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Aunque hoy en día es plenamente conocido por obras personales y de factura propia como Hellboy, los comienzos de Mike Mignola en el mundo del cómic se produjeron en los años ochenta trabajando para las dos grandes editoriales americanas: Marvel, DC y todo su elenco de superhéroes. En el año 1989 aparece el prestigio Gotham: Luz de gas que es presentada como una “historia alternativa de Batman”, es decir, no tiene cabida en la continuidad del Universo DC que, precisamente, acaba de ser renovada tres años antes con Crisis en tierras infinitas. Las Crisis producen que exista un único universo coherente, con un presente, un pasado y un futuro. En principio no existen realidades alternativas, ni Tierra 2 ni nada así. Gotham: Luz de gas es, pues, un simple intento de contar una historia sin necesidad de que exista dentro de los complicados esquemas de continuidad a los que nos tienen acostumbrados las dos editoriales mencionadas, una obsesión casi enfermiza por que todo encaje de alguna forma cuando realmente lo importante debería ser contar buenas historias y entretener al lector. Es más, este cómic sería el comienzo de una nueva línea de cómics conocida como Otros Mundos donde los personajes DC podían ser retratados en otros ambientes y explorar diferentes aspectos que en la continuidad “normal” no se podría (con el permiso de El regreso del señor de la noche). El cómic sitúa al lector en el año 1889 con un Bruce Wayne que regresa tras un tiempo ausente a su ciudad, Gotham, y se prepara para tomar el paso definitivo en su vida, convertirse en Batman, un misterioso hombre que sólo aparece de noche y aterroriza a los delincuentes. Bruce vio siendo un niño como sus padres fueron asesinados por un pistolero y afectado por aquel terrible hecho dirige toda su vida a transformarse en este ser siniestro que los periódicos tildan de monstruosidad y que la policía persigue sin destajo. Pero pronto aparece una nueva amenaza en la ciudad, el asesino Jack El Destripador, el responsable de diversas muertes en Londres y de quien su identidad es un completo misterio. Batman deberá tratar de encontrar a El Destripador si quiere evitar que su violenta carrera de muertes pare, pero diversos giros argumentales provocan que esto no sea ni mucho menos tan fácil como Bruce pudiera pensar, pues hay un gran misterio detrás del asesino.
Escrito por Brian Augustyn (conocido por ser el editor de The
Flash o el escritor de cómics como Crimson) y dibujado por
Mike Mignola, Gotham: Luz de gas presenta una historia que
recuerda poderosamente al Año Uno de Frank Miller y
David Mazzuchelli y presenta diversos elementos que hoy se han
vuelto ya habituales como un Batman tremebundo (algo que se ve
representado en diversos momentos del cómic o incluso en la propia
portada) o la parte psicológica del personaje, que es un hombre que vive
afectado por la muerte de sus padres años atrás. Como curiosidad en este
tema encontramos durante las primeras páginas a Bruce Wayne en Viena
hablando con el mismísimo psicólogo Sigmund Freud sobre aquel incidente,
un detalle que no afecta ni mucho menos a la historia pero que permite
delimitar brevemente el trauma que le supuso.
Sin duda, el gran problema de este cómic es que es demasiado obvio, en
ningún momento destaca por su originalidad. Exceptuando un par de
detalles
llamativos , el argumento tiene muy poco
contenido hasta el punto de que el sentido común de cualquier lector
indica a las primeras de cambio quién es el misterioso Jack El
Destripador, así que el “misterio” realmente no es tal. Algo positivo,
eso sí, es que las características de “nuestro” Batman son retratadas en
éste, el de esta historia alternativa, así que sus conocimientos sobre
investigación se mantienen inalterables, esto permite que podamos ver a
un Batman usando la cabeza y no simplemente siendo un hombre rudo y
estúpido. En el fondo se trata de ver al personaje tal y como lo
presentó de manera definitiva Miller en Año Uno pero en
otra época y con todo lo que ello conlleva. Raúl G. Peribáñez |