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EL MEJOR DETECTIVE DEL MUNDO |
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Uno de los principales y más típicos rasgos de los superhéroes es, desde el mismo origen del personaje, la posesión de una “identidad secreta”, una especie de guiño al lector, que es el único capaz de reconocer a un tiempo al hombre y al héroe. Y, si la popularidad del personaje real y su alter ego lo permiten, en algunas ocasiones todavía se añade al nombre de nuestro superhéroe alguna fórmula editorial que sirva para identificarlo: el título de una colección será el lugar preferente para estos “sobrenombres”. Así, la cualidad de asombrar (“Amazing”) quedará reservada a Spider-Man desde su primera aparición, los Vengadores serán siempre “Los Héroes más poderosos de la Tierra” por mucha competencia que exista en su particular universo, y la Patrulla-X deberá conformarse con ser para siempre un grupo “Imposible” (particular traducción del original “Uncanny”). Algunos de estos sobrenombres serán olvidados (por ejemplo, “El Hombre del Mañana”, que fue sustituido por “El Último Hijo de Krypton”), y a veces, el adjetivo no acompañará al nombre sino que podrá incluso substituirlo (“El Hombre sin Miedo”, “El Hombre de Acero” “Los Hijos del Átomo”), pudiendo incluso dar título a alguna serie del personaje.
En el caso de Batman, son diversos los nombres que ha recibido a lo largo de su dilatada trayectoria: basta recordar el muy castizo “Dúo Dinámico”, cuando aún compartía regularmente sus aventuras con el joven Robin y en España todavía no habíamos oído hablar de ningún grupo musical que se llamara así. En la actualidad, sin embargo, la sombra de Frank Miller es lo bastante alargada como para que todos prefiramos referirnos a Batman con el muy sonoro apodo de “El Señor de la Noche” (muy buena traducción, pese a lo libre que resulta, de “Dark Knight”, porque “Caballero Oscuro” no suena ni la mitad de bien). Sin embargo, en su origen como criatura de la noche de la mano de Kane y Finger, Batman nos presenta un poco menos que desterrado sobrenombre que debe reivindicarse: “El mejor detective del mundo”.
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A finales de 1887, la revista inglesa Beeton Christmas’ Annual publica una novela corta titulada “Estudio en escarlata”. Su autor, un médico aficionado a escribir llamado Arthur Conan Doyle, busca hacerse un nombre en la literatura inglesa a través de la novela histórica, con Walter Scott como modelo. A pesar de su fría recepción, los lectores de la novela no dejaron de advertir que, por encima de la trama o del mismo misterio que centraba la acción del relato, el aspecto más logrado de la obra era su personaje principal, un individuo llamado “Sherlock Holmes” dotado de unas aptitudes de análisis y reflexión lógica que lo situaban por encima del resto de hombres. Doyle tomaba las premisas de Edgar Allan Poe y su personaje “Auguste Dupin” para crear la figura del detective como individuo de cualidades sobrehumanas y, de paso, señalar el inicio de la novela policíaca. Tras el relativo fracaso de sus dos primeras novelas largas, Sherlock Holmes empieza un fulgurante éxito a partir de 1891 con la publicación de sus aventuras en relatos más breves, hasta el punto que el mismo autor quiso acabar con su personaje arrojándolo por una cascada en 1893, para verse obligado a resucitarlo doce años después ante la presión del público.
Resulta curioso comprobar cómo la literatura de finales del XIX no sólo precede e influye al arte popular del XX (llámese cómic o revista), sino que señala muchos de sus rasgos, tal y como explora Alan Moore en su excepcional League of Extraordinary Gentlemen. Así, aspectos tan propios del cómic de superhéroes como el personaje con facultades especiales, el traje que lo identifica, el compañero de aventuras (Watson), el villano por excelencia (Moriarty), o tópicos como el regreso de la muerte están presentes en las aventuras de Sherlock Holmes. A su vez, Doyle encuentra la estructura a seguir por la literatura policíaca en las siguientes décadas: planteamiento del misterio, pistas que puede seguir el lector, resolución falsa, y solución final por parte del detective.
Cincuenta años más tarde del nacimiento de Holmes, en marzo de 1937, aparece en Estados Unidos el primer número de Detective Comics. Un año antes del debut de Superman, National Periodical Publications publica un nuevo título dedicado a historias cortas protagonizadas por detectives: Speed Saunders o el mismo Slam Bradley, personaje creado por Siegel y Shuster antes del Hombre de Acero y recuperado esporádicamente en títulos modernos como Catwoman, encarnarán a un nuevo modelo de detective, duro y poco metódico, y más interesado en imponer su ley por la fuerza de los puños que en dejar en evidencia al criminal descubriendo su culpabilidad.
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La senda abierta por Doyle había hallado en los Estados Unidos un peculiar acomodo en el formato más popular de las revistas pulp, magazines de ínfima calidad (de ahí su nombre, de la pulpa de papel en que se imprimían) que ofrecían historias de autores con poco o ningún afán literario más allá de ganar algún dinero con historias truculentas y cargadas de todo aquello que el lector popular demandaba: géneros como la ciencia-ficción, el terror o el relato policíaco serían adaptados en el nuevo formato con el final de siglo. En el caso del género detectivesco, el testigo de Sherlock Holmes será recogido por Philip Marlowe, La Sombra y otros muchos seguidores, cada vez más alejados del modelo inglés a medida que se aproximaban a las exigencias de un público más interesado en la aventura cargada de acción que en la reflexión lógica del detective.
Con la llegada al cómic del género policíaco, los autores se adaptan a este nuevo tipo de “investigador privado” que sustituye al “detective”, manteniendo aún los rasgos de superioridad (más física que mental) que los sitúan en la esfera de lo que podemos llamar “héroes”. En 1938, Superman aparece en Action Comics, y de repente aparece el personaje del héroe con mayúsculas, el “superhéroe”. No era el primer héroe disfrazado (le precede el Phantom –Hombre Enmascarado- de Lee Falk), pero sí el primero capaz de hazañas propias de los grandes héroes de la mitología clásica, mitad hombres, mitad dioses. Con el éxito inmediato del hombre de Krypton, la industria del cómic inicia su periplo en la explotación del nuevo género, y en el caso de Detective Comics, Bob Kane será el primero en aferrarse a los “héroes de ropa larga”. Batman, con su traje de murciélago y su carácter silencioso y aterrador, representará a la perfección el paradigma del “superhéroe sin superpoderes”, con la única y suficiente habilidad de cuerpo y mente adquirida a través de la exigencia y perseverancia en la perfección.
Batman debuta en una historia de apenas seis páginas, en el número 27 de Detective Comics. La historia presenta unos misteriosos asesinatos, sin culpable aparente, la reacción de una ineficaz policía y la resolución final del misterio gracias a Batman (llamado en sus primeras apariciones “The Bat-Man”, un personaje oscuro y anónimo que investiga por su cuenta, revelándose en la última viñeta como Bruce Wayne. Muchos de los rasgos que posteriormente han hecho célebre al personaje (la muerte de sus padres, el mayordomo Alfred, la bat-cueva…) tardarán en aparecer, pero en esta primera historia se observa cómo el nuevo personaje, a pesar de su influencia superheroica, no deja de encajar perfectamente en el tema de un comic-book dedicado a los detectives.
Es posible que, con el paso de los años y la importancia de Batman en el mundo superheroico que podemos llamar “Universo DC”, el personaje haya perdido parte de su carácter de serie negra, para volverse más “héroe” y menos “detective”: la participación de Batman en grandes sagas, los team-ups con Superman (personaje complementario, que no opuesto) o como miembro de grupos como La Liga de la Justicia han dejado a menudo al hombre murciélago a un lado, por no poder competir en poder con sus compañeros o enemigos. Frente al paradigma de un Superman como héroe casi divino, Batman se moverá en el contexto más mundano de los bajos fondos, siempre en una permanente trama policíaca donde los gángsters, las pistolas y las peleas a puñetazos plagan historias y viñetas. Es por ello que, desde sus inicios, Batman tendrá como adversario preferente el mundo del hampa, reconocible en sus más característicos villanos (Joker, Pingüino, Dos Caras…), todos ellos jefes de grupos de delincuentes con personalidades singulares y excepcionales.
Este carácter policíaco, que define y distingue al Batman creado por Bob Kane, habrá sido olvidado a lo largo de muchas etapas del personaje, y no sólo en la nefasta “Batman Family”: la influencia del superhéroe es demasiado fuerte, incluso para el hombre murciélago, que acabará ocupando la totalidad de la revista Detective Comics para convertirla por completo en un comic-book más de la línea dominante. Tal vez por ello, etapas como la de Neal Adams y su “vuelta a los orígenes” o la de Englehart/Rogers/Austinse agradecen en la medida que recuperan al “superhéroe detective” que viste de murciélago.
En marzo de 1987, la serie Detective Comics celebró su cincuenta aniversario con la publicación del número 572, en el que Mike W. Barr y Alan Davis reúnen a algunos de los personajes nacidos en las páginas de la serie, como el mismo Slam Bradley o el muy “superheroico” Hombre Elástico (Elongated Man), además del Señor de la Noche y su inseparable Robin. En un verdadero guiño no sólo al género sino también al origen mismo del detective, la trama sigue los delitos de un grupo de descendientes del profesor Moriarty… para finalizar con la intervención de un muy envejecido Sherlock Holmes, que habla de tú a tú a un Batman que no puede evitar sentirse disminuido ante su verdadero mentor y modelo… y por si la presencia del primer detective pudiera parecer gratuita, los cincuenta años de vida de Detective Comics coinciden con el primer centenario de la publicación de Estudio en Escarlata.
Es deseable, en el futuro inmediato de nuestro personaje (y pienso no sólo en las viñetas, sino también en sus adaptaciones cinematográficas, que afortunadamente parecen haber hallado el rumbo correcto), que no se olvide este carácter policíaco del hombre murciélago, el necesario misterio alrededor de su figura o su oscuridad. Porque, si Batman es el hombre murciélago, si es el Señor de la Noche… también es “el mejor detective del mundo”.
Sergio Holmes