John Constantine se ha quedado
desprovisto de su memoria y no
recuerda nada, ni siquiera su
identidad. Ésta pérdida ha sido una
de las consecuencias de los sucesos
que pudimos presenciar en tomo
anterior, De cara a la pared.
Ahora que John desconoce quién es y
las habilidades de que dispone, se
ha convertido en carnaza para sus
enemigos. Por otra parte, su sobrina
Gemma Masters y la aprendiz de bruja
Angie Spatchcock tendrán que
encontrar a Constantine si no
quieren perderle para siempre.
Esta es la premisa con la que
empieza el tomo que nos ocupa,
Via Crucis, que sin suponer un
cambio por parte de los autores, si
nos presenta una interesante
situación novedosa en el status del
mago.
La historia se divide en tres
partes. Un primer número
independiente que sirve para
presentar la situación en la que se
encuentra John y en el que se
presenta al nuevo enemigo al que
tiene que enfrentarse; una minisaga
de dos números llamada Fuera de
temporada, en la que desarrolla
lo planteado en el anterior número y
se deja la puerta abierta para la
que será la última parte de la
historia, la saga de tres números
Via Crucis. Es en ésta última
parte donde se desarrollan los
eventos más importantes del tomo.
Podemos ver que Carey tiene claro lo
que quiere hacer, y como ha ido
tejiendo la historia desde números
atrás. Une una saga con otra y va
avanzando en la historia, sin parar
en números de relleno que, aunque
parezca que lo sean, tienen su
sentido de ser en el conjunto de la
aventura.
Aunque Mike Carey se mantenga como
guionista a lo largo de todo el
tomo, los dibujantes que le
acompañan van rotando. Leonardo
Manco se encarga de ilustrar la
primera historia, así como la
primera parte de la segunda minisaga,
con un trazo más detallado, sucio y
realista que hace que las escenas
viscerales resulten más
desagradables. Por su parte, Chris
Brunner dibuja la que es la segunda
parte de Fuera de temporada.
Se podría decir que sus lápices son
una transición entre Leonardo Manco
y el tercer dibujante, Marcelo
Frusin, es decir, que no llega ni al
detallismo del primero ni a la
simplicidad del segundo. Y por
último, el anteriormente citado
Marcelo Frusin, que siendo el
dibujante que más regularmente ha
aparecido en esta colección, es el
que más se adecua al todo del cómic,
ya que sus figuras, al ser más
uniformes, añaden un todo
surrealismo a los guiones de Carey.
Con todo, creo que es una lectura
recomendable para todos e
indispensable para los seguidores
del mago más bastardo. Supone, sin
ser ninguna obra maestra, una
bocanada de aire fresco en la
colección, una proposición
interesante ejecutada notablemente
por parte de los autores, aunque el
hecho de cambiar continuamente de
dibujantes da la sensación de leer
una historia no cohesionada.
Planeta De Agostini sigue
ofreciéndonos la lectura de la
colección en TPB, lo que quizá sea
preferible que en formato mensual.
Además, Hellblazer es una de las
pocas colecciones en las que la
editorial utiliza un artículo a modo
de introducción en cada
recopilatorio que publica. La pega,
que han reducido el tamaño del tomo
con respecto a los demás.
Koldo Zearra