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BATMAN: LA SOMBRA DEL MURCIÉLAGO nº 2
------------ www.dccomics.com

 96 págs

10,50 €
GUIÓN DIBUJO ENTINTADO PORTADA

Larry Hama

Scott McDaniel Karl Story Scott McDaniel
Ed Brubaker      
       

Segundo tomo de Norma de la serie americana Batman, con cuatro números del Hombre Murciélago. Los tres primeros números son los últimos de Larry Hama, escritor que duró muy, muy poco en la serie tras recibiri durísimas críticas de los lectores. Y con sagas como Orca, uno piensa que efectivamente se la merece. El planteamiento de la saga es sencillo a más no poder, que no tiene que ser necesariamente malo si se desarrolla correctamente, pero como ya veremos esto dista mucho de ser la realidad: hay una villana nueva en la ciudad que se hace llamar Orca. Es grande, es fuerte, y va disfrazada de Orca. Partiendo del hecho de que “villano que se disfraza de animal y roba” es más propio del Spiderman de los 70 que del Batman actual, el personaje tiene una personalidad bastante difusa, que va entre ser una especie de Robin Hood que roba a ya sabemos quienes y el arquetipo de villano malvado con sus frases lapidarias y todo. Esto la hace muy poco interesante, nada atrayente y no consigue que el lector contacte con ella, perdiendo uno de los elementos más importantes, por no decir el que más, del arco. Lo peor de todo es lo contagioso de su manía de enfundarse el rol de villana ladrona arquetipo: al enfrentarse con ella Batman también siente una imperiosa necesidad de ponerse el rol de héroe arquetipo, manteniendo hondas discusiones supuestamente profundas con la villana sobre la validez de los actos de uno u otro y ver quien está haciendo lo correcto, trufado de los típicos: “no voy a permitir que lo hagas, Orca” (no es literal). Etcétera. La dinámica héroe/villano está llevada a su simpleza más absoluta sin nada distintivo o especial, soso y con un guión tantas veces interpretado que sabe a visto y a automático.

Sin embargo, rebuscando entre la mediocridad encuentras algo que bien escrito podría ser realmente un tema a tratar, y es la pasividad de Wayne ante los males no del mundo, sino de su propia ciudad. Males reales como la pobreza, por ejemplo. El lector está actostumbrado a ver a Wayne cada X números diciendo cosas como “dona la mitad al horfanato”, “dale un porcentaje al hospital” o “haz que los ingresos se destinen al centro juvenil”. Pero, afrontémoslo, no son sino lavados de conciencia periódicos, pequeños y no reflejados buenos actos para que Wayne haga algo además de cazar criminales por la noche y que el lector vea que también quiere ayudar desde su despacho en WayneTech. Pero tampoco son suficientes. Son frases, no actos. No se mancha las manos con la pobreza, el manda un talón y se olvida, como quien manda a su secretaria que regale una sortija a su mujer. Y Orca se lo recimina pero, ay, mediante una diatriba de reproches con poco fundamento. Hay alguna frase acertada pero se pierde en el mar de tópicos de villana. Además, de todos es sabido que Bruce nunca ha sido muy dado a hacer caso a los criminales, a los que directamente odia.

Hay un par de elementos destacables en la saga que también son bastante molestos. El primero es la millonaria pedorra de cuyo nombre no quiero acordarme. Se supone que es una caricatura, o sátira, o algo, de los millonarios. Pero es taan mala y taan cruel que da una mezcla entre pena y risa. Hama, te has pasado. No es cruel, ni inspira odio, sino que es tan parecida a los malos de los dibujos animados, regodeándose en su propia maldad y siendo una bruja que no puedes leer alguna frase suya sin reirte. Y no es una risa de gracia, precisamente. Por no decir que el de millonario malvado es un tópico muy visto: si un rico no es superhéroe, una de dos, o lo ha hecho de forma fraudulenta, explotando, robando, siendo un mafioso o un barón nazi; o se sienta sobre sus millones a reirse de la cantidad de pasta que tiene sin mover un dedo, siendo ambas opciones combinables. La segunda molestia es la opresiva obviedad entre la que transcurre la saga. Cualquiera podría anticiparse a la siguiente página o viñeta con un mínimo esfuerzo y la frase “a que ahora pasa...” se rellena sola. Es tedioso, es típico y es francamente aburido.

Pero entonces Hama coge sus planos del Bat-cóptero que no le dejaron escribir, sus bártulos y se va. Y llega Ed Brubaker. Si vives en la Luna, no sabrás que Ed Brubaker es el guionista de Gotham Central junto con Greg Rucka. Y Gotham Central es una de las mejores series que publica DC hoy día. Además, ha realizado otros muchos trabajos manteniendo un listón de calidad muy alto y sabiendo desenvolverse en varios generos para no encasillarse. Y en esta serie lo hace muy bien sin. Sin ser una maravilla, pero muy bien.

El número que le toca es completo, entretenido y bien narrado. Sobre todo, completo, ya que cuenta muchas cosas a la vez sin saturar: muestra varios aspectos de un tipo normal en Gotham y como le pueden cambiar las cosas, escribe un Batman poderoso en personalidad y es una muy buena lectura en general, nada lenta y con gusanillo para futuras entregas. Como introducción es buena, y consigue enganchar.

Los cuatro números corren a cargo de Scott McDaniel. No es su mejor trabajo, desde luego. Toda la saga de Orca esta bastante mal dibujada: la antomía es bastante deforme, con muchos más músculos de los que son necesarios, piernas que salen de no se sabe donde y cuerpos troquelados con un montón de bultos angulosos por todas partes. Hay un montón de mandíbulas prietas y exageradas, una expresividad casi de caricatura y bastante poco detalle, formando un conjunto tosco y poco acertado. En el número de Burbaker puede dibujar más cosas, y de vez en cuando hace algún buen efecto o alguna perspectiva interesante, aunque sin destacar en absoluto.

Pasemos a la edición de Norma. Como siempre, en lo que se refiere a formato, es bastante bueno. La encuadernación es más que aceptable, la traducción es buena y otros detalles como la calidad del papel o la consistencia de las tapas le hacen subir puntos. Y gracias a que estos números no están recopilados, aparece que números concretos contiene, en vez de poner solamente “contiene el Batman: noseque TPB Vol.2”, que es bastante molesto para aquellos que no compran comics en edición americana original. Sobre el contenido, está claro que sería mucho mejor si hubiese empezado desde el principio con Brubaker en vez de con Hama. A su favor se puede decir que son los números inmediatos post-Tierra de Nadie y que había que meterlos para tener la serie completa, pero en su contra se puede decir que, dado los precios poco asequibles para el lector español de mainstream medio, sería conveniente hacer una selección. Con Superman también publicaban todo para que los fans tuviesen las series completas, y ya se ve a que ha llegado. Si de cuatro números tres son claramente malos, mucha gente puede dejar de comprarlos por su elevado precio, y si encima esos números son los primeros pueden alejar a los lectores de la serie durante mucho tiempo.

Alberto Morán

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