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Octava entrega del coleccionable de Batman, en el que nos encontramos el final de “Un lugar solitario para morir” y el comienzo de “La espada de Azrael”. En “Un lugar solitario para morir” asistimos a la primera aparición de Tim Drake, el joven que acabaría convirtiéndose en el tercer Robin, tras Dick Grayson –el Robin original– y el trágicamente fallecido Jason Todd. Es más, en este ejemplar podemos verle incluso vistiendo, de forma “no oficial”, el traje de Robin, aunque más adelante acabaría luciendo un nuevo traje, diseñado, por cierto, por el genial dibujante Neal Adams. En cuanto a la historia en sí misma, tenemos a Batman y Nightwing persiguiendo a Dos Caras, que les tiende una trampa. En su ayuda acudirá precisamente Tim Drake, dando muestra en todo momento de sus magníficas dotes detectivescas y deductivas (por supuesto, también demostrará su buena condición física para convertirse en Robin). En “Un lugar solitario para morir” tenemos a un Batman afectado por la muerte de Robin-Jason Todd, situación que los autores explotan para justificar y explicar la necesidad de que exista un Robin. Personalmente, yo veo a Batman como un personaje oscuro y solitario, sin ninguna necesidad de un personaje tan opuesto como puede ser Robin; sin embargo, he de reconocer que ésta es una historia que me agrada bastante. Una buena historia, en fin, realizada por unos buenos autores (Marv Wolfman, George Perez, Tom Grummett, Jim Aparo). Después tenemos el comienzo de “La espada de Azrael”, donde se nos presenta un nuevo personaje –Azrael– que acabará formando parte del vasto bat-universo, llegando incluso a jugar un papel muy importante. Aquí tenemos su origen, lleno de secretos y misterios de carácter religioso –la Orden de San Dumas, el ángel vengador Azrael, el demonio Biis– y con pintorescos personajes, como Lehah y Nomoz. Batman se verá obligado a viajar a Suiza para descubrir al responsable de unos asesinatos, pero se encontrará con un oculto secreto acerca de una misteriosa agrupación, la Orden de San Dumas, y un pintoresco personaje, Azrael, el ángel vengador. Es una historia intensa, magníficamente ideada por Dennis O´Neil, veterano guionista y editor, estrechamente vinculado al Hombre Murciélago. En “La espada de Azrael”, O´Neil demuestra su gran conocimiento del personaje (por ejemplo: es una maravilla observar la relación entre Batman y Alfred), con un guión sólido, muy trabajado y muy interesante desde la primera viñeta. En la parte gráfica tenemos a Joe Quesada, el hombre que haría renacer a Marvel años más tarde, y que aquí hace un magnífico trabajo, además de realizar unos estupendos diseños para el traje del personaje de Azrael. Sin duda, una buena historia, muy bien realizada. En cuanto a la edición de Planeta, no puedo quedarme sin criticar el hecho de partir las historias en diferentes números del coleccionable, cuando podrían entrar en un único tomo sin problemas de espacio. Tanto “Un lugar solitario para morir”, como “La espada de Azrael” podían haber sido publicadas cada una dentro de un único número del coleccionable, algo que no sólo facilita su lectura sino que, en mi opinión, resulta más cómodo y atractivo para los lectores. Por otro lado, pienso que hubiera sido un gran acierto publicar, tras “Un lugar solitario para morir”, los números correspondientes a Batman y Detective Comics donde Tim Drake se convertía definitivamente en Robin Son unos cómics realizados por Alan Grant y Norm Breyfogle poco tiempo después de “Un lugar solitario para morir”, y tienen la calidad suficiente como para haber tenido cabida en este coleccionable, además de que podemos ver la conversión de Tim Drake en Robin. Una buena historia que hubiera encajado perfectamente, y no dar este gran salto pues, tras “La espada de Azrael” vendrá enseguida “La Caída del Murciélago” (donde Tim Drake ya actúa como Robin). Por lo demás, la calidad del papel es buena, y el precio es adecuado, pero da la sensación de que Planeta tampoco ha querido esforzarse demasiado en la elección del material a publicar y en la forma de hacerlo. Y aunque en varios números del coleccionable tenemos textos introductorios, quizás se podía haber hecho un pequeño esfuerzo por incluir más información y material extra, que ayudaran a comprender mejor a Batman y a poder disfrutar mejor de sus historias, o incluso para conocer mejor a los autores. Por ejemplo: en el caso de “La espada de Azrael”, existe un texto introductorio escrito por Archie Goodwin, cuya publicación debería ser casi obligatoria. Para quienes tengan acceso a las ya viejas ediciones de Zinco o Vid de “La espada de Azrael” (en el caso de Zinco, una miniserie de 4 números –como la edición original USA–; en el caso de Vid en un único tomo), podrán disfrutar del texto. Para los que sólo dispongan de la edición de Planeta, mala suerte. Planeta ha pasado olímpicamente de dicho texto. Y eso que no hubiera costado nada publicarlo como parte del coleccionable (tan sólo ocuparía unas pocas páginas). Son pequeños detalles que añaden –o restan– calidad a una publicación, y que muchas veces no se les presta la suficiente atención y, en mi modesta opinión, no carecen de importancia. Igor Rodtem
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