra el sida creada hace
años.
Lo que sigue supera al mejor
episodio de Expediente X
jamás imaginado, con la ventaja de
contar con un reparto infinitamente
más variado y atractivo. Grant
Morrison captó las obsesiones de la
cultura pop de final de siglo y las
trenzó en su historia:
conspiraciones gubernamentales,
sexo, drogas rituales y magia del
Caos, la mística indígena, cuero,
fetichismo y música pop, cintas de
autoayuda y un torrente de homenajes
y alusiones cinematográficas, desde
Tarantino a James Bond pasando por
Stanley Kubrick y sin olvidar todo
el cine de acción de los noventa.
Porque hay acción desatada, sí, y
violencia muy gráfica en no pocas
ocasiones, pero también terror,
misterio y momentos francamente
divertidos. Todos los personajes
tienen su momento de gloria, pero la
palma se la lleva el enigma en que
se convierte de pronto la escultural
pelirroja conocida como Ragged Robin.
Phil Jiménez, de nuevo en la
colección después de su espectacular
participación en Entropía en el
Reino Unido, se revela como un
cómplice perfecto de Morrison (el
otro sería Frank Quitely, por
supuesto…) y crea las versiones
casi definitivas de los
protagonistas, poniendo especial
mimo en esta ocasión en Robin y Lord
Fanny. Por otro lado, tampoco
descuida la creación de ambientes,
como demuestra la hilarante
secuencia del bar de carretera o los
horrores (y maravillas) que esconden
los niveles más profundos de la base
de Dulce, plasmados en
espectaculares dobles páginas de
intrincadísima construcción.
La edición en castellano es correcta
en líneas generales. Por un lado se
incluyen el texto de presentación
escrito por Morrison y que apareció
originalmente publicado en el primer
episodio de este tomo (estupendos
sus comentarios acerca de cada
personaje) y las excelentes portadas
de Brian Bolland. Por contra, los
colores aparecen algo más saturados
que en el tomo original y la
rotulación no tiene la misma fuerza
que la del maestro Todd Klein.
Además, la eliminación de los
créditos y los títulos de cada
episodio en la página de
presentación desbarata del todo la
composición buscada por Jiménez. Un
ejemplo particularmente evidente es
la splash del primer episodio
donde aparece
King Mob, vestido con su camiseta
del Che, saltando desde un trampolín.
Si se compara la página original con
la que aparece en el tomo editado
por Planeta se podrá apreciar
enseguida cuál es la composición más
equilibrada. (Aquí
tenéis otra página de créditos
original para su comparación)
A pesar de todo, cabe destacar que
se trata de una edición
prácticamente idéntica a la original
ofrecida a un precio mucho menor, lo
que convierte a Infierno en
América en una oportunidad
inmejorable para descubrir la obra
más personal de Grant Morrison.
Bienvenidos a bordo, porque el viaje
no ha hecho más que comenzar. Ojalá
que la siguiente parada no se haga
esperar tanto como todas las
anteriores…
Adela Salguero