Sin ser uno de las más grandes villanos de la historia del murciélago, lo cierto es que es uno de los más carismáticos y de impacto más duradero. Todos tenemos miedo a la oscuridad y a lo desconocido, y que mejor que ese ser flaco, manipulador de mentes y de aspecto tan siniestro para colarse en nuestras pesadillas más retorcidas. Sobre todo cuando él mismo es el que maneja los hilos de nuestro temor. El Espantapájaros , como autoproclamado señor (o a veces incluso dios) del miedo, es uno de los villanos más lógicos para el señor de la noche. Si Batman es un ente basado en el terror y la superstición, el Doctor Crane es el estudioso de ese efecto, el manipulador de los terrores de la mente que desea devolverle al murciélago su propio miedo. Y sacar provechoso beneficio de ello. Porque una de las características del villano es como a pesar de su locura (que va por fases) siempre procura usar sus artes, ante todo, para lucrarse. Aunque su diversión es estudiar a los seres humanos reaccionando al miedo y usa a cualquier inocente como cobaya, nunca le ha hecho ascos a ganar dinero con esto del crimen, debido sobre todo a querer demostrar que puede usar su inteligencia para ser rico. Pero no nos adelantemos…
El gris doctor en psicología que responde al nombre de Jonathan Crane es alguien que no impresiona en absoluto. Un larguirucho espárrago con gafas enormes y nariz ganchuda, tímido y lleno de inseguridades. En su primera aparición (World Finest #3, en 1941) ya vimos que sus compañeros de cátedra se burlan de él por los harapos que suele llevar y su pinta estrafalaria, poniéndole el apodo de “Espantapájaros” Crane (en posteriores versiones del origen, veremos que sus compañeros de colegio y facultad se burlaban de él en los mismos términos), siendo además rechazado por preferir los libros a alternar socialmente.
Es su continua obsesión con la mente lo que le lleva a intentar trascender y ser importante solo con su cerebro y sus libros, como queriendo contradecir a todos los que se ríen de sus aficiones. Su deseo de demostrar que es mejor que ellos le llevará a desarrollar la identidad de “El Espantapájaros”, usando el insulto que todos le dedican como bandera de guerra. Para él, el cerebro es superior al cuerpo. Y la falta de un físico imponente le lleva a emplear la astucia y sus habilidades químicas para vengarse de aquellos que le rechazaron, además de usarlos para lucrarse. Es por eso que, en sus primeras apariciones, el Dr. Crane se emplea al mejor postor, ayudando a criminales y empresarios de dudosa moralidad con sus trucos terroríficos. Si le echaron de su cátedra universitaria por liarse a tiros en plena clase –experimentando con el sobresalto de sus propios alumnos-, al principio de su carrera como villano haría exactamente eso mismo: Intimidar con disparos, además de su propia imagen, para extorsionar a sus víctimas, sin el gas del miedo característico que después le haría famoso. Lo cierto es que el personaje no fue demasiado usado en la Golden Age (solo un par de apariciones) y fue en la edad de plata cuando empezó a ser más usado, formando parte incluso del prestigioso Injustice Gang de la época.
Si hay algo realmente interesante de este villano, es su obsesivo estudio de las fobias. Los experimentos del Dr. Crane en ese campo nos permiten descubrir muchos de los miedos que asaltan a sus enemigos, empezando por el propio murciélago en persona, claro. Una de las historias más memorables del personaje –además de un clasicazo de la historia de Batman-, es el Brave and the Bold #197 , protagonizado por el Batman de Tierra-2 , en la que Jonathan Crane usa su gas para hacer creer al señor de la noche que todos sus amigos ( Robin , Batgirl , etc…) han desaparecido, descubriéndose que el mayor miedo de Batman es la soledad, a pesar de su eterna condición de oscuro vigilante en guerra con el crimen. El gas del Espantapájaros hará aflorar todas las dudas y temores del murciélago, haciéndole pedir ayuda a Catwoman , ya retirada como villana, y encontrando a la mujer de su vida en el proceso. Y eso a pesar de las manipulaciones de Crane, que intenta enfrentar a ambos –provocándole a ella miedo a los murciélagos y pánico a los gatos a él-. Esta historia comenzaba de manera genial con El Espantapájaros irrumpiendo en una boda de alto copete provocando en los invitados, con su gas, miedo a los insectos y a las serpientes, mientras vacía sobre ellos sacos llenos de estos bichos. Y luego, por supuesto, observaba los resultados con su habitual sangre fría.
A finales de los 80 y principios de los 90 recuperó toda su solera como villano clásico, apareciendo por ejemplo en los primeros pasos de la saga “La Caída del Murciélago”, amenazando a toda la ciudad y poniéndole las cosas bastante difíciles a un Batman que en breve sería atacado por Bane . Fue en esta ocasión en la que un cada vez más desquiciado Crane se hizo llamar Dios del miedo, y se divirtió jugando con los ciudadanos de Gotham en un megalomaníaco plan. Aun antes de esto, en la añorada etapa de Mike Barr a los guiones y Alan Davis a los dibujos, Crane volvió a estudiar los efectos de sus drogas en humanos a la vez que sacaba beneficio económico con ello. Su arma era una nueva versión de su gas que en lugar de provocar miedo, lo eliminaba, convirtiendo al sujeto en un temerario inconsciente. Batman, afectado por esta toxina, casi muere lanzándose despreocupado a la captura del villano, que tenía secuestrado a Robin. En esta época, como decimos, el personaje aparecerá en bastantes ocasiones. A veces las tramas se hacía repetitivas, dando la impresión de que los autores no tenían mucho que hacer con un personaje que, a priori, resulta algo limitado en sus esquemas, los cuales se han mantenido intactos en años y años de historia del medio.
Pero siempre hay excepciones. La estupenda guionista Devin Grayson nos regaló una historia del Espantapájaros para el recuerdo. Fue durante el mega-bat-crossover “Tierra De Nadie”, y en ella Jonathan Crane era un refugiado más dentro de un albergue cristiano de víctimas del terremoto, protegido por la mismísima Cazadora (que protagonizaba la historia). En este comic, El Espantapájaros, aparentemente indefenso y manso en su convivencia con los demás, se revela como un personaje despreciable y peligrosísimo en cualquier circunstancia. Sin gas del miedo ni drogas por el estilo, consigue inocular su veneno en la pacífica comunidad. Solo con sus palabras y sus manipulaciones, hace que todos desconfíen de todos y pone a la misión del sacerdote que les había acogido al borde de la destrucción, en un entorno tan hostil como el que era Gotham tras el terremoto. Una historia que demuestra que, cuando hay talento y buenas ideas, ningún personaje esta realmente agotado. Grayson volvería a tratar con el señor Crane poco después, en otra historia muy interesante, aunque no tan memorable como la anterior. En este caso, El Espantapájaros finge haberse curado y aprovecha para dar un golpe maestro en el que consigue intoxicar a Batman con su veneno, como en los mejores tiempos. En una especie de homenaje a la mítica historia del Batman de Tierra-2, el señor de la noche comienza a recibir la noticia de que uno de sus seres queridos ha muerto, sucesivamente… Leslie Thompkins , Alfred, Tim Drake, Lucius Fox … hasta que despierta y se da cuenta de que solo Lucius ha caido, victima de un ataque. Por suerte el aplicado ejecutivo de Empresas Wayne se recuperó posteriormente. Recientemente el personaje ha sufrido una estupida evolución cuando, debido a oscuros experimentos genéticos, Crane se transforma en la Espantabestia, una mezcla de si mismo y de Hulk que expulsa gases del miedo (asi de mal suena). Esperemos que esta ridiculez no perdure en próximos comics.
En cuestiones audiovisuales, cabe destacar la longevidad del personaje en la animación televisiva. Llegó a aparecer por vez primera en la serie “Super-Friends” como miembro del Injustice Gang (junto a otros ilustres como Lex Luthor o Sinestro), y hay hasta dos versiones de él en las míticas series de Bruce Timm dedicadas al señor de la noche. De estas últimas hay que mencionar el primer capítulo en el que apareció, que es una auténtica maravilla. En él vemos a Crane infectando a Batman, y el murciélago comienza a ver imágenes de su padre en las que le recrimina haber deshonrado el buen nombre de los Wayne. Como siempre, Crane consigue mostrarnos los miedos más profundos del cruzado con capa, volviéndolo más humano para el espectador. Y en este episodio vimos además una escena clásica de los tebeos. Esa en la que el propio Espantapájaros acaba afectado por su toxina y en su delirio ve a Batman como un demonio aterrador en forma de murciélago.
En Batman Begins tenemos la primera aparición en imagen real del Profesor Crane, en una versión que no se aleja practicamente en nada de su versión viñetera. Bueno, sí, este Espantapájaros no lleva sombrero. Pero me parece más interesante como han clavado su personalidad al detalle, antes que quejarme por la falta de harapos en su ropa. Cillian Murphy nos presenta a un psicólogo que es consciente de sus limitaciones físicas (“se que no le intimido” le llega a decir a Carmine Falcone), pero que usará su verdadera habilidad (“Creo en el poder de la mente por encima de todo”) para experimentar con su gas del miedo y hacerse rico (su plan consiste en chantajear a la ciudad, que choca con la idea de Ra´s Al Ghul de destruirla). Es decir, una visión bastante fiel de uno de los villanos más apreciados en la historia del señor de la noche.