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BATMAN: SILENCIO Nº 2
------------ www.dccomics.com

48 págs

 5 €
GUIÓN DIBUJO ENTINTADO PORTADA

Jeph Loeb

Jim Lee Scott Williams Jim Lee
       
       

El primer número de Silencio dejaba una cierta sensación de vacío, de falta de contenido, de tebeo dirigido con batuta de dibujante estrella. Pero, aún así, tenía lo suyo. El planteamiento original (villano en la sombra que maneja a otros villanos, con un plan oculto) podía estar bien desarrollado, máxime cuando la serie Batman quería explorar el lado superheróico del personaje, dejando Detective a fans deseosos de otro punto de vista temático, pero números como este segundo que voy a analizar revelaban que la cosa no iba a mejorar lo que se dice mucho, y ponía de manifiesto que las directrices de Jim Lee iban a ser las imperantes, que él dibujaría lo que le viniese en gana y que el hilo argumental que conectase sus deseos iba a ser tan sumamente difuso que en ocasiones el pobre lector no sabría porqué carajo ocurrían las cosas. Los errores más gordos (dejando de lado la progresiva evidencia de que hay muy poco que contar) son de caracterización, de desarrollo y de pura lógica. Todo ello rebañado por una creciente monotonía gracias a una sucesión de peleas que parece no tener fin. Pero vayamos por partes.

Empecemos por los errores de caracterización. Batman, y en eso está todo el mundo del cómic de acuerdo, es “el mayor detective del mundo”. En eso consiste: suple su falta de poderes con una mente deductiva brillante y una gran inteligencia. Sin embargo, el Batman de Loeb es muy, muy lento, y no me refiero a sus movimientos físicos. Es un tipo que sabe que Poison Ivy va a Metrópolis porque se lo dice Catwoman, que si no se hubiese quedado en Gotham buscándola con una lupa. Un tipo que en vez de estar centrado en su labor anda atormentándose con su incipiente relación con Selina hasta el hastío, repitiéndose machacónamente a sí mismo que si porque lo hice, que si como sería si yo fuese sincero con ella, etcétera. La sutil y eterna relación de flirteo/rivalidad entre la mujer gato y el Hombre Murciélago se hace quince veces más simple y se sustituye por una relación que no se sabe muy en qué dirección va a discurrir, torpe, con un interés nulo y tópica. Por no hablar de Catwoman, cuya personalidad en esta serie y la suya propia sufre un cambio radical. A peor, para los más despistados. Su Superman tiene dos sesgos: ser bueno y ser más simple que el mecanismo de un sonajero. Punto. No hay nada en él que huela a grandeza o heroicidad, es un garrulo con poderes. Esto se extiende a Poison Ivy (que quiere mucho a sus plantas) y a Tommy Elliot (por un gallifante, que alguien me diga un rasgo suyo de personalidad además de ser un tipo desinhibido). Los personajes de este tebeo son totalmente planos y sin matices, puesto que la mayoría de ellos sólo están para arrearse piños. Como esto es un tebeo de acción, tiramos a la papelera la inteligencia de Batman como descubridor y los diálogos irónicos de Catwoman, simplificamos a Superman hasta su máxima expresión y ponemos a Ivy de villana arquetipo. Alegría, alegría.

El desarrollo. Simple, muy simple, demasiado simple. Batman llega a Metrópolis, Ivy controla a Superman (pelea al canto), Superman deja de ser controlado, Superman y Batman detienen a Ivy. 48 páginas de peleas y diálogos tontos: con Talia, con Lois... Golpes, explosiones, brillos, derrumbamientos, efectos especiales y toda la parafernalia. No consigue llamar la atención hasta que Superman entra en escena, entonces sabes exactamente qué va a pasar y cómo va a terminar todo.

Pues eso, que el desarrollo en sí es muy flojo. La pelea de Batman y Superman, el plato fuerte del número tiene algo de ingenio, algún que otro truco interesante de un Batman en absoluta desventaja con respecto a su oponente, pero tampoco es nada del otro mundo, no es algo deslumbrante y desde luego no es un derroche de ideas. El final es bastante previsible, y da toda la impresión de que aquí no ha pasado nada.

Por último, están los errores que yo considero de pura lógica. ¿Lois sabe que Bruce es Batman? ¿Cómo? ¿Se lo ha dicho Superman? ¿Batman sabe que lo sabe? ¿Lois sabe que Bruce lo sabe? ¿Desde cuando? ¿Pero de dónde se lo ha sacado este tipo? Así, de repente, Lois sabe la identidad secreta de uno de los tipos que más celosamente la guarda de todo el universo DC. No se cómo, de verdad que no sé cómo. Otra. Ivy controla a Superman con carmín. ¿Cómo? Superman tiene supersentidos, así que la habría oído venir. Tiene superfuerza y supervelocidad, así que podría haberla esquivado o haberse zafado de ella. Podría haberla derrotado en un abrir y cerrar de ojos. ¿Cómo lo ha hecho Ivy, se ha dado un besito en la punta de los dedos y ha soplado en dirección a Superman? ¿Y cómo consigue la kryptonita? ¿Por qué en los tebeos de Loeb es tan fácil conseguirla? ¿Cómo se le pasa el control mental a Superman? ¿Por la catarsis de ver a su mujer cayéndose de un edificio? No se explica. N se explica nada. ¡Pero no importa! Como el elemento central son las peleas, seguramente el lector no notará semejantes calvas en el guión. En fin...

El dibujo de Lee es bueno para acción, está claro. Bueno, pero tampoco demasiado. Su Batman es un personaje demasiado hipertrofiado, y su fisonomía pega muchísimo más en Superman. Las peleas son espectaculares, grandiosas, con viñetas enormes y golpes enormes. Es bastante espectacular. Pero los ramalazos Image se mantienen, como algunas expresiones faciales demasiado forzadas, la imposible anatomía femenina, y unas dificultades narrativas importantes. Los diálogos y las escenas calmadas son bastante flojas, y es preocupante ver como las carencias de un dibujante repercuten tanto en una historia hasta el extremo de que el guionista, que es el que elabora el guión, tiene que modificarla para que se adecue a las carencias del dibujante, que es el que las cuenta. Como en los años de los McFarlane, los Liefeld y los Turner, cuando los guionistas tenían que escribir cómics de peleas porque era lo único que sabían dibujar los dibujantes de aquella hornada (y si escribían diálogos, el dibujante los cambiaba por peleas. Y punto. Pero esa es otra historia).

El segundo número de Silencio fue, para mi, la confirmación de que todo cuanto prometía era polvo. Ni intriga, ni investigación, ni misterio, ni nada. Peleas absurdas contra un catálogo de personajes para lucimiento de un dibujantes de un solo registro, incapaz de dibujar a dos personas hablando con fluidez. Y ni tan siquiera como tebeo de acción, porque no había diversión, no había ideas originales o ingeniosidad, ni elementos novedosos y una verdadera sensación de peligro, sólo espectáculo y tortas, y creo que ya somos mayorcitos como para que nos encandilen con fuegos artificiales. Números posteriores vendrían a confirmar la monotonía de la que era abanderada la etapa de Loeb y Lee, con un guión flojísimo y un Batman directamente tonto y algunos elementos propios como la degeneración de personajes.

Alberto Morán

 

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