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El primer número es, con una diferencia bastante clara, superior a los dos siguientes. Es básicamente acción, con el argumento de que Batman y Catgirl pretenden liberar a ciertos personajes del Universo DC hechos presos por el gobierno para llevar su cruzada contra el crimen a las más altas esferas; e ir soltando cabos y líneas argumentales para irlas desarrollando a lo largo de la historia o hacer la presentación pertinente sobre el status quo de los personajes implicados. Porque vaya si hay cambios. Se trata de el típico futuro en el que un gobierno manipulador, corrupto y mentiroso domina toda la sociedad haciendo lo que le viene en gana. Porque esto es un tebeo de Frank Miller, y en todo tebeo de Frank Miller los políticos son manipuladores corruptos y mentirosos que pretenden dominar su parcela de poder haciendo lo que les viene en gana. Es un tópico bastante recurrente, y más si la villanía gubernamental se eleva a unos niveles de caricatura, como es en este caso. Es imposible tenerle miedo al gobierno de este cómic porque sólo les falta tener la Casa Blanca como base secreta en el interior de un volcán. Cabe señalar que el gobierno en este cómic está dirigido por Lex Luthor. Dirigido, que no presidido. El presidente es ficticio, y todos los estamentos rinden pleitesía al clásico supervillano, que aquí aparece en una versión bastante rocambolesca. No es el Luthor manipulador e inteligente que todos conocemos, sino una especie de supervillano arquetipo demente muy bestia. Aunque el hecho de que se regodee en su éxito a la hora de dominar a la humanidad y los héroes por igual en cierto modo es lógico. ¿Qué a que héroes tiene controlados? Ah, fácil. La cara amable del gobierno, la cara salvadora son Superman, Wonder Woman y el Capitán Marvel. Dominados no por control mental, sino por amenazas y coacción. Es la caída de los héroes en su forma más trágica, la derrota más amarga posible: vivir bajo el talón del mal sin posibilidad de cambiarlo. Es triste, pero muy apropiado, y una de las mejores ideas de DK2. Pero a la vez Miller nos ha abierto los ojos a la realidad del mundo y nos muestra que el gobierno está formado por marionetas trajeadas mientras la sociedad permanece alienada e idiotizada sin saber qué ocurre más allá de sus propias narices; se centra en el rescate de los héroes. Y aquí se luce bastante más por las ideas, que no por el dibujo. Los rescates tienen un aire de aventura de infiltración y rescate cinematográfico muy interesante, acción a raudales y unas formas de encarcelar a los héroes realmente originales. El problema es el dibujo. Ay, el dibujo. Es el espectro más bajo de Miller, tanto en narrativa como en dibujo en sí. Los personaje son bloques poligonales de ángulos cerradísimos, trazo gordo e impreciso de líneas quebradas, irregular y desagradable. Nociones como la proporción son amigablemente pateadas cada vez que un personaje exhibe sus manazas o sus botas de la talla 54. El detalle se reduce a su mínima expresión. Y lo peor de todo es lo decepcionantemente narrado que está. En DK Miller contaba la historia con absoluta maestría, a un ritmo perfecto y con un flujo de viñetas ante el cual no se podía dejar de babear. En DK2 vuelve con las pantallas, aunque las desordena y presenta de forma caótica, apareciendo por los cuatro costados, entorpeciendo la lectura. Además, las combina con viñetas enormes de narrativa torpe. El resultado no es nada bueno, y no hace sino empeorar. También podría empezar a despotricar sobre el color, pero tan sólo os aconsejo que tengáis el colirio a mano. Es el color más ácido, chillón, fluorescente y dañino a la retina que se puede encontrar. A partir del primer número, por desgracia, las cosas no hacen sino empeorar. Surgen sub-argumentos sin ninguna razón, ningún motivo ni nada que contar, algunos supuestamente cómicos o irónicos sin hacer ninguna gracia y otros supuestamente críticos que se quedan en la parodia y el sinsentido. La trama principal se desarrolla torpemente, de forma confusa y errática, intentando tocar palos como la moralidad del poder o la rebelión contra la opresión sin hacer un buen trabajo en ninguno de ellos. Hay buena intención, ganas de contar algo y de aportar mensaje en varias ocasiones, pero se pierde en un mar de ideas mal ejecutadas, diálogos pobres y más confusión. El final tiene una revelación decepcionante a la que no se le puede coger por ningún lado. En resumen y por no extenderse demasiado: malo. Muy malo. DK2 fue una profunda desilusión para muchos fans del Hombre Murciélago que habían disfrutado con su predecesora como locos. Un aspecto que creo merece un punto y aparte es el tratamiento de la figura de Batman, aspecto importante donde los haya. En DK2, la figura de Batman es, por ser suaves, controvertida. Batman pasa de emplear el dolor como venganza a usarlo desproporcionadamente, regodeándose en las heridas que causa, rajando a personas por el vientre sin ningún miramiento, equipando a Catgirl con un cañón gatling de batarangs. Es violento, pero no es la violencia quirúrgica habitual sino una violencia brutal en su vertiente más burda. Provoca terror, pero un terror basado en la violencia y en la fuerza bruta más que en el miedo primario y el sentimiento de culpa. Y su forma de controlar a los demás, lejos de ser sibilina y hasta intrigante, es tosca y de matón. La figura de Batman está muy mal tratada, en su actitud, en su forma de ser y actuar, en muchos aspectos que lo definen y que son o mal retratados o directamente degenerados. Una lástima de tratamiento de personaje, a juego con el resto del cómic. Alberto Morán |