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Batman: The Killing Joke es una de las mejores historias del Señor de la Noche. O, mejor dicho, una de las mejores de su némesis: el Joker. Porque, como suele ocurrir con todas las historias en las que aparece el Arlequín del Odio, su presencia le roba al héroe gran parte del protagonismo. Por algo es considerado el mejor villano del ‘comic-book’ de superhéroes. La broma asesina se publicó en mayo de 1998, en un número único en formato ‘prestige’. Dada la calidad de sus autores (como guionista Alan Moore, como dibujante Brian Bolland), la obra alcanzó gran fama incluso antes de llegar a ver la luz. A la expectación que generaba el equipo artístico se unía la tremenda popularidad que el Murciélago había cosechado en los últimos años gracias a dos obras maestras como fueron Batman: El regreso del Señor de la Noche (Batman: The Dark Knight Returns, 1986) y Batman: Año Uno (Batman: Year One, 1987). Tras ser por fin publicada (Bolland era conocido por sus continuos retrasos a la hora de entregar a tiempo el material), La broma asesina se sumó a ellas sin complejos, a pesar del elevado listón, y contribuyó a que el mito siguiera creciendo. El británico Alan Moore ya era considerado por aquel entonces el mejor escriba del mundo, por culpa de obras tan importantes en la historia del cómic como la aclamadísima Swamp Thing (con John Totleben y Stephen Bissette), V de Vendetta (junto a David Lloyd) y Watchmen (con dibujos de Dave Gibbons). Con esta última, y en conjunción con su coetánea Batman: The Dark Knight Returns, el guionista había conseguido revolucionar por completo el género superheroico, renovándolo con una inteligente dosis de realismo y madurez. Los guiones de Moore siempre se caracterizaban por su complejidad y profundidad, por un interesante análisis y desarrollo de personajes, y por unos diálogos soberbios. Y su personalísimo toque, oscuro e inquietante, hacía suponer que una historia suya con el Joker como protagonista estaría a la altura de lo que los lectores esperaban. Por su parte, Brian Bolland era ya también un dibujante consagrado tras su paso por la revista inglesa “2000 AD” (1977-1981), sus dibujos para Juez Dredd y la maxiserie Camelot 3000 # 1-12 (1982-1985), que había cosechado numerosos galardones internacionales. A ello había que añadir sus cubiertas, pues ya por aquel entonces comenzaba a despuntar como portadista. Su estilo realista y expresivo, unido a una capacidad narrativa sobresaliente, sin muchas complicaciones pero brillantemente efectiva, lo convertían en un artista capaz de hacer, con cualquier guión, una obra destacable. Con estas referencias, no era de extrañar que público y crítica aguardaran la publicación de la historia que los uniría como pareja creativa. ¿Defraudaría esas expectativas o lograría superar incluso las esperanzas depositadas en ella? La respuesta no se hizo esperar demasiado. Nada más llegar a las librerías, The killing joke se convirtió en todo un éxito, tanto a nivel de ejemplares vendidos como de crítica (recibió los Premios Eisner de 1999 a la Mejor Novela Gráfica, al Mejor Guionista y al Mejor Dibujante, quedando nominada en la categoría de Mejor Número Autoconclusivo). Y fue un éxito aún mayor para los aficionados más fieles al Bat-universo no sólo gracias a la calidad de la obra, sino porque, a pesar de ser publicada como historia independiente, los hechos que narraba tuvieron gran repercusión y trascendencia dentro de las series regulares del Murciélago, donde se desarrollarían las consecuencias de lo que en ella se planteaba. Esto hizo que quedara para siempre enmarcada por los seguidores del personaje como una de sus mejores y más relevantes historias. Una obra que todos deberían leer. En España, fue publicada en 1989 por la editorial Zinco y, más recientemente, Norma Editorial volvió a editarla en octubre de 2002, pues a pesar de los años y de su divulgación, sigue siendo un seguro infalible de ventas. En ambas ocasiones se respetó el formato prestigio de la edición americana, y se imprimió con el nombre de Batman: La broma asesina (el título original en inglés supone un juego de palabras de difícil traducción). La obra comienza a ganarse el favor del público desde su estupenda portada, donde Bolland comenzaría a desarrollar algo que le haría posteriormente famoso: llevar a la cubierta el interior de la historia. Con el paso de los años, el dibujante sería más conocido como portadista que por su trabajo a la hora de plasmar argumentos, gracias a Tank Girl, Batman: Gotham Knights y, sobre todo, Animal Man (números 1 al 63), que le llevarían a ser considerado todo un maestro del género. En este caso, Bolland juega con los lectores al mostrar como tarjeta de presentación el que será uno de los momentos más climáticos del relato. Una excelente portada incapaz de ser interpretada hasta que uno se adentre lo suficiente en la narración, pero condensadora de toda la esencia de la obra. Centrados en el argumento, sus 48 páginas recogen los esfuerzos perturbados del Joker para lograr explicar algo especialmente atrayente: la causa de su locura. En su experimento participarán como víctimas involuntarias el comisario James Gordon y su hija adoptiva Barbara (portadora del manto de Batgirl) y, de forma indirecta, el propio Señor de la Noche, a los que tratará de convertir en atracciones de una auténtica feria de terror. Intercaladas a lo largo de la historia, aparecen también diez páginas en las que se narran los últimos días del Príncipe Payaso del Crimen antes de caer preso de la demencia y su nacimiento como criminal. A la intriga por saber qué es lo que pretende demostrar el Joker se suma así el descubrir qué fue lo que lo convirtió en lo que actualmente es, haciendo que la historia no pierda nunca el gran interés que despierta su magnífico comienzo. La figura del villano centra toda la atención, narrándose los hechos siempre en primera persona, lo que recibió varias críticas en su momento, pues el uso de la perspectiva del psicópata podría llegar a entenderse como una justificación de sus acciones. Algo que Moore no pretendía. También fue rechazada por algunos la parte de la historia que explica cómo el Joker se transforma en un genio del mal. En este aspecto, esas páginas fueron las que mayor polémica suscitaron. Algunos entendían que, con ello, el guionista no sólo excusaba el comportamiento criminal del personaje, sino que, además, hacía responsable a la sociedad de donde había surgido por haberlo creado. Otros le reprochaban algo que Moore tiene por costumbre hacer y nunca ha ocultado: reciclar viejas historias (en este caso, “The man behind the red hood”, del Detective Comics # 168, febrero de 1951), adaptándolas a su peculiar estilo. A pesar de la gran acogida, la obra no se libraba por completo de las críticas. Sin embargo, lo que más incomodó a los lectores fue encontrarse con un personaje, antes de convertirse en villano, prácticamente irreconocible, pues no hay ni el más mínimo atisbo en él de locura, de maldad, ni (lo que es más sorprendente y menos comprensible) de inteligencia. En este sentido, podría decirse que el guión fracasó al pretender convencer al público de que aquél era el origen auténtico y definitivo del Joker, pues la diferencia entre el hombre corriente, anodino y carente de interés que es inicialmente, y la maldad absoluta, la fuerza desatada, el caos y la burla en que se convierte posteriormente es tan abismal que requiere un esfuerzo imaginativo enorme llegar a pensar que ambos son la misma persona. Tal vez sea porque el Joker no necesite de un origen verosímil y racional que haga plausible su conducta. Tal vez, simplemente, sea lo que es. Sin mayores explicaciones. A lo largo del resto de la historia, no obstante, el Joker es exactamente lo que se espera de él: demencia incontrolada, brillantez criminal, total falta de escrúpulos…Y maldad. Mucha maldad. Moore y Bolland inyectan tanta crueldad en el personaje que, durante buena parte de la obra, el Príncipe Payaso del Crimen parece un reflejo del mismísimo Lucifer. En general, la caracterización de los personajes es soberbia, destacando, por supuesto, un Arlequín del Odio que asusta de puro macabro. Aunque tal vez sea el propio Batman el que se quede, tanto a nivel de guión como de dibujo, un poco por debajo de sus mejores versiones. El desarrollo del argumento mantiene un ritmo perfecto, con momentos intensos que los ‘flashbacks’ se encargan de hacer reposar, para llegar a un desenlace que no por esperado se hace menos emocionante. Moore hace un uso tal vez algo exagerado del paralelismo que existe entre distintos momentos y distintos personajes para ir enlazando la historia y recurre a algunos tópicos demasiado manidos que sorprenden en un guión suyo por lo inapropiado de su uso, pero los salva con el acierto con el que conduce la narración y, sobre todo, con la profundidad de sentimientos que refleja. Para ello, se ve acompañado de un Brian Bolland sencillamente insuperable, cuyos lápices atrapan al lector y le hacen sentir las mismas emociones que los protagonistas, llegando a introducirse dentro de las almas de los personajes. Perversión, venganza, locura, miedo, dolor…Algunas escenas, de hecho, alcanzan tan altas cotas de realismo que el impacto que provocan en el público es brutal, dejándolo conmocionado. Pues todas las sensaciones son transmitidas de manera perfecta, calando en el lector conforme va avanzando la lectura, pero obligándole a detenerse en multitud de detalles que enriquecen el relato. La historia es cruda, creíble y con una tremenda relevancia para el futuro del Bat-universo. Es una de esas obras que a las editoriales les encanta vender con el eslogan de que “nada volverá a ser igual que antes”. En esta ocasión, las consecuencias que la obra produjo en el Señor de la Noche y, especialmente, en uno de los personajes más cercanos a él, garantizaron el cumplimiento de esa promesa. Como anécdotas, son de mención obligada los emotivos homenajes que guionista y dibujante brindan a otras historias del Murciélago y a alguno de sus autores cuyos trabajos contribuyeron decisivamente a que alcanzara la fama de la que goza actualmente (Dick Sprang, Sheldon Moldoff, Bill Finger y Bob Kane con su legendario Detective Comics # 27…). Todo un guiño a los aficionados. Como también lo son las referencias cinéfilas y la curiosidad de que, por increíble que parezca, los nombres de los protagonistas (Batman y Joker) no sean mencionados ni una sola vez en ningún diálogo de toda la historia. Por otra parte, La broma asesina no sólo fue trascendental para Batman dentro de los cómics, donde lo mantuvo como uno de los superhéroes más importantes y populares del momento, sino también en la gran pantalla, pues la obra sentaría las bases para desarrollar algunos aspectos concretos de la adaptación cinematográfica que Tim Burton y Warner Bros. estaban por entonces preparando. La personalidad del Joker (al que daría vida Jack Nicholson), algunos detalles sobre su origen como criminal, y la relación entre el héroe y el villano de “Batman” deben mucho a la creación de Moore y Bolland. Aunque algo por debajo de las auténticas obras maestras del Señor de la Noche y del propio guionista, Batman: La broma asesina es una lectura muy recomendable, que figura sin duda entre las favoritas de los aficionados y que consigue enganchar al lector como pocas lo logran, gracias a un guión notable y a un dibujo de matrícula de honor (probablemente, sea el mejor trabajo de Brian Bolland. Y eso es mucho decir). En definitiva: una obra imprescindible. The Bat-Fan |