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Hablar de Batman: Año Uno es hablar de una de las mejores, si no la mejor, obras de este personaje. Un espléndido trabajo, tanto de Frank Miller en el guión, como de David Mazzucchelli en el dibujo. Sin duda, se trata de un ‘renacimiento’ del personaje. Llegó, además, en una época que lo necesitaba, después de décadas en que había perdido su esencia original, y a pesar de algunas historias interesantes, como en las etapas de O’Neil/Adams y Englehart/Rogers, y tras el megaevento de DC Cómics, las famosas Crisis en Tierras Infinitas, con las que se intentó redefinir el universo superheroico de la editorial. Una redefinición que en algunos casos quedó algo coja, pero que en el caso de Batman, gracias a Año Uno, fue extraordinaria, magnífica. A partir de entonces, cualquier historia de Batman se vería obligada a recoger la esencia, en mayor o menor medida, que transmite Año Uno.
Con su Batman: The Dark Knight Returns, Frank Miller había conseguido realizar la obra definitiva de Batman. Pero poco después conseguiría marcar las pautas que deben regir al personaje. Y es que en Batman: Año Uno vemos como Bruce Wayne toma la decisión de combatir el crimen, adoptando la figura de Batman. No es, ni mucho menos, la historia simplona de ‘tío con dinero decide disfrazarse de superhéroe y pelearse contra villanos’. En el trasfondo de la obra tenemos una vida trágica, Bruce Wayne es marcado, de por vida, por el asesinato de sus padres, momento en el que ya se ha transformado en Batman, aunque aún deberá llevar un proceso, físico y mental, para estar en condiciones de llevar a cabo su tarea. Y encomendará toda su vida a dicha tarea. Eso es algo que queda perfectamente reflejado en Año Uno, que nos presenta sus duros inicios como Batman, plasmando claramente cuáles son sus motivaciones. Una radiografía perfecta del personaje. Pero ésta no es únicamente la historia de Batman, sino también la de Jim Gordon, el futuro comisario de Gotham City (no hay peor ciudad para ser policía). Incluso podemos atrevernos a afirmar, y no andaríamos muy desencaminados, que Batman: Año Uno es realmente la historia de Jim Gordon. Un policía problemático que llega a una ciudad aún más problemática, que intenta ser un buen policía, a pesar de toda la corrupción que le rodea, y con una familia a punto de desmoronarse. Un tremendo luchador –y sobre todo sufridor–, cuya vida avanza en paralelo a la de Batman. Esta dualidad está presente en toda la obra, ambos personajes son los protagonistas, y es que ambos están irremisiblemente unidos. Frank Miller no sólo marcó a Batman, sino también a Jim Gordon, y, sobre todo, reflejó a la perfección la estrecha relación que une a ambos personajes.
La historia de Año Uno es contundente, golpea con fuerza, no es la típica historia de superhéroes (aquí no hay de eso, aquí hay hombres que se marcan un objetivo en la vida, y luchan y sufren por ello, sabiendo que lo tienen todo en contra), y Frank Miller, junto con la espléndida labor de Mazzucchelli, impregna a la obra de un auténtico sabor a género negro que le viene como anillo al dedo a un personaje como Batman, un ser oscuro, misterioso, que se mueve por la noche, amparándose en la oscuridad. Sin duda alguna, uno de los mejores trabajos de Frank Miller como guionista, un trabajo muy cuidado, de principio a fin. Un tratamiento inmejorable de los personajes, no sólo de los principales, sino también del buen número de secundarios que aparecen, como Alfred (con su humor irónico), Selina Kyle (a la que incluso llegamos a ver en su faceta de Catwoman), Harvey Dent (el que más tarde se convertiría en el loco criminal Dos Caras), el detective Flass, el comisario Loeb, el mafioso Falcone... Pero si el guión es magnífico, no se le queda a la zaga el dibujo. David Mazzucchelli realiza un trabajo inconmensurable. Un dibujo ya mítico para los seguidores de Batman, al que representa más humano que nunca, pero manteniendo su aura de oscuridad y misterio. Un dibujo de estilo realista, cuidado al detalle, con un gran acierto en el uso de las sombras, y con un tono oscuro, ayudado por el color de Richmond Lewis. El aspecto final de la obra es inmejorable, sólo con hojear el cómic, ya impresiona. Pero cualquier cosa que pueda decir de Batman: Año Uno es quedarme corto. Es una obra imprescindible si se quiere conocer al personaje, y lo mejor es leerla –y releerla infinidad de veces–, y valorarla uno mismo. Es un cómic del que, personalmente, me siento orgulloso de poseer en mi biblioteca particular.
Una vez realizado este modesto análisis de la obra, hay que entrar a analizar la edición del cómic. Hace pocos años, Norma Editorial nos brindó una edición lujosa, del mismo, en tapa dura y con calidad en el material y la reproducción. Ahora es Planeta quien nos lo ofrece en una oferta increíble e inmejorable, como su primer número de un coleccionable semanal de cuarenta entregas, y al insuperable precio de 1 euro. Poder obtener una obra como ésta por sólo 1 euro es para babear durante un largo rato. Sin duda alguna, no hay mejor forma de dar a conocer al personaje. Un puntazo por parte de Planeta. Ya no hay excusas para no haber leído algo de Batman (e, insisto, vaya “algo”). En cuanto a la calidad de edición, personalmente creo que es bastante alta –si encima tenemos en cuenta el precio, nos resulta una relación calidad-precio que se sale de la escala–. No es una edición de lujo, ni pretende ser una edición definitiva para la obra (ese papel podría estar más destinado para la edición de Norma), pero se nota que han cuidado el material (mejor que en otros coleccionables pasados de la editorial) y el diseño, una portada acertada... Quizá se le pueda poner algún pero a la traducción y la rotulación, aunque no desmerecen para nada, mantienen el buen nivel de la edición. Desde luego se le puede aplicar perfectamente el dicho de “bueno, bonito, barato”. Contiene, además, un más que interesante artículo introductorio (escrito por David Hernando) por lo que, en conjunto, esta primera entrega del coleccionable resulta perfecta como presentación del personaje, y no defraudará a quien se acerque a ella con ganas. En definitiva, para quien no había tenido la posibilidad de acercarse a Batman –o al menos a esta magnífica obra que es Año Uno–, tiene, con este primer número del coleccionable, una oportunidad única y muy interesante. Una buena oportunidad también para redescubrirla o, simplemente, para volver a leerla, pues es una obra que se disfruta –y proporciona detalles nuevos– con cada relectura. También es un cómic, por sus características, ideal para regalar (repitamos la cancioncilla: “bueno, bonito, barato”), aunque sea a uno mismo. Sin duda, los lectores estamos de enhorabuena. “Sí, padre. Me convertiré en murciélago”. Igor Rodtem
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