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Una vez finalizada la saga completa de La Caída del Murciélago, historia que en mi opinión se ha alargado demasiado, ocupando algo más de la mitad del coleccionable. Prosiguen las aventuras de Robin y Batman, aunque Bruce ya no está con nosotros y es Dick Grayson el portador del manto del Señor de la Noche, un portador que como se ha demostrado resulta mucho más adecuado para el trabajo que Jean Paul Valley. Si me permiten voy a divagar un poco. Desde antes de la aparición de este coleccionable, se nos anunció que su principal función era restaurar la continuidad del Señor de la Noche y presentar el personaje al gran público (aquel que no podía costearse las ediciones de Norma), pero francamente de Batman hemos visto poquito en los 30 números publicados, entre la Caída del Murciélago y su marcha momentánea a favor de Nightwing, hemos visto a Bruce Wayne incapacitado, pero apenas hemos vislumbrado algunas de sus mayores cualidades como: sus grandes dotes para la investigación, el problema que le puede llevar su vida como vigilante para compaginar su vida como Bruce Wayne (playboy, multimillonario, director de empresas Wayne....) o lo trágicas que son sus relaciones con las mujeres. El problema principal no es que Planeta haya seleccionado mal el material, es que la época elegida para publicar era así “los gloriosos años noventa” que no sólo pasaron factura a Marvel....era otra época y sin duda otra tendencia y otra forma de entender los cómics. Perdón por esta introducción. La historia nos muestra a Dos Caras, un Dos Caras letal, completamente desquiciado como en sus mejores momentos, y es que el bueno de Harvey Dent aún no había tenido la oportunidad de demostrar su valía en este coleccionable, gracias a un espléndido plan, el sistema informático de Gotham es un caos y las cárceles no son menos, liberado por un formulismo. Dos Caras está suelto y dispuesto a vengarse de Robin, pues su demente forma de ver las cosas le ha llevado a la conclusión de que él es el culpable de todos sus males. Por otro lado, nuestro nuevo dúo de héroes siguen ocupándose de proteger la ciudad tan bien como pueden. Me gusta la manera en que se muestran las diferencias entre Robin y Nightwing, pues a pesar de haber tenido al mismo maestro son muy diferentes. Nightwing nunca ha prestado mucha atención a su vida privada (en aquella época porque ahora....) y Robin sin embargo debe enfrentarse a un padre que intenta reestablecer su relación con él, a una novia y a sus estudios, sin dejar de lado la capa del Joven Maravilla, mucho más de lo que algunos héroes adultos tienen entre manos, y es que Robin tiene un protagonismo especial en este tomo (claro que el hecho de que se incluya algún número de su longeva serie regular ayuda a ello). Es uno de los tomos más entretenidos que he leído, abundan la investigación por parte de los personajes y las escenas de acción son muy buenas (en especial las splashpages dibujadas por Jiménez). El tomo está escrito por habituales del coleccionable: Doug Moench, Alan Grant y Chuck Dixon, todos continúan con sumo respeto y cuidado por no contradecir las tramas que saltan de una a otra serie, a destacar especialmente la labor de Chuck Dixon pues fue Robin el primero de los spin-off de Batman al que siguieron Nightwing y Birds of Prey tres series que Dixon escribió durante años y que una vez se marchó no han vuelto a tener una dirección clara (Birds of Prey la que más), pero si digo que la historia está bien el dibujo no es para menos, pues Grahan Nolam, Lee Weeks o Phil Jiménez (Infinity Crisis) prestan sus lápices a la historia, con resultados sobresalientes, Graham Nolan con su etilo claro, Lee Weeks con su eficaz narración y en especial un novato Phil Jiménez que ya demostraba las maneras que le han llevado a convertirse en el digno sucesor de George Pérez como dibujante de la Crisis. Por último se incluyen las cubiertas originales de Robin 0, 9 y 11, Batman 512, Shadow of the Bat 32 y Detective Comics 679. José María Sáez |