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Bane vuelve. Uno de los pocos cabos sueltos que quedaban después de la muy extensa Caída del Murciélago, con todos esos actos paralelos (La Búsqueda, La Cruzada, la posterior Pródigo, etc), era el destino del primer responsable de la caída de Batman, el descomunal e invencible Bane, sin duda alguna uno de los pocos personajes de reciente creación que pueden reclamar el título de “enemigo de primer orden” del Hombre Murciélago, junto a auténticas leyendas como el Joker o el Pingüino. Chuck Dixon y Graham Nolan recuperan a su creación en el especial La venganza de Bane, que ocupa la primera parte de este tomo de 33. Resultaba inevitable que, tras recuperar el manto del murciélago por segunda vez, Bruce Wayne volviera a encararse con el hombre que lo destrozó, aquél que le arrebató violentamente la parte más importante de su vida y le llevó a una serie de decisiones equivocadas que acabarían por ensuciar su nombre y misión. Llegó la hora del reencuentro. Y, de alguna forma, Bane regresa a la vida de Batman tras finalizar un proceso de re-inicio paralelo al del mismo Hombre Murciélago: si Bruce Wayne empieza desde cero a partir de su lesión, el responsable de quebrar al héroe de Gotham acompaña a su enemigo en el mismo camino de recuperación física y mental. Bane “renace” para ser el mismo y al tiempo distinto, por la vía del mal que lo llevó (en su peculiar visión de la justicia, del bien y del mal y sus matices) a sus crímenes contra Batman: el culpable no fue Bane, sino el “veneno”. La droga, apenas una referencia en el origen del personaje para justificar su capacidad física (al menos, yo siempre he pensado que era algo secundario para Bane, que lo mejor del personaje era su fijación por Gotham y la seguridad deponer acabar con el reinado del Hombre Murciélago, tras elaborar un plan tan calculado como secreto y efectivo), se convierte en esta segunda aparición en el verdadero motivo de la “locura” de Bane. Como movido por la necesidad de ajustar una cuenta de honor, la fuga de prisión será la cima de esa recuperación desde el primer peldaño. Bane permanece, pero también la droga, que ha pasado a ser su enemiga. Y de ella se desprenderá. El encuentro con Batman resulta, así, inevitable, aunque las circunstancias les obligan a luchar codo con codo contra los “sucesores” de Bane, los nuevos consumidores de la droga “veneno”, mucho menos preparados para resistir su influjo. La extraña alianza se forma rápidamente: dos hombres que se conocen, se recuerdan y que, cada uno por su lado, han sido vencidos hasta quedar por debajo de la condición humana normal, y que sólo con esfuerzo y perseverancia han logrado recuperar su perfección como hombres y luchadores. “Deja de cazarme, Batman. ¡Deja de cazarme!”. Ni súplica ni amenaza: el grito de Bane tiene más de afirmación que de ruego, como si fuera inevitable que el Señor de la Noche y Bane, a su pesar, compartieran el mismo objetivo en reversos opuestos. La identidad de Batman como un agente del caos puesta al servicio de la justicia, como el lado menos tenebroso de un mundo oscuro representado por sus enemigos, no es algo nuevo, y lo hemos visto antes representado en personajes como el Joker (La broma asesina) o Dos Caras, la dualidad absoluta encarnada. Sí es novedoso, en cambio, que el modelo lo encarne un personaje tan nuevo y tan deudor de la estética de los año 90 como es Bane. Su nuevo objetivo deja de ser la destrucción de Batman o el dominio de Gotham para centrarse en algo más íntimo y desconocido: la identidad y paradero de su padre. El futuro explorará en mayor profundidad la relación entre Batman y su nuevo antagonista, y es seguro que Bane no dejará de ocupar el estatus de enemigo en la larga lista de Bruce Wayne. El regreso de Bane, primera parte de este tomo, da paso a un salto editorial que se cubre en otro coleccionable paralelo a éste, aquél que bajo el título La saga de Ra’s al Ghul aprovechaba el tirón de la película para presentar en un único formato quincenal las apariciones del villano en las colecciones del Hombre Murciélago, desde su origen con Neal Adams y O’Neil hasta sagas más recientes como Contagio. Tras esta pausa, una nueva saga –Cataclismo– se inicia en las últimas páginas del volumen, con la premisa de la destrucción de Gotham desde una nueva perspectiva: no es Ra’s al Ghul quien trata de purgar la ciudad, sino que la misma naturaleza abre sus entrañas y devora a Gotham, esa especie de ciudad pecaminosa en la que un solo hombre sirve de foco de justicia en medio del caos. Lógicamente, los personajes se verán implicados en la catástrofe, de modo que Oráculo, Alfred o Batman serán atrapados por el temblor, mientras que Nightwing tratará de acudir en ayuda de sus amigos. El desenlace (o, mejor dicho, la continuación de esta nueva saga), como siembre, en el siguiente tomo. El volumen se inicia con un nuevo artículo de David Hernando, precisamente dedicado a la relación entre Batman y Bane y el futuro del personaje; por otra parte, la galería de portadas publica las correspondientes a los dos últimos números de la saga Pródigo (Detective 68 y Robin 13), aunque el material del tomo, aparte del citado especial Vengeance of Bane II, sean el Detective Comics 719, Shadow of the Bat 73 y Robin 19: de nuevo, la paginación editorial sacrifica la comodidad de lectura y referencia para mantener un formato regular de 96 páginas. Sergio Holmes |