Con un considerable retraso respecto
a su estreno cinematográfico en
nuestro país, aparece por fin, bajo
el sello Vertigo, la versión
en cómic de la película
Constantine, adaptación a su vez
del personaje de Hellblazer:
con guión de Steven T. Seagle (Superman,
X-Men, Sandman
Mystery Theatre) y dibujo del
polifacético Ron Randall (Spider-Man,
Star Trek, Trekker),
sus 64 páginas recorren fielmente la
trama del film, ajustándose al
formato del comic-book.
No es mi intención, en ningún caso,
realizar una crítica del film; sin
embargo, la exactitud de la
adaptación respecto a la película
hace que las diferencias entre el
modelo original del John Constantine
de Hellblazer y el
interpretado por Keanu Reeves se
reproduzcan en este número especial.
La peculiar y muy singular relación
cómic-cine realiza una auténtica
pirueta en la moda de las
“adaptaciones oficiales”, que ponen
en viñetas las imágenes de un film
que, a su vez, basa su trama o sus
personajes en el modelo de un cómic
tradicional. Del cómic al cine y
vuelta al cómic; la mutua influencia
entre el séptimo y el noveno arte
nos deja testimonios tan
sorprendentes como esta adaptación
oficial, más cercana al film de
Warner Bros. que al título de DC.
Así, el John Constantine del film se
deshace del carácter ambivalente de
su modelo de las viñetas para
transformarse en un guerrero
involuntario atrapado en una lucha
maniquea y milenaria entre Dios y el
diablo en la que el ser humano no es
más que un peón. Hastiado, poseedor
de un don para la expulsión de
demonios que no desea y sentenciado
a morir de cáncer y a pasar la
eternidad sufriendo los rigores
infernales, John Constantine es un
hombre amargado que hace el bien y
combate a esos demonios por no poder
hacer otra cosa para aspirar a la
salvación. En su aspecto gráfico, el
dibujante Ron Randall viste a
Constantine con la ropa de su modelo
en la película (un look nacido a la
sombra de los primeros films de
Quentin Tarantino, muy
probablemente), y le da los rasgos
de Keanu Reeves.
La historia será la misma que en el
film: Constantine deberá investigar
el suicido de la hermana gemela de
Ángela, una agente de policía que
posee un don de visión similar al de
Constantine, y que representa a su
pesar un papel importante en un
elaborado plan secreto que podría
provocar la destrucción del mundo.
John Constantine, en su búsqueda de
la verdad oculta tras el misterio,
recorrerá el submundo infernal que
existe bajo la realidad humana de
Los Ángeles, irá y vendrá del
infierno y, en un sacrificio supremo
por Ángela, pondrá en peligro su
vida y su misma salvación eterna. El
arcángel Gabriel, Baltasar el
demonio, Lucifer o el mismo hijo del
Diablo (“engendrado en el cielo
pero nacido en el infierno”)
serán algunos de los adversarios a
los que Constantine deberá hacer
frente, armado con una peculiar
escopeta en forma de cruz y cargada
de balas repletas de reliquias, al
estilo del revólver “Samaritano” de
Hellboy.
El guión de Steven T. Seagle es
correcto en sentido estricto, es
decir, adapta a la perfección el
film desde su primera escena hasta
la última en el limitado y exacto
espacio del one-shot, sin
añadir ni suprimir nada. Por
desgracia, esto supone que algunas
de las escenas más espectaculares de
la película deban suceder muy
rápidamente, como es el caso del
rapto de Ángela atravesando decenas
de paredes, o la desesperada
resistencia de la policía por salir
de la bañera en la que Constantine
la mantiene sumergida a fin de que
pueda utilizar su don para ver con
sus propios ojos el infierno: ambas
escenas quedan despachadas en un par
de viñetas. Incluso el cinismo de
Constantine torturando a una araña a
la que hace respirar el humo de su
cigarrillo mientras murmura “Bienvenida
a mi vida” pierde toda su fuerza
en el dibujo de Ron Randall.
En conclusión, Constantine. La
adaptación oficial de la película
es un especial que sigue a la
perfección la línea del film
original, por lo que no satisfará a
los lectores de Hellblazer
que no reconocieron a su personaje
en la pantalla, ni tampoco servirá a
los recién llegados que descubrieron
a John Constantine en el cine para
engancharse al cómic, por ser tan
distinto a éste como la misma
película. Sin embargo, cumple a la
perfección su papel de “adaptación
oficial” de un film, y por tanto,
sólo podemos leer este especial del
sello Vertigo como un
testimonio más de esa fructífera
corriente de películas basadas en
ideas originales del cómic.
Sergio Holmes