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Penúltima entrega del coleccionable con el que Planeta ha reanudado la trayectoria del Hombre Murciélago en nuestro país: poco antes de que aparezca la serie regular del personaje, estas cuarenta entregas que van llegando a su fin han permitido al aficionado ponerse al corriente de todo (o casi todo) lo sucedido en el bat-universo en los últimos años. En este tomo 39 prosiguen las consecuencias de “Cataclismo” en su continuación “Réplicas”, una de esas grandes sagas que implica a la práctica totalidad de títulos protagonizados o dependientes de Batman, girando siempre en torno a un centro común: la destruida ciudad de Gotham. “Réplicas” es, en su conjunto, una historia en la que el personaje, esta vez sí, fija sus pies en la tierra y se mueve en un contexto absolutamente realista: no hay villanos con trajes chillones, sino ciudadanos desesperados por la supervivencia, y el responsable final de la catástrofe será algo tan objetivo e imparcial como la misma naturaleza. “No se puede obtener venganza contra la tierra rota y desgarrada, ningún villano al que considerar responsable de este horror…”, se lamentará Batman, en un nuevo regreso a la tumba de sus padres en busca del sentido de su misión. Batman necesita a Gotham tanto como la ciudad a su protector, y es por ello que la nueva tarea del Hombre Murciélago será reparar el desastre, bien en su faceta de hombre de negocios o como justiciero, tratando de mantener el escaso orden civil y rescatando algunas pocas de la muerte segura. Algunos villanos del pasado reaparecen, como en el caso del Ventrílocuo, Clayface o Mr. Frío en tomos anteriores del inefable Exterminador o el Sombrerero Loco en éste, pero ni siquiera su presencia hace que Batman deje de preocuparse por su auténtico problema: Gotham ya no está, la ciudad ha sido destruida y sus ciudadanos van abandonando un lugar en el que nada ni nadie puede sentirse seguro. La historia, pese a tratarse de una extensa saga marcada por la lógica irregularidad entre los diferentes equipos creativos, contiene un buen puñado de detalles interesantes, como es el caso del “noticiero radiofónico” de Vesper Fairchild, la llamada “Sirena de la noche” que se alza como una voz tranquila en el silencio de la ciudad vacía (y que, igualmente, es un eficiente recurso narrativo para desarrollar la trama más allá de la acción principal), el desánimo en los cuerpos de policías o bomberos con Gordon, Bullock y Montoya a la cabeza, y la multitud de historias anónimas de valor o desesperanza entre las cuales Batman no es más que un mero recurso narrativo, un hilo conductor. Destacamos, finalmente, la conversación entre Batman y Robin previa a un arriesgado intento de rescate, sobre la misión y el legado del Hombre Murciélago: “Batman nunca morirá, Robin, creía haberlo dejado claro. Jean Paul Valley no salió bien, y Dick Grayson tampoco fue perfecto… pero, cuando llegue el momento, alguien será el adecuado… y alguien recogerá el manto del murciélago. Preferiblemente tu”. Por una vez, Tim Drake es incapaz de contestar. En resumen, un tomo que va aproximando el final de la saga y, en consecuencia, también del coleccionable, y en el que destaca por encima de todo esa sensación de frenética búsqueda de esperanza, de impartir justicia en un mundo injusto, que siempre ha definido el bat-universo, pero que esta vez queda puesta a prueba cuando incluso Gotham, la corrupta, sucia y criminal Gotham, se desploma sobre sus débiles cimientos. El volumen incluye también un artículo de David Hernando en el que se repasan los diferentes “eventos” que se han sucedido en el universo DC desde la publicación de Crisis en 1985 hasta la actualidad, y una nueva galería de portadas que aguarda a la próxima entrega para completar la serie. Sergio Holmes |