BATMAN & ROBIN

ARTÍCULO

Por The Bat-Fan

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En 1995, tras el estreno de Batman Forever, los productores ejecutivos Benjamin Melniker y Michael Uslan eran, sin ninguna duda, dos hombres felices. Dándole la vuelta al dicho que asegura que se puede pasar del todo a la nada en cuestión de segundos, ambos habían conseguido transformar lo que el guionista Sam Hamm había calificado como “un proyecto condenado” en una saga cinematográfica cuyas tres primeras entregas habían recaudado nada más y nada menos que mil millones de dólares en taquilla (tanto es así que era la segunda vez, después de Star Wars, que en la historia del cine una trilogía llegaba a alcanzar esas cifras). Y esos números apenas eran un pálido reflejo de lo que las cintas habían generado a través de los productos de ‘merchandising’. Los responsables de la franquicia habían hecho numerosos esfuerzos por hacer de ese proyecto una realidad y, tras el estreno del segundo capítulo, habían llegado a dudar de cuál sería el futuro de la saga. Pero siempre habían apostado por el Señor de la Noche, y la recompensa había sido mucho mayor de lo esperado.

Gracias a los extraordinarios resultados cosechados por la tercera película del Murciélago, desde el primer momento no hubo la más mínima duda de que Batman 4  no tardaría en llegar a las salas de cine de todo el mundo. Sin llegar a las cifras de Batman, el tercer filme del personaje había devuelto a la productora la esperanza que Batman Vuelve había apagado ligeramente, haciendo que el cuarto largometraje protagonizado por el héroe fuera un proyecto que debía ver la luz lo antes posible y en cuya producción no había tiempo que perder.

Pese a los obstáculos a los que se enfrentó para sacarla adelante, el resultado comercial de la primera película había llevado a la Warner a tratar de repetir, en dos ocasiones posteriores, un éxito que se antojaba casi imposible. Con un presupuesto no excesivamente abultado teniendo en cuenta las características de la superproducción, Batman había conseguido generar no sólo una impresionante recaudación sino, lo que era más importante, desatar todo un fenómeno social que había devuelto al personaje de los modestos ‘comic-books’ a las altas cotas de popularidad que ya gozase bastantes años atrás gracias a la serie de televisión y a la película que llevaban su nombre. Y lo había hecho, además, a diferencia de aquéllas, sin alterar sustancialmente la esencia del protagonista y su mundo, mostrando en la gran pantalla lo que había cautivado a través de miles de viñetas y cinco décadas de publicación ininterrumpida a millones de lectores de distintas generaciones y nacionalidades en todo el planeta. A mayor abundamiento, a las cifras comerciales, el respeto hacia el personaje y el nacimiento de la pasión por el héroe que se dio en llamar “Batmanía”, hubo que sumar la calidad formal de la obra, que sin alcanzar unos niveles de excelencia nunca vistos, sí que logró destacar hasta hacer de la película un notable ejercicio cinematográfico.

Su secuela logró superarla en este último aspecto, pero supuso un sensible traspiés en los otros, lo que hizo peligrar el futuro de la serie. Si ya en la primera cinta se habían introducido algunas modificaciones considerablemente relevantes con respecto a los cómics, Batman Vuelve se alejó de ellos hasta hacer del personaje impreso poco menos que una remota fuente de inspiración en lugar del modelo a adaptar. La reacción de rechazo que esto provocó en una parte del público fue evidente, colocando a los productores ante la encrucijada de arriesgarse a perder en una tercera tentativa o retirarse a tiempo antes de que se consumase el fracaso. Los responsables del proyecto no se echaron atrás y tomaron la decisión de seguir adelante con una franquicia que aún creían rentable, costase lo que costase.

Entendiendo que la división de opiniones que el segundo filme había provocado en los espectadores debía implicar un cambio de rumbo en la dirección de la saga para no hacerla naufragar, el equipo técnico fue renovado por completo, buscando explorar nuevos puntos de vista y tratando de conseguir un enfoque más ligero e infantil que pudiera resultar más comercial. Y el resultado fue Batman Forever. Pese a presentar un acabado formal objetivamente mucho menos logrado que el de sus antecesoras, la mayor proximidad con el original respecto a su inmediata predecesora hizo que la cinta obtuviese grandes beneficios. Para la productora, además de un éxito a nivel de taquilla, la película supuso la constatación de que el proyecto tenía vida por sí solo, sin que los responsables del primer filme fueran los únicos e insustituibles encargados de llevarlo a cabo. En otras palabras: el público aceptaba los cambios. Y eso era algo fundamental, porque significaba que la saga podría prolongarse durante mucho tiempo.

La satisfacción que todo ello generó en los productores ejecutivos Melniker y Uslan se tradujo en una confianza absoluta en el nuevo equipo técnico, que sería el elegido para producir el cuarto largometraje del Señor de la Noche en apenas ocho años. Joel Schumacher y el resto de sus colaboradores repetirían su labor de Batman Forever, pero sin la presión que habían soportado durante el rodaje de aquella. El resultado de ese filme llevó a la Warner a darle una total libertad creativa al director de cara a esa cuarta entrega, obviando que eso fue lo que había hecho que Tim Burton transformara Batman Vuelve en una oscura crítica social a su medida, camuflada tras un disfraz de lobreguez y fantasía, apartándose de la esencia del personaje.

Con todo el control del proyecto en sus manos y sin Tim Burton como figurante en los créditos en el cargo de productor, Schumacher comenzó a hacer algunos cambios en su grupo de trabajo. Manteniendo prácticamente intacto su equipo, el cineasta se limitó a reemplazar a Bob Ringwood (responsable del diseño de vestuario en las tres anteriores cintas) por Robert Turturice, y a Christopher Burian-Mohr por Geoff Hubbard como director artístico, sustituyendo por completo a todos los encargados de los efectos especiales, al contar con un presupuesto mayor que el de Batman Forever (presupuesto que, de los cuarenta millones de dólares de Batman, había pasado, menos de una década después, a más de 125 millones en Batman 4).

Mientras tanto, el guionista Akiva Goldsman, con quien Schumacher había vuelto a trabajar después de la tercera película del Señor de la Noche en Tiempo de matar (A Time to Kill, 1996), empezó a elaborar un argumento desde el que estructurar la historia que narrara la película. En los cómics del Bat-universo, el éxito del tercer filme había provocado un incremento en las ventas y la aparición, gracias al tirón comercial del largometraje, de nuevas series regulares. Así, a Legends of the Dark Knight (surgida tras el estreno de Batman), Shadow of the Bat, Catwoman y Robin (creadas después de que Batman Vuelve llegara a los cines) se habían añadido Azrael, con Dennis O’Neil y Barry Kitson, y The Batman Chronicles, de cadencia trimestral y recopilatoria en cada número de tres historias cortas firmadas por diversos autores. En tan solo diez años, desde que con El regreso del Señor de la Noche Frank Miller devolviera al personaje a la categoría de icono popular, el Murciélago había pasado de tener dos únicas series (Detective Comics y Batman) que apenas se vendían, a liderar un boyante Bat-universo de casi una decena de títulos, donde no paraban de aparecer nuevas miniseries (como Nightwing –transformada después en serie regular- o Batman: Black & White) y números especiales (como Birds of Prey, que no tardaría en dar lugar a una nueva serie). Sin embargo, pese al aumento en las ventas y la fama que el héroe había alcanzado gracias a las cintas, el descenso en la calidad que sus historias habían experimentado después de haber tocado techo en la segunda mitad de los años ochenta era innegable. Y lo era hasta el punto de que lo único que las diferenciaba de las publicadas dos lustros atrás, en plena decadencia, era el número de ejemplares vendidos.

Por su parte, además de rediseñar su equipo, Joel Schumacher inició el ‘casting’ de actores que intervendrían en la película. Como era lógico, el primer paso era seleccionar al protagonista principal. Tras los agrios enfrentamientos entre director e intérprete durante el rodaje de Batman Forever, Schumacher decidió que Val Kilmer no volvería a representar a Bruce Wayne ni a su ‘alter ego’ Batman, por lo que su primera misión pasó por encontrarle un sustituto. Desechado Michael Keaton por su nula disposición a intervenir en un filme dirigido por el realizador que había elegido la productora, el cineasta barajó algunos nombres de los que habían sonado como posibles candidatos para portar el manto del Murciélago en la tercera entrega de la saga. Pero ninguno encajaba con la visión que él quería aportarle al personaje en el siguiente capítulo. Después de muchas dudas y tras darle numerosas vueltas a la cabeza, Schumacher encontró lo que buscaba casi por casualidad. Mientras ojeaba una revista, el director trató de acabar con el aburrimiento dibujando garabatos en las páginas de las publicaciones que estaba leyendo. Inconscientemente, se detuvo entonces en un anuncio de la película de Robert Rodríguez Abierto hasta el amanecer (From Dusk Till Dawn, 1996). Cuando apartó el bolígrafo del papel, comprobó asombrado que la fortuna le había sonreído al hacerle dibujar la capucha del Señor de la Noche sobre el rostro de uno de los protagonistas de aquella cinta de ladrones y vampiros tabernarios: George Clooney. Y fue en ese momento cuando Schumacher encontró a su héroe.

Pese a sus anteriores trabajos en cine y televisión, Clooney no llegó a alcanzar la fama hasta que intervino en una de las series de televisión con mayor audiencia en los últimos años, no sólo en Estados Unidos sino en todo el mundo. Habitual en sus comienzos en filmes de terror juvenil de bajo presupuesto e ínfima calidad como Terror en el instituto (Return to Horror High, 1987), Loca academia de combate (Combat Academy, 1987) o El regreso de los tomates asesinos (Return of the Killer Tomatoes: The Sequel, 1988), el actor pasó por largometrajes tan poco conocidos como prescindibles, entre los que se encontraban Red Surf (1990), La cosecha (The Harvest, 1993) y La burbuja mágica (The Magic Bubble, 1993). Pero fue el éxito de la televisiva Urgencias (E.R., homónima a la primera serie de televisión en la que actuó Clooney) lo que le llevó al estrellato, siendo asociado desde entonces por el gran público con el personaje del doctor Douglas Ross al que dio vida desde 1994 a 1999. Su popularidad le llevó a intervenir ocasionalmente en obras comerciales de aceptable repercusión popular, como Un día inolvidable (One Fine Day, 1996) o la ya mencionada Abierto hasta el amanecer, desterrando por completo las películas de serie B y convirtiéndolo en un actor carismático y elegante cuyo atractivo parecía encajar a la perfección con el del millonario Bruce Wayne.
 

Resuelta la principal incógnita del cuarto filme del Murciélago, fue necesario entonces encontrar qué intérpretes encarnarían a los villanos del mismo. Pese a que durante un tiempo se rumoreó con insistencia que Patrick Stewart sería el encargado de recrear al doctor Victor Fries y a su reverso oscuro Mr. Frío, el director siempre tuvo muy claro en qué tipo de actor debía recaer el papel. Stewart, entre cuya filmografía destacaban Excalibur (1981), Dune (1984), Fuerza Vital (Lifeforce ,1985), Comando Patos Salvajes 2 (Wild Geese 2, 1985), Tres mujeres para un caradura (L.A. Story, 1991), Las locas, locas aventuras de Robin Hood (Robin Hood: Men in Tights, 1993), Gunmen (1994) y varios largometrajes de la saga Star Trek, después de haber encarnado al Capitán Picard en distintos episodios televisivos, vio cómo el elegido por el cineasta no era otro que Arnold Schwarzenegger. Aparentemente poco apropiado para dar vida a uno de los más trágicos y melancólicos rivales de Batman, el musculoso actor que antaño había sido Mr. Universo contó con la aquiescencia de Schumacher tras haber protagonizado multitud de títulos de acción y aventuras, con toques de comedia en algunos de ellos, desde que en 1970 debutara en el cine con Hércules en Nueva York (Hercules in New York). Conan el Bárbaro (Conan the Barbarian, 1982), Terminator (The Terminator, 1984), Conan el Destructor (Conan the Destroyer, 1984), Comando (Commando, 1985), Depredador (Predator, 1987), Danko: Calor Rojo (Red Heat, 1988), Los gemelos golpean dos veces (Twins, 1989), Poli de guardería (Kindergarten Cop, 1990), Terminator 2: El juicio final (Terminator 2: Judgement Day, 1991), El último gran héroe (Last Action Hero, 1993), Mentiras Arriesgadas (True Lies, 1994), Junior (1994), Eraser, eliminador (Eraser, 1996) y Un padre en apuros (Jingle All the Way, 1996) conformaban una lista que dejaba pocas dudas de lo que cabía esperar del trabajo del intérprete. Los aficionados, cada vez más desencantados y más convencidos de que sus reproches a los responsables del proyecto eran completamente inútiles, hicieron llegar sus quejas a la productora, al entender que Patrick Stewart representaba una opción mucho más acertada para interpretar al villano. Warner Bros, sin embargo, decidió permanecer al margen y dejó que fuera el actor que había elegido Joel Schumacher, en quien confiaban ciegamente, el que representara al enemigo del Señor de la Noche. Algo que, como el propio director confesó posteriormente en una entrevista, hubiera recaído en el también hipermusculado Sylvester Stallone si Schwarzenegger hubiera rechazado el papel.

En cuanto a Hiedra Venenosa, la rumorología apuntaba a Julia Roberts, Sharon Stone y Demi Moore como las mejor situadas para interpretar a la doctora Pamela Isley y a su ‘alter ego’ criminal Hiedra Venenosa. Tremendamente populares por sus papeles en Pretty Woman (1990), Instinto Básico (Basic Instinct, 1992) y Ghost (1990), respectivamente, entre muchas otras obras, la decisión final pasó por la estupenda Uma Thurman, cuya interpretación en Pulp Fiction (1994) le valió la nominación al Oscar y al Globo de Oro a la mejor actriz secundaria. En su amplia filmografía, Thurman combinaba todo tipo de géneros, en una colección de películas que iban desde el cine independiente a la comedia más ligera, pasando por ‘thrillers’, dramas y cintas de acción: Las amistades peligrosas (Dangerous Liaisons, 1988), Las aventuras del Barón Munchausen (The Adventures of Baron Munchausen, 1988), Henry & June (1990), Jennifer 8 (1992), Análisis Final (Final Analysis, 1992), Ellas también se deprimen (Even Cowgirls Get the Blues, 1993), la ya citada Pulp Fiction (1994), Un mes en el lago (A Month by the Lake, 1995), Beautiful Girls (1996) y La verdad sobre perros y gatos (The Truth About Cats and Dogs, 1996).

Para el papel de Robin se mantuvo en el puesto al actor Chris O’Donnell, mientras que para interpretar a Batgirl (que de hija adoptiva del comisario Gordon en los cómics pasaría a ser sobrina del mayordomo Alfred en la gran pantalla), Schumacher se decantó por la joven Alicia Silverstone, quien había intervenido en La niñera (The Babysitter, 1995), película producida por el director de la cuarta cinta del Murciélago. De escasa trayectoria y poco conocida, Silverstone apenas contaba con Veneno en la piel (The Crush, 1993) y Asesino del más allá (Hideaway, 1995) antes de protagonizar la divertida Fuera de onda (Clueless, 1995), con la que logró algo más de popularidad. La actriz elegida por Schumacher sería la encargada de encarnar al mismo personaje al que, treinta años atrás, había dado vida una Yvonne Craig que siempre sospechó que le habían dado el papel por el extraño mérito de “ser capaz de conducir una moto”.

Por su parte, el actor John Glover fue elegido para representar al doctor Jason Woodrue, en lo que sería un cameo del científico del Universo DC que aparecía como villano de Swamp Thing en la serie de la Cosa del Pantano. Además de ponerle voz al personaje del Acertijo en Batman: The Animated Series, Glover contaba con un extenso bagaje cinematográfico que incluía Shamus, pasión por el peligro (Shamus, 1973), Julia (1977), Annie Hall (1977), La Increíble Mujer Menguante (Incredible Shrinking Woman, película dirigida en 1980 por el propio Joel Schumacher), Justicia Salvaje (The Evil that Men Do, 1983), Noches de sol (White Nights, 1985), Los fantasmas atacan al jefe (Scrooged ,1988), Mascarada para un crimen (Masquerade, 1988), Gremlins 2: La nueva generación (Gremlins 2, 1990), Robocop 2 (1990), Romance Anónimo (Schemes, 1994) y Fugitivo en la noche (Night of the Running Man, 1994).

El reparto lo completaron Jeep Swenson como Bane, la ‘top model’ Elle MacPherson como Julie Madison, Michael Gough como Alfred Pennyworth y Pat Hingle como James Gordon, siendo estos dos últimos los únicos actores que habían intervenido en las cuatro películas del Señor de la Noche. Conformado ya el equipo y con el guión de Goldsman (repleto de homenajes y chistes autoreferenciales) preparado, dio comienzo el que sería el rodaje más tranquilo y menos problemático de los que componen la saga cinematográfica del héroe iniciada en 1989. Sin embarazos ni accidentes que obligaran a sustituir a las actrices principales, ni la presión de los fans, ni imprevistas catástrofes en el set de filmación, ni peleas entre miembros del equipo, el mayor contratiempo al que la producción de Batman 4 tuvo que enfrentarse fue la lesión en una pierna que sufrió George Clooney al jugar un partido de baloncesto en su tiempo libre. Lo cual obligó a que, en algunas tomas, el disfraz de Murciélago que llevaba durante el filme fuera cortado por debajo de la rodilla de esa extremidad para permitirle llevar correctamente el vendaje que necesitaba. De hecho, en una de las secuencias iniciales (la que tiene lugar en el cohete que Mr. Frío emplea para huir) es posible ver al actor cojear ligeramente, al grabarse esa escena antes de que éste estuviera completamente recuperado.

Aprovechando la posibilidad de utilizar de nuevo algunos de los diseños de producción de Batman Forever, Schumacher pudo destinar una mayor parte del presupuesto a los efectos especiales y rodar así la persecución automovilística en los tejados de Gotham que, a pesar de sus deseos, no pudo filmar en su trabajo anterior. Pese a poder contar también con las creaciones de vestuario diseñadas para la tercera cinta, los uniformes de Batman y el Chico Maravilla se rediseñaron por completo, siendo fabricados con un nuevo tipo de goma que los hacía más flexibles y ligeros, aunque también mucho más frágiles (se rompían y rasgaban con terrible facilidad). A pesar de que los treinta y dos kilos del disfraz del Señor de la Noche que Michael Keaton lució en Batman habían ido reduciéndose progresivamente en cada secuela hasta unos livianos seis kilos, portarlo le pareció a Clooney una tortura: “El bat-traje debería llamarse bat-régimen. Dentro de él no se oye nada, casi no se puede respirar y te quedas deshidratado, aunque más vale no beber para evitar males mayores”.

Más acostumbrado a ese tipo de sacrificios por las características de los filmes que solía protagonizar, Schwarzenegger soportó con admirable paciencia y resignación las largas sesiones de maquillaje a las que tuvo que someterse antes de ser enfundado en una armadura metálica cuyo peso superaba ampliamente la treintena de kilos.

Como ya sucediera con su precursora y la compañía de restaurantes de comida rápida McDonald’s, Batman 4 sufrió la presión de los patrocinadores, quienes veían en ella un excelente escaparate desde el que exponer sus últimas novedades. La insistencia de las compañías chocó con la determinación de Schumacher de que en su película no apareciera nada que él no quisiera, permitiéndose al final únicamente que en la cinta apareciera un modelo del ordenador que Apple Computer lanzaba ese año al mercado con motivo del vigésimo aniversario de la fabricación del primer Macintosh.

 

Durante el proceso de rodaje reinó en los estudios de grabación un extraordinario clima de compañerismo y profesionalidad que llevó al director a afirmar que “nunca nadie llegó tarde y todo el mundo se sabía el guión. En definitiva: no tuve que hacer con los actores el trabajo que sus padres no habían hecho con anterioridad. Porque yo hago películas. A mí no me pagan por jugar a ser guardián, psiquiatra o experto en drogodependencias”. Aunque Schumacher evitó hábilmente poner nombre a los aludidos por estas duras declaraciones, su relación con Val Kilmer hacía pensar que las palabras del realizador iban dirigidas al anterior portador del manto de Batman. De hecho, el ambiente era tan distendido entre los miembros del reparto y del equipo técnico de Batman 4 que las bromas se sucedieron con sorprendente frecuencia, siendo George Clooney a quien más parecía divertirle ser uno de los participantes en todo aquello. Él fue quien sorprendió a propios y extraños al presentarse, en mitad de la grabación de un capítulo de la serie Urgencias, en el plató del mismo para visitar a sus antiguos compañeros y amigos ataviado con el uniforme completo del Señor de la Noche que lucía en la película.

El rodaje del filme, al contrario de lo que suele ser habitual en las producciones cinematográficas (y más aún, como era el caso, en las superproducciones), finalizó dos semanas antes de lo previsto, declarando entonces Joel Schumacher que aquélla había sido “la vez en la que mejor me lo he pasado haciendo una película”. Sin embargo, el final del mismo no acabó con el divertido clima que se había creado, como pudo comprobarse en una de las posteriores entrevistas a los actores. En ella, cada miembro de la plantilla de intérpretes fue preguntado sobre qué objeto de los que aparecían en la cinta les gustaría llevase a casa si pudieran. Arnold Schwarzenegger eligió la armadura que su personaje lucía en pantalla, Uma Thurman se decantó por el trono con motivos florales de la guarida de Hiedra Venenosa, Elle MacPherson se conformó con una chapa o cualquier cosa que llevara impreso el logotipo de la película...y George Clooney eligió llevarse a casa a Elle MacPherson.

Mientras la cinta pasaba por las manos del editor Dennis Virkler, y el compositor Elliot Goldenthal, Bill Berry, Peter Buck, Mike Mills y Michael Stipe (los componentes del grupo musical R.E.M), Billy Corgan y R. Kelly se encargaban de crear la música, la productora se ocupó de promocionar el filme con una campaña publicitaria que tratara de conseguir, como mínimo, repetir los resultados que cosechó Batman Forever. Sin embargo, las chocantes declaraciones de los participantes en la producción sobre lo que la gente podría encontrarse al ver el largometraje, el horrible aspecto visual que presentaban las primeras imágenes distribuidas por Warner Bros. y las dudas que el público tenía después de visionar el anterior trabajo del mismo equipo se entremezclaron para crear un ambiente frío y enrarecido en el que, a diferencia de sus predecesoras, la ilusión de los espectadores ante la nueva entrega brilló por su ausencia.

La película se estrenó finalmente el 20 de junio de 1997 con el título de Batman & Robin. El resultado al llegar a las salas comerciales estuvo en perfecta consonancia con las peores expectativas que los productores habían ido previendo tras comprobar las reacciones generales durante la fase promocional. Pese a ser la cinta con mayor presupuesto de las cuatro que conformaban la saga, la recaudación tanto en su país de origen (poco más de cien millones de dólares) como en el resto del mundo (unos doscientos cuarenta millones) fue la más baja de todas ellas. De hecho, las cifras fueron tan pobres comparadas con las que previamente se habían obtenido, que los resultados en taquilla logrados en Estados Unidos ni siquiera cubrieron el desembolso que los productores habían realizado. Para mayor desgracia, Batman & Robin no sólo fue la primera película protagonizada por el Murciélago que no recibió ninguna nominación a los Oscar de la Academia, sino que tuvo que soportar el escarnio de nada menos que diez nominaciones a los Razzie: peor director, peor película, peor ‘remake’ o secuela, peor guión, peor canción, peor pareja protagonista, peor actor secundario (categoría en la que fueron nominados tanto Arnold Schwarzenegger como Chris O’Donnell) y peor actriz secundaria (nominación compartida por Uma Thurman y Alicia Silverstone, quien, a su pesar, acabó llevándose el despreciado galardón).

Las ventas de los productos de ‘merchandising’ apenas lograron ser una sombra de lo que habían sido las de Batman y Batman Forever, DC tuvo que contentarse con publicar únicamente la por otra parte floja adaptación al cómic de la película (fue la primera vez que al estreno de la cinta no le acompañaba el lanzamiento editorial de un volumen que recopilara Las Mejores Historias Jamás Contadas de los villanos que la protagonizaban) y la reacción de rechazo por parte tanto de los aficionados como del gran público fue tan impresionante que la división de opiniones generada por Batman Vuelve parecía una maravillosa acogida en comparación con ella.

Los mismos críticos cinematográficos que habían alabado pocos años antes los sobresalientes trabajos de algunos de los participantes en los tres primeros filmes no escatimaron en calificativos despectivos y tremendamente negativos para calificar una obra que muchos consideraron como una de las peores películas de los últimos años. Director, guionista, actores, diseñadora de producción, editor, responsables de vestuario y maquillaje...Nadie escapó de las críticas. Así como la participación en Batman y Batman Vuelve había aupado a muchos cuyos nombres hasta ese momento resultaban prácticamente desconocidos por la mayoría de los espectadores, los que habían intervenido en la producción de Batman & Robin no pudieron evitar la repercusión negativa que tuvo para ellos su intervención en la cinta. Algunos trataron de borrar cuanto antes su presencia en la historia, mientras otros (los mayores responsables) se esforzaban en defenderla contra viento y marea, y los menos reconocían públicamente sus errores. Entre estos últimos destacó un autocrítico George Clooney al que la popularidad y la fama no le impidieron admitir, unos años después, que de lo único que se avergonzaba en su vida era “de haber hecho Batman & Robin”.

Pese a los planes del director, la productora no dudó en cancelar el proyecto de filmar la que hubiera sido la quinta película de la saga cinematográfica del Señor de la Noche. En contra de sus pronósticos, Benjamin Melniker y Michael Uslan comprobaron abatidos y anonadados cómo aquel cineasta al que consideraban un fabricante de productos comerciales y exitosos había sido el que, con la absoluta confianza de los productores ejecutivos, había acabado con la franquicia. Ni los miles de obstáculos con que se encontraron para hacer realidad Batman The Movie, ni el rechazo que generó la elección de Michael Keaton, ni las críticas a la presencia de un Robin afroamericano en la secuela de aquella, ni las terribles alteraciones respecto a los ‘comic-books’ originales, ni las protestas ante unos desafortunados diseños. Nada de eso había conseguido poner fin al sueño que en 1979, al comprar los derechos del personaje, iniciaron dos jóvenes productores ilusionados con llevar a la gran pantalla las aventuras de uno de los personajes de ficción más populares del siglo XX.

El sueño que miles y miles de ilusionados lectores en todo el mundo llevaban años soñando se había transformado, de repente, en una delirante pesadilla repleta de colorido e histrionismo. El interés por el personaje había desaparecido por completo. Y lo que era peor aún: tendría que pasar un lapso de tiempo que fuera suficiente para lograr reavivarlo hasta que alguien volviera a pensar en rodar una nueva película de un personaje que, treinta años después de ser convertido en un objeto de burla y parodia por un grupo de actores, guionistas y productores televisivos, veía cómo la incompetencia y la falta de respeto de un grupo de personas eran capaces de reducir un icono popular a la misma caricatura a la que había sido rebajado tres décadas atrás. 

Lo que durante cincuenta años no habían logrado en los cómics una multitud de psicópatas y criminales, lo habían conseguido rodando una película un director de cine, un guionista, un grupo de actores, una diseñadora de producción y, sobre todos ellos, una productora. Porque sin un público al que dirigirse, ningún héroe tiene posibilidad alguna de sobrevivir. En 1997, la imagen cinematográfica de Batman (y, con él, todo su universo y todos los que lo rodeaban) había muerto. Sólo quedaba ya esperar a que alguien lograra hacerlo resurgir.