UNIVERSO DC

 
         

 

WONDER WOMAN: EL TORNEO

 

En 1995 William Messner Loebs va a dar por cerrada su etapa como guionista de Wonder Woman. El simbólico número 100 va a servir como despedida después de tres años de estancia. Aunque llegó a la colección con la aureola de experto en mitología, lo cierto es que su etapa ha tratado más de guerras de bandas mafiosas que de dioses. Una decepción a la que se añade el poco acierto de la editorial a la hora de seleccionar a los dibujantes. Pero los astros debieron alinearse, porque sorprendentemente el editor Paul Kupperberg encontró por fin el artista que una serie como ésta se merece, justo a punto para ilustrar la traca final que tiene preparada Loebs.

El dibujante en cuestión es Mike Deodato, brasileño que daría mucho de qué hablar en posteriores trabajos para Marvel Comics, pero que en Wonder Woman cumple de principio a fin con buen nivel. De su estilo se percibe la tendencia imperante del momento: cuerpos musculosos, mujeres despampanantes, muchas rayitas entrecruzadas, etc. Es la época de esplendor de Image. Pero al menos Deodato se distingue porque da cierta elegancia a sus personajes, sobre todo a las mujeres y más concretamente en sus rostros. También es verdad que su narración puede ser un tanto caótica. Sus viñetas rara vez siguen el estilo clásico, ya que generalmente no están delimitadas, sus personajes se salen de ellas o tienen curvaturas. Tal vez a largo plazo los lectores habrían terminado por cansarse de esto, pero por sólo doce episodios la sensación que deja es la de que se rompen moldes. Y eso, cada cierto tiempo, no está de más. Deodato permanece en el título del capítulo 90 al 100 (además del número 0), todo ello enmarcado en una gran saga generalmente conocida como “El Torneo”.

El Torneo

Artemisa habla con sus compañeras de las temisciras

El número 90 supone el regreso de las amazonas. Tiempo atrás, en el 76 (julio de 1993), la bruja Circe simuló la destrucción de Isla Paraíso y su propia muerte. En realidad las había desterrado a todas a una dimensión oscura en la que tuvieron que afrontar la continua amenaza de unos demonios. Para Wonder Woman estos hechos apenas han tenido lugar hace unos meses, pero Hipólita, a su vuelta, aclara que para ellas han sido diez duros y largos años. Su madre espera ilusionada que en este tiempo Diana haya resuelto por fin todos los problemas que existen en el Mundo de de los hombres, pero la realidad es que poco ha cambiado. Defraudada, Hipólita termina por convocar el Torneo, un concurso por el que se seleccionará a una nueva Wonder Woman.

Curiosamente, la historia no continúa en el 91, sino en el número 0. Es octubre de 1994, mes en el que concluye el crossover Hora Cero: Crisis en el tiempo, y todas las series de la editorial interrumpen su numeración para presentar el 0. En todos los casos se trata de un capítulo que busca explicar los orígenes del protagonista en cuestión. En lo que se refiere a Wonder Woman, su llegada puede parecer un tanto abrupta con la saga recién comenzada, pero Loebs lo solventa repasando rápidamente el origen de Diana en apenas una página y dedicando el resto a lo que a él le interesa. Y lo que le interesa es profundizar en la historia de las amazonas lideradas antaño por Antíope, hermana de Hipólita. Tiempo atrás Heracles y sus hombres atacaron salvajemente a las amazonas, pero mientras que las de Antíope se marcharon en busca de venganza al Mundo de los hombres, las otras obtuvieron la protección de los dioses, un hogar en Isla Paraíso y la inmortalidad. Aquellas amazonas terminaron por ubicarse en el viejo Egipto, creando su propia ciudad, Bana-Mighdall, y vendiéndose como mercenarias al mejor postor. Entre ellas está ahora Artemisa, una mujer tan fuerte como testaruda que desprecia a Hipólita, Diana y al resto de temisciras. La relación entre las dos facciones es especialmente mala por los conflictos que han tenido en el pasado. Hipólita les permite recrear su Bana-Mighdall en Isla Paraíso, pero no su participación en el Torneo. Diana, que tiene visiones del pasado, descubre que tal vez su madre traicionó a Antíope durante los ataques de Heracles. Es más, que Heracles podría ser su padre biológico y que no habría nacido pues del barro. Comienza a desconfiar de ella a la vez que va aceptando como verdaderas las historias que cuentan las banas. Finalmente le pide a Hipólita que autorice su presencia en el Torneo, cosa que la reina acepta a regañadientes. O así lo parece.

Diana y Artemisa se convierten pronto en las principales candidatas al puesto, superando las diferentes pruebas a las que son sometidas. En el número 93, por fin, se resuelve la competición con la victoria de la bana. Así pues, Artemisa es enviada al Mundo de los Hombres a predicar por la paz, los derechos de las mujeres y todas esas tareas que suelen conllevar el cargo.

La trampa del Joker

El nuevo aspecto de Diana

La ciudad de Boston ha sido el hogar de Wonder Woman. Lo era de Diana y ahora también de Artemisa. Pero la situación se complica con la aparición de villanos extremadamente violentos que requieren medidas extremadamente violentas. O así lo piensa la nueva Wonder Woman, claro, que con su peculiar forma de hacer las cosas termina asociándose con una empresa de “meta-promociones”. Todo sea para asegurarse de que sus palabras se difunden en el mundo entero. Una nueva Wonder Woman a la que desde luego razón no le falta cuando critica a Diana por haber estado perdiendo el tiempo trabajando en una hamburguesería. ¿Puede haber algo más ridículo que eso para la embajadora de una nación como Temisicira? Peor aún: Loebs no aprende de sí mismo e insiste en poner a Diana en problemas tan cotidianos como pagar el alquiler de su piso. Bien planteado para Spider-man, sí, pero esto es Wonder Woman.

La influencia noventera se deja notar en la vestimenta de Diana durante estos episodios. Se trata de un traje más oscuro, muy propio de la época, pero que es bastante digno para lo que podría haber sido. Y es que Diana sigue con su lucha contra el mal, sea o no Wonder Woman. Es por esto que se va de aventuras con Hawkman en la serie de éste (tal y como se adelanta al final del número 93), lucha contra monstruos y salva a su amigo Micah de unos vándalos. ¿Y quién es Micah? Pues uno más de los secundarios creados por Loebs, uno que quiere comercializar a la amazona. Hasta ahora Diana se negaba a ello, pero por sus aprietos con las facturas acepta venderse como superheroina: “Alquilaremos una oficina de verdad. Con un teléfono de verdad. E iremos a medias. Yo recibiré un 20 % adicional de todos los beneficios que genere para la agencia” dice.

Entre los primeros clientes que acude a esta “Agencia Wonder Woman” está Paulie Longo. El mafioso quiere ser protegido de Julianna Sazia, una mujer que pretende hacerse con el control de la ciudad. Para ello tiene que asesinar a Longo, así que envía a tres conocidas supervillanas para ello: Hiedra Venenosa, Cheshire y Creetah. Diana interviene, y mientras Longo escapa la amazona es raptada por sus enemigas. Cómo no, finalmente vence a las chicas malas, con la única sorpresa de que Creetah le ayuda como agradecimiento por salvarle la vida en el pasado.

El Joker y su crema paralizante

A todo esto Longo acude al Mago Blanco para que vuelva a protegerle, un personaje que se define a sí mismo con un “Siempre cumplo mi palabra. Eso me hace ser un villano tan interesante”. Sí, vamos, interesantísimo. El señor Mago Blanco crea unos golems que envía a acabar con Sazia, sin éxito entre otras cosas porque es secuestrada por el Joker, que se pasa por Boston a hacer de las suyas. El Payaso del Crimen se empeña en que quiere ayudar a Sazia a hacerse con la ciudad… y ya se sabe que poco se le puede negar. Diana termina por ir a su rescate dejando un

diálogo con toda una verdad como ésta: “Me gusta la cadena. Muy de los noventa”. No lo dudes. Por cierto, el Joker paraliza a la amazona con una simple crema. Si ya parecía raro que Hiedra Venenosa pudiese hacerle frente, lo del Joker tiene delito. Diana muestra entonces una nueva y curiosa habilidad: la de poder contactar con dioses menores, como es Pan, que mediante una danza le ayuda a liberarse de su parálisis.

La caída de la amazona

El Chauvinista, Involuto el Conquistador, el Explotador… Desde luego Loebs no deja para el recuerdo a grandes villanos. Estos son los rivales de Artemisa, unos toscos personajes dedicados a la explotación de mujeres, precisamente lo que la heroína quiere evitar a toda costa. Al menos todo viene a santo de las acciones del Mago Blanco, que se ha dedicado a repartir músculos a simples actores para tener ocupado a la bana. Es más, la empresa con la que ha estado asociada pertenece al propio Mago Blanco.

A todo esto que Artemisa se enzarza en una cruzada contra Sazia de la que por lo pronto no sale bien parada. La mujer se ha ocupado de acabar con Paulie Longo, así que ahora puede controlar la ciudad mano a mano con el Mago Blanco, con quien tiene una relación más allá de lo profesional.

Diana, por su parte, vuelve a Isla Paraíso a resolver de una vez por todas las dudas que tiene acerca de su origen. Tal vez en este momento, cuando la etapa Loebs-Deodato está más cerca que llegar a su final, va subiendo el nivel en emoción. Primero por la aparición de Circe, villana que lanza un ataque sin más, dejando en el ambiente una sensación de extrañeza. Segundo por el encuentro entre Hipólita y Diana, con la primera lamentándose por lo que ocurrió con Heracles, aclarando que aquel no es el padre de la heroína como se sospechaba. Tercero por la transformación del Mago Blanco en un demonio, a la vez que Artemisa descubre dónde puede encontrarlo. Y por último por la explicación de Hipólita de que había visto el futuro y sabía que Wonder Woman iba a morir; para salvar a su hija tenía que reemplazarla por otra, una por la que no tuviese apego alguno. Así se deja clara la verdadera motivación de realizar el Torneo.

La batalla final de Artemisa

Todos los elementos quedan dispuestos para llegar al número 100, que comienza con mucha fuerza con el enfrentamiento entre Artemisa y el monstruoso Mago Blanco. Diana se reúne con su amiga Julia Kapatelis y Donna Milton, un encuentro que va a despejar varias dudas. Fue en el número 84 cuando las dos estuvieron a punto de morir. De hecho su médica no tiene duda de que es imposible que sobrevivieran. Julia fue gravemente herida y aparentemente no iba a volver a andar, pero paulatinamente va recuperando el control de sus piernas. Loebs justifica esto con un nuevo añadido a los poderes de Diana: un campo de fuerza que cura a sus amigos. Pero en lo que se refiere a Donna hay mucho más: Diana se da cuenta de que sus recientes encuentros con Circe son un tanto raros: aparece sin decir nada, lanza algún rayo y desaparece. Resulta que la bruja ha tomado una identidad humana, la de Donna Milton, para poder observar el sufrimiento de Diana de primera mano, creando aquellas apariciones como simples engañifas. Pero la hechicera no contaba con disfrutar realmente de esa vida, tanto que ha soterrado su auténtica identidad a favor de la de la amigable Donna. En un ataque de desesperación por no aceptar todo esto Circe-Donna lanza un hechizo que envía a la heroína justo donde quería, adonde está el Mago Blanco.

A partir de aquí todo se convierte básicamente en una serie de páginas plagadas de peleas entre Diana y Artemisa con el Mago Blanco y sus demonios. Loebs acierta esta vez al hacer del 100 un episodio que por una parte cierra su etapa y que por otra rinde un pequeño homenaje a toda la serie. Esto se puede apreciar por la presencia de Creetah, una de las principales enemigas de Wonder Woman, que por circunstancias es controlada por el Mago. También por el momento en que Diana cree que va a perder y escucha las inspiradoras palabras de Diana Trevor, la mujer que salvó a las amazonas muchos años atrás. Y por último por la reentrada de Circe-Donna, ahora como aliada y que ayuda sacando a los demonios del escenario de combate. La situación se vuelve verdaderamente dramática con la caída de Artemisa, que cede sus armas a Diana para que luche por ella. La amazona vence finalmente al demonio.

Tras tanto giro argumental, demonios y sangre y vísceras, Donna y Artemisa hacen las paces antes de que esta última muera. El diálogo entre ambas hace de éste un momento especialmente emotivo:

- Toma tu uniforme, Diana… Lo he deshonrado... Mi ambición y arrogancia casi nos matan a las dos... Tú eres Wonder Woman…

- Tu arrogancia era uno de tus mayores encantos, hermana. No se te ocurra hablar mal de ella.

- Una moneda bajo la lengua… para pagar al barquero el cruce de la Estigia… ¿No lo olvidarás?

- Nunca. Y contaré a todos cómo luchaste hasta el final… Que fuiste una auténtica guerrera y que me enorgullece haber estado a tu lado. Mira, Artemisa… Ya puedes ver los campos elíseos... Los guerreros de todos los tiempos alzan sus escudos para saludarte. Mira…

Raúl G. Peribáñez