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LA PASIÓN, según Jason Todd 1ª PARTE |
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Datos personales: Nombre: Jason Todd Altura: 1,50 m. Ojos: azules Peso: 47 kgs. Cabello: negro Parientes conocidos: Willis Todd (padre, fallecido), Sheila Haywood (madre, fallecida), Catherine Todd (madre adoptiva, fallecida). Grupo de afiliación: Los Nuevos Titanes Base de operaciones: Gotham City Primera aparición: “Batman #357” y, de nuevo, en “Batman #408” |
La vida de Jason Todd, segundo discípulo del multimillonario Bruce Wayne y segundo compañero de su ‘alter ego’ Batman, comprende dos partes claramente diferenciadas, cada una de las cuales representa una historia diferente.
Así, Jason aparece por primera vez en el Bat-universo en marzo de 1983, en el Batman #357. Siguiendo la estela del que sería su precedesor, Jason se ganaba la vida como trapecista en el Circo Hill (Dick Grayson lo hacía en el Circo Haly), acompañado de sus padres Joseph y Trina Todd.
A semejanza de la extorsión a la que Tony Zucco había sometido a Haly y que derivó finalmente en la muerte de John y Mary Grayson, Killer Croc (un gángster llamado Waylon Jones con la apariencia física de un cocodrilo) amenazó a los componentes del Circo Hill con la intención de obtener dinero a cambio de “protección”. Al conocer Batman la existencia de dicho chantaje e involucrarse en la investigación, el Señor de la Noche se vio obligado a hacer frente a un doble contratiempo: ser herido en una pelea y que Trina Todd descubriera, accidentalmente, su identidad secreta durante una visita a la Mansión Wayne.
Para tratar de escapar del peligro que Killer Croc suponía para sus vidas, los Todd decidieron ayudar al Murciélago y poner fin a aquella situación. Sin embargo, ni Batman ni un cada vez más maduro e independiente Robin consiguieron evitar la tragedia. En una pelea en la Sala de los Reptiles del Zoo de Gotham, un salvaje Croc acababa con las vidas de los progenitores de Jason, provocando la furia desatada del huérfano (Detective Comics #526, mayo de 1983). Consumido por la rabia, Jason solicitó ayuda a Batman para saciar su sed de venganza.
A pesar de las dudas sobre cuál sería la decisión más correcta, Bruce, aconsejado por Dick, optó por hacerse cargo del chico, quien (gracias a su excelente forma física, a su deseo de vengar la muerte de sus padres y a las continuas discusiones que por aquel entonces no dejaban de protagonizar el Murciélago y el Chico Maravilla) acabaría asumiendo el papel de ‘sidekick’ de Batman, tras decidir Dick Grayson dejar el que había sido su puesto durante años (The New Teens Titans #39, febrero de 1984).
Así, en Batman #368, Dick (quien poco más tarde –en Tales of the Teen Titans #44, julio de 1984- pasaría a adoptar la nueva personalidad superheroica de Nightwing, alejado de Bruce Wayne) cedió el relevo a Jason, regalándole el manto amarillo con el que había combatido el crimen desde que Batman lo acogiera como pupilo.
En ese momento, Jason Todd se convirtió en el segundo Robin, encomendando por completo su vida a luchar contra el crimen en la misma cruzada que su nuevo tutor y al lado del Señor de la Noche. Y, como había hecho Dick, compatibilizando su puesto como compañero del Murciélago con el de miembro de los Jóvenes Titanes, donde llegaría incluso a liderar el grupo (The New Teen Titans #20-21, 1986).
Editorialmente, Jason Todd representó la solución más obvia, fácil y rápida para llenar el vacío que Dick Grayson iba a dejar cuando se independizara del que había sido su mentor desde el asesinato de sus padres.
Al rechazar Gerry Conway (guionista regular de Batman y Detective Comics) utilizar el personaje de Robin en sus series, Marv Wolfman y George Pérez (equipo artístico de los Titanes) apostaron por hacerle madurar con el objetivo de convertirlo en un líder creíble al frente de los Jóvenes Titanes. Así, Dick comenzó a desarrollar una imagen muy distinta dentro de ese grupo a la que mostraba como compañero de Batman. Como el propio Wolfman confesó, llegó un momento en el que se simultanearon dos Dick Grayson: maduro y con cerebro con los Titanes, juvenil y alegre con el Señor de la Noche como contrapunto a la oscuridad de éste.
Mientras el editor Dick Giordano estuvo al cargo, empleando su famosa fórmula de “dejar hacer” a los guionistas, esta dicotomía dentro del mismo personaje se fue manifestando sin provocar mayores dificultades ni generar grandes problemas. Pero, llegado el momento de decidir cuál de los dos personajes debía ser absorbido por el otro, DC tomó como criterio de elección el número de ejemplares vendidos por cada serie.
Ya que por aquel entonces Tales of the Teen Titans aventajaba en ventas de forma notable a Batman (y al resto de series del Universo DC), el editor sustituto de Giordano, Len Wein, aceptó sacrificar la figura del Chico Maravilla tal y como era conocido hasta ese momento por los lectores de las series regulares del Señor de la Noche a cambio de situarlo como cabeza visible de los Titanes. De esta manera, tras cuarenta y tres años bajo la sombra del Murciélago, Dick Grayson abandonó el disfraz de petirrojo, otorgó el testigo a Jason Todd y pasó a ser Nightwing (nombre que Superman había adoptado como identidad de superhéroe en la ciudad kryptoniana de Kandor), independizándose de Bruce Wayne. Cumplía así el que era inevitablemente su destino: seguir los pasos de su maestro y amigo hasta convertirse en héroe individual, e iniciar una nueva vida alejado del Bat-universo, con los Titanes, su amor por Kory Anders y la ciudad de Blüdhaven en el horizonte.
Pero, comprendiendo que después de todo ese tiempo, Batman no podía dejar de tener, de golpe, a un Robin a su lado que le proporcionara estabilidad y que representara dentro de las viñetas a todo ese público juvenil que deseaba acompañar a su héroe en sus aventuras, Wein optó por poner la venda antes de que se produjera la herida en forma de rechazo por parte de los lectores. De esta manera, tras una reunión entre Doug Moench, Marv Wolfman, Len Wein, George Pérez y Dick Giordano se decidió que, sin necesidad de ningún alarde creativo, Gerry Conway y Don Newton crearan al que más tarde llegaría a ser el segundo Chico Maravilla, virtualmente idéntico al primero. Su encargo era únicamente cubrir la baja que la marcha de Dick Grayson iba a suponer, por lo que la personalidad de Jason Todd apenas sería desarrollada de forma original o novedosa.
Desde la editorial, se tenía la opinión de que, para los aficionados del Bat-universo, lo importante debía ser mantener con vida al dúo dinámico de Gotham aunque se alteraran los nombres de sus componentes por circunstancias que, además, eran ajenas a las propias series del Murciélago. Y, realmente, así era. Eso es lo que deseaba la inmensa mayoría de los lectores, aun prefiriendo muchos de ellos que fuera Dick el que continuara como compañero.
Dennis O’neil (quien tomaría el relevo de Len Wein como editor del Señor de la Noche en noviembre de 1986) manifestaría más tarde que la figura de Robin es necesaria para Batman por la doble función que desempeña en la historia: como el doctor Watson en las de Sherlock Holmes, el Chico Maravilla es un interlocutor con el que el héroe puede mantener diálogos que permitan al lector conocer el desarrollo de la investigación, y como el sepulturero en Hamlet, proporciona ocasionalmente la nota de humor en una narrativa que, si no, sería irremediablemente áspera. A lo que hay que añadir una tercera labor que Pérez se encargaba de apuntar: la figura paterna que alguien como Robin posibilitaba ejercer a Bruce Wayne, permitiendo profundizar así en la personalidad del Murciélago.
Tras casi medio siglo de vida, Robin se había convertido en una pieza imprescindible, que no podía ser reemplazada, dentro de la estructura narrativa de las historias de Batman. Por ello, Jason Todd era prácticamente un clon (no sólo biográfica, sino incluso físicamente) de Dick Grayson: por el miedo que existía dentro de DC a que los lectores no aceptaran un cambio radical en la idiosincrasia de un personaje tan querido.
Como reconoció George Pérez posteriormente, Doug Moench (auténtico artífice de toda esta idea) estaba ansioso por volver a desarrollar el mismo planteamiento que Finger y Kane llevaran cabo en 1940, cuando hizo aparición Robin, dotando a Batman de un nuevo y joven compañero. Para los guionistas, se ponía fin también, de esa forma, a la necesidad de recurrir a ‘flashbacks’ que permitieran ahondar en los primeros años del Señor de la Noche con Robin a su lado: ahora tenían la posibilidad de explotar (y mejor de lo que pudo hacerse en la ‘Golden Age’, donde se ponía menos énfasis en el desarrollo de los personajes) al nuevo ‘sidekick’ como quisieran, dando paso a nuevas y más complejas historias.
De esta forma, mientras entrenaba su físico y preparaba su mente (carente de las habilidades como detective de las que gozaba su mentor), los guionistas le planteaban a Jason los problemas que un adolescente normal tendría de incorporarse al universo de Batman, acentuados por la falta de sus padres biológicos (lo que le hacía ver a Nocturna –presentada en el Batman #363, septiembre de 1983- como una representación de su madre, y al propio Bruce Wayne como su padre). La interacción entre estos personajes aportaba un juego muy interesante.
Pero lo que parecía asentarse como base para futuras historias del Murciélago daría un vuelco radical en 1986, por culpa de diversos avatares del destino cuya relación parecía difícil de ser descifrada.
En primer lugar, en el Bat-universo oscuro y futurista que Frank Miller retrataba en su obra maestra Batman: El regreso del Señor de la Noche (Batman: The Dark Knight Returns), como acompañante del Murciélago aparecía un inesperado tercer Robin: la joven Carrie Keane Kelley. Ni Dick Grayson, ni Jason Todd. El primer Robin, siguiendo la línea marcada por la continuidad, había madurado y, según Miller, se había ido distanciando de su tutor hasta el punto de no haber mantenido con él ningún contacto durante los diez años anteriores al momento en el que se desarrollaba la historia. Pero…¿Qué le había pasado a Jason para no ser él quien estuviera al lado de Batman?
En Dark Knight, Jason Todd es sólo un cadáver. Y su asesinato diez años atrás conmocionó tanto a quien se había hecho responsable de velar por su seguridad que Bruce Wayne llega entonces a prometerse a sí mismo que nunca más volverá a patrullar las calles de Gotham portando el manto del Murciélago. A pesar del juramento de vengar la muerte de sus padres, a pesar del esfuerzo para lograr hacerlo realidad, a pesar de todo lo vivido, es la muerte de un niño lo que pone fin a la leyenda…hasta que lo que años atrás impulsó a aquel huérfano a convertirse en Batman se rebela, negándose a desaparecer, y consigue que el Señor de la Noche regrese a su cruzada para continuar su guerra contra el crimen. Con el recuerdo siempre en la memoria, eso sí, de haber tenido “el honor” de combatir junto a un “buen soldado”: Jason Todd.
Por otra parte, en marzo de ese mismo año se publicaba el número 12 de Crisis en Tierras Infinitas (Crisis on Infinite Earths), la saga que estaba destinada a remover por completo los cimientos del hasta entonces caótico Universo DC. En ese capítulo, el Robin adulto de Tierra-2 (una de las “Tierras” del Multiverso, donde residían los héroes de la ‘Golden Age’) era asesinado y borrado para siempre de la continuidad del Murciélago. No se trataba del auténtico Robin, pero los lectores ya sabían que se sentía al ver morir al compañero de Batman.
Y, finalmente, es en 1986 cuando, lejos de realidades alternativas y de maxiseries galácticas, el guionista de la serie regular Batman, Max Allan Collins, se propuso darle al personaje una verdadera personalidad, renovándolo por completo. Aprovechando la reestructuración de líneas argumentales que “Crisis” había provocado, y contando con la aprobación del editor Dennis O’neil, Collins (junto al dibujante Chris Warner) dejó atrás la copia de Dick Grayson que Jason Todd había sido hasta ese momento y le otorgó una nueva biografía.
En Batman #408-411 (junio-septiembre de 1987), Jason Todd volvía a aparecer por primera vez, en este caso como un conflictivo chico de la calle al que el Señor de la Noche sorprendía intentando robarle los neumáticos al Batmóvil, en pleno ‘Crime Alley’ (el Callejón del Crimen donde perdieron la vida los padres de Bruce Wayne).
Poco después, el Murciélago descubría que Jason, a pesar de su juventud, vivía solo en un piso desde que su madre, Catherine Todd, falleciera a causa de una enfermedad. Con su padre ausente (al que Todd creía en prisión), Jason se encontraba completamente solo.
Tras ingresarlo en una Escuela para jóvenes marginales, Batman destapó, gracias al chico, que en realidad ese centro ocultaba un negocio en el que “Ma” Fay Gunn dirigía a los chavales a su cargo para cometer crímenes, y consiguió llevar a Gunn ante la Justicia. Bruce Wayne decidió entonces acoger a Jason en su mansión y someterlo a un duro entrenamiento durante seis meses para convertirlo en el nuevo Robin. Desaparecían así el circo Hill y Joseph y Trina Todd, apartando de la continuidad todas las anteriores historias del segundo Chico Maravilla.
Por su parte, el papel pre-“Crisis” que había desempeñado Killer Croc pasaba a asumirlo Dos Caras, al descubrir finalmente Jason que su padre, Willis Todd, había sido un ladrón al que su antiguo jefe, el que fuera fiscal del Distrito Harvey Dent, había asesinado. Robin, con la ayuda del Murciélago, vengó la muerte de su padre atrapando a Dos Caras y encerrándolo en Arkham Asylum. El papel de este villano en la historia del segundo Robin tenía de esta manera la trascendencia que antaño tuvo en la del primero.
En palabras de Dennis O’neil, la intención de Collins era hacer de Jason “un personaje con fuerza, dramático, cuyos padres fueran criminales y se encontraran en un plano opuesto al que el Señor de la Noche representaba”. Para acabar de definir su carácter, el guionista decidió añadir dos detalles más, que marcarían el futuro del personaje. El primero, que, a diferencia de su predecesor, Jason no sería jovial ni sumiso a las órdenes de Bruce, sino más rebelde y problemático, como su origen de ladrón callejero podía hacer esperar. Y el segundo, que se modificaría la historia de Dick Grayson, de manera que éste no abandonaría a Bruce para poder independizarse y liderar los Titanes, sino que, tras un enfrentamiento con el Joker en el que Dick resultaría herido de bala, era el propio Batman el que obligaba a Robin a renunciar a su puesto.
El nuevo Jason Todd era ya una realidad. Pero nada hacía presagiar cuál iba a ser su terrible destino…
Pese a haber logrado llegar a este punto, Jason iba a tener que hacer frente a diversos problemas para salir adelante.
Para empezar, Todd arrastraba una leyenda negra de heridas y contusiones que lo presentaban como un personaje débil y muy vulnerable. Como ejemplo, baste citar “Mi principio…y mi probable fin” (Detective Comics #574, mayo de 1987), donde Mike W. Barr y Alan Davis lo situaban al borde de la muerte por culpa del Sombrerero Loco. La imagen del Murciélago tomando entre sus brazos a un malherido Robin comenzaba a hacerse recurrente, y empezaba inconscientemente a calar en los lectores la idea de que, tal vez, Miller hubiera acertado con su visionario pronóstico.
A esto hay que añadir que, por problemas con las fechas de entrega, el dibujante Chris Warner, compañero de Max Allan Collins en Batman y encargado de dibujar el nuevo origen de Todd, fue despedido en mitad de la saga y sustituido por unos incapaces Dave Cockum y Ross Andru, que destrozaron la historia. La puesta en escena de todo el planteamiento resultó un fracaso, a pesar del esfuerzo del guionista y del editor. Muy descontento con DC, Collins decidió abandonar, cubriendo así el futuro de Jason Todd (al que puede considerársele su creación) con un manto de incertidumbre.
Para colmo de males, la nefasta presentación del nuevo Jason (Batman #408-411, junio-septiembre de 1987) tuvo lugar justo después de la publicación del genial “Año Uno” de Frank Miller y David Mazzucchelli (Batman #404-407), por lo que la comparación entre ambas historias provocó que las críticas de los disgustados lectores comenzaran a arreciar.
En general, el panorama en el Bat-universo se presentaba desolador. Mientras John Byrne se encargaba de sentar las bases de la continuidad post-“Crisis” de Superman y George Pérez hacía lo propio con Wonder Woman, el Señor de la Noche acumulaba, uno tras otro, una sucesión de fallidos intentos por alcanzar un cierto grado de estabilidad, sin perspectivas de que la situación mejorase a corto plazo. Al segundo origen de Jason en Batman había que añadir el criticado “Año Dos” en Detective Comics, que supuso la marcha de Barr y Davis. Sin equipos creativos en ninguna de las dos series regulares, O’neil optó por publicar arcos argumentales de distintos autores hasta encontrar a alguien que se hiciera cargo de ellas de forma estable.
En Batman, el primer guionista elegido fue Jim Starlin, acompañado en los lápices por el veterano Jim Aparo. Su debut como equipo artístico tuvo lugar en diciembre de 1987 (Batman #414), convenciendo la calidad del relato al editor para mantenerlos durante algunos números más. Hasta que, entre marzo y junio de 1988, alcanzaran mayor popularidad gracias a la historia “Las diez noches de la Bestia” (Batman #417-420), lo que les permitió consolidarse como autores de la serie regular.
Sin embargo, para Jason Todd este hecho tenía visos de convertirse en un gran contratiempo. Porque, como muchos otros guionistas antes que él, Starlin aborrecía a Robin. Su malestar no se dirigía contra Jason, sino contra la figura del Chico Maravilla en general y todo lo que éste representaba para el Murciélago: “Batman estaría mejor sin él. Es más interesante como un personaje oscuro y solitario en medio de la noche. Creo que fue un error traer a Robin de vuelta”.
Su rechazo era tan grande que llegó a promover la elección del discípulo de Bruce Wayne como víctima para una historia de trasfondo social en la que un personaje de DC moriría de SIDA. No obstante, O’neil le dejó claro que la editorial no tenía ninguna intención de hacer desaparecer al joven compañero del Señor de la Noche, por lo que estaba obligado a seguir incluyendo al personaje en sus historias.
La respuesta del guionista consistió en acentuar la rebelde e impetuosa forma de ser de la que Collins le había dotado, hasta hacer de Jason Todd un adolescente venal y testarudo, proclive a la violencia.
Aunque Starlin moderara un poco ese carácter en algunos guiones (como en la miniserie The Cult, de 1988, donde puede verse a un Robin algo más maduro), Jason se iba convirtiendo por momentos en un personaje no sólo excesivamente impulsivo, sino incluso irracional, para el que los ya de por sí expeditivos métodos de su mentor resultaban insuficientes a la hora de combatir el crimen.
Pero la antipatía de Starlin por el personaje no era el único obstáculo a superar dentro de DC. Los problemas de continuidad que “Crisis” había desencadenado no habían cesado, y el propio O’neil se veía obligado a reconocer la falta de solidez y la incoherencia de algunos planteamientos de la historia de los dos Robin, debido a que ésta se había ido creando sobre la marcha. ¿Por qué Batman arrebató a Grayson el manto de Robin con la excusa de no continuar poniendo en peligro la vida de un adolescente, para poco después cedérselo a alguien menos preparado como era Jason Todd? ¿Cuándo y por qué decidía entonces Dick Grayson convertirse en Nightwing? Al editor, las anomalías que habían provocado las modificaciones en la continuidad y las lagunas temporales surgidas a raíz de “Crisis” no le preocupaban excesivamente, aunque le incomodaba no poder contentar a los lectores. Eran problemas que “no se habían podido prever”, pero para los que deseaba intentar buscar una solución.
Para ello se reunió con el guionista Jim Starlin y con el editor de DC encargado de la continuidad de las historias, Robert Greenberger, acordando entre los tres (tal y como O’neil afirmó en una entrevista a DC Focus magazine en el verano de 1987) elaborar unas biografías verosímiles que permitieran compatibilizar y explicar todos los datos que existían hasta ese momento.
Narrado en forma de ‘flashback’ en el Batman #416, se estableció así que Dick asumiría la identidad de Nightwing tras impedirle Bruce continuar actuando y arriesgando su vida como Robin. El hecho de seguir actuando como un superhéroe era una forma de demostrarle a su tutor que se había equivocado, que podía y debía seguir realizando la tarea para la que el propio Wayne le había estado educando durante años.
Por su parte, Batman se daría cuenta de que necesitaba a alguien a su lado, alguien que le humanizara y le hiciera ponderar sus acciones. Alguien como Dick. Por eso, cuando el Señor de la Noche encontró a Jason en la calle y vio un porvenir de delincuencia en su futuro, decidió acogerlo e instruirle, entrenándolo para convertirlo en su segundo compañero. Seis meses durante los cuales lo prepararía para no exponerlo a un peligro al que no pudiera hacer frente; seis meses durante los cuales Dick Grayson (asentado en Manhattan, lejos de la mansión Wayne) decidía dejar de ser Robin para convertirse en Nightwing. Con la visita en la que Dick hacía reconocer a Bruce que lo echaba de menos, y el posterior encuentro con Jason en el que el primero entregaba al segundo su antiguo disfraz de petirrojo, O’neil daba por resuelto el problema que tantos bucles temporales, cambios de guionistas e incorporación de personajes habían provocado. Lo que no sería óbice para que, en el futuro, se realizaran nuevas revisiones destinadas a atar algún cabo suelto (como en Nightwing Secret Files #1, de 1999, y Nightwing: Año Uno, de próxima publicación). A pesar de todo, el círculo parecía cerrarse por fin. Tras cinco años (desde su primera aparición en 1983 hasta 1988) peleando por encontrarse a sí mismo, Jason parecía descubrir su sitio. Pero la pregunta en ese momento era: ¿lo aceptarían los lectores?