RESEÑA U.S.A

 
         
por Adela Salguero


Planeta DeAgostini

Guión: Grant Morrison
Dibujo: Phil Jiménez
Entintado: John Stokes
Portada: Brian Bolland

Recopila The Invisibles v2 #1-4

112 págs.  8.95 €


Los Invisibles
Infierno en América

La accidentada edición en España de Los Invisibles se ha convertido en una peripecia que nada tiene que envidiar a la del grupo protagonista. Norma tardó la friolera de seis años en publicar los 25 números del primer volumen de la serie repartidos en ocho entregas en formato prestigio. Tras adquirir a primeros de año los derechos de todo el material DC, línea Vertigo incluida, Planeta ha tomado el relevo y ha sacado al mercado dos tomos que abarcan en total más de la mitad del segundo volumen: Infierno en América y Contando hacia la Nada.

Cuando comienza Infierno en América estamos en 1996 y el grupo de Invisibles liderado por King Mob lleva un año en algún lugar indeterminado de la costa este de los Estados Unidos, confortablemente instalado en la mansión del multimillonario Mason Lang, un magnate excéntrico que simpatiza con su causa. Allí va a buscarles Jolly Roger, jefa de otra célula Invisible y vieja conocida de King Mob, para pedirles que le ayuden a rescatar a sus compañeras apresadas durante una incursión en una base militar secreta en busca de una presunta vacuna contra el sida creada hace años.

Lo que sigue supera al mejor episodio de Expediente X jamás imaginado, con la ventaja de contar con un reparto infinitamente más variado y atractivo. Grant Morrison captó las obsesiones de la cultura pop de final de siglo y las trenzó en su historia: conspiraciones gubernamentales, sexo, drogas rituales y magia del Caos, la mística indígena, cuero, fetichismo y música pop, cintas de autoayuda y un torrente de homenajes y alusiones cinematográficas, desde Tarantino a James Bond pasando por Stanley Kubrick y sin olvidar todo el cine de acción de los noventa. Porque hay acción desatada, sí, y violencia muy gráfica en no pocas ocasiones, pero también terror, misterio y momentos francamente divertidos. Todos los personajes tienen su momento de gloria, pero la palma se la lleva el enigma en que se convierte de pronto la escultural pelirroja conocida como Ragged Robin.

Phil Jiménez, de nuevo en la colección después de su espectacular participación en Entropía en el Reino Unido, se revela como un cómplice perfecto de Morrison (el otro sería Frank Quitely, por supuesto…)  y crea las versiones casi definitivas de los protagonistas, poniendo especial mimo en esta ocasión en Robin y Lord Fanny. Por otro lado, tampoco descuida la creación de ambientes, como demuestra la hilarante secuencia del bar de carretera o los horrores (y maravillas) que esconden los niveles más profundos de la base de Dulce, plasmados en espectaculares dobles páginas de intrincadísima construcción.

La edición en castellano es correcta en líneas generales. Por un lado se incluyen el texto de presentación escrito por Morrison y que apareció originalmente publicado en el primer episodio de este tomo (estupendos sus comentarios acerca de cada personaje) y las excelentes portadas de Brian Bolland. Por contra, los colores aparecen algo más saturados que en el tomo original y la rotulación no tiene la misma fuerza que la del maestro Todd Klein. Además, la eliminación de los créditos y los títulos de cada episodio en la página de presentación desbarata del todo la composición buscada por Jiménez. Un ejemplo particularmente evidente es la splash del primer episodio donde aparece King Mob, vestido con su camiseta del Che, saltando desde un trampolín. Si se compara la página original con la que aparece en el tomo editado por Planeta se podrá apreciar enseguida cuál es la composición más equilibrada. (Aquí tenéis otra página de créditos original para su comparación)

A pesar de todo, cabe destacar que se trata de una edición prácticamente idéntica a la original ofrecida a un precio mucho menor, lo que convierte a Infierno en América en una oportunidad inmejorable para descubrir la obra más personal de Grant Morrison. Bienvenidos a bordo, porque el viaje no ha hecho más que comenzar. Ojalá que la siguiente parada no se haga esperar tanto como todas las anteriores…

Adela Salguero