(Artículo publicado originalmente en
Dolmen #110 (Marzo 2005)
IDENTITY CRISIS
Esta miniserie de siete números a cargo
de Brad Meltzer y Rags Morales fue el tema
principal de conversación de todos los
aficionados a DC durante el pasado año. Dada
su segura publicación en nuestro país, el
siguiente artículo no revelará datos
importantes sobre la saga, quedándose en un
término medio con el que, los que la hayan
leído sabrán de lo que se habla y, los que
no, no encontrarán ningún problema en la
lectura del artículo.
MUERTE
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Un asesinato convulsionara la comunidad súperheroica |
DC Comics comenzó la promoción
de Identity Crisis mucho antes de que
el primer número saliera a la venta. La
imagen de la primera portada con la miembros
de la Liga en torno a un ataúd despertó a
todos los seguidores de la editorial y las
apuestas sobre quién sería el fiambre no
tardarían en llegar. Se dijo de todo: desde
Lois Lane (por la lágrima que suelta Clark)
hasta el Detective Marciano (por ser uno de
los ausentes en la foto de familia), pasando
por muchos más. Al final, cómo no, nadie
acertó y de ahí la primera decepción de la
serie para muchos lectores. El muerto era un
‘don nadie’. Si el muerto no era importante,
¿para qué tanto bombo y platillo en torno a
la serie? ¿Qué va a cambiar la muerte de esa
persona en el Universo DC si, en
comparación, no es nadie relevante? Vaya de
adelanto que esa muerte cambia muchas cosas,
muchísimas, y que el tema principal de
Identity Crisis no es, ni mucho menos,
quién está en el ataúd de la primera
portada. Casi es lo de menos.
Si no va a ser relevante,
¿para qué hacerlo? Si tengo la oportunidad
de jugar con mis héroes de la infancia, voy
a hacer todo lo posible para que valga la
pena. Si no, estaría perdiendo el tiempo y,
más importante, le haría perder el tiempo al
lector. Me tomo en serio a mis lectores y
respeto es lo único que tengo para ellos y
los personajes. Más claro no puede ser.
Así se expresa el artífice de esta historia
que, una vez visto su final, es ‘querida por
unos’ y ‘odiada por otros’. Brad Meltzer, el
escritor detrás de todo esto, es un fan
incondicional del Universo DC. Sus novelas
están plagadas de referencias a personajes
DC y su primera incursión en el medio (Green
Arrow: The Archer’s Quest) fue uno de
los mejores cómics que la editorial
americana ha publicado en los últimos años.
Su regreso a las viñetas prometía mucho y,
desde luego, no ha decepcionado porque esta
historia, para bien o para mal, será
recordada. Primera regla a la hora de
escribir: escribe sobre aquello que te guste,
declara Meltzer. La JLA está ahí porque
me encanta. Me ha gustado toda mi vida. Y
dentro de la JLA, he escogido a los que más
me gustan como protagonistas: Green Arrow,
Batman, etc… Aún así algunos se quedaron
fuera porque no había forma de meterlos en
la historia, como los Challengers of the
Unknown (Los retadores de lo desconocido).
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Lois y Clark |
Mike Carlin, editor actual de la
JLA, le ofreció a Meltzer un arco argumental
dentro de la serie regular de la Liga pero
el autor estaba acabando su última novela y
como las fechas de entrega se le echaban
encima no tenía tiempo para nada más.
Quedaron en que ya hablarían más adelante.
Cuando llegó el momento, Meltzer tampoco
tenía claro del todo qué podría contar y, en
última instancia, si podría contar lo que
quisiera. Tenía miedo de la interferencia
editorial, algo que, como buen aficionado,
ha oído siempre en boca de multitud de
autores de cómic. La primera toma de
contacto con DC en esta ocasión fue a través
de Dan Didio (vicepresidente de la
editorial) y el propio Carlin, como explica
Meltzer: Me dijeron “¿Puedes hacer una
historia en la que muera este personaje?”.
Mi respuesta fue: “No se me ocurre ningún
motivo para hacerlo”. Dan y Mike me dieron
una lista de personajes prescindibles. Es
más larga de lo que imaginas. Había dos
personajes importantes en el Universo DC
pero, para ser sincero, me gustan esos
personajes y no quería matarlos. Y, si ahora
viene otro guionista y se los carga, seguro
que volverán en menos de tres años. Lo
último que quería hacer era una historia de
esas “mata a alguien y sube las ventas”. La
muerte es un argumento muy tentador en los
cómics pero la facilidad con la que los
personajes resucitan es algo muy peligroso a
la hora de hacer esto. Matar a alguien no
significa que la historia ya sea buena. No
quería esforzarme en algo que fuera
arreglado un par de meses después. A pesar
de todo esto, lo que me impidió escribir
algo en un principio fue no tener un “por
qué” para esa muerte. De hecho, llamé a Dan
y Mike para decirles “No, gracias”, pero
mientras marcaba el número me vino uno de
esos momentos de inspiración que no te
esperas. Mis ojos se hicieron más grandes y
dije: “Lo tengo, lo tengo, lo tengo”. Colgué
el teléfono y les llamé una semana después,
con los siete números terminados. Identity
Crisis había nacido.
Y para ser sincero,
prosigue el guionista, poner “Crisis” en
el título es una estratagema de DC para
vender más. Ésa fue su idea y si les ayuda a
vender más copias no me puedo quejar. Lo
único que me importaba era la intervención
editorial, no quería que trastearan con mi
historia. Ahí es donde concentré toda mi
energía durante el proceso de creación de la
serie. Y eso sí, no voy a ir de mártir, el
título encajaba a la perfección. No en vano
es una crisis y todo gira en torno a las
identidades de los héroes. No es una
“crisis” con C mayúscula. No redefine el
Hipertiempo ni nada por el estilo. Es un
nuevo punto de vista sobre las viejas
historias de siempre. Este nuevo punto
de vista es uno ya aplicado por autores como
Greg Rucka, Ed Brubaker, Brian Michael
Bendis y tantos otros que, siguen la línea
superheroica pero la desvían a medio camino
para dar rienda suelta a un nuevo prototipo
de cómic de superhéroes, uno adaptado a los
tiempos que corren: más introspectivos, más
centrados en la persona y menos en el
personaje, más humanos que héroes pero sin
olvidar lo que son. Es un enfoque arriesgado
que parece haber cuajado bien pero que sigue
teniendo a sus detractores. El mundo del
cómic ha evolucionado cada varios años y,
algunas veces, ha sufrido alteraciones muy
importantes, como la empleada por Julius
Schwartz en la DC de mediados de los años
cincuenta o la de Stan Lee en la Marvel de
los sesenta, sin olvidar cambios visuales
que afectaron a las historias, como el de
Neal Adams en los setenta. Y paramos ahí
porque en los ochenta llegaron Frank Miller
y Alan Moore, con lo que esto podría
extenderse más allá de lo aconsejado. Cada
década ha tenido su eje definitorio en un
cúmulo de historias que ha definido la época
en la que ocurrían y el tipo de narración
adecuada para cada público. Los personajes
DC son la mejor prueba para ello: el
Superman o Batman de los años treinta y
cuarenta no se parece en nada al de los
cincuenta y estos se diferencian mucho del
de los setenta. Eso es algo obvio que nunca
está de más recordar porque, en esencia, lo
que ocurre con Identity Crisis no
deja de ser una actualización de estos
iconos que seguirán durante años y años.
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Viejas sociedades reunidas |
Así pues, Meltzer desarrolla en
siete números un entramado que predice lo
peor para nuestros héroes favoritos. No sólo
en el primer número muere alguien, sino que
las muertes siguen produciéndose a lo largo
de la colección. Son muertes igual de
importantes que la del primer número pero
ninguna destaca por encima de las otras:
todas tienen un porqué y ése es no es otro
que cumplir una función dentro de la
historia. Como siempre he dicho,
recalca Meltzer, la importancia de
Identity Crisis no reside en quién está
en el ataúd. La sorpresa y la trama
principal no tiene nada que ver con quién
muere, eso es lo de menos. Lo importante de
verdad es saber por qué y qué ocurre después
de dicha muerte. Los personajes que mueren
lo hacen porque su pérdida es importante
para aquellos que sobreviven. Sólo mato
personajes si encuentro un buen motivo para
ello. La de Barry Allen (Flash) no fue una
buena muerte porque era un santo. Y es un
santo porque, como pasa con casi todos los
muertos, se habla muy bien de él después de
muerto (y eso que fue acusado de asesinato
poco antes de morir, ¿os acordáis?
NOTA A PIE DE PÁGINA: Nosotros sí. Fue en
los Flash #340-350 (diciembre-octubre
1984-1985) En cambio, su muerte fue
tan importante por las consecuencias que
acarreó en Wally y el resto de gente cercana
a él. Wally todavía se define a sí mismo a
raíz de aquella muerte. Superman, durante un
tiempo, estaba definido por la muerte de
Kara. En cuanto eso dejó de ser así,
Supergirl volvió de entre los muertos. Al
menos así es como yo lo veo. Wally sigue
definiéndose gracias a la muerte de Barry y
por eso Barry no va a volver de momento. Por
eso maté a alguien que iba a ser más
importante en muerte que en vida. Mi
objetivo era escribir algo importante de
verdad. De hecho, como ya he mencionado,
podría haber matado a personajes mucho más
relevantes del Universo DC pero no tenía un
buen motivo para hacerlo, aparte de la
posibilidad de engordar mi ego y vender más
cómics. No necesito ninguna de esas cosas
como escritor. Y como lector (que es lo que
soy antes que nada) odio a los escritores
que no paran de ‘gritar lobo’, ya me
entendéis. Identity Crisis no tiene
que ver sólo con la muerte de ese personaje.
Es mucho más que eso.
SECRETOS
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Un secreto del pasado, volverá la
cosas del revés |
La primera muerte sólo es una
puesta en escena. Cumple su función y
desencadena todo un alud de consecuencias en
las que está implicada una versión de la
Liga de la Justicia y varios villanos. La
formación de la Liga es la del satélite, la
favorita de Metlzer: Hawkman, Green Arrow,
Canario Negro, Zatanna, Atom, Flash (Barry
Allen), el Hombre Elástico y Green Lantern (Hal
Jordan). La Liga con base en el satélite
fue la Liga con la que crecí, confiesa
el guionista. La gente olvida las
emociones que hacían interesante a cada
época. Hoy día todos apuntamos a los Teen
Titans como un alarde de la caracterización
(y es algo que debemos hacer porque Johns se
sale) pero en aquella época la Liga de la
Justicia también tenía espacio para el
drama. Barry tonteando con Zatanna tras la
muerte de Iris… las peleas entre Ollie y
Katar… la hija de Tornado Rojo y su lucha
por ser considerado humano… Era gente (casi)
real. Por eso me quedé enganchado. Para mí,
un héroe no es solo alguien que lucha contra
el malo de turno: es la persona que lucha en
las peleas duras de verdad, aquel que se
enfrenta a la realidad de la vida. Poner a
la Liga en medio de un dilema moral, por
ejemplo. Verles cometer un error y cómo
tratan de superarlo… verles ponerse a prueba
o cómo tratan de superarse unos a otros… ésa
es la medida de un héroe.
Entre los villanos, figuran clásicos como el
Dr. Luz, Deathstroke o el Calculador. Este
último será recordado por muchos porque
apareció en unos complementos de
Detective Comics dibujados por Marshall
Rogers. Era un villano con una especie de
calculadora en el pecho. Ridículo es decir
poco. Meltzer le da un lavado de cara y lo
convierte en una especie de Oráculo de los
villanos: sabe qué pasa dónde y cómo. Está
en contacto con muchos de ellos y los mueve
a su antojo como marionetas. Todo un
descubrimiento. Hace acto de aparición en el
primer número, asesorando a una especie de
“Punisher” que está a la espera de hacerse
con un envío. Los villanos fueron los que
me permitieron escribir la historia,
declara Meltzer. Deathstroke, Merlyn y
los demás iban a estar ahí desde el
principio. Los hice míos desde el primer
momento y la historia comienza a fluir de
verdad cuando aparecen ellos. El fondo de la
historia está tanto en los villanos como en
los héroes. Me pasé un mes investigando
sobre todos los personajes pero la verdad es
que no tuve que buscar en ningún sitio, sólo
en mi cabeza. Hasta los personajes menos
conocidos, como el Monóculo o Deadshot han
estado en mi cabeza desde los doce años. Me
resultan tan familiares que es triste y
todo. He de agradecerle a DC que nunca me
obligara a incluir personajes para relanzar
sus series regulares ni nada por el estilo.
Tuve libertad absoluta para usar a quien
quisiera. Gracias a que me dejaron ir a mi
aire, esto no se convirtió en un crossover
multitudinario, que era lo último que quería
mientras se publicara la miniserie. Quería
que sólo se tuviera que leer esta colección
y nada más para entender la historia.
Eso es algo que se ha conseguido sin ninguna
duda, a pesar de que muchos que hayan leído
la serie estarán en desacuerdo, pero ya
llegaremos al asunto más adelante.
Ahora, siguiendo con el discurrir de los
primeros números, en el #2 Meltzer ya da
signos de que esto es mucho más que una
novela de misterio… es algo que va a
destapar más de un secreto de la Liga y es
algo que no va a gustar a mucha gente… tanto
dentro como fuera del Universo DC. Todo lo
sucedido se lo explica Ollie (Green Arrow)
al Flash actual (Wally West) y es algo que
éste no puede creerse. La historia implica
al Dr. Luz, una violación y una votación que
hizo la Liga del satélite entre sí y de la
que nunca han dicho palabra. Un pacto en
toda regla. Wally no puede creerse que su
tío Barry, el segundo Flash, estuviera
implicado en aquello. Y no puede creerlo
porque, más allá de lo buena persona que
fuera, más allá de que sea aquel que dio su
vida heroicamente durante Crisis en
tierras infinitas… más allá de todo eso
que hizo a Barry ser quien fue dentro del
Universo DC, Barry simboliza la Edad de
Plata del cómic americano. El segundo Flash
es símbolo de luz y esperanza. Él solo
revitalizó a todo un género cuando había
muerto años atrás. Por eso Wally, ni muchos
lectores, son capaces de aceptar esto. La
expectación de Meltzer ante la acogida de
este número, con un planteamiento tan
rompedor, era tremenda. Decir que tenía
miedo es decir poco, pero era la historia
que quería contar y que debía contarse
porque ver a Barry sumergido en esa vorágine
en la que algunos miembros de la Liga
estaban de acuerdo es una demostración
palpable de que los superhéroes han
evolucionado hasta la fase actual, dejando
atrás unas historias ancladas en otro tiempo
y otra época. Si la respuesta era positiva,
con que sólo una persona estuviera de
acuerdo y siguiera el discurrir de la
historia, Meltzer lo habría conseguido:
habría conseguido traspasar las fronteras de
lo que se supone que han de hacer estos
personajes y habría salido airoso a la hora
de demostrar que los personajes y el
contexto en sí son lo más importante, no
mantener una tradición quizá arcaica. Por
suerte, Meltzer tuvo su gratificación: Mi
mayor sorpresa fue cuando salió a la calle
el #2, con la escena de la violación y la
votación de la Liga. El primer mensaje de un
lector que leí fue: “Yo estoy con Hawkman,
¿quién está conmigo?”. Ahí me di cuenta que
habíamos conseguido algo importante. Para la
Liga, fue un momento en el que se vio
forzada a cuestionarse y evaluar de nuevo
todo en lo que habían creído desde el
principio. El hecho de que Barry Allen (el
Flash Santo) fuera el voto decisivo era de
una importancia crucial. El símbolo de la
Edad de Plata se vio forzado a decidir y a
dar un paso adelante hacia la oscuridad. La
mayoría de los lectores entendió esta
postura y estuvo de acuerdo con ello, a
pesar de que muchos no habrían hecho lo
mismo. Esto es la confirmación de la fuerza
que tienen estos personajes y reafirma el
porqué han durado tanto.
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Dr. Luz, una pieza clave en la
historia |
Aún así, esto no deja de ser un debate
polémico en el mundo del cómic y no todo el
mundo estuvo tan contento con la decisión,
como el crítico Peter Sanderson en su
columna semanal “Comics in Context”, desde
la que asegura que Identity Crisis
destroza por completo todo lo que los
superhéroes son en realidad y denigra la
labor de Julios Schwartz en la Edad de
Plata. Meltzer tiene respuesta para la gente
que opine así: Siempre hay una línea muy
fina que separa estas dos cosas: querer que
todo sea interesante, distinto y dinámico o
querer que todo sea igual que cuando tenías
trece años. La verdad sea dicha, yo soy el
primero que quiere ambas cosas. ¿Por qué
sino le di el traje rojo al Hombre Elástico
en el primer número? Aún así, creo que lo
mejor que cualquier escritor puede hacer es
tratar a estos personajes con fidelidad a lo
que han sido durante tantos años pero, a la
vez, diferentes de como te los encontraste
al empezar a escribirlos. Para mí, Batman ha
sido fiel a sí mismo durante toda la
historia. Y Superman también. Hasta los
miembros de la Liga fueron fieles a sí mismo
en la escena de la votación. Uno podría
debatir esto durante años pero hay que mirar
uno a uno a todos estos héroes y darse
cuenta de dónde estaba cada uno de ellos en
cada momento. Todos ha sido o son nobles,
críticos, con autoridad, necesitados de
ayuda, deprimidos, con voluntad y heroicos…
y yo no creé a ninguno de ellos pero todo
eso es lo que han sido durante estos años.
Por eso son los mejores superhéroes del
mundo. Porque son como nosotros. Ojalá
hubiera creado a Ollie o a Zatanna… ella es
la miembro más poderosa del grupo pero, por
alguna razón, nunca la han explotado del
todo. Sólo he mostrado el límite al que
llegarían estos héroes. Es curioso porque
cuando un justiciero se pone un traje y sale
a la calle ya está infringiendo la ley, pero
todos lo aceptamos porque creemos que es lo
justo y vale la pena. La pregunta que
Identity Crisis pone encima de la mesa es
“¿De verdad vale la pena?”. Mi objetivo
nunca fue cambiar el Universo DC. Éste está,
estuvo y estará bien sin mí. Lo único que yo
quería hacer era explorar un poco la vida
privada de estos personajes. Quería mirar
más allá de las máscaras y descubrir el
auténtico coste de ser un héroe. Ponerse una
capa implica ciertos riesgos que hemos
ignorado de un tiempo a esta parte. Ser un
héroe tiene consecuencias pero hemos llegado
a un punto en el que decimos: “Bueno, esto
es lo que hacen los héroes”, ellos y sus
peleas y esas historias están muy bien si
son lo que quieres contar (creedme, a mí
también me gustan esos cómics) pero esta
historia simplemente no va de eso. Identity
Crisis trata sobre la vida de los héroes.
IDENTIDAD
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El mejor detective del mundo en
accion |
¿Quién decía que Identity Crisis iba
sobre un asesinato? Está claro el abanico de
tramas y subtramas que abre esta miniserie,
como cualquier gran cómic que se precie.
Todos estos ‘secretos’ son, en realidad, el
tema principal de la serie. La excusa del
asesinato (y del resto de asesinatos) sirve
para definir la identidad de cada héroe. No
en vano el título, Crisis de identidad,
es bastante esclarecedor en ese asunto. No
hay duda de qué va a tratar, con lo que un
simple asesinato no puede, por definición en
este caso, ser el tema principal de la
colección. Hay que ir más allá y, mientras
todos investigan y luchan por descubrir al
asesino, sus identidades van cambiando.
Meltzer siempre acompaña los textos de apoyo
de pequeñas definiciones de cada personaje
con pocas palabras. Ejemplos como “Ralph
Dibny y Lorainne Reilly, compañeros de
trabajo” o “Jonathan, Martha y Clark Kent,
padres e hijo” demuestran lo dicho. Estas
pequeñas definiciones, simples pero
certeras, retratan la identidad de todo
personaje que se asome por la miniserie. Y
es más, en algunos casos estos textos van
cambiando, enfatizando la crisis de
identidad del título y la constante
evolución a la que los personajes se ven
sometidos. La identidad sin duda es lo más
importante de cada uno pero también es
maleable, aunque no lo parezca. Ésta cambia
con los años y se adapta a todo lo vivido
previamente. Es algo intrínseco y a la vez
predispuesto al cambio ante el mínimo
contacto externo.
Meltzer no juega sólo con la identidad de
cada personaje consigo mismo, sino se atreve
a jugar con la identidad de cada personaje
en relación con el Universo DC, de ahí que
algunos villanos suban escalones en la
escala de peligrosidad después de pasar por
esta serie. Un ejemplo era el Calculador y
otro más sería Deathstroke después de su
pelea contra la Liga de la Justicia en el
#3. Sólo tardé ocho segundos en
visualizar en mi cabeza la pelea entre
Deathstroke y la Liga, admite Meltzer,
pero me llevó toda una semana ponerla por
escrito. Quería que se viera que era un
ataque premeditado, muy pensado y, sobre
todo, inteligente. Olvídate de edificios
destruidos y coches volando por los aires:
quería que el único superpoder visible fuera
del cerebro humano. Por descontado esto
causó muchas reacciones. Los fans de Flash
decían que Flash le habría ganado, otros que
Green Lantern debería haberle ganado así de
fácil… muchos no aceptaban que la Liga
sufriera lo que sufrió en el #3. Y tal vez
no deberían haberlo sufrido. Pero esto pasó
el peor día de sus vidas, cuando todos
estaban preocupados por la muerte de una
persona querida y Deathstroke los atacó
durante ocho segundos llenos de violencia
desatada. Cuando toda la Liga se lanza a por
él en un intento final por vencer, nadie usa
sus poderes. Habían luchado con la cabeza y
han perdido, así que pasaron a luchar con el
corazón. Mi escena favorita dentro de la
pelea fue la de Atom y el puntero láser. Ahí
me dije: “Bien, ahora Deathstroke sí que
está pensando”. Si yo fuera un héroe DC, él
sería el villano que me daría más miedo: un
tipo que usa el 90% de su cerebro. Ha sido
infravalorado desde hace años. ¿Por qué sólo
ha luchado contra los Titanes en todo este
tiempo? De toda la serie, esas páginas eran
las que quería ver terminadas cuanto antes.
Cuando DC leyó la escena, Dan Didio me llamó
y me dijo: “No cambies ni una palabra, no
añadas nada de texto… pero te aviso que
vamos a expandir este número de veintidós a
treinta páginas”. Él, como yo, quería ver a
Rags desatado del todo y le dejó lucirse con
esa escena. Eso es algo que no hay que
olvidar: el gran trabajo de Rags Morales al
frente del dibujo, toda una clave en el
éxito de una historia que, aunque hubiera
contado con el peor dibujante del mundo, se
habría contado sola pero que contando con
Morales la eleva a una categoría superior,
sobre todo si se tiene la oportunidad de
admirar sus páginas originales donde
demuestra una maestría envidiable.
Volviendo a la historia en sí, a partir del
#3 la trama se divide en varios frentes.
Tras la pelea contra Deathstroke, el #4
presenta a Superman con algo más de
protagonismo y comienza a dejar sitio para
Boomerang (otro villano de esos
‘imprescindibles’) y su hijo que, para
sorpresa de propios y extraños, tiene
supervelocidad. No se sabe quién es la
madre, pero Geoff Johns, guionista de
Flash, ya se frota las manos ante las
posibilidades: Imagina un bumerang
lanzado a mach-5, sisea Johns. Más allá
de eso, el #4 prepara el camino para los #5
y 6 porque en ellos Batman y Robin son los
protagonistas absolutos. Hay que hacer
especial hincapié en las páginas finales del
#5, donde Meltzer y Morales no se sabe cómo
pero lo consiguen. ¿Que qué consiguen? Pues
ni más ni menos que lo que muchos autores
buscan durante años y pocos encuentran: la
unión perfecta entre guión y dibujo. La
narración de la escena final de este
capítulo pone los pelos de punta de lo bien
conseguida que está. Te sumerge en ella y no
te suelta. Una vez leída, la vida de Robin
cambia para siempre y acarrea consecuencias
importantes para el desarrollo del
Bat-Universo. Tanto es así que los textos
definitorios de identidades que van
aparejados a cada personaje cambian cuando
hacen referencia a Batman y Robin al
principio del número siguiente. La nueva
definición de sus identidades no la vamos a
desvelar aquí, faltaría más. Es algo que hay
que leer. Y no sólo eso, sino que hay que
leerla mes ames. Identity Crisis no
debe disfrutarse por primera vez en tomo,
sino como ración mensual. Su uso del
‘continuará’ es justo como debería ser y la
trama y subtramas están predispuestas para
disfrutarse poco a poco, manteniendo el
suspense y la intriga sobre qué va a pasar
con todos estos héroes.
 |
|
La búsqueda del asesino, una guerra
sin cuartel |
Y de ahí al número final. El número de la
discordia. Ése que ha provocado que mucha
gente reniegue de la miniserie después de
disfrutar de ella durante seis meses
seguidos. Desde el primer número, con la
primera baja, hasta el sexto, con todas las
demás, Identity Crisis se caracteriza
por ser una novela de misterio, un “¿quién
es el asesino?” al que juegan autor y
lector. El misterio se amplia, las pistas
aparecen en cada página y todo el mundo cree
saber quién ha sido. Las apuestas en esta
ocasión van desde Lex Luthor hasta Darkseid,
pasando por Joker o cualquier otro villano.
Cualquiera es un sospechoso. Hay un
motivo por el que a la gente le encanta
hacer historias con Joker o Lex Luthor, así
como lo hay para que a los lectores les
guste leer historias sobre ellos,
declara Meltzer. Estos personajes están
muy bien delimitados y sabes a qué debes
atenerte, tanto si eres el que escribe la
historia como el que la lee. Pero…si todo el
mundo hace historias de Joker y Luthor,
¿para qué hacer otra más? Prefiero usar a
villanos como el Calculador. Prefiero
descubrir a un personaje, actualizarlo si
cabe y darle un motivo para que más gente lo
use que no utilizar a los mismos de siempre.
Y el asesino de turno no es una mente
maestra, nadie podría haberlo visto venir.
Y, justo por eso mismo, defrauda. Tampoco es
nada raro, siempre ocurre. Las historias de
misterio no gustan por la resolución del
mismo, sino por el misterio en sí. Una vez
se descubre al asesino, pierde la gracia. Y
si encima no es el que habías pensado, la
decepción aumenta. Es algo que ocurre casi
siempre con este tipo de historias a menos
que decidas ‘no pensar’ directamente ni
hacer cuentas sobre quién puede ser el malo.
El problema al criticar a Identity Crisis
en base a la revelación del asesino es que
no se la está criticando justamente. El malo
de turno era lo de menos. La historia iba de
secretos, de votaciones, de lo que significa
ser un héroe, del paso de la Edad de Plata a
nuestra Edad Actual, de dejar atrás
historias hechas en el contexto de los años
sesenta y setenta y comenzar a hacer
historias propias del siglo XXI, historias
con un enfoque adulto que aún así se aleja
del impuesto en los años ochenta porque éste
tiene en cuenta a los héroes y sus
relaciones entre sí, algo que Identity
Crisis ha demostrado mejor que nadie.
En esto nadie puede negar que la colección
ha triunfado. Ha dado que hablar, nos ha
hecho esperar mes a mes nuestra ración de
cómic y ha conseguido que los personajes
hayan dado un paso hacia delante, hacia el
nuevo siglo, con sus pros y sus contras.
¿Acaso hay alguna historia de misterio y
crimen que acabe bien?, pregunta
Meltzer. Los héroes serán más infelices
al final, más allá del luto que guarden por
la persona asesinada. Su vida ha cambiado. A
la gente le encanta decir cosas como “¡El
universo cambiará para siempre a partir de
ahora!”… no aspiro a cambiar el universo
pero, si echas un vistazo a mi etapa en
Green Arrow, será difícil que veas al
personaje de la misma manera que lo veías
antes de leerla. Eso es lo que importa. ¿He
cambiado a los personajes? ¿He hecho un
evento que pueda deshacerse en un instante?
Todos sabemos que cualquier muerte puede ser
‘reparada’ en los cómics. Todos lo hemos
visto y en los últimos seis meses hemos
visto a varios personajes volver de su
tumba. Para mí, esa no es la manera de hacer
daño a un personaje y cambiarlo. Hay cosas
peores que pueden hacerse con ellos y una de
ellas implica dejarlos vivos. Y tiene
toda la razón del mundo. En cuanto a la
identidad del asesino, sí que resulta algo
fuera de tono que este personaje ingrese en
Arkham cuando no es ni mucho menos parecido
a los reclusos de dicha institución. Por lo
demás, perfecto. Ése era el asesino y si uno
relee la miniserie verá que no hay nada que
diga lo contrario. Meltzer sabía desde el
principio que ése iba a ser su cabeza de
turco pero en realidad no era más que una
excusa para contar todo lo que contó desde
los números #2 a #6 y parte del #7. en el
último capítulo se revela quién lo ha hecho
porque tiene que darse a conocer, pero la
parte importante de verdad es la que hace
referencia a todo lo ocurrido con la Liga de
la Justicia.
 |
|
Dr. Midnite y Mr. Terrific |
En este aspecto, muchas críticas han
asegurado que la serie deja muchos cabos
sueltos y hacen este matiz como algo
negativo. En realidad, esos cabos sueltos no
son tales. En el #7 se hace referencia a
todo y si no salieran más cómics DC nunca
más, uno sabe que hay ciertas cosas que
quedan cerradas aunque no se digan
explícitamente. Pero, cosas del destino, los
cómics DC siguen saliendo mes a mes y,
lógicamente, la editorial no va a
desaprovechar el éxito comercial y, en
general, de crítica que ha conseguido esta
colección. Va a explotar el filón y a
continuar todo lo expuesto en Identity
Crisis en el resto de series mensuales,
tales como Teen Titans, Flash,
Adventures of Superman, Robin
y alguna más. A pesar de que DC se aproveche
de ello no es nada criticable negativamente
en un crossover. Durante los siete meses que
ha durado, el resto de colecciones no han
tocado el tema (salvo Flash). DC ha
jugado limpio y ha dejado que la historia se
siguiera sólo en los siete números de
Identity Crisis. Una vez concluida, como
gran saga DC del año, ésta ha de notarse
(NOTA A PIE DE PÁGINA: Aunque para servidor
la mejor saga DC del año pasado fue The NEw
Frontier, de la que hablaremos en pocos
meses). Y si Crisis en tierras
infinitas tuvo sus consecuencias en
Superman, Wonder Woman y multitud de series
más; si Legends provocó la creación
de una nueva Liga de la Justicia, entonces
Identity Crisis, posando junto a los
mejores crossovers de la editorial, causará
sus consecuencias en las colecciones
actuales. Y el que no quiera seguir dichas
tramas más allá de la miniserie principal,
puede no hacerlo porque si uno quiere puede
interpretar muchas cosas entre líneas, dada
la ambigüedad a la que juega el guión.
En palabras del propio Meltzer: Creo que
todas las tramas que la serie fue abriendo
son tratadas en el último número. La que más
se cubre es la que más se critica: la de
Batman y su ‘problema’ con la Liga. Esta
trama queda cubierta gracias a la frase
final que le dice Ollie a Flash: “Bruce sabe
lo que quiere saber y él más que nadie sabe
que nunca debes infravalorar lo que la gente
es capaz de hacer por aquellos a los que
ama”. Es una de las frases más importantes
de toda la saga, no sólo porque es la que
motiva a Batman, sino porque resume de qué
va toda la serie. Mírala centrándote en
todas las relaciones que abarca Identity
Crisis: desde Ralph y Sue hasta Clark,
pasando por Green Arrow, la Liga, Boomerang,
los Drake, Ray y Jean… algunos dicen que la
historia no está cerrada porque no se sabe
si Batman sabe consciente o
inconscientemente lo que le hicieron pero yo
sé mi respuesta y que cada uno piense lo que
quiera, lo que su propia lectura de la serie
le haga pensar. Desde el principio,
Identity Crisis no fue escrita para que
desembocara en algo. Fue diseñada para ser
una historia que puede leerse por sí misma y
estoy orgulloso de ello. La trama de Batman
no fue pensada para que terminara en
‘continuará’. Sé que puede leerse de esa
forma, pero mi interpretación es que no
necesita ninguna secuela para tratar el
tema. Para mí, las peores heridas de Batman
son aquellas que él mismo se auto-inflige.
Con eso lo digo todo. Eso sí, si otros
escritores quieren construir sus propias
historias a partir de lo ocurrido en esta
colección o quieren hacer su propia
interpretación será algo que ayudará a
seguir construyendo lo que estos cómics
siempre han significado: un tapiz de
interpretaciones infinito sobre los mismos
personajes, momentos e interacciones de
siempre. Yo estoy contento por mi parte
porque Batman, durante toda mi historia, ha
sido fiel a sí mismo. “Bruce sabe lo que
quiere saber y, él más que nadie, sabe que
nunca debes infravalorar lo que la gente es
capaz de hacer por aquellos a los que ama”.
David Hernando