(Reseñas publicadas originalmente en Llámame Plissken)
UNIVERSO DC:FLASH nº 1
Aunque los artículos que acompañan el tomo resumen bastante bien la situación de la colección de Flash en el momento en que Mark Waid llegó para hacerse cargo de la misma, nunca está de más hacer un breve resumen de las andanzas de nuestro velocista favorito. El número uno de la serie dedicada a Flash III vio la luz en 1987, y fue una de las consecuencias directas del relanzamiento del universo superheróico de DC tras Crisis en Tierras Infinitas y Legends . Wally West, sobrino del difunto Barry, decide adoptar el uniforme y el nombre de su venerado tío, quizá el héroe más grande del UDC. Los encargados de iniciar la carrera fueron Mike Baron y Jackson Guice, y por lo poco que hemos podido leer en España queda bastante claro que ambos establecieron un tono oscuro, acorde con los tiempos de héroes de mandibulas apretadas y aventuras extremas que empezaban a popularizarse en aquellos años. La velocidad de Wally había disminuido drásticamente, ganaba el gordo de la lotería y los villanos con los que se enfrentaba dejaban de ser coloristas y entrañables y se convertían en psicópatas celosos, organismos mecánicos asesinos o velocistas soviéticos con aviesas intenciones. Tras catorce números Baron abandonó la colección (Guice lo había hecho unos números antes siendo sustituido por Mike Collins) y el nuevo equipo creativo llegó con voluntad de permanencia.
El guionista William Messner-Loebs se mantuvo hasta el número 61, mientras que el dibujante Grag LaRocque aún trabajaría un año más dibujando los guiones de Waid y despidiéndose por todo lo alto con una de las mejores sagas protagonizadas por Wally West. Pero no adelantemos acontecimientos. La etapa de Loebs es todavía más desconocida en España que la anterior, y únicamente se publicaron un par de episodios en una miniserie pupurrí que Zinco editó a principios de los 90 con motivo del 50 aniversario del personaje. La serie incluía los Secret Origins de los tres Flash históricos y la recreación de Grant Morrison y Mike Parobeck del mítico Flash de dos mundos que supuso el primer encuentro de Barry Allen con su modelo Jay Garrick. De la etapa de Messner-Loebs únicamente incluyeron dos números, curiosamente ambos de tono marcadamente humorístico, quizá para acomodar al personaje a la visión que entonces ofrecía por sus colaboraciones con la JLE.
Para la editorial había llegado la hora de dar un cambio a la colección, y el elegido para hacerlo fue Mark Waid un hombre de la casa que ejercía labores de editor y cuyo conocimiento de la historia de los personajes de la editorial era legendario -además de ser lo que comúnmente llamamos uno de los nuestros o cocinero antes que fraile , esto es, lector y coleccionista antes que profesional, como se puede comprobar echando un vistazo a su estudio de trabajo -. Y para comenzar, nada mejor que ir hasta el inicio de todo el asunto, hasta el proverbial Año Uno de Wally West. Así, Flash: Born to run ( Flash 62-65) es un cuento que nos devuelve a la Edad de Plata y nos permite volver a disfrutar del origen del personaje desde la perspectiva de hoy día sin necesidad de reboots o ultimatizaciones. El joven Wally West vive en Blue Valley y es el presidente y miembro más activo -y único- del club de fans de Flash en su localidad. Ante las continuas riñas hogareñas, sus padres le envían a pasar un tiempo con su tía Iris West en Central City. Allí conocerá al tímido y aburrido novio de esta, el químico criminalista Barry Allen. Lo que Wally no sabe es que su sueño de conocer a Flash se verá hecho realidad con imprevistas consecuencias, cuando un relámpago incida exactamente en el mismo lugar del accidente que otorgó sus poderes a Barry Allen y le convierta a él, a Wally West, en el muchacho más rápido del mundo. El proceso de aprendizaje del chaval, la sincera devoción por la figura paterna que supone Barry/Flash, la relación con su tía Iris, sus primeros enfrentamientos con villanos como el Amo de los Espejos son algunos de los hitos que Waid repasa con un evocador sentido de la melancolía y con un tono ligero y divertido que recuerda en todo momento a las historias de la Edad de Plata.
El guionista está cogiéndole el punto al personaje, aprendiendo a hacerlo suyo, creando poco a poco un mundo en el que poder desarrollar sus historias. En los números 66 y 67 encontramos una historia en dos partes capital por dos motivos. Kadabra hace su entrada en escena con Waid -él será el último villano de esta etapa de ocho años- y somos testigos de la primera aventura temporal del personaje en esta nueva era. Un desquiciado Kadabra es perseguido por una cazarecompensas de su tiempo -nuestro futuro lejanísimo- que consigue capturarlo y llevarlo de vuelta... con un pasajero a la postre indeseable. En el siglo 64 Wally descubre una aterradora distopia en la que el mundo está gobernado por una máquina que dirige a la humanidad y en la que Kadabra es ¡un líder revolucionario por la libertad! En los números siguientes (Flash 68, 69; Green Lantern 30, 31) se produce un cross over con Linterna Verde (aún Hal, antes de su caída) que les enfrentará a dos de sus némesis clásicas, Hector Hammond y Gorilla Grodd. Revoluciones simiescas, alianzas improbables de villanos, organizaciones gubernamentales de animales inteligentes, planes absurdos de dominación mundial, intercambio de características físicas y un sano y lúdico sentido del heroismo y la aventura en la que Gerard Jones también aporta su granito de arena. Y por si fuera poco contamos con la aparición estelar de Rex, el perro maravilla, para rematar este homenaje a las historias repletas de imaginación y humor de los años 60.
Aún queda otra historia por destacar antes de centrarnos en el que considero el plato fuerte del tomo, y es el Flash 50 Anniversary Special , historia que supuso un repaso al pasado, presente y futuro de los velocistas escarlata y que introducía un personaje capital en futuros acontecimientos, John Fox, un viajero temporal que intenta contactar con Jay Garrick, Barry Allen y Wally West en sus respectivas épocas justo en el momento en que se enfrentan al villano atómico Manfred Mota. Fox fracasará en sus intentos de contacto temporal y deberá detener a Mota en su tiempo, el año 2645. Mark Waid y Mike Parobeck se encargan de las secuencias del futuro, mientras que hay un equipo creativo para cada una de las tres historias, ambientadas en la Edad de Oro (Len Strazewsky e Irv Novick), de Plata (Gerard Jones y Carmine Infantino) y la actualidad (William Messner-Loebs y Grant Miehm). Además de un encomiable esfuerzo por mimetizar estilo y guión con cada uno de los momentos elegidos para ambientar la historia, Waid presenta en sociedad a John Fox. En una historia casi de toma de contacto se introducen elementos de tremenda importancia para sagas futuras y se juega con el tiempo y los desplazamientos temporales, conceptos que darán momentos especialmente gloriosos a la colección.
Pero el punto fuerte de este primer tomo es sin duda la inclusión a modo de prólogo de la colección, y supongo que como forma de introducir la mitología del personaje a lectores con poco o ningún bagaje en el Universo DC, de la novela gráfica La historia de la vida de Flash , una biografía escrita por Iris West en la que se repasa el origen, carrera, vida sentimental, triunfos y muerte final de Barry Allen, como dije antes uno de los héroes más grandes, nobles y puros de cuantos se han escrito. Sin traumas de origen y partiendo de la devoción por un modelo previo, el Flash de los años 40, el policía científico Barry Allen emplea sus poderes para hacer el BIEN y para ayudar a sus congéneres. Inicialmente no hay trauma ni obligación. La voluntad de Barry/Flash de dedicar su vida a ayudar a otras personas surge de un imperativo categórico moral propio de origen casi kantiano, lo cual le diferencia de la gran mayoría de compañeros encapuchados. En esta mezcla de relato ilustrado y comic al uso se nos explica la historia canónica de los Flash posterior a la Crisis -y espero que sea válida después de Crisis Final, aunque mucho me temo que esto no va a ser así- y vemos la importancia para el universo de velocistas de los viajes temporales, del respeto a la tradición del legado superheróico y de la entrega por encima de todo hacia los demás. Mark Waid hace un repaso documentado y sentido desde el punto de vista del gran amor de Barry, Iris, que apuntilla la narración con sus propias impresiones y sentimientos y tiñe el relato de un sentimiento de nostalgia evocadora y de melancólica tristeza. Los encargados de ilustrar la crónica de la vida y milagros de Flash son Gil Kane, Joe Staton y Tom Palmer, tres ilustres veteranos con décadas de experiencia y buen hacer a sus espaldas que confieren al arte un aspecto a la vez clásico y atemporal.
La inclusión de esa historia, publicada en 1997, quizá hubiese quedado mejor en su lugar cronológico, a la altura del 120 de la colección regular, puesto que en su tramo final establece una serie de apuntes sobre el futuro que Iris ya conoce -al venir del futuro- y que el escritor ya ha publicado con anterioridad con lo cual no se puede contradecir a sí mismo, pero que el lector todavía desconoce. De todos modos, me parece perfecta su inclusión a modo de introducción a esta serie de tomos recopilatorios por una sencilla razón. La grandeza de un héroe se establece por la nobleza y la valentía de sus actos y por el recuerdo y el ejemplo que siembra entre los suyos y entre sus herederos. Si Barry Allen fue el mayor y mejor héroe de su tiempo y Wally recoge su testigo... ¿se convertirá en el mejor velocista de todos los tiempos?
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por Plissken |
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Planeta De agostini
| Guion: Mark Waid |
| Dibujo: |
| Entintado: |
| Portada:Alan Davis |
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| Recopila Flash Nº 72 y 73, Return of Barry Allen TPB Nº 80 y 88, Born to Run y Secret Files Nº 1 USA |
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464 págs. 24 € |
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UNIVERSO DC:FLASH nº 2
Este tomo se inicia con la conclusión del enfrentamiento con Alquimia, un villano con sed de venganza que pretende matar a un mafioso de tercera protegido por la policia y puesto bajo custodia de Wally. A lo largo de la frenética carrera para salvar la vida de Moe Migliani Flash deberá cuidar de sí mismo e intentar llegar a tiempo a la estación de tren desde la cual Linda pretende marcharse para iniciar una nueva etapa en otra ciudad. El personaje de Linda ya resultaba importante en la colección y en la vida de Wally, pero Waid recalca aquí la fuerza del personaje y de los sentimientos verdaderos que laten en la relación de pareja mezclando a la perfección la épica de la pelea entre Alquimia y Flash y la lírica de los pensamientos y la declaración de amor de Wally a la periodista. Tras una aventura tan frenética como esta encontramos un número de transición navideño, repleto de buenas intenciones, Un regalo perfecto. Jay y Wally evitan el robo de unos grandes almacenes y ayudan a un pobre diablo en apuros a salir del hoyo en que se encuentra. Buenos sentimientos, una pizca de acción y uno de los continuarás más salvajes de la historia son lo mejor de una historia de transiciónque da paso al arco argumental El regreso de Barry Allen.
¿Es posible que sea el difunto y llorado Barry Allen el que llama a la puerta del hogar de los Garrick? ¿Ha conseguido engañar a la muerte y al tiempo y regresar desde el confín del universo en el que perdió la vida? En un primer momento, y dentro de la alegría infinita por recuperar a alguien a quien consideraban definitivamente perdido, todos reaccionan con una extrema cautela y muestran unas mínimas reservas ante la milagrosa resurrección. Poco a poco Barry demuestra recordar lo suficiente de su antigua vida al tiempo que acompaña a Jay y a Wally en sus labores de ayuda a la comunidad y de lucha contra el crimen. Uno recupera a su discípulo y amigo más querido, el otro a su tío y amigo, a su modelo definitivo y al ideal que lleva honrando durante años. Pero poco a poco el poso de incertidumbre latente ante las oscuras circunstancias del regreso de Barry va creciendo ante una serie de indicios que apuntan a que la situación es anómala. El Flash más grande de todos los tiempos se muestra engreído, demasiado lanzado en las acciones heróicas y ajeno a las consecuencias de sus actos, insensible a las heridas sufridas por sus camaradas. En una acción contra los hombres del misterioso Consorcio Wally escucha perfectamente a un rabioso Barry Allen declarar a un contrincante malherido que él es el único y verdadero Flash las ciudades gemelas. El shock para Wally es brutal, pues su idolatrado modelo no sólo siente que han usurpado su lugar sino que no agradece la continuación de su legado, una labor a la que Wally West ha dedicado su vida y ha sacrificado gran parte de su vida personal y familiar. La creciente locura que parece acometer a Barry Allen le lleva a abandonar a su sobrino y pupilo a una muerte casi segura en las instalaciones del consorcio, para desesperación de Wally, que debe lidiar con una situación extrema de vida o muerte y con la aniquilación de una figura idealizada e idolatrada durante años. Desorientado, sin motivación ni coraje para seguir en la brecha, Wally observa como las acciones de Flash son cada vez más brutales hacia los criminales y hacia los civiles cogidos en medio de batallas descontroladas.
Mientras tanto, las erráticas acciones de Barry llevan a Jay Garrick y a Johnny Quick (otro velocista de la Edad de Oro) a la búsqueda de Max Mercury, una figura legendaria entre los velocistas que se haya retirado desde los años cuarenta y cuyo consejo y guía resultará vital para afrontar los tiempos que se avecinan. Finalmente llega a manos de Wally un libro que ha viajado con Barry Allen desde un hipotético futuro, un libro firmado por la difunta Iris Allen y que narra la vida y milagros de Barry desde su origen hasta su muerte en la luna de Qward. El enfrentamiento con el impostor está servido, pero para ello Wally deberá ser más fuerte, más rápido y recordar las enseñanzas del hombre cuyo legado juró preservar y cuya memoria es necesario, ahora más que nunca, salvar del oprobio y la infamia. Que el enfrentamiento entre los Flashes tenga lugar en el museo consagrado a Barry no hace sino acentuar por un lado el sacrilegio del misterioso impostor hacia el legado de Allen y por otro las sólidas bases legadas por Barry, cuya integridad, honor, coraje y amistad sembraron en Wally la semilla de la que nacería uno de los héroes más grandes del Universo DC. La saga El regreso de Barry Allen se desarrolló entre los números 74 y 79 de la serie Flash , siendo el último un número doble, y en ella se establecía un cambio de guardia definitivo en el que mentor y alumno se equiparaban definitivamente y en el que el manto de Wally ya no era más un recuerdo de su tío muerto sino algo ganado por derecho propio que honraba a su predecesor. Además, resulta capital la incorporación al reparto de habituales de la serie de Johnny Quick (y más tarde de su hija Jesse, también velocista) y sobre todo de Max Mercury, o como le llaman sus amigos "el maestro Zen de la Velocidad", cuyas enseñanzas y particular forma de afrontar la vida servirán de ayuda a todos los miembros de la familia de Flashes. A modo de curiosidad decir que el tebeo fue editado en 1993 y presenta esa Biografía de Flash escrita por Iris Allen en 1997. Cuatro años después DC editaría la Historia de Flash por Iris Allen con la que se inició esta colección antológica.
No hay descanso para un velocista, y así, sin casi solución de continuidad, la vida de Wally vuelve a verse sacudida por la aparición de Frankie Kane, antigua novia con poderes magnéticos que ayudó a Kid Flash y a los Titanes bajo el nombre de Magenta movida por su amor dependiente y obsesivo hacia Wally. La ruptura entre ambos resultó especialmente traumática para ella, y ha vuelto a Central City para recuperar el amor de su vida. La complicación sentimental se añade a los problemas que está generando el Consorcio en la ciudad, y que motivan la aparición en la misma de Starfire y Nightwing, que buscan echar a un cable a su amigo y antaño compañero en los Titanos. Sobre estos dos pilares argumentales basculará la saga de cuatro números Back on track (En el buen camino, Flash 80-83) que nos deja un buen puñado de momentos dramáticos dignos del mejor culebrón romántico aderezados con dinámicas peleas y una carrera contra reloj para salvar la ciudad de una detonación nuclear en la que Wally se verá obligado a tomar una decisión de importante peso para el futuro: elegir entre la salud mental de Frankie o el bienestar de todos los ciudadanos de Central City.
Los siguientes números (84-85) enfrentan a Flash contra el villano Razer, un tipo de gran tamaño, armadura resbaladiza y que lanza cuchillas a gran velocidad que se haya implicado en un asunto de extorsión a los dueños de un centro comercial. La batalla entre ambos provocará serios daños a la propiedad y la amenaza de Razer será neutralizada a un alto precio. Sin tiempo para restañar las heridas de ese enfrentamiento en el camino de Wally se vuelve a cruzar Argos, personaje creado durante la saga Bloodlines (igual que Hitman, por poner otro caso) que lleva su guerra contra el crimen organizado a las calles de Central City. Cerramos el volumen con una nueva aventura navideña, en este caso aderezada con una extraña ola de calor y una ola de robos encubiertos, y en un enfrentamiento de Wally con Chillblaine, villano armado con una pistola de rayos congelantes que ataca en el momento más inoportuno, cuando se presenta una denuncia contra Flash por negligencia y denegación de auxilio a una víctima del ataque de Razer al centro comercial. Con las espadas en todo lo alto, y los nubarrones de un nuevo "juicio contra Flash" (de infame recuerdo para los aficionados a las aventuras del velocista escarlata) asomando por el horizonte se cierra el segundo volumen antológico dedicado a recopilar el Flash de Mark Waid.
He intentado que la reseña contara bastante, pero no todo, y por tanto hay unos cuantos momentos que quedan al albur de su lectura. No quiero robarle a nadie la sorpresa que supone el misterioso regreso de Barry Allen y todo lo que rodea a dicha historia, pues fue uno de mis momentos más emocionantes como lector de tebeos pijamosos. Épico, dramático y emotivo es un tebeo que me hizo enamorarme aún más del personaje y de un guionista que me ha dado muchas otras alegrías con el paso de los años. No me resisto a reseñar una pequeña pifia de maquetación en la edición, por otro lado modélica de Planeta de Agostini (se incluyen portadas, entrevistas a los autores, artículos de la época y fichas y reseñas que ayudan al neófito a sumergirse progresivamente en un universo que no dejará de complicarse de ahora en adelante), y es que para encajar todas las dobles páginas que hay en el clímax de la saga El regreso... se ha optado por partir una página en dos (198-199 de la edición de Planeta). Entendiendo la necesidad no sé si habría sido posible hacerlo de otro modo, introduciendo alguna portada de por medio o incluso una página en negro, como se ha hecho en otras ocasiones. Por lo demás, eso es todo, amigos. En unas semanas, el tomo 3, con el desembarco de la Primera Armada Española en el título y la celebración del número 100.