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Cuarta entrega del coleccionable, en la que tiene fin la saga “Las diez noches de la Bestia” y empieza una de esas historias que, por su trascendencia en la vida de los personajes, se antoja imprescindible. Antes de centrarnos en el cómic, recordemos que en la época en la que están escritos, finales de los años ochenta, las relaciones USA-URSS entraban en una fase de distensión, por lo que en el cine y TV, se empezaban a ver historias sobre soviéticos renegados, que buscaban bien aprovechar la situación, bien regresar al antiguo status quo. Tampoco hay que olvidar, que el megalómano proyecto del escudo antimisiles, era uno de esas cuestiones que día tras día tenían su hueco en la prensa o en los telediarios. La Bestia es, por tanto, la contribución que hace el cómic al tema. Realmente, ni siquiera es algo original; Haciendo un poco de memoria, tenemos a Ivan Drago, antagonista ruso de Rocky, en una película para olvidar para otra parte, y otros subproductos USA, como Danko Calor Rojo y Cobra, donde, siempre había un personaje de parecidas características. Dando por sentado ya que nos hemos centrado en la época en la que se escribió la historia, si nos adentramos algo en ella, vemos como Starlin, no se plantea muchos quebraderos de cabeza y nos muestra una persecución “Made in USA”, donde el bueno tiene que detener al malo antes de que este acabe con la/s persona/s protegidas, que por supuesto, son vitales por el motivo que fuera. Por supuesto que Batman irá llegando tarde gracias a la ineptitud de las agencias federales, hasta que él mismo toma las riendas de la situación. Como resultado final, queda algo discreto, y sólo mantiene el interés por saber como acabará el enfrentamiento entre Batman y La Bestia. De hecho, el final muestra como el Murciélago es un “rara avis” en el mundo de los superhéroes, estando muy lejos del código de buen boy scout de otros personajes. Eliminando este detalle, el resto se salva por muy poco. Terminada “Las Diez noches de la Bestia”, comienza “Una muerte en familia”, de la que vemos el primer número. La verdad es que la manera de presentar la historia, obviando algunos números USA, no da para entender ese cambio producido en Robin, por lo que se tiene sensación de haberse perdido algo. Por otro lado, los mimbres utilizados parecen forzados, y es difícil creer en las coincidencias que forman la base de la historia. Si no fuera por lo que ocurre en el número cinco, también pasaría a formar parte de esos números olvidados de la historia de Batman. Para que no todo sea negativo, dejamos para el final al dibujante, Jim Aparo. Recientemente fallecido, Aparo, es uno de esos autores que dieron personalidad propia a Batman. Entendía lo que es utilizar el dibujo para narrar un guión, y aunque su estilo nada tiene que ver con el que se impone en los últimos años, resiste el paso de éstos. Con respecto a la edición española, simplemente correcta. Las tapas son de las que aguantarán poco tiempo y no estaría de más que se incluyeran mas artículos explicativos, que ayudaran a poner al día al personaje. Recuperar a los personajes requiere mucho esfuerzo y no simplemente publicar un coleccionable. Como curiosidad, podemos fijarnos en algunos detalles que aparecen en la actualidad en las noticias: terroristas suicidas, pederastia... parece que hay cosas que, desgraciadamente nunca cambian. Juan Carlos Rodríguez |