Tras el maremoto causado por Hush las colecciones de Batman se encontraban inmersas en un tremendo caos
editorial: El formato de doce números con historia insípida y dibujante estrella había dado lugar a magníficos
resultados aupando a Batman al número uno en las listas de ventas, pero este éxito desmedido terminó
causando graves problemas al resto de las series. Ed Brubaker y Scott Beatty, guionistas de las otras series,
estaban consiguiendo unos resultados de ventas lamentables (comparados con la serie de Loeb/Lee) y eso
terminó acusándose en exceso. Tanto uno como otro acabaron abandonado sus respectivas colecciones en un
momento en el que el conjunto de las series de Batman no tenía ningún rumbo fijado, la influencia de Hush
había destruido al resto de las series.
Centrándonos en Detective Comics (que es sobre lo que trata este artículo) la marcha de Brubaker, cuya etapa
en la colección había sido bastante irregular, dio paso a una serie de fill-in infumables que hubieran sido la
perfecta excusa para cancelar la serie. Por suerte esta situación no duró mucho y Bob Schreck, el editor de la
serie, trajo pronto un equipo regular que se iba a encargar de la serie hasta War Games, el megacrossover que
implicaba a todas las series de Batman. Este equipo fue el formado por Andersen Gabrych y Pete Woods.
¿De dónde salen estos dos ? Woods es uno de los dibujantes que lleva bastante tiempo dibujando tebeos de la
familia de Batman, más concretamente los de Robin y siempre se ha contado con él cuando se necesitaba un
dibujante para cualquiera de las colecciones. Ha demostrado ser un dibujante eficaz y merecía sin ninguna duda
dibujar Detective Comics. El caso de Gabrych es muy diferente y merece ser comentado aparte.
Andersen Gabrych no había escrito ni un solo cómic en toda su vida, o al menos alguno que se conozca. La
ocupación de este hombre es la de actor, más concretamente actor en películas de temáticas gay que jamás
han sido estrenadas en España. Al parecer escribió alguna que otra obra de teatro pero poca cosa más. Es
decir, es la elección más improbable para guionizar no sólo Detective Comics, sino ningún tebeo del ramo.
Pero hete aquí que un amigo común presenta a Schreck y a Gabrych en una fiesta, éste le cuenta al editor sus
ideas sobre el personaje y ya tiene la colección en sus manos. Así de simple y así de rocambolesco. Bob
Schreck comete una de las mayores insensateces de toda su vida y contrata al primero que se cruza delante
de él. Los resultados seguro que iban a ser algo catastrófico, no podía ser menos, aunque total, no estaban las
demás colecciones para darnos ninguna alegría. Otro de los fichajes del editor, Lieberman, había sido un
completo fracaso y si éste se parecía a aquél era para echarse a temblar.
El primer número del nuevo tandem, el 790, traía una preciosa portada de Tim Sale (portadista de todos los
números de esta etapa) pero un tanto controvertida. Ya habían estado jugando con el cadáver de Jason Todd
en Hush y cualquier nueva mención hacia el fallecido Robin hacia temer lo peor, vamos que lo de descanse en
paz se lo estaban pasando por el arco del triunfo.
La historia de este número gira en torno a una nueva droga que se está convirtiendo en lo último entre la gente
de Gotham, y cuya mayor emoción consiste en que puede matarte, cosa que hace en un tanto por ciento bastante
elevado. En el curso de las investigaciones que Batman realiza para descubrir al distribuidor de esta droga,
Batgirl se da cuenta que los métodos que utiliza Batman son más brutales que en otras ocasiones. El motivo se
descubrirá en pocas páginas: ese día Jason Todd habría cumplido 18 años si no estuviera muerto. Gabrych realiza
aquí una historia que se aleja de sentimentalismos baratos, centrándose más en el comportamiento de Batman
en un día de tanto significado como ése. Es otro día más en la lucha contra el crimen y Batman no puede dejarla
de lado porque sea el cumpleaños de Jason. De esta manera, el autor logra contarnos una historia bastante
equilibrada, con la acción, el diálogo y los sentimientos en su justa medida. Una visita a la tumba del joven cierra
el número con unos diálogos magistrales y con el mejor homenaje que se le puede hacer al pobre Jason.
Woods está a la altura de Gabrych y se le nota una clara evolución desde los lápices de Robin. Sabe adaptarse
perfectamente al tono oscuro y deprimente del personaje y se le nota que ha cogido la colección con muchas
ganas. El trabajo que realiza aquí se ciñe como un guante al guión escrito por Gabrych. Es en definitiva un primer
número fantástico. Lo importante a partir de ahora es claramente poder mantener el listón, algo realmente
complicado.
Los siguientes tres números nos cuentan una trama un poco culebronesca que incluye cantantes famosas, madres
de alquiler, bandas y un poco de hielo. Es una historia un poco enrevesada que se lee de manera algo espesa,
pero que realmente sirve como excusa para contarnos el motivo central de estos tres números: la relación de
Batman con la doctora Leslie Thomkins. Mediante una serie de retazos a modo de flashbacks se nos va contando
la influencia que esta mujer tuvo en la vida del personaje. Desde su primer encuentro, tras la muerte de los padres
de Bruce, la doctora se convierte en uno de los puntales más importantes en la vida del joven. A través de su vida
vemos como va creciendo Bruce y como ella le inculca el respeto por la vida de las personas. Es un relato
emocionante , que al igual que ocurre con la historia de Jason, Gabrych no deja en ningún momento que ahogue la
historia principal y va complementado perfectamente la una con la otra.
En sólo cuatro números Gabrych nos devuelve la esperanza de leer una fantastica colección de Batman. Le entiende
perfectamente y conoce perfectamente el entorno en el que se mueve. Así, como quien no quiere la cosa, Gabrych
parece el guionista ideal para el personaje. Woods también parece el más idóneo para acompañarle. En estos
números sigue destacando por su trazo limpio y su dominio de las figuras. La secuencia que dibuja de Batman en
motocicleta es antológica y el colorista le complementa a la perfección. Si Gabrych parece el guionista ideal,
Woods no se le queda a la zaga como dibujante.
Los dos siguientes números empiezan a encaminarnos hacia la saga War Games. Se introduce a Tarantula en la
historia para que cuando llegue su momento en la mencionada saga todo el mundo sepa quién es, ya que hasta
ahora era un personaje exclusivo de la serie de Nightwing. También se hacen bastantes referencias a la jerarquías
de bandas en la ciudad con el mismo motivo. La verdad es que en el momento en que se publicó todo esto parece
hecho sin sentido y no tenía ningún interés y uno no se daba cuenta de la importancia que cobraba hasta que no
empezaba a leer War Games. Estos números a pesar de estar bien escritos y ser bastantes sólidos no llegan a la
maestría demostrada en los números anteriores. Se nota muchísimo que Gabrych está supeditado a los dictados
del editor y su margen de maniobra es bastante escaso. Son dos tebeos que se leen de forma agradable pero que
se olvidan tan pronto como se leen. Woods como siempre, vuelve a hacer otro trabajo estupendo, se le nota
perfectamente consolidado en la colección. En el segundo de estos números se inicia un complemento (que sólo
dura dos entregas) donde se nos presenta a Onix, otro personaje más que tendrá su papel en War Games. Aquí
se nota definitivamente que Gabrych no estaba por la labor, encima el dibujante que le ponen Brad Walker es
bastante malo. Una historia de complemento malísima y sólo entendible una vez leído War Games.
El número anterior a la macrosaga nos trae a colación la existencia de un nuevo Robin y la relación que mantiene
con Batman. Este número recobra la garra de los primeros y nos muestra una perfecta caracterización de ambos
personajes. Batman se nos muestra como un maestro duro e inflexible y la nueva Robin como una enteradilla de
la vida. Es un gran número que nos demuestra como el escritor se maneja fenomenalmente en el dominio de las
relaciones entre personajes. A pesar de estar metido a cajón para que haga de puente con la saga de marras,
Gabrych se hace con el tebeo y nos deleita con una historia bastante interesante sobre un asesino en serie y las
consecuencias de enfrentarse a él. En este número Woods cambia su registro cuando vemos a través de los ojos
del asesino y nos depara unas bonitas páginas pintadas.
A partir de aquí comienza War Games pero eso es ya otra historia, otro artículo. La conclusión que podemos
sacar de estos siete números del tandem Gabrych-Woods es que a veces las peores elecciones dan lugar a los
mejores resultados. Quién iría a decir que algo tan irresponsable como darle la colección al primer guaperas que
se cruzará delante del editor iba a dar lugar a unos números tan interesantes. Después de los tres números que este
dúo realizó de War Games, Gabrych pasó a Batgirl y Wood a Catwoman. Por desgracia su buen trabajo no les
ha valido para seguir en la colección del detective, y ojalá en el futuro sus pasos vuelvan a cruzarse. Por ahora
saber que andan por las batcolecciones es buena señal, mientras tanto, qué buenos números nos han dado.
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