Finalmente, éstos son los Nuevos Titanes: tras unos números de tanteo, en los que lectores y autores toman el pulso a los personajes conocidos y a los recién llegados, la colección inicia su etapa de máximo esplendor que la catapultaría al éxito como uno de los mejores títulos de los primeros años ochenta. Este tercer volumen de los clásicos del grupo señala el principio de la explosión de talento que Wolfman y Pérez derrocharán durante su estancia en la serie, con el regreso de uno de los primeros enemigos del grupo (el clásico y el actual) y una espléndida aventura mitológica que enfrentará a Olímpicos y Titanes (los dioses clásicos, no nuestro grupo) en una batalla por reconquistar el dominio del panteón grecorromano.
El tomo incluye también una breve aventura que reúne a los dos miembros de los Titanes originales que faltaban en la nueva encarnación del grupo: Aqualad y Speedy. En este caso, se trata de un número de relleno firmado por Marv Wolfman como guionista y Carmine Infantino en el apartado gráfico, publicado originalmente como complemento en el tomo 18 de The best of Dc, sin más interés que explicar la razón de la ausencia de estos dos sidekicks en las filas de los Titanes.
La primera parte del volumen, con la conclusión de la amenaza del Marionetista apenas anunciada en las últimas viñetas del tomo anterior, recupera a continuación dos de los primeros antagonistas del grupo: la misteriosa organización conocida como “La Colmena”, que reaparece para confirmarse como una desconocida amenaza para los Titanes, y su circunstancial aliado el Exterminador, en una de ésas tramas de mercenarios y terroristas tan apropiadas para un personaje que, recuperado al principio de la serie, tendrá implicaciones que llegarán hasta mucho más allá, alcanzando incluso al título actual del grupo.
Y si los autores demuestran su capacidad para tratar a personajes conocidos del Universo DC, tramando una historia oculta alrededor del grupo, la segunda parte del tomo es un verdadero derroche de imaginación en el que muy especialmente George Pérez realiza un trabajo gráfico soberbio: la idea de enfrentar a los Jóvenes Titanes con los titanes mitológicos a los que deben el nombre, a través del universo grecorromano del cual procede Wonder Girl, se plasma en una magnífica historia de enfrentamiento entre divinidades paganas, con decenas de personajes por viñeta peleando o sencillamente declamando a la manera de los antiguos dioses, en una batalla que hará temblar los cimientos del mismo Olimpo.
George Pérez, que ya había mostrado su potencial para plasmar en viñetas un buen número de personajes en su trabajo en Avengers, derrocha talento en un universo de monstruos, amazonas y cíclopes que no hace más que recordarnos al mundo Kirbyano, si bien, frente a la imagen poderosa del Rey del Comic, Pérez se decanta por una elegancia en el dibujo que estiliza a sus figuras: sirva de ejemplo la seducción de Wonder Girl por parte de Hiparión, centrada en cuatro reducidas viñetas cargadas de sensualidad y (en cierta forma) de erotismo. Marv Wolfman, por su parte, firma un guión a la medida de su dibujante, y utiliza por primera vez el recurso típico de los supergrupos excesivamente numerosos: dividir a sus miembros en distintas misiones simultáneas que serán narradas en números sucesivos. Así, mientras la aventura olímpica contra los Titanes involucra a las amazonas, ayudadas por Wonder Girl, Starfire y Raven, la búsqueda del padre adoptivo del convaleciente Changeling será misión para Robin, Kid Flash y Cyborg.
La edición de Planeta, en tamaño reducido y a todo color, permite una lectura cómoda, si bien continúa esa extraña manía de modernizar las traducciones para un público actual, de forma que podemos encontrar referencias a la actriz Jennifer Garner o al mismo Chiquito de la Calzada (nada menos que Changeling exclamando: “Hasta luego, Lucas”). Al margen de estos errores, el color supone un feliz hallazgo para este formato reducido, pese al considerable aumento de precio: sin duda, una excelente edición para disfrutar del trabajo de dos artistas capaces de realizar un cómic que, veinticinco años después de su publicación original, hace sentir nuevamente esa extraña sensación de aguardar el siguiente número con verdadera impaciencia.
Sergio Holmes