LA LIGA
DE MORRISON
Morrison llegó a una
Liga que no era La Liga, sino más bien un
chiste. Vale, aquellos chicos de la Justice
League tuvieron su gracia; pero, con el
tiempo, hasta el mejor chiste se hace
aburrido. Además, ya hacía mucho tiempo que
los creadores originales de la “nueva”
Justice League la habían abandonado.
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Retorno a la grandeza |
En 1997, la JLA era un
mal chiste.
En 1997, llegó Grant
Morrison. Un escocés un tanto chiflado, por
aquel entonces muy prometedor, pero aún no
una mega-estrella. Llega con algunas obras
de mérito a sus espaldas: Animal Man, la
Doom Patrol... series de culto. Buena
crítica, ventas modestas. Pero, amigos, esto
es la JLA. Llegaba la hora de jugar con los
grandes.
Morrison muestra sus
cartas desde el primer número. Lo que
tenemos es un muy bien disfrazado back to
the basics; un retorno a lo básico. La Liga
es el grupo donde se reúnen los héroes más
poderosos del Universo DC. Por tanto, fuera
mediocridades: ni Metamorpho, ni Nuklon, ni
nada. Los siete grandes: Superman, Batman,
Wonder Woman, el Cazador Marciano, Flash,
Green Lantern, Aquaman. La alineación de
gala. Con Batman.
Batman mola, eso está
claro. Pero el Batman de Morrison en la JLA
es un Batman distinto. Es, simplemente, el
humano más peligroso del mundo. Y desde
luego, lo demuestra número a número. Batman
se convierte en el indiscutido cerebro tras
la JLA. Es el estratega del grupo. Todo un
bastardo... del lado de los buenos chicos.
En la Liga de Morrison, Batman es quien
salva el día. Los demás tienen poderes más
allá de lo humano; pero es un simple humano
el que mueve sus hilos.
El tono de la serie
también queda definido en A New World Order,
el primer arco argumental. Se acabaron los
villanos de medio pelo, con planes maléficos
de todo a cien. No, esto es la Liga. Aquí se
enfrentan las amenazas que nadie más puede
enfrontar. La Liga sólo atiende de amenazas
planetarias para arriba. En su PRIMER
número, la Tierra es transformada por un
grupo de superhumanos, el satélite es
atacado y destruido y la Liga se ve
desacreditada y puesta a la defensiva. Eso,
en un solo número. La saga de presentación
dura cuatro números, y en ella tenemos un
preludio de la Liga que Morrison desea
servirnos.
Tras la primera saga,
los siguientes 5 números (5 a 9) la Liga
toma su lugar en el Universo DC. La manera
escogida es la presentación de nuevas caras:
algunas ya conocidas (Steel, Green Arrow, la
Cazadora) y otras nuevas (Tomorrow Woman,
gran número, y Zauriel). Y seguimos con las
amenazas “más grandes que la propia vida”:
Nerón, el responsable de la última gran saga
pre-Morrison (Underworld Unleashed) y... las
huestes del Cielo, en busca de Zauriel, el
Ángel caído. El Bien contra el Mal.
Morrison sabe
perfectamente que los miembros de la Liga
son arquetipos, son héroes en el más amplio
sentido de la palabra. Por lo tanto, en
ningún momento se cuestionan sus acciones,
dudan o discuten. Esto, señores, es La Liga,
y el que viene aquí tiene que notar que no
es un grupo como los demás. Los Leaguers no
se definen por lo que piensan, sino por lo
que hacen. El escocés opta por alejarse del
estilo dominante del momento (los traumas y
las relaciones personales tan afines al
Universo X) y se decanta por una forma de
hacer comics con mayor pedigrí: la acción
pura y dura. Vaya cosa, pensará alguien.
Pues no. Porque Morrison es un escritor de
talento.
Lo que busca es un
tebeo entretenido por encima de todo. Cada
número va a ser un más-difícil-todavía; la
Liga se embarca en un constante Tour de
Force super heroico. Aquí no hay espacio
para la reflexión, para los problemas
personales, para el aburrimiento, en suma.
Esto es LA Liga. Son los mejores, son la
élite, son la primera línea de defensa. Y no
necesitan discutirlo.
Rock of Ages, la saga
que nos lleva de los números 10 al 15, está
casi unánimemente señalada como la mejor
saga de Morrison en la JLA. Y, ciertamente,
es quizás donde mejor explota sus aciertos y
donde mejor disimula sus defectos. El
enemigo para la ocasión es una nueva
Sociedad de la Injusticia; formada por los
equivalentes de la Liga... entre los
supervillanos. Una idea vieja, pero eficaz,
si éstos son tipos como Luthor o el Joker.
Siete enemigos para los siete pesos pesados
de la liga.
En Rock of Ages,
tenemos a Morrison en su elemento; al igual
que el ínclito Philip K. Dick, Morrison está
fascinado por los mundos “reales” que
subyacen al mundo “aparente”, los mundos
alternativos, las distopías y cualquier otra
cosa que se aleje de nuestra triste
realidad. Pues se da un buen banquete. Mejor
leedla.
Los dos números
siguientes, contemplamos la presentación de
un nuevo villano de peso (que será
recuperado más tarde, en la saga final),
Prometheus. El tal Prometheus toma al asalto
la Atalaya de la Liga y a punto está de
salirse con la suya... Morrison aprovecha
para tirar de repertorio, y añade al pastel
una nueva configuración de la Liga, lo que
podríamos llamar una Liga Ampliada. Esta
liga ampliada (quince miembros, nada menos)
marca el ecuador de la estancia de ésta JLA.
Tras tres números
firmados por Mark Waid (que, de hecho,
consigue simular el estilo Morrison con
bastante acierto), toca nueva creación: Los
Ultramarines. Soldados genéticamente
modificados, al servicio de los EEUU, y más
concretamente, al de un viejo conocido: el
General Eiling, que acabará la saga
transformado en un enemigo mucho más
peligroso de lo que era antes. Un nuevo
número de relleno (el 27) a manos de Millar
(quizás no tan afortunado como los de Waid)
y...
Crisis time five. Si
uno está en la Liga, TIENE QUE HABER un
crossover con la Sociedad de Justicia.
Respetuoso con los clásicos como siempre,
Morrison nos presenta su particular visión
de la JSA, a lo largo de tres números
trepidantes, si bien algo confusos. Lo que
nos lleva hasta la recta final: la tercera
guerra mundial.
A lo largo de toda la
serie, y por diferentes vías (Metron,
Hourman) la Liga ha recibido diversos avisos
acerca de la necesidad de reforzarse ante un
futuro enemigo. Este enemigo se revela
finalmente como Mageddon, un arma de guerra
primigenia, que extiende la guerra por donde
pasa... para después devorar las estrellas.
Tamaña amenaza no parece ser suficiente para
Morrison, que añade al pastel una renovada
liga de la injusticia.
El número 42, el último
de Morrison en la Liga, viene a ser una
especie de epílogo, en el cual nos demuestra
que, si bien ha decidido que la Liga tomaría
otro camino, también es capaz, como
escritor, de mostrar (y resolver) dilemas
morales. La imagen de Superman, el ser más
poderoso del universo, derramando una
lágrima, simboliza lo que todos sentimos
cuando el ínclito escocés decidió dar por
terminada su etapa.
Haciendo balance, a lo
largo de toda la serie, la acción es
trepidante, la lectura no deja un segundo de
respiro y los conceptos presentados son
brillantes... pero son tantas cosas las que
ocurren que, inevitablemente, el lector
acaba con la sensación de que una segunda
lectura será más ilustrativa (cosa que,
usualmente, suele ser cierta). Pero, a
cambio, el Universo DC y por extensión, los
lectores, han recuperado una serie donde
sabemos que la sensación de maravilla, ese
sentimiento que probablemente nos enganchó
al comic, estará siempre presente.
Los habrán mejores,
pero siempre recordaremos que Morrison fue
el artífice del retorno a la grandeza de la
LIGA DE LA JUSTICIA DE AMÉRICA.
JotaceDT