RESEÑA U.S.A

 
         
por Adela Salguero


Planeta DeAgostini

Guión: Grant Morrison
Dibujo: Phil Jiménez, Chris Weston, Michael Lark, Philip Bond
Entintado: John Stokes, Ray Krissing
Portada: Brian Bolland

Recopila The Invisibles v2 #5-13

224 págs.  14,95 €


Los Invisibles
Contando hacia la nada

Con Contando hacia la Nada, la trama del viaje alucinante por el inconsciente cultural de este fin de siglo (marcado, cómo no, por la cultura yanqui) que es el segundo volumen de Los Invisibles, se complica y se acelera. Sin embargo, a pesar del despliegue casi pirotécnico de violencia de los primeros episodios y la terrorífica operación de lavado de cerebro de los últimos, lo que más destaca en una segunda lectura hasta un punto que produce incluso sorpresa es el torrente de sentimientos que aparece bajo la superficie. Dolor, compasión, rebeldía, curiosidad, y sobre todo una enorme cantidad de amor, entendido como complicidad, como afecto, como puro deseo y también como nostalgia. La aventura, el misterio, la acción espectacular y la violencia que los personajes empiezan a cuestionar abiertamente no son sino el acompañamiento (estupendo, por supuesto) de lo que importa de verdad.

Amor y Tiempo. Ése es el material del que se sirve Grant Morrison para trenzar las peripecias dispares de todos sus personajes en torno al formidable MacGuffin de la Mano de Gloria. Todo el mundo siente algo por alguien. Jack Frost consolida definitivamente su amistad con Lord Fanny, mientras intenta que Boy le vea como algo más que un niñato. Por su parte, King Mob-Gideon sigue embarcado en una relación cada vez más intensa con Ragged Robin aunque aprovecha para visitar a Jacqui, a quien en el fondo nunca ha dejado de amar (¿sería ella la persona/personaje tras la máscara de Genevieve Stargrave en Entropía en el Reino Unido?) y que le canta las cuarenta en una escena conmovedora por su verosimilitud, y finalmente emprende un viaje hacia el pasado durante el que pondrá los cimientos de la persona que es en la actualidad gracias a su encuentro crucial con Edith Manning. Como decía Freddie: “Todo el mundo se enamora de Edie”.

Pero las estrellas de este tomo son sin duda Ragged Robin, cuya tortuosa historia comenzamos a conocer en un episodio deslumbrante y cuya personalidad va ganando en claridad sin perder ni un ápice de misterio; Boy, que pasa por una brutal ordalía de purificación con ecos de Dick, Expediente X y Robert Anton Wilson y que seguro que los hermanos Wachowski estudiaron muy bien, y por supuesto la maravillosa Edith Manning, revelada finalmente en todo su esplendor como el centro de la célula de Invisibles que en 1924 obtiene la Mano de Gloria e intenta utilizarla con resultados que más vale no descubrir en una pobre reseña como ésta.

Phil Jiménez sigue demostrando su talento para captar personajes y entornos y se encuentra igualmente cómodo con las secuencias de 1924 como con los ambientes contemporáneos más delirantes. Pocas veces el lector habrá podido oír la banda sonora de una secuencia dibujada como cuando, al pasar la hoja, descubre a Jack y Fanny bailando ante el Arlequín. En pocas ocasiones el Apocalipsis ha sido plasmado con un deleite y un detalle tan enfermizos como en la doble página del sueño que Boy tiene durante su viaje en tren.

Al igual que la edición original, el tomo publicado por Planeta incluye la historia breve Y todos somos policías, ilustrada por el fantástico Philip Bond y publicada originalmente en el primer número de la antología El Filo del Invierno. Más vale disfrutarla y dejarse llevar por las sensaciones, porque intentar explicarla sólo le robaría su encanto. Tan sólo cabe señalar que no, su lugar en la “continuidad” de la serie no es éste y que en cierto modo se podría considerar como la última “aventura” de Gideon Stargrave. Todo se aclarará a su debido tiempo, tras la publicación de El Reino Invisible, el último tomo de la serie… o quizás no, quién sabe.

 La edición española sigue la línea de Infierno en América para lo bueno y para lo malo. El precio es inferior al original y la reproducción mejora respecto a la de la anterior entrega. Sin embargo hay fallos de traducción poco comprensibles, como la conversión de “Criminales Sensibles” (o “Sensitivos”) en “Criminales Sensatos”. También en este tomo quedan destrozadas páginas de composición original tan atractiva como la de los créditos del episodio “Pierrot Parisino”. Asimismo la rotulación sigue sufriendo: el cambio del tipo manuscrito utilizado en la narración en primera persona de Edith Manning por otro mucho más impersonal reduce de forma notable el efecto buscado. Si a todo esto añadimos unas tapas demasiado poco consistentes para un tomo de más de doscientas páginas quizás habría que plantearse si no valdría la pena pagar un poco más para obtener a cambio un producto más cuidado y que no desmerezca a la historia que contiene.

Adela Salguero