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Prosigue “La Caída del Murciélago”, en un tomo adecuadamente titulado “El Ángel Oscuro”. Después de iniciar su carrera como el nuevo Batman, Jean Paul Valley empieza a mostrar su verdadero carácter como sucesor de la Orden de San Dumas, en una nueva versión del Señor de la Noche más oscura y violenta que la de Bruce Wayne. “El viejo Batman está acabado y se ha ido, Robin. Es hora de algo nuevo”, dirá Azrael a un escandalizado Tim Drake que se verá desplazado de su lugar junto a Batman. El propio Robin, James Gordon, Nightwing, e incluso Selina Kyle en un misterioso viaje junto a Bruce y Alfred en busca del origen de su enemigo, irán preparando el final de la saga y el inevitable enfrentamiento entre el Hombre Murciélago (Bruce o Jean Paul) y Bane, el personaje creado para convertirse en el verdadero centro y motivo de la historia. El tomo empieza con el desenlace de la historia del Detective Comics 666, pendiente desde el número anterior, con un Jean Paul que empieza a mostrar una inequívoca falta de humanidad en su nuevo rol de Batman, actitud recriminada por Robin (resulta extraño, después del conflicto entre Bruce Wayne y Jason Todd, comprobar cómo al ocultarse otras personas tras las máscaras, los papeles quedan igualmente intercambiados). La auténtica personalidad de Azrael, inconscientemente adquirida por el joven Jean Paul a través de la compleja iniciación de la Orden de San Dumas conocida como “el Sistema”, se mostrará en su particular reacción al gas del miedo del Espantapájaros, o sus escasos escrúpulos a la hora de poner en peligro la vida de un inocente para impedir la huida a Jonathan Crane. La historia introduce a la perfección los dos números de Batman (499 y 500), en los que la transformación del nuevo Batman se completa. El cambio bajo la máscara del Señor de la Noche se reflejará en la misma indumentaria del nuevo Batman: Jean Paul, movido por ese extraño “Sistema” que se apodera de su mente y su cuerpo, diseña dos guanteletes tecnológicos similares a los del traje original de Azrael, armados con garras y shurikens (que no batarangs, aunque compartan diseño). La diferencia será advertida tanto por Gordon como por el mismo Bane, que no dudará en burlarse de Jean Paul: “He acabado con la vida de Wayne. Y este neófito acaba con Batman”, clamará, acusando implícitamente a Azrael de haber deformado la figura del Señor de la Noche hasta convertirla en un despiadado vigilante, hasta transformarse en aquello contra lo que lucha. En este tomo, en definitiva, la historia nos sirve para definir a Jean Paul respecto a Bruce, si bien este último ocupa a lo largo de las más de noventa páginas un rol más que secundario; sólo el incierto viaje que inicia junto a Alfred (y una inoportuna Selina Kyle) a Santa Prisca promete algo de cara al final de la saga. Robin y Nightwing tampoco dejarán de intrigar contra ese Azrael que mancilla el nombre de Batman: todo ello nos dibuja a un Jean Paul que deja de ser el muchacho asustadizo de su debut para revelar a un guerrero despiadado en el papel de un advenedizo usurpador del disfraz y símbolo que Bruce Wayne jamás debería haber dejado. El Batman oscuro, el Batman de los noventa (tan en sintonía con las versiones agresivas de otros muchos personajes) será un carácter vacío, de un destino definitivamente fatal. El trabajo de los autores no deja de ser correcto, tanto en el guión (Alan Grant, Doug Moench y Chuck Dixon) como en los lápices (Bret Levins, Jim Aparo y Graham Nolan), si bien el desfile de nombres no oculta la presencia de Dennis O’Neil supervisando el trabajo. La historia, tan lineal como permite inscribir varias series en una misma saga e implicar a distintos autores, no carecerá de detalles ciertamente interesantes, como el consejo de Bárbara Gordon (Oráculo) a Bruce respecto a “acostumbrarse a la silla”, o la relación de lealtad y respeto (casi vasallaje) entre Bane y sus secuaces. En el apartado gráfico, cabe destacar el diseño de los guanteletes de Azrael (un verdadero calvario para cualquier dibujante, como ya lo era el traje original del personaje) o el peculiar diseño del Espantapájaros, más parecido a un personaje de un cuadro de El Greco que a una figura real. Se trata, en conclusión, de un número de transición en la saga “Knightfall”, entre el clímax marcado por la lesión de Batman y el desenlace final, y en que la historia profundiza en las primeras consecuencias de la decisión de Bruce por designar su sustituto (que no sucesor) en el manto del Señor de la Noche. Tal vez sea por ello que, nuevamente, Planeta publica el número sin artículo introductorio, aprovechando las últimas páginas para la reproducción de dos portadas correspondientes a números USA publicados en tomos anteriores. Sergio Holmes |