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RESEÑA A UN CABALLERO NOCTURNO O LA TEORÍA DEL CUARTO DE SIGLO Ya me he encontrado, en varias ocasiones, con la necesidad de responderle a algún amigo un tanto neófito en esto del noveno arte la siguiente pregunta: “¿Y qué cómic me recomiendas que me lea?”. En esa situación uno piensa, naturalmente, en obras redondas, con un final definido, que no sean demasiado largas (no conviene cansar al lector) y que sean realmente impresionantes (ya que es un momento estupendo para demostrar que no estamos locos, que aquello es arte y que además tú tenías razón, qué carajo). Bueno, pues en estas ocasiones, siempre hay dos obras que me vienen a la cabeza: Watchmen, esa pedazo de genialidad escrita por Alan Moore, y The Dark Knight Returns, o lo que es lo mismo, El Regreso del Señor de la Noche. Y aquí es cuando me voy a lo que he dado por llamar, ostentosamente, la teoría del cuarto de siglo. Ahora vamos a movernos un poquito por el tiempo, así que seguidme y permitidme que os haga mis cómplices en este asunto. Pensad por un momento en cuál fue el hecho que supuso la primera revolución del cómic americano (vale, existían cómics antes, por supuesto, pero por eso hablo de revolución, no de creación, so listillos). ¿Lo tenéis ya? Bueno, espero que hayáis pensado en Superman, porque si no, no vamos en la misma onda. Efectivamente, Superman nos enseñó sus calzoncillos (no es difícil, ya que los llevaba por fuera) por primera vez en el año 1938. ¿Editorial? La hoy en día conocida como DC Comics. ¿Género? Uno nuevo que acababa de inventarse el kryptoniano él solito: el de superhéroes. No es una mala revolución, no señor. Y ya tenemos en marcha la Edad de Oro. Nuevo salto en el tiempo, esta vez a 1961. Marvel Comics lanza al mercado el nº 1 de Fantastic Four, un nuevo concepto de hacer superhéroes que dio origen a la Edad de Plata. Veintitrés añitos, casi un cuarto de siglo, desde que apareció Superman (y un cuarto de siglo justo desde 1936, fecha en que apareció The Phantom, el que para muchos es el primer superhéroe del cómic, o al menos el mejor bosquejo que uno se pueda imaginar). Otros veinticinco años hacia adelante, y nos plantamos en 1986, fecha donde DC recoge de nuevo el testigo de la grandeza que Marvel había portado casi ininterrumpidamente desde el 61. Tres obras tienen la culpa: Crisis en Tierras Infinitas (1985-1986), de George Pérez y Marv Wolfman, que le da una patada en el trasero al viejo universo DC para crear uno nuevecito, recién pintado; el anteriormente mencionado Watchmen (1986-1987), que demuestra que ser un superhéroe no es nada divertido; y cómo no, el objeto de este artículo: The Dark Knight Returns (1986), del incomparable genio americano Frank Miller, un hombre que no sólo reinventó a Batman, sino también a Daredevil para Marvel y, en cierta medida, a todo el género. Como podéis ver, esta tercera revolución, que vino de la mano de unas pocas obras que marcaron un nuevo camino para la industria, sitúa ya de por sí a Dark Knight no sólo como una de las grandes obras del género (sólo comparable a otra media docena, como mucho) sino como una de las grandes obras del cómic, de cualquier género y de cualquier época. Y es tan grande porque no sólo lo ha sido en su momento, sino porque sigue siéndolo. Nació innovando, sí, pero a la vez nació como un clásico. Si habéis tenido la suerte de poder leer el primer Superman de los años 30 y 40 escrito y dibujado por los propios creadores Jerry Siegel y Joe Shuster, veréis que son cómics geniales, pero que no han envejecido bien. Tanto el dibujo como el guión tienen la magnificencia de ser la madre del cordero, pero están superados (o debería decir mejor perfeccionados) hace mucho tiempo. Pero es que el Dark Knight sigue siendo insuperable (ni por su propio autor, que nos presentó una segunda parte hace poco y que... bueno, mi madre siempre dice que si no puedes decir nada bueno de alguien, mejor no lo digas), tanto en guión (reinventó la forma de narrar del género en las primeras diez páginas) como de dibujo. Y es que a mí, en contra de la opinión de mucha gente, el dibujo me parece también una obra maestra. Dibujo al servicio del guión, como debe ser, pero con una narrativa tan fluida y una estética tan sólida que parece mentira que alguien capaz de dibujar así escriba todavía mejor. Y si conocéis a algún americano que domine mejor el claroscuro, decídmelo. Miller nos presenta a un Batman de cincuenta y cinco años, retirado hace más de una década, que trata de sobrevivir en un mundo al que ya no intenta cambiar. Pero pronto se le revela algo que todos sabíamos ya: si a Gotham City le quitas a Batman, se convierte en algo donde ni los demonios más macarras del averno querrían vivir. Y un buen día descubre que ya no puede más, que la edad no va a derrotarle, que necesita un nuevo Robin (esta vez una jovencita), que el Batmovil está anticuado y que los tanques molan más, que el Joker puede estar todavía más loco y ser aún más peligroso, que los mutantes no llevan trajecitos azules y amarillos de licra, sino que son una tribu urbana capaz de comerse a tu madre y de violar a tu padre si se aburren, que la televisión es un medio estupendo para enterarse de las cosas que ocurren aunque no de por qué ocurren, y que Superman es un tipo que se pasa de bueno, de confiado y sobre todo de americano. Y nosotros descubrimos que si antes Batman era más duro que un clavo, ahora es más duro que el clavo de un ataúd. El muy hijo de puta parece de piedra, y capaz de comerse a Superman por las patas. Un guión redondo, que ni siquiera te pide que conozcas a Batman para entenderlo, y que define al personaje como pocas historias lo han hecho. Una historia donde el murciélago a veces parece un terrorista, otras un fascista, y siempre un revolucionario, aunque al final se nos muestra como lo que es: simplemente Batman, algo tan grande que los calificativos, políticos o de cualquier índole, se le quedan pequeños. Porque si algo ha definido a Batman es que siempre hace lo que es necesario. Y en esta obra vuelve a hacerlo, de nuevo y por primera vez. Y esa es la genialidad de Miller: a pesar de la innovación, a pesar de crear una obra que ha sido y será para siempre referente de cualquier cómic de superhéroes, nos muestra al Batman que siempre debió ser, y que, gracias a él, ya siempre será. ¿Los creadores de Batman, dices? Bueno, cualquiera sabe que son tres: Bob Kane, Bill Finger y... Frank Miller. Cada cuarto de siglo una nueva revolución. ¿Qué pasará en los alrededores del 2011? Francisco Calderón |