RESEÑA U.S.A

 
         
por Sergio Holmes


Planeta DeAgostini

Guión: Steven T. Seagle
Dibujo: Ron Randall
Entintado: Jimmy Palmiotti
Portada: Poster de la película

64 págs.  3,95 €


Constantine

Con un considerable retraso respecto a su estreno cinematográfico en nuestro país, aparece por fin, bajo el sello Vertigo, la versión en cómic de la película Constantine, adaptación a su vez del personaje de Hellblazer: con guión de Steven T. Seagle (Superman, X-Men, Sandman Mystery Theatre) y dibujo del polifacético Ron Randall (Spider-Man, Star Trek, Trekker), sus 64 páginas recorren fielmente la trama del film, ajustándose al formato del comic-book.

No es mi intención, en ningún caso, realizar una crítica del film; sin embargo, la exactitud de la adaptación respecto a la película hace que las diferencias entre el modelo original del John Constantine de Hellblazer y el interpretado por Keanu Reeves se reproduzcan en este número especial. La peculiar y muy singular relación cómic-cine realiza una auténtica pirueta en la moda de las “adaptaciones oficiales”, que ponen en viñetas las imágenes de un film que, a su vez, basa su trama o sus personajes en el modelo de un cómic tradicional. Del cómic al cine y vuelta al cómic; la mutua influencia entre el séptimo y el noveno arte nos deja testimonios tan sorprendentes como esta adaptación oficial, más cercana al film de Warner Bros. que al título de DC.

Así, el John Constantine del film se deshace del carácter ambivalente de su modelo de las viñetas para transformarse en un guerrero involuntario atrapado en una lucha maniquea y milenaria entre Dios y el diablo en la que el ser humano no es más que un peón. Hastiado, poseedor de un don para la expulsión de demonios que no desea y sentenciado a morir de cáncer y a pasar la eternidad sufriendo los rigores infernales, John Constantine es un hombre amargado que hace el bien y combate a esos demonios por no poder hacer otra cosa para aspirar a la salvación. En su aspecto gráfico, el dibujante Ron Randall viste a Constantine con la ropa de su modelo en la película (un look nacido a la sombra de los primeros films de Quentin Tarantino, muy probablemente), y le da los rasgos de Keanu Reeves.

La historia será la misma que en el film: Constantine deberá investigar el suicido de la hermana gemela de Ángela, una agente de policía que posee un don de visión similar al de Constantine, y que representa a su pesar un papel importante en un elaborado plan secreto que podría provocar la destrucción del mundo. John Constantine, en su búsqueda de la verdad oculta tras el misterio, recorrerá el submundo infernal que existe bajo la realidad humana de Los Ángeles, irá y vendrá del infierno y, en un sacrificio supremo por Ángela, pondrá en peligro su vida y su misma salvación eterna. El arcángel Gabriel, Baltasar el demonio, Lucifer o el mismo hijo del Diablo (“engendrado en el cielo pero nacido en el infierno”) serán algunos de los adversarios a los que Constantine deberá hacer frente, armado con una peculiar escopeta en forma de cruz y cargada de balas repletas de reliquias, al estilo del revólver “Samaritano” de Hellboy.

El guión de Steven T. Seagle es correcto en sentido estricto, es decir, adapta a la perfección el film desde su primera escena hasta la última en el limitado y exacto espacio del one-shot, sin añadir ni suprimir nada. Por desgracia, esto supone que algunas de las escenas más espectaculares de la película deban suceder muy rápidamente, como es el caso del rapto de Ángela atravesando decenas de paredes, o la desesperada resistencia de la policía por salir de la bañera en la que Constantine la mantiene sumergida a fin de que pueda utilizar su don para ver con sus propios ojos el infierno: ambas escenas quedan despachadas en un par de viñetas. Incluso el cinismo de Constantine torturando a una araña a la que hace respirar el humo de su cigarrillo mientras murmura “Bienvenida a mi vida” pierde toda su fuerza en el dibujo de Ron Randall.

En conclusión, Constantine. La adaptación oficial de la película es un especial que sigue a la perfección la línea del film original, por lo que no satisfará a los lectores de Hellblazer que no reconocieron a su personaje en la pantalla, ni tampoco servirá a los recién llegados que descubrieron a John Constantine en el cine para engancharse al cómic, por ser tan distinto a éste como la misma película. Sin embargo, cumple a la perfección su papel de “adaptación oficial” de un film, y por tanto, sólo podemos leer este especial del sello Vertigo como un testimonio más de esa fructífera corriente de películas basadas en ideas originales del cómic.

Sergio Holmes