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Segundo tomo de Norma de
la serie americana Batman, con cuatro números del Hombre Murciélago. Los
tres primeros números son los últimos de Larry Hama, escritor que duró
muy, muy poco en la serie tras recibiri durísimas críticas de los
lectores. Y con sagas como Orca, uno piensa que efectivamente se la
merece. El planteamiento de la saga es sencillo a más no poder, que no
tiene que ser necesariamente malo si se desarrolla correctamente, pero
como ya veremos esto dista mucho de ser la realidad: hay una villana
nueva en la ciudad que se hace llamar Orca. Es grande, es fuerte, y va
disfrazada de Orca. Partiendo del hecho de que “villano que se disfraza
de animal y roba” es más propio del Spiderman de los 70 que del Batman
actual, el personaje tiene una personalidad bastante difusa, que va
entre ser una especie de Robin Hood que roba a ya sabemos quienes y el
arquetipo de villano malvado con sus frases lapidarias y todo. Esto la
hace muy poco interesante, nada atrayente y no consigue que el lector
contacte con ella, perdiendo uno de los elementos más importantes, por
no decir el que más, del arco. Lo peor de todo es lo contagioso de su
manía de enfundarse el rol de villana ladrona arquetipo: al enfrentarse
con ella Batman también siente una imperiosa necesidad de ponerse el rol
de héroe arquetipo, manteniendo hondas discusiones supuestamente
profundas con la villana sobre la validez de los actos de uno u otro y
ver quien está haciendo lo correcto, trufado de los típicos: “no voy a
permitir que lo hagas, Orca” (no es literal). Etcétera. La dinámica
héroe/villano está llevada a su simpleza más absoluta sin nada
distintivo o especial, soso y con un guión tantas veces interpretado que
sabe a visto y a automático.
Sin embargo, rebuscando entre la mediocridad encuentras algo que bien
escrito podría ser realmente un tema a tratar, y es la pasividad de
Wayne ante los males no del mundo, sino de su propia ciudad. Males
reales como la pobreza, por ejemplo. El lector está actostumbrado a ver
a Wayne cada X números diciendo cosas como “dona la mitad al horfanato”,
“dale un porcentaje al hospital” o “haz que los ingresos se destinen al
centro juvenil”. Pero, afrontémoslo, no son sino lavados de conciencia
periódicos, pequeños y no reflejados buenos actos para que Wayne haga
algo además de cazar criminales por la noche y que el lector vea que
también quiere ayudar desde su despacho en WayneTech. Pero tampoco son
suficientes. Son frases, no actos. No se mancha las manos con la
pobreza, el manda un talón y se olvida, como quien manda a su secretaria
que regale una sortija a su mujer. Y Orca se lo recimina pero, ay,
mediante una diatriba de reproches con poco fundamento. Hay alguna frase
acertada pero se pierde en el mar de tópicos de villana. Además, de
todos es sabido que Bruce nunca ha sido muy dado a hacer caso a los
criminales, a los que directamente odia.
Hay un par de elementos destacables en la saga que también son bastante
molestos. El primero es la millonaria pedorra de cuyo nombre no quiero
acordarme. Se supone que es una caricatura, o sátira, o algo, de los
millonarios. Pero es taan mala y taan cruel que da una mezcla entre pena
y risa. Hama, te has pasado. No es cruel, ni inspira odio, sino que es
tan parecida a los malos de los dibujos animados, regodeándose en su
propia maldad y siendo una bruja que no puedes leer alguna frase suya
sin reirte. Y no es una risa de gracia, precisamente. Por no decir que
el de millonario malvado es un tópico muy visto: si un rico no es
superhéroe, una de dos, o lo ha hecho de forma fraudulenta, explotando,
robando, siendo un mafioso o un barón nazi; o se sienta sobre sus
millones a reirse de la cantidad de pasta que tiene sin mover un dedo,
siendo ambas opciones combinables. La segunda molestia es la opresiva
obviedad entre la que transcurre la saga. Cualquiera podría anticiparse
a la siguiente página o viñeta con un mínimo esfuerzo y la frase “a que
ahora pasa...” se rellena sola. Es tedioso, es típico y es francamente
aburido.
Pero entonces Hama coge sus planos del Bat-cóptero que no le dejaron
escribir, sus bártulos y se va. Y llega Ed Brubaker. Si vives en la
Luna, no sabrás que Ed Brubaker es el guionista de Gotham Central junto
con Greg Rucka. Y Gotham Central es una de las mejores series que
publica DC hoy día. Además, ha realizado otros muchos trabajos
manteniendo un listón de calidad muy alto y sabiendo desenvolverse en
varios generos para no encasillarse. Y en esta serie lo hace muy bien
sin. Sin ser una maravilla, pero muy bien.
El número que le toca es completo, entretenido y bien narrado. Sobre
todo, completo, ya que cuenta muchas cosas a la vez sin saturar: muestra
varios aspectos de un tipo normal en Gotham y como le pueden cambiar las
cosas, escribe un Batman poderoso en personalidad y es una muy buena
lectura en general, nada lenta y con gusanillo para futuras entregas.
Como introducción es buena, y consigue enganchar.
Los cuatro números corren a cargo de Scott McDaniel. No es su mejor
trabajo, desde luego. Toda la saga de Orca esta bastante mal dibujada:
la antomía es bastante deforme, con muchos más músculos de los que son
necesarios, piernas que salen de no se sabe donde y cuerpos troquelados
con un montón de bultos angulosos por todas partes. Hay un montón de
mandíbulas prietas y exageradas, una expresividad casi de caricatura y
bastante poco detalle, formando un conjunto tosco y poco acertado. En el
número de Burbaker puede dibujar más cosas, y de vez en cuando hace
algún buen efecto o alguna perspectiva interesante, aunque sin destacar
en absoluto.
Pasemos a la edición de Norma. Como siempre, en lo que se refiere a
formato, es bastante bueno. La encuadernación es más que aceptable, la
traducción es buena y otros detalles como la calidad del papel o la
consistencia de las tapas le hacen subir puntos. Y gracias a que estos
números no están recopilados, aparece que números concretos contiene, en
vez de poner solamente “contiene el Batman: noseque TPB Vol.2”, que es
bastante molesto para aquellos que no compran comics en edición
americana original. Sobre el contenido, está claro que sería mucho mejor
si hubiese empezado desde el principio con Brubaker en vez de con Hama.
A su favor se puede decir que son los números inmediatos post-Tierra de
Nadie y que había que meterlos para tener la serie completa, pero en su
contra se puede decir que, dado los precios poco asequibles para el
lector español de mainstream medio, sería conveniente hacer una
selección. Con Superman también publicaban todo para que los fans
tuviesen las series completas, y ya se ve a que ha llegado. Si de cuatro
números tres son claramente malos, mucha gente puede dejar de comprarlos
por su elevado precio, y si encima esos números son los primeros pueden
alejar a los lectores de la serie durante mucho tiempo.
Alberto Morán
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