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No hay nada peor, para un guionista de una serie regular, que los grandes crossovers que implican al núcleo principal de los personajes de una editorial. DC Comics es muy dada a realizar este tipo de eventos, algunos más afortunados que otros. El problema de estos crossovers es que obligan a los autores a realizar un trabajo que no tenían en mente y que, seguramente, no les apetece hacer, con un resultado final que suele ser pobre (algo lógico y esperado). Además, en el caso de Batman, es muy posible que la temática del crossover no tenga mucho que ver con su esencia y tengamos que verle en un tipo de historia poco –o nada– acorde con el personaje. Eso es lo que ocurre en este tomo, con el crossover “Our Worlds At War”, relacionado con extraterrestres y naves espaciales, un tema que, por mucho que se intente, desentona con un personaje como Batman. Pero antes del crossover tenemos la segunda parte de “Disparo al corazón”, historia en la que Ed Brubaker comienza a desplegar las tramas que piensa desarrollar en los siguientes números. Un buen número, donde Brubaker maneja perfectamente los hilos de cada personaje, que no son pocos (Batman/Bruce Wayne, Deadshot, Zeiss, Lew Moxon, Mallory Moxon). Y después, sí, viene “Our Worlds At War”. Hay una explosión en Gotham y, al parecer, los federales ocultan algo. Batman realiza una ardua labor de investigación, hasta que descubre que lo que ocultan es el aterrizaje forzoso de una nave espacial. El tema de los extraterrestres no es algo que pegue muy bien con Batman, pero al menos Brubaker intenta llevar la historia hacia su terreno y, así, tenemos a un Batman muy logrado en su faceta de detective. Es lo mejor del número, ya que la historia como tal pertenece al comentado crossover. Para cerrar el tomo regresamos de nuevo a la serie regular de Batman (como en números anteriores –y posteriores, me temo–, cortando una historia de dos partes en diferentes tomos), en la que Brubaker incluye los efectos derivados del crossover, a la vez que continúa desarrollando las subtramas planteadas anteriormente. Así, todavía tenemos presente la temática extraterrestre, mientras que la historia que nos cuenta Brubaker da importantes pasos, que implican al padre de Bruce Wayne y de nuevo al Pingüino. Difícil tarea tenía ante sí Ed Brubaker, teniendo que acoplar sus ideas con el dichoso crossover, aunque personalmente creo que el guionista cumple, haciendo que el Batman que vemos no desentone, al menos no demasiado. Lo que pasa es que ver extraterrestres rondando por Gotham no suele ser habitual (y eso que Superman suele pasarse de vez en cuando, pero esa es otra historia). El dibujo de los números de la serie regular es obra, como en los anteriores números, de Scott McDaniel, con un dibujo poco destacable. A veces parece que no se esfuerza lo suficiente (como a la hora de dibujar las extremidades inferiores, por ejemplo). Pero en este tomo también tenemos el dibujo de Stefano Gaudiano, correspondiente al número del crossover “Our Worlds At War”, con un estilo muy diferente al de McDaniel, más realista. Cumple sin más, con algunos buenos momentos, y resulta, en mi opinión, más agradable para la vista que el dibujo de McDaniel. Norma Editorial, con esta política de cortar historias en diferentes tomos, no deja opción al que quiera adquirir tan sólo ciertas historias. Y no deja de ser absurdo que una historia de dos números USA acabe publicándose dividida en dos tomos, cuando la idea del tomo es poder reunir las diferentes historias en un único volumen. Me parece una forma equivocada de publicar la serie. Igor Rodtem
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