|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
NOTA: Esta reseña prosigue el análisis de la colección regular Harley Quinn allí donde se quedó el siguiente artículo: http://www.batmanguiavisual.com/legends/hq_a1.htm aunque se centra sobre todo en la saga final (#33-38) Tras la marcha de Terry Dodson, la colección tenía los días contados. A pesar de que los guiones de Karl Kesel seguían teniendo la misma calidad de siempre, la marcha de uno de los mejores dibujantes del momento se iba a notar en exceso. El sustituto, un tal Badeaux, cumplía pero poco más, y así no se podía seguir. Ante el descenso continuado de ventas los poderes fácticos optaron por echar a Kesel del título que se despidió con un gran número (el 25, buscadlo y disfrutad). Para sustituirle se trajeron a una gran figura mediática mundialmente conocida... pues no, justo todo lo contrario. A.J. Lieberman fue el elegido, el guionista de la tremendamente mala serie de televisión Malcolm & Eddie (si no la conocéis ni sabéis de que estoy hablando, suerte que tenéis). Quién sabe por qué providencia divina le pusieron a escribir tebeos, quizá por un enchufe de 330 voltios porque otra explicación no cabe. En cuanto al dibujo, el sustituto del sustituto fue Huddleston, el dibujante de The Coffin, que hace un trabajo bastante competente. Su estilo medio cartoon, medio realista le pega perfectamente al personaje. No es Dodson, ni se le parece, pero es un dibujante que pega bastante bien en la serie. Los primeros números de Lieberman en Harley fueron desastrosos, malos, estúpidos, carentes de ritmos, con caracterizaciones lamentables e historias aburridas. Todo un compendio de lo que no debe hacerse jamás en un tebeo. Por suerte, no vamos a hablar de esos números aquí sino de la última saga de Lieberman en la serie, que como suele pasar, después de haberla llevado a la cancelación, va y hace un buen trabajo. Esta saga comienza con la típica historia de “todos a por el dinero”. Una niña de unos doce años guarda en sus ojos, grabados en la retina, unos códigos necesarios para acceder a un montón de dinero. No me miréis así, es el típico Mcguffin de la historia. Evidentemente todo el mundo va detrás de la niña, tanto las mafias que pueblan la ciudad como otros intereses en plan agentes malignos de la CIA. El intríngulis de la historia es que para sacarle los códigos a la niña hay que aplicarle una especie de rayos que la dejaran ciega, a menos que rápidamente la operen para que recupere la vista. Y aquí es donde entra Harley. En principio para cobrar la recompensa por capturar a la niña, pero en realidad ella va a por el premio gordo, la pasta, pase lo que pase. De esta manera, Lieberman crea una saga bastante entretenida e interesante de seguir. El personaje de la niña, motor de la historia, está extraordinariamente caracterizado, y llega a ser el perfecto complemento a Harley. La relación que forman las dos, llena de desconfianza, de engaños, de seamos amigas pero enemigas, es perfecta. Por fin Lieberman empieza a comprender al personaje de Harley, justo cuando tiene que dejarla. La saga transcurre entre continuos devaneos, ir y venir de los personajes, engaños, tiros, explosiones, huidas, buenos diálogos y situaciones interesantes. No es que sea un tebeo maravilloso, pero se deja leer muy bien, y con todo lo que había hecho Lieberman anteriormente, pues sabe a gloria. Así, poco a poco, leyendo un tebeo entretenido, de esos de usar y tirar pero que no te dejan mal sabor de boca, llegamos al último número y su sorprendente desenlace. Lieberman da el do de pecho y demuestra que puede ser un guionista. Ya era hora de que hiciera algo decente en la colección. En fin, como dudo que este material se vea jamás publicado en España, voy a contar ese final tan bueno, así que si no quieres leerlo, que sí quieres, que lo sé, no sigas. Muy bien, pues llegamos al quinto número, tras continuas persecuciones, tiroteos y demás zarandajas, la niña decide confiar finalmente en Harley y dejarle que le extraiga los códigos de los ojos. Para ello Harley contacta con un médico que operara a la niña tras sacarle los códigos. Así que manos a la obra, con unos rayos o algo así logran sacárselos, los ojos de la niña empiezan a brillar y a brillar, el tiempo corre. Aparece el malvado agente de la CIA que tiene al doctor. Se lo cambiará a Harley a cambio de los códigos. El brillo aumenta, la niña suplica a Harley que le ayuda, Harley duda, parece que no está por la labor. No será capaz, piensas, no va a dejar a la niña así, no será tan cabrona, no puede ser. La situación empeora, la niña demarra torrentes de lagrimas y líquido verde por los ojos, vemos a Harley dudar, el dinero a cambio de la visión de la niña, ¿por qué no quiere salvarla? Fin de escena, nos vamos a la última página del tebeo. Esta es la típica situación que hemos visto mil veces en multitud de películas, libros y tebeos. La típica situación de última hora donde a pesar de estar el protagonista de morir sabemos que se salvara en el momento final. Así que tranquilos, que no pasará nada, seguro. Vamos a esa última página. Vemos a la niña jugando en unos columpios, parece feliz, un poco seria pero todo parece perfectamente normal. Vemos que llama a alguien, está fuera de escena, no sabemos quién es, pero de repente aparece... es un perro lazarillo. Esta escena, la última de la saga, es un puñetazo directo al estómago. Jamás espera uno un desenlace tan cruel, tan duro. Pero uno se da cuenta, por fin, de que está leyendo la colección de una supervillana, de una perturbada mental, de un ser despreciable. Y por fin eso se hace patente en la colección. Esto no es Batgirl, ni cualquier girl donde cualquier superboba perdería el culo por salvar a la niña. Esto es Harley Quinn, la protagonista es una enferma esquizofrénica, y por fin eso se hace notar en la misma. Es el peor final que podía tener un tebeo, bienvenido sea. El último número de la colección no forma parte de la saga, pero podría decirse que es un epílogo de la misma. En él, vemos a Harley afrontando las consecuencias de sus hechos. Lo que le ha hecho a la niña es un acto de crueldad en estado puro. Ninguna persona cuerda puede afrontarlo, y Harley no lo está. Sus actos la van acosando hasta que no puede más y termina derrumbándose. Lieberman la vuelve a encerrar en Arkham, en el lugar donde se merece estar. Es el final de la colección y hay que dejar guardados los juguetes en su sitio por si otro chaval quiere volver a jugar con ellos. Pedro García
|