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ARKHAM: EL PINGÜINO |
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Lo admito. Al igual que a muchos otros fans, el Pingüino nunca me ha atraido demasiado como villano del murciélago. Ni siquiera cuando era pequeño acababa de encontrarle toda la gracia y siempre pasaba las páginas de sus historias con cierto hastío, esperando con ganas el próximo episodio del volumen que estuviera leyendo, por si salía El Joker, Catwoman o algún otro de los malvados que más me gustaban. El Pingüino me caía demasiado simpático. Ni siquiera cuando apareció en las primeras historias de Bill Finger y Bob Kane –en las cuales asesinaba sin mayores problemas- me pareció un personaje amenazador, sino más bien alguien bufonesco. Incluso más que el Joker de la Golden Age .
Hoy en día sigue sin ser uno de mis favoritos, pero se le coge cierto cariño por varias razones. La primera ser un villano realmente emblemático de la galería del señor de la noche, con todo el sabor retro y encantador de la época en que fue creado. La segunda, el ser una rara avis -nunca mejor dicho- en esta galería de enemigos, ya que es alguien estrafalario y capaz de las más terribles acciones, pero a la vez es calculador y nada desequilibrado. Y no solo tiene un código de honor más acusado que el de otros antagonistas de Batman, sino que alguna vez se le ha “pillado” cometiendo alguna buena acción o demostrando algunas emociones (¡¡Incluso el amor!!). La tercera ventaja, y la más importante para mi, es que se trata de un personaje que ha evolucionado a través de los años, habiendo sido reinventado de varias efectivas maneras sin perder nunca su esencia.
¿Y cuál es su esencia? Pues básicamente el señor Oswald Chesterfield Cobblepot fue un niño gordito y de nariz ganchuda que sufrió las burlas de sus compañeros de clase en la infancia. De siempre desarrolló un gran afecto por los pájaros, sus verdaderos amigos y a los que trata como personas.
Su pasión por el esteticismo y las cosas hermosas le llevó en la edad adulta a desarrollar una carrera delictiva como ladrón de objetos de gran valor, casi siempre relacionados con el mundo de las aves. Y para ayudarle en su tarea posee un efectivo arsenal de paraguas-arma de varios calibres, con los que se quita de encima a cualquiera que se interponga en su camino (o se burle de su cómico aspecto, con los carácterísticos frac y sombrero de copa). Sus modales son refinados, comportándose como todo un “gentleman” siempre que no le saquen de sus casillas, además de ser un gran aficionado a la música y a Shakespeare , al que cita con frecuencia. Su creación es, como con todo personaje de Batman, motivo de opiniones encontradas. Bob Kane cuenta que lo creó basándose en la imagen de los paquetes de cigarrillos Kool , que incluía a un pingüino, mientras que Bill Finger asegura que se le ocurrió la idea al ver un documental sobre los pingüinos emperador, que le recordaron a los miembros de un club inglés.
La primera etapa –al amparo del señor Finger-, presentó como ya hemos dicho a un Pingüino frío y calculador que usaba su paraguas escopeta para quitar vidas con la mayor naturalidad del mundo, a la vez que observaba su magnífica colección de paraguas o asistía embobado a alguna exposición de arte. En su primero aparición (Detective Comics # 58) consigue hacerse él solito con el control de las más peligrosas bandas de criminales en Gotham y por supuesto, atrae la atención de Batman y Robin sobre su ridícula persona, aunque en sus identidades de Bruce Wayne y Dick Grayson ellos mismos se burlaron de la cómica apariencia de Oswald. Pronto descubrieron que no era alguien al que tomarse a broma.
Su aparición caló en la audiencia de chicos americanos de la época y pronto se convirtió en un villano recurrente en Batman y Detective Comics , entrando por la puerta grande en la etapa más amable y luminosa del señor de la noche. Poco a poco Oswald realizaba robos cada vez más estrafalarios y se convertía definitivamente en un bufón casi inofensivo. Aunque renovó su arsenal de paraguas, con cuchillas, lanzallamas, misiles y hasta un paraguas-cóptero para volar, su amenaza era cada vez menor y pronto comenzó a dar esas muestras de sensibilidad de las que hablamos al principio. En una encantadora historia perteneciente a las tiras dominicales, el Pingüino recibe la inesperada visita de su madre, que piensa que su hijo es un respetado vendedor de paraguas. Cuando el villano es atrapado por el duo dinámico al principio de la historia, aquel les cuenta su problema y acceden a colaborar en su tapadera para que la pobre anciana no sufra un disgusto. El consiguiente rosario de situaciones absurdas es inevitable, con la buena señora abriendo los paraguas-arma de la “tienda” y disparándolos accidentalmente. Es en esta historia donde el villano le revela a Batman su verdadero nombre, Oswald Cobblepot. El resto de la Golden Age y la Silver Age se la pasó urdiendo robos cada vez más surrealistas con pájaros y paraguas volantes, o participando en competiciones de crimen con el Joker. Especialmente memorable aquella en la que los dos villanos consiguen atrapar a Batman y discuten sobre como deberían deshacerse de él. Mientras que el brutal Joker quiere eliminarlo de inmediato, el refinado Pingüino propone una sutil tortura consistente en un persistente goteo de agua en su frente hasta que se vuelva loco.
Una trama muy típica en esta encarnación del villano es aquella en la que usa pajaros gigantes y adiestrados para cometer sus fechorías. Un tipo de historia que persistió hasta los ochenta, pues igual que vimos esta trama en la etapa Dick Sprang, con Oswald rodeándose de aguilas y hasta ¡¡pájaros mitológicos!! En las modernas eras de Dick Giordano e incluso Alan Grant- Norm Breyfogle seguimos asistiendo a las bandadas de pájaros controlados por el villano, ya usando las modernas tecnologías. En la mítica etapa de Steve Englehart-Marshall Rogers el Pingüino solo tuvo una breve aparición robando una reliquia valiosísima llamada “El Pingüino Malayo”, con un ingenioso plan que estuvo a punto de salirle bien. Pero como siempre, Batman se le adelanta y le desenmascara, en una historia entretenida aunque algo tópica del villano. Sin la renovación que se le imprimió en este arco argumental a personajes como El Joker o Deadsho . Volviendo a Breyfogle, su lápiz ilustró historias tan divertidas como aquella en la que el Pingüino se enamora desde su celda, vía correspondencia, con una oronda fan de los pájaros. O esa otra en la que simula su muerte, enfrentándose al Sr. Cadáver , una de las creaciones más estrambóticas del dúo Grant-Breyfogle.
La renovación del señor Cobblepot fue obra de Chuck Dixon, que decidió convertirlo en una especie de Kingpin para DC. Con tantos mafiosos que se reparten el cotarro en Gotham, ¿Por qué el Pingüino, que al fin y al cabo nunca ha sido un villano desquiciado, no iba a querer también su parte del pastel? Pues dicho y hecho. Desde su sala de fiestas “Iceberg” , se abrió una nueva etapa en la historia del personaje que dura hasta nuestros días, en la que nuestro protagonista se convierte en un empresario del crimen. El supuesto dueño de un garito que no es más que una tapadera para todo tipo de delitos, incluyendo la prostitución, el tráfico de drogas e incluso ¡¡la pornografía amateur!! Y siempre consigue eludir a la policía y al mismísimo Batman, que la mayoría de las veces no puede hacer otra cosa más que advertirle que le vigila, y que allí estará el día que cometa un error, para cazarle.
Fue muy curiosa la saga del tandem Doug Moech-Kelley Jones, que devolvió al Pingüino a sus raices, aunque por breve tiempo. Oswald tiene un día aburrido en su quehacer como mafioso y tras quitarle el polvo a sus paraguas con truco, realiza algunos robos basados en los pájaros. Pero al final decide volver a su guarida como capo de Gotham, que le proporciona más dinero que su actividad delictiva. Actualmente casi parece reformado como villano.
No podemos dejar este breve repaso comiquero sin mencionar su importantísimo papel en la genial saga “Tierra de Nadie” , donde se convirtió en el personaje más influyente de la derruida Gotham, manejando los hilos como nadie para hacerse con el control territorial y traficando con los escasos bienes que dejó el infausto terremoto.
En televisión tenemos la memorable interpretación de Burgues Meredith en la campy serie sesentera. Su Pingüino es una de las razones primordiales por las que este villano es tan popular, y su graznido, sus andares y su acento británico (imprescindible en un anglófilo como el señor Cobblepot) le convirtieron en el enemigo más redondo de los que aparecieron en la serie. Cosa que no podemos decir del Pingüino de la serie animada de Bruce Timm en los 90, quizás demasiado soso frente al carisma del Espantapájaros, Joker o el renovado Mr. Freeze . Aunque gana bastante si lo comparamos con el patético Oswald de la actual serie animada “The Batman” : básicamente un mono saltarin.
En cuanto a cine, Danny DeVito ofreció en Batman Vuelve una lectura totalmente nueva del villano, convirtiéndolo en lo opuesto a su versión viñetera: Del refinamiento pasamos a la vulgaridad, de la buena dicción pasamos a los rugidos, y de la sensibilidad a ráfagas pasamos a un sadismo terrorífico constante. Es una versión alternativa, respetable y lo suficientemente atractiva como para no ser descartada. Y De Vito realiza una interpretación genial.
En definitiva, evitando los prejuicios y entendiendo el valor histórico e icónico, estamos sin duda ante uno de los personajes esenciales del Bat-reparto.