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Batman: Año Uno (Batman: Year One, 1987) fue un cómic que supuso muchas cosas. Para empezar, consagró definitivamente a sus autores, Frank Miller y David Mazzucchelli, como verdaderos creadores de obras maestras. Revolucionó además, junto a otras obras, el panorama del ‘comic-book’ de superhéroes, inundando de madurez y realismo un género que parecía haber dado de sí todo lo que medio siglo de existencia le había permitido. Y, para Batman en particular, se convirtió en una de las mejores historias de los por entonces casi cincuenta años de vida del Señor de la Noche, permitiendo asentar las bases de la continuidad del personaje surgida tras la saga Crisis en Tierras Infinitas (Crisis on Infinite Earths, abril de 1985-marzo de 1986). Catorce años después de la publicación de aquella obra del Murciélago, los veteranos guionistas Chuck Dixon y Scott Beatty, expertos en el bat-universo, la tomaron como referente, aunque algo lejano, para narrar el primer año de Dick Grayson como discípulo de Bruce Wayne y compañero de su ‘alter ego’ Batman en la serie limitada Robin: Año Uno (Robin: Year One, diciembre de 2000-marzo de 2001). Y dos años después, movidos por el éxito comercial que la historia con las primeras aventuras del Chico Maravilla había cosechado, le tocaba inevitablemente el turno (el siguiente sería Nightwing: Año Uno) al personaje de Batgirl. La obra que nos ocupa recopila los nueve números de la miniserie Batgirl: Año Uno (Batgirl: Year One #1-9, febrero-octubre de 2003), que la editorial DC reunió en TPB en noviembre de 2003, tras publicarlos individual y mensualmente en formato ‘comic-book’. Y logró no sólo obtener una acogida aún mejor en cuanto a crítica que su predecesora, sino que supo aprovecharse del excelente momento comercial que por aquel entonces estaba atravesando el Murciélago gracias a la saga Batman: Silencio (Batman: Hush, diciembre de 2002-noviembre de 2003) y a las distintas series del bat-universo (especialmente, Catwoman y Gotham Central), para aumentar las ventas y la popularidad de los personajes. Básicamente, Batgirl: Año Uno es un ‘remake’ de la historia The Million Dollar Debut of Batgirl (El Debut del Millón de Dólares de Batgirl), publicada en enero de 1967 en el Detective Comics #359. En él aparece por primera vez Batgirl, co-creación de Gardner Fox y Julius Schwartz basándose en una idea del productor de la serie Batman, William Dozier, para introducir un nuevo personaje en el programa televisivo. Éste, a su vez, se había inspirado en la Batgirl original, Betty Kane, creada por Bill Finger y Sheldon Moldoff en abril de 1961 (Batman #139). Al margen de la búsqueda de ventas y beneficios, la revisión de aquella historia parte de la necesidad de reescribir el origen post-“Crisis” del personaje, al no haber sido mencionada su primera aparición en ninguna obra tras Crisis en Tierras Infinitas. De hecho, no hay demasiadas historias de Barbara Gordon como Batgirl posteriores a esa saga, debido a la cercanía en el tiempo de Batman: La broma asesina (Batman: The Killing Joke, mayo de 1998), obra que provocaría un importante cambio en la vida de la sobrina del comisario James Gordon y que afectaría también a su personalidad superheroica. Como en la versión original, escrita por Gardner Fox y dibujada por Carmine Infantino, la narración comienza con la irrupción del villano Polilla Asesina en pleno baile de disfraces de la policía, con la intención de atacar al multimillonario Bruce Wayne. Barbara Gordon, que había acudido a la fiesta con un peculiar traje de Batman confeccionado por ella misma, se ve obligada a intervenir y enfrentarse al criminal, en la que será su primera actuación como superheroína. Babs es sólo una adolescente (ése es uno de los pocos cambios respecto al cómic de 1967, pues en aquél contaba con más edad) que sueña con los superhéroes desde niña, que tiene ambición y ganas de convertirse en una detective que luche contra la delincuencia como lo hace su padre adoptivo, y que se entrena y se prepara duramente para lograrlo a pesar de todas las dificultades que le ocasionan su aspecto frágil y los prejuicios sexistas de quienes la rodean. Dotada de una prodigiosa memoria fotográfica, con amplios conocimientos en informática y artes marciales, y una preparación atlética más que destacable, Barbara Gordon ansía llegar a ser una policía que pueda ayudar y proteger a sus conciudadanos. Sin proponérselo, su futuro se ve alterado por unas caprichosas circunstancias que la llevarán a conocer al propio Batman y a su compañero Robin, a los que tratará de demostrar su valor y coraje para poder unirse a ellos en su cruzada contra el crimen. Su relación con éstos, con James Gordon y con la gente que convive con ella diariamente (en la biblioteca, en la comisaría de su tío y en el gimnasio) es el centro de un relato que carece de excesivas pretensiones y en cuya humildad reside su mayor virtud. Pues lejos de gestas épicas y de grandes epopeyas, lo que la obra narra es la vida y los sueños de una joven que desea servir a su comunidad siguiendo los pasos de su tutor pero a la que distintos obstáculos le hacen ir modificando su destino según va avanzando en su intento por alcanzarlo. La estructura de la historia no tiene demasiadas complicaciones y guarda cierta similitud con la de Robin: Año Uno, al hacer ambas permanente hincapié en los problemas de adaptación a los que un adolescente medio debería hacer frente de encontrarse, de un día para otro, en mitad del oscuro mundo del Murciélago. La narración, como cabía esperar, contiene momentos de superflua duda existencial propios de la edad de la protagonista, combinados con las escenas de acción típicas de todo cómic de superhéroes, pero ambas son resueltas con notable maestría y grandes dosis de imaginación. Para que no peque de un simplismo que pueda convertir la obra en un mero entretenimiento hueco y carente de interés, Dixon y Beatty procuran desarrollar todo lo que pueden las personalidades de unos personajes archiconocidos, jugando con un inteligente sentido del humor y con una narración en la que se intercalan ‘flashbacks’ y constantes guiños a hechos que sucederán en el futuro. Algunas de estas referencias son absolutamente brillantes, aunque otras, por el contrario, resulten absurdas o forzadas pues apenas encajan dentro de la historia. El problema que puede suponer relatar hechos de los que todo el mundo conoce el desenlace es resuelto por los guionistas con gran habilidad, haciendo que lo que pudiera ser previsible se torne entretenido y que lo que hubiera quedado sin explicar en otras obras encuentre aquí lógico fundamento. Salvo por un Batman tal vez demasiado rígido y plano, la profundidad de los personajes raya a gran altura, destacando especialmente un Dick Grayson lleno de vitalidad, inteligencia e ironía, y, por supuesto, una Barbara Gordon de espíritu inquieto, moderna, juvenil y encantadora a la que el dibujante Marcos Martín dota de un rostro sencillamente adorable. Pocas versiones de ambos personajes logran superar el encanto del que hacen gala en esta obra, acentuando además las diferencias entre ellos y dándoles una personalidad propia a cada uno. Algo que no resulta habitualmente tan fácil de encontrar, pues Batgirl suele ser representada dentro del bat-universo simple y desgraciadamente como el reflejo femenino de Robin, sin un carácter propio que la defina. A ellos hay que añadir una Polilla Asesina perfecta en su papel de villano al que nadie respeta ni teme, un comisario Gordon que exhibe más que nunca su faceta humana y paternal, y una Canario Negro que cumple con el papel que los guionistas le otorgan (que es bastante importante). Y, en uno de los guiños más ‘frikis’, la aparición de dos miembros de la JSA (el Dr. Fate y WildCat) y un cameo de Green Arrow, al que el dibujante Marcos Martín se encargó de realizarle las portadas durante una época. Y si a nivel de guión la obra supera el aprobado y roza en ocasiones una nota mucho más alta, al dibujo de Marcos Martín poco le falta, si es que no lo consigue, para obtener un sobresaliente. Entintados por Álvaro López y cargados de vida por el colorista Javier Rodríguez (ambos también españoles), sus lápices sólo flojean levemente en el dibujo de una figura humana excesivamente simplificada, pero lo compensan sobradamente unos rostros increíblemente expresivos, unas escenas de acción formidables y una narrativa gráfica capaz de dejar boquiabierto a cualquiera por el extraordinario uso de arriesgadas perspectivas, complicados encuadres y escorzos imposibles que otorgan al relato la agilidad y fluidez que éste necesita. El tono juvenil del dibujo se adecua perfectamente al de la historia y a la personalidad de la protagonista (o a la inversa), y supera con creces las páginas del cuarto número de Robin: Año Uno que dibujó el mismo autor y en las que prácticamente calcaba el dibujo de Javier Pulido (dibujante del resto de la obra). Teniendo en cuenta la edad de Martín, su futuro dentro del género se presenta francamente prometedor, y a poco que vaya adquiriendo mayor experiencia es seguro que derrochará un talento que ya ha comenzado a mostrarse como un auténtico diamante en bruto. Centrándonos en sus autores, resulta prácticamente imposible encontrar en todo el planeta un solo aficionado del Señor de la Noche que no conozca al menos una obra de Chuck Dixon. Y es que tras su paso por The Punisher, The Nam, Airboy y Team 7, Dixon dedicó más de una década de su vida al bat-universo junto a una infinidad de diversos dibujantes, destacando sus trabajos para Robin #1-85 (noviembre de 1993-febrero de 2001) y algunos números posteriores, los Anuales #2-6 y las miniseries Robin (1991), Robin II (1991), Robin III (1993) y Robin: Año Uno (2001) del Chico Maravilla, Catwoman #15-21 y 27-40 (entre 1994 y 1996), la miniserie The Huntress (1994), Nigthwing #1-70 (octubre de 1996-agosto de 2002), Birds of Prey #1-46 (enero de 1999-octubre de 2002) y muchísimos otros, tanto en series regulares como en números especiales. Aunque considerado por muchos lectores un guionista de escasos recursos y narrativa excesivamente simple, su conocimiento de los personajes y la calidad de algunas de sus obras resultan incuestionables, a pesar de que nunca podrá ser considerado “uno de los grandes” del medio. Por su parte, aunque últimamente se ha especializado en realizar guías sobre personajes del Universo DC (Catwoman, Wonder Woman, Batman, Superman, la JLA…) o sobre las series animadas de algunos superhéroes (Batman, Superman, Batman Beyond…), Scott Beatty alcanzó la fama gracias a sus guiones para Joker: Last Laugh (otoño de 2001), Gotham Knights #33-49 (noviembre de 2002-marzo de 2004), numerosos Secrets Files & Origins y algunos números de Robin, JLA y Young Justice, además de co-guionizar, junto al mencionado Chuck Dixon, la obra Robin: Año Uno (2001). Marcos Martín comenzó ilustrando y realizando portadas para las ediciones españolas de Planeta DeAgostini de publicaciones de la editorial Marvel, debutando en el ‘comic-book’ americano de manera sorprendente (pues no había llegado a publicar en España ninguna obra con dibujos suyos) gracias al Señor de la Noche en The Batman Chronicles #12 (primavera de 1998), en una historia con guión de Devin Grayson. Tras JSA #6 (1999) junto a David Goyer (guionista del film Batman Begins), su destino quedaría ligado al bat-universo con los títulos Robin #81 (octubre de 2000), Joker: Last Laugh #2, Birds of Prey #37 y algunas páginas del Robin: Año Uno #4. Todas estas obras las realizó en 2001 y tenían como guionista a Chuck Dixon. A pesar de su nacionalidad (un ‘handicap’ para introducirse en el mercado americano), Martín comenzaba poco a poco a despuntar como un dibujante de trazo sencillo pero eficaz e impactante, capaz de ofrecer cosas muy interesantes dentro de un género en el que resulta muy difícil hacerse un nombre. Para poder dar el salto definitivo, sólo necesitaba un proyecto de mayor relevancia que le aupara a escalones aún más altos. Y Batgirl fue el trampolín que necesitaba. Publicada en mayo de 2004, la edición de Norma Editorial presenta un tomo en tapa dura de 224 páginas que recopila Batgirl #1-9 y que incluye algunas páginas extra con bocetos de las portadas y de algunas páginas, e ilustraciones de distintos personajes. Obviamente, Batgirl: Año Uno no puede ser comparada con el clásico insuperable Batman: Año Uno, pero tampoco lo pretende. Conscientes de sus limitaciones, los componentes del equipo artístico se conforman con presentar un cómic que deje un buen sabor de boca a los lectores (y aún más dulce a los fans del personaje), con la dosis adecuada de nostalgia, acción, entretenimiento y desarrollo de personajes, que mejore a su inmediato precedente Robin: Año Uno y que haga pasar un buen rato a todo aquel que lo lea. Y eso, sin duda, aderezado con un dibujo de enorme calidad, lo consigue. The Bat-Fan |